Sé que no puedes comprender esta lucha, me pertenece solo a mi. Un laberinto de delirios, un rezo inventado que nadie percibe, un muro con la dureza de lo imposible.
En esa penumbra solo hay restos, caricias turbias que se quiebran al rozarme, y un morir lento, desgranado segundo a segundo.
Pero entonces, entre las grietas, algo respira: esa mano que me sostiene y me devuelve el día… la tuya.
Buenas noches amor






