«En cambio el estado, que es un organismo artificial, no tiene una medida fija, su grandeza no está definida, puede aumentarla en cualquier caso, se siente débil siempre que hay otros más fuertes. La seguridad del estado y su conservación exigen que llegue a ser más fuerte que todos sus vecinos. Sólo a costa de los demás puede crecer, nutrir y ejercer su fuerza, y aunque no tenga necesidad de asegurarse su subsistencia fuera de sí mismo, busca continuamente nuevos miembros que le den mayor cohesión. La desigualdad de los hombres tiene los límites que la naturaleza le ha puesto, pero la de las sociedades puede aumentar sin trabas hasta que una sola absorba a todas las demás.»
J. J. Rousseau: Escritos sobre la paz y la guerra. Centro de Estudios Constitucionales, pág. 54. Madrid, 1982.
TGO
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