(...) Por las desiertas avenidas largas, tristísimas, profundas, las encinas adoloridas son como santas moribundas —Arboles negros cuyo son viene a espinar mi corazón: ¿cuál con tierna solicitud servirá para mi ataúd? Calló el viento... del éter fluye dorado río... Como una afable, tímida enfermera, inclínase la luna sobre la cabecera de las aguas dolientes de un pantano sombrío.
"Nocturno", Eugénio de Castro.












