Sus mechitas rubias, una cresta prolija, la desfachatez habitual, su sonrisa pícara y sobre todo su zurda potente, enamoran. Cautivan. Engatusan. Es de esos jugadores que se atreven a encarar, individualistas, gambeteadores. Rápido y con una gran habilidad para sacarse de encima a rivales.
Debutó en Banfield, llegó a Boca Juniors, pasó al Napoli del Diego, luego al Olympiacos en Grecia, al Espanyol y, por último, al Inter de Porto Alegre, su club actual. Juega de volante por la izquierda y tiene un remate fenomenal.
Quién sino que Diego Armando Maradona fue el encargado de convocarlo por primera vez a la Selección Argentina. Estoy segura que recuerdan aquel GOL-AZO que le convirtió a Brasil desde afuera del área en un partido por las Eliminatorias. Si no lo recuerdan, vale la pena hacerlo:
http://www.youtube.com/watch?v=EqFRmPz11Lw
Es cierto que la banda por la izquierda pertenece a Ángel Di María, pero tanto Nicolás Gaitán como Jesús Dátolo son dos jugadores, de pasado xeneize, que bien podrían desempeñarse en ese puesto en la Selección.
Fase de grupos, Mundial Brasil 2014, primer partido, 27 minutos del PT:
La tiene Javier Mascherano. “El Jefecito”, se la pasa a Gago. Gago se la devuelve a Mascherano que se la toca de taquito, casi sin mirar, a Jesús Dátolo que aparece por la banda izquierda. Jesús levanta la cabeza y observa que está solo. Acelera y acelera tanto que parece tomar vuelo. Cuando se le cruza el primer rival se le tira a barrer pero Dátolo lo salta por arriba sin ningún inconveniente. Luego le sale a la marca el central del equipo contrario que no logra alcanzarlo, lo toma de la camiseta pero Dátolo sigue y sigue. Siempre va para adelante. Parece el correcaminos. En el área están el Kun Agüero, Federico Fernández, Lio Messi y Pablo Zabaleta esperando el centro. Atrás aparece como opción Juan Sánchez Miño por si necesita descargar. Pero Jesús tiene la mirada en la pelota y corre sin parar. No frena por nada en el mundo. Circula por la banda como si fuese una Ferrari. Desfila con la pelota cual modelo. Recorre ese costado izquierdo de la cancha casi como Usain Bolt lo hace en una pista de atletismo. Metió quinta a fondo y no se detiene. Corre tanto que sin darse cuenta se le termina la cancha. Choca contra un cartel de publicidad y recién ahí levanta la mirada y se da cuenta que se fue. La pelota salió. Agüero, Messi, Fernández y Zabaleta le dicen de todo desde el área. Pero él no los escucha. O no parece hacerlo. Ya está retrocediendo al trote con la cabeza gacha para volver a su lugar y arrancar de nuevo. Mucho no le importa. A él le gusta correr. Y a mi, verlo correr.