Dibujé jazmines en su piel con cada beso de mi boca, tracé senderos de nomeolvides con cada roce de mis dedos, derramé sueños en su pecho mientras, con ternura, me sostenía entre sus brazos. Cada estrella que ilumina su vida lleva un anhelo de mi corazón, cada lluvia de sueños que se derrama sobre él tiene la magia de las luciérnagas, cada plegaria que musito en su nombre late la pureza de Dios entre las alas de los ángeles.
Amarlo es bendecir su existencia con el perfume inmarcesible de mi alma, con la ternura etérea del cielo.
Maru








