Sentía que mi vida dependía de tu felicidad y que cada palabra tuya le daba valor a mi vida, cada frase tuya sanaba mi ser...eras mi felicidad mi todo. Mi mundo te pertenecía.
Que tan equivocada estuve, confié mi vida a un buen titiritero, confié mi sonrisa a un dramaturgo, al final caí en tu abismo, pero me he vuelto a levantar con algunos tropiezos con algunas lagrimas y diversas sonrisas.
Pero valió la pena hoy te puedo decir que no te necesito, que aprendí a quererme y amarme, y que ya no necesitare atarme con cadenas a un ancla que pronto se va a hundir, adiós mi dulce abismo.











