se entretiene con los botones de su camisa. Se detiene por un instante, temeroso. Babi ha cerrado los ojos y parece tranquila. Desabrocha un botón, después otro, con delicadeza, como si un contacto algo más brusco pudiera romper en mil pedazos la magia de aquel momento. Acto seguido desliza su mano por el interior de la camisa, recorriendo el costado, sobre la piel blanda y tibia. La acaricia. Babi se lo permite y, besándolo, lo abraza con más intensidad. Step, embriagado por su perfume, cierra los ojos. Por primera vez todo le parece distinto. No tiene prisa, está tranquilo. Siente una extraña paz. Su palma resbala por la espalda, recorriendo aquel foso suave hasta legar a la cintura de la falda. Una ligera pendiente en ascenso, el inicio de una dulce promesa. Por alí cerca, dos diminutos agujeros lo hacen sonreír, como los besos algo más apasionados de ela. Dulcemente, sigue acariciándola. Asciende de nuevo, hasta legar a aquel débil elástico almenado. Se detiene en el cierre, intentando desvelar el misterio, y algo más. ¿Dos ganchos? ¿Dos pequeñas mediaslunas que encajan una dentro de otra? ¿Una «s» metálica que se introduce desde arriba? Se demora un poco. Ela lo mira curiosa. Step empieza a ponerse nervioso.
A tres metros sobre el cielo —Federico Moccia









