Ruan Teles, aka Brazilian singer-songwriter San Juan released a brand new EP Desertica, the follow up to sxnwxn out earlier this year. The EP was inspired by the pandemic “…triggered by the lockdown and its ramifications and the effects of isolation.“
Buy/stream it at Bandcamp & don’t miss the bonus track Turning on YouTube.
Equipo zapadores al poder🏃🏃🏃🚀🚀🚀. En Roqueta nos vemoos champion - super atletas💪💪. . . #dureza #cabeza #ultrafondo #emocion #desertica #70km (en Almería, Spain) https://www.instagram.com/p/BpJpXB3Alzv/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=pmlldq3nhk0b
La Desertica 2017: estos legionarios están majaretas
A lo loco
Fue abrirse el periodo de inscripción y apuntarnos en avalancha un montón de globeros (nada menos que siete de nuestro grupo) sin pensar demasiado dónde nos estábamos metiendo: ¡rápido, apuntaos a la Desértica que se agotan los dorsales! Una vez inscritos y palmados los sesenta napos (sin derecho de cancelación, que eso salía más caro) nos dio por mirar qué era eso de La Desértica: A priori otra carrera de las que organiza La Legión. Dura, nada menos que cien kilómetros. Bah, pero cien kilómetros se hacen… O no. Las madres mías vinieron cuando nos pusimos a mirar el recorrido. Los tramos conocidos, malos, malos. Y los que no conocíamos Google los marcaba como peores ¡Ay madre, dónde nos hemos metido!
Ya era tarde, así que tocó entrenar como nunca antes se ha visto entrenar a unos globeros. Y lo que es peor, reducir la ingesta de cerveza. Amén de encomendarnos a todos los dioses (los galos y los romanos) para salir bien parados de la aventura. Valga esta crónica de la carrera para que el año que viene, si se mantiene el recorrido, a nadie le pille por sorpresa la lindezas que esconde a lo largo de los más de cien kilómetros y 2.500 metros de subida acumulada. En nuestro caso, Tutatis y Júpiter debían de estar de buenas porque escapamos bastante bien, la verdad.
La salida
En primer lugar, felicitar a la organización, porque a pesar de los 2.000 inscritos en MTB, más los 2.500 en la categoría de marcha, no hubo colas ni para recoger el dorsal el día de antes, ni para entrar en el cajón de salida la mañana de autos. En general, la organización estuvo de sobresaliente durante todo el recorrido, con un despliegue de medios que solo se puede permitir el ejército.
Pues eso, bien temprano (para los metabolismos globeros) nos presentamos en la salida un buen puñado de locos dispuestos a pegarse la paliza del año. Los “pro” y los más nerviosillos tiraron del comodín de la equipación oficial de la carrera que te permitía salir en un cajón previo. Ahí estaba nuestro Juanjo, un lobo con piel de globero, que no pierde la oportunidad de quedar de los primeros en una carrera. Pero a la tropa de Verano Atchús nos gusta lucir nuestros colores en rutas tan señaladas y nos apretamos en el cajón de cola. Total, ya pondría la ruta a cada uno en su sitio.
Después de un cañonazo, se dio la salida a la marabunta de montanbikers. Para cuando nosotros pasamos por el arco de salida el crono ya marcaba más de ocho minutos, y quedaba gente detrás. Primero nos dieron una vuelta por Vega de Acá y Avenida del Mediterráneo, visita turística por El Puche, Huércal y Viator (menuda cuestecita tiene ese pueblo), y hacia el Campamento de La Legión.
De aperitivo, unos Baños
Dentro de la zona militar empezaban las sorpresas: una rambla de arena suelta que generó las primeras retenciones. Menos mal que los retamareños estamos bien curtidos en ramblas y arenales y escapamos sin poner pie a tierra de esa zona.
Poco después se llegaba a Los Baños de Sierra Alhamilla. Primer puerto de montaña de la carrera. Aunque es muy corto, tiene una zona con bastante pendiente y rota que se hizo a pie porque se había formado un tapón. El resto de subida el piso mejora (el final es de cemento). Después, bajada hacia los decorados de Éxodus, rambla y avituallamiento en Pechina (había dos avituallamientos antes, pero no necesitamos parar en ellos).
El terrible Pollo
La segunda subida de la carrera empieza con un par de kilómetros de asfalto. Todo son jijijis y jajajas por la carretera hasta que se pasa una subestación eléctrica y se convierte en un camino de tierra deteriorado que, después de un par de sube y bajas, tiene unas cuestas de las de sudar los mantecados de las navidades pasadas. Con tanta gente, de vez en cuando había que poner pie a tierra por los atascos (y casi que se agradecía).
Una pequeña bajada y… llegamos a la temidísima Rambla del Pollo ¡Su puta madre el pollo, no lo hicieran en pepitoria de una vez! Son unos cinco kilómetros, cada vez con más grava suelta, cada vez costaba más pedalear, hasta que llegó un momento en el que tuvimos que echar pie a tierra. Para postre, de la dichosa rambla se sale por un cuestarrón hecho trizas que hice, sin miramientos, desmontado. Alguno nos adelantó dando pedales, pero no recuerdo ver a nadie (en la zona de pelotón globera, claro) que lo terminara subido.
Una vez fuera de la rambla se llega al cortijo de El Pocico, y de allí por una verea hasta la presa de Cerro Gordo. Lástima que esa vereda, que es muy divertida, tuviera un atasco que ni la M30 en hora punta. Casi toda hubo que hacerla andando. En la presa estaba montado un gran avituallamiento. Parada para repostar y a por la subida a Enix.
El pedregal
El camino de Enix es un compañero inseparable de los mountainbikers de la ciudad de Almería. La Peseta lo llaman. Yo lo odio con todas mis fuerzas. No tiene mucha pendiente, pero es una pista de roca y piedra suelta que hace que todo el rato vibre el manillar y un tembleque te recorra el espinazo. Cuesta adelantar, porque aunque el camino no es estrecho solo hay un paso más o menos limpio de pedrolos. Así unos seis kilómetros hasta que, al coronar, se convierte en una pista de asfalto donde había otro avituallamiento que contaba con camillas de masaje de fisioterapeutas. Un lujazo, aunque prescindimos de él.
Desde el asfalto se desciende (con algún repecho de por medio) hasta Enix, donde sí que paramos a tomarnos el bocata antes de afrontar los dos últimos puertos que bautizamos como Faemino y Cansado. Por la gracia que hacen.
Faemino y Cansado
Faemino, es decir: la subida de Enix a los ventiladores, fue un auténtico infierno: primero unas rampas duras de asfalto por el pueblo. Los niños de Enix no creo que puedan jugar a la pelota (rodarían más ellos que el balón), al parapente sin problema, eso sí. Después, otro tute de rampones pero por camino de tierra. Y cuando parece que no puede haber nada peor, te plantan en una vereda de roca viva con escalones en los que sí o sí hay que echarse la bici al hombro. No, no vale empujarla andando porque hay que escalar con ella a cuestas y con cuidado de no tropezar con las rocas ¿Esto era ciclismo de montaña o escalada? El rocódromo no llega a un kilómetro pero sacó sapos y culebras de la boca de la mayoría de los participantes. Hasta coronar en los ventiladores quedaba un último tramo no muy duro pero en el que había un reguero de corredores con calambres tirados con las patillas para arriba como cucarachas. El esfuerzo y el tener que subir y bajar de la bici hacía estragos a esa altura de la carrera.
Tras un pequeño descenso en asfalto se llega a El Marchal, donde empieza el último puerto de la prueba, al que llamamos Cansando. Para rematar la paliza, quedaba la guinda del pastel. Un dulce de solo cinco kilómetros pero empalagoso de más: nada más empezar, una rampas brutales en cemento que van hacia la ermita del pueblo. Después un “descansillo” de apenas un once por ciento de desnivel (eso ya era jauja), incluso unos metros de llaneo antes de llegar a la segunda parte que tenía otras cuestas que te quitaban la vida. Yo creo que la mayoría lo subimos porque sabíamos que era el último esfuerzo (o casi).
A tumba abierta
A partir de ahí, casi todo era descenso. Primero por una pista ancha y en buen estado hasta Felix. Con parada incluida para tomar una caña de chocolate. Después una vereda hasta la carretera de La Envía, técnica, pero también ahí había tráfico denso y se hizo des-pa-si-to. La última parte de la bajada era la Rambla de las Hortichuelas, un clásico del MTB que tiene sus partes técnicas muy divertidas (y un repechón a la mitad no tan divertido).
Ya en Aguadulce la ruta se juntaba con la de los corredores. Yo tuve un tropezón (una buena leche, la verdad) porque un equipo de corredores decidió abrirse y correr en paralelo en una curva justo cuando los estaba alcanzando. Quizás la organización debería separar las dos rutas, al menos hasta el llano, porque es peligroso juntar a gente que va a 35 km por hora con otros que van a 10 y en grupetas de cinco.
¿Y la cerveza?
Por suerte la caída no tuvo consecuencias y pude continuar. La rambla desemboca en el paseo marítimo y por la playa se llega desde Aguadulce a Roquetas. Últimas pedaladas, arf, arf y por fin la meta donde te condecoran con la medalla (bien merecida) por lograr terminar esta odisea. En mi caso, de ocho horas, pero hubo quien llegó en más de 13. Aunque el límite para MTB era 12 horas, la organización permitió (con buen criterio) que se llegara más tarde.
La carrera, la verdad, es una pasada. En general el recorrido es espectacular, aunque con tantos participantes algunas zonas cuesta disfrutarlas. La organización: impresionante. Te sientes seguro en todo momento porque sabes que detrás hay un despliegue enorme de medios. Tiene mucho mérito organizar un recorrido así para tanta gente. Pero hay un pero. Después de más de 100 kilómetros, subidas, descensos, pedregales, arena… Un globero necesita cerveza. Y en meta solo había un comedor de campaña donde servían unos macarrones con tomate (pss, bueno), una carne (pelín rancia), ensalada en tupper (mi cuerpo no pedía verde) y AGUA ¡Llevaba ocho horas bebiendo agua sin parar, qué menos que una cerveza por Tutatis!
Verano atchús ranking
Lo cierto es que terminamos todos contentos, muy cansados, pero orgullosos de conseguir llegar a meta.
- Juanjo Progloberix llegó en el puesto 57, en 5:18:38, ahí es nada para un tipo que se junta con bartoleros como nosotros.
- Víctor Tropezonix el 853, ya en zona globera y después de hacer la croqueta, en 8:07:53.
- Joaquín Asturianix el 1022 pese a los calambres, en 8:37:34.
- Javier Diligencix el 1106 no está nada mal para un tipo que solo hace enduro, en 8:55:36.
- Joaquín Quijotesquix el 1326 y su primera carrera sin caídas, en 9:50:48
- Juan Antonio Catalinix el 1421 en 10:32:18, pero hay que restarle las dos horas que se pasó en los avituallamientos.
Y hubo un Vagonetix que, pese a estar inscrito, se quedó durmiendo en casa.
Conclusión: A pesar de la paliza, el año que viene repetimos. Somos así de masocas.
El track
Aquí podéis descargar el track de la ruta: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=21240212