Dark Hearted
¡Hola! Me he puesto mucho a pensar en mi historia y dije duuuude deberías publicarla o darle más movimiento que sólo en wattpad. Así que dejaré aquí algún fragmento que me haya gustado mucho y el link de wattpad por si les llama la atención <3
La historia contiene no sólo la historia de Ruki y Veronika, sino también hay una chica destinada a un diaboy. Mucho angst y tragedia ggg les amito.
"Las armas apuntaban a cuatro cuerpos corriendo, con la sed de
libertad fluyendo por sus sentidos.
Y dispararon a la instrucción del fuego."
Veronika pasaba tranquila por los pasillos, su vista de iris chocolate al suelo, en dirección al punto de reunión que Ruki les había dicho. Esa noche, por fin, serían libres de la corrupción.
―Tanto tiempo...
Veronika se detuvo de golpe y alzó la vista al escuchar esa voz tan familiar. Había confusión y miedo en su mirada.
―K-karlheinz-sama...―musitó atónita.
―Quiero creer que este mundo no te ha cambiado, no olvidemos las cosas que hiciste en el pasado, y por las cuáles te he traído aquí―se encontraba frente a ella.
―Por favor señor, me envió aquí con un objetivo. Jamás le traicionaría.
―Y supongo que esos niños no son importantes para ti ―dijo incrédulo.
―Usted me entrenó para hacer esto―le aseguró ella con una mirada firme.
Karlheinz le sonrió.
―Entonces observa con atención.
La hizo girarse a la ventana, cuatro sombras corrían por los árboles. Se habían ido sin ella.
―¡Fuego!―escuchó a alguien exclamar.
¡NO!, exclamó en su interior mientras sus pupilas se hacían diminutas.
Las armas dispararon alejando parvadas atemorizadas, derrumbando las ilusiones de los cuatro mortales. Impasible, Veronika tragó sus lagrimas. Volteó para pedir una explicación, pero Karlheinz había desaparecido de su lado.
―Ah...―envolvió con sus manos los barrotes de la ventana, con impotencia―. Lo siento...―musitó en un suspiro rendido.
Esa sensación en el estómago, como si el aire se hubiera terminado. Respirar no era necesario para ella, pero con ese cuerpo frágil tenía que hacerlo. Un tosco nudo en su garganta. ¿Culpa? ¿Preocupación? ¿Qué era todo eso? No se parecían para nada a la alegría que pasaba con ellos todos los días, ni como el gozo de sentirse acompañada. Era una sensación que ella detestaba, emociones... realmente quería renunciar a ellas en ese momento.
―¡AHHHHHHHH! ―un grito desgarrador invadió sus oídos y produjo una sensación mucho peor. Miedo.
―¡RUKI!―corrió en busca de él, sus gritos la ayudaron a encontrarlo.
La puerta del jefe del orfanato estaba cerrada.
―¡AHHH! ¡AHHHHHHH!
―¡Paren por favor! ¡Ruki! ¡Resiste!―exclamaba Veronika mientras golpeaba la puerta.
Sus pequeñas manos no soportarían el dolor de no ser por el entrenamiento que había sufrido. Su pecho conteniendo su corazón latiendo cada vez más acelerado dolía junto sus nudillos sangrando.
La puerta se abrió.
―¿Ah? Tú...largo de aquí mocosa ―dijo el jefe respirando agotado.
Veronika vio el cuerpo de Ruki tirado en el suelo. Rendido.
―R-ruki...
―¿Qué? ¿El engreído aristócrata era tu amigo? ¡JA! Ese ganado se pudrirá en este infierno ―escupió el jefe.
El sentimiento de la preocupación se desvanecía, fue remplazado por el odio. La sed de venganza. Veronika bajó la mirada, había mil emociones en ella, sus ojos empezaron a arder... y derramó una gota que recorría por su mejilla dejando un delgada camino cálido y húmedo. Su primera lágrima.
―Awwww, ¿te preocupas por él? No me jodas, al parecer alguien quiere volver con los aristócratas―se puso frente a ella―. ¿Te gustó ser una prostituta junto tu amiguito?
Así que él tuvo que ver con que Kou y ella cayeran en manos de aquellos sádicos. Veronika se centró de nuevo en el dolor de las cicatrices en su espalda. Y como una película recordó como Kou se sacrificó por ella. Eso sólo hizo arder más la furia que estaba acumulando.
Dos de los acompañantes del jefe rieron detrás de él, acercándose a Verónica. Una ligera risa los hizo detenerse.
―Ha...haha...
―Tch...¿Qué es tan gracioso?―preguntó el jefe.
Veronika parecía ignorarlo. Su risa colmó la paciencia del jefe, éste la tomó de su blusa con sus manos hechas puños. Quedó petrificado al ver un par de ojos diferentes a los que conocía relucir en el inocente rostro de quien tenía en sus manos. Ahora le recordaban a los de un demonio. Ella sonrió.
―Ha...de esto y de aquello...se arrepentirán.
Veronika sacó dos dagas de un pequeño estuche en sus caderas. Las manipulaba con agilidad, giraban en sus dedos brillando relucientes, ni un corte para ella.
―¿Q-qué carajos?―un ayudante se veía sorprendido.
No hubo más palabras de por medio, Veronika usó por primera su centenario de entrenamiento.
Rápidamente y apenas visible, los atacó con la ira en sus ojos. Clavó a la pared la palma de un ayudante, y al suelo el pie del otro; ambos gritaron en agonía. Al lado de la puerta se encontraba un fierro con una punta anaranjada, por la razón del calor concentrado en él. Lo tomó y lo giraba en sus pequeños dedos divertida, mientras por cada paso diminuto se acercaba al responsable de que Ruki estuviera al borde de la muerte.
―T-tú...¿qué eres?―preguntó el jefe.
Veronika se detuvo, simuló pensarlo un momento.
―Una criatura singular ―contestó en breve.
El latir acelerado de su corazón inhumano hacía eco en los oídos del jefe. Ba-dump. Ba-dump.
―Gh... ¡...Uah...!―cayó de rodillas cubriendo sus oídos.
Veronika puso el fierro sobre el coxis del hombre, y lo empujó hasta que quedara acostado boca abajo. Poco a poco marcó su piel.
―Si su piel fue marcada por ti... Te haré no olvidar el dolor que le hiciste pasar.
―Kgh...Ah ¡...P-piedad...!
―¿Piedad? ―se preguntó ella―. Tú no sabes qué es eso...―recordó lo dicho por él―. Pero, es mejor morir en el mismo infierno que has creado, morirás siendo un inútil ―concluyó encajando el fierro en la vértebra del jefe.
―¡KHAAAHGH!―gritó en agonía, y su rostro azotó con el suelo.
―Ah...ah...ah...―la adrenalina fluía enérgica por sus sentidos. Desenterró el fierro rápidamente.
Sangre, al ver la sangre recobró la consciencia. Soltó el fierro y vio sus manos manchadas con sangre, de ella. Con astillas y un par de nudillos rotos. Estaba confundida.
―¿...Q-qué he hecho...? ―vio el cuerpo del jefe respirando con dificultad, y escuchó de fondo los gemidos de dolor de los ayudantes.
―Oh...pobre niño miserable...¿deseas tener una vida eterna?―escuchó detrás de la puerta nuevamente cerrada.
¡Ruki!, se alarmó. Abrió la puerta esperando detener a Ruki de involucrarse con Karlheinz, había sido tarde. La mano de Ruki se encontró con la del amo y señor, y su humanidad terminó ahí. Al igual que la de Bear, Kou y Azusa.
La inmortalidad, le había sido concedida a ellos.
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