No nacimos en la época de las cartas de amor, de las serenatas, visitas a media noche desde el balcón, ramos de flores y poemas. Pero los momentos se hacen, creamos historias y de nosotros depende regresar a los bellos hábitos, a esos detalles que nos contaban los abuelos y a las niñas se nos escapaba un suspiro con la mirada de anhelo de llegar a tener una historia como esas. Y los niños, mostrándose caballerosos con las mujeres y pacientes con los mayores, atentos y románticos. ¡Que no se olvide! Creemos más de esas historias de amor.














