Te miro… y no sé disimularlo.
Tus ojos me atrapan, tu piel me llama, y aunque busque palabras más grandes, solo me nace decirte: es que eres muy bonita.
Bonita cuando sonríes y el mundo se inclina hacia ti, bonita cuando callas y aun así me gritas todo con tu mirada.
Pero también eres el deseo que me quema, la tentación que enciende mi cuerpo, la razón por la que mis manos sueñan con recorrer tu piel entera y no detenerse jamás.
Eres tan bonita que me robas el aire, me enciendes la sangre, me haces querer perderme en cada rincón de ti.
Y entonces lo digo otra vez, sin miedo, sin freno:
eres muy bonita…
pero lo que siento por ti ya no cabe en ninguna palabra.
-Manuel Ignacio.














