Regaré cada una de tus cicatrices para ver si así floreces y con ello te conviertes en un lindo girasol.
— Manuel Ignacio.
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Regaré cada una de tus cicatrices para ver si así floreces y con ello te conviertes en un lindo girasol.
— Manuel Ignacio.
Esa chica; era un tornado, un tsunami, un maremoto, un ciclón.
Era una persona llena de problemas, pero a su lado, encontraba calma, paz y amor.
Maravillosa era la chica 'desastre'.
Y, sin embargo... Me destruyó.
— Manuel Ignacio.
El otro día, mientras regresaba a casa, me perdí observando las estrellas, y no dude en acordarme de ti.
La noche era linda, así que era obvio que cada una de las constelaciones, Iba a recordarme tus lunares. El primero que se me vino a la mente, fue aquel lunar que tienes justo en el lado izquierdo del labio; ese lunar, que me hipnotiza y provoca tanto, porque me dan ganas de besarlo una y otra vez, así como Andrómeda, cuando con Pegaso, a través de un beso, compartió una estrella. El segundo que se me vino a la mente, fue aquel lunar que aparece cada vez que sonríes y sonrojas tus mejillas; no tienes idea de lo jodidamente precioso que se te ve, y la paz que transmite cada vez que te ríes, por eso me recordó a Lyra, porque al igual que Orfeo, tu sonrisa es mi melodía, y me trae paz. El tercero que se me vino a la mente, fue aquel lunar que tienes debajo de tu ojo izquierdo, ese que atonta cada vez que te veo, ya que está lleno de brillo, igual que Cygnus. El cuarto que se me vino a la mente, fue aquel lunar que tienes cerca de tu clavícula y cuello, ese me recuerda a Orión, porque forma la constelación que tomó cuando te lleno de besos y mimos ahí. Y… El quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno, y todos los que te conforman, me hicieron entender que, si no existe cielo ni universo, yo sería feliz descubriendo y formando constelaciones con cada uno de tus lunares.
— Manuel Ignacio.