«Casi a la misma hora, unos días o semanas más tarde, llegó un libro de filosofía que, entre algunas de las cosas extrañas que contenía, estaba escrito en un lenguaje completamente incomprensible, y, por así decirlo, rebosaba de barbaries de todo tipo. Clara lo encontró encima de mi mesa y, después de leerlo por un momento, dijo:
¿Por qué es imposible que los filósofos de hoy en día no puedan escribir, al menos en parte, como hablan? ¿Son necesarias estas palabras tan terriblemente artificiales? ¿No se puede decir lo mismo de una forma más natural y humana? ¿Debe ser insoportable un libro para que sea de filosofía? No me refiero con esto a la oscuridad que emana de las profundidades, y que solo existe para aquellos cuyos ojos están acostumbrados a mirar más allá de la superficie. Lo más profundo, según siento, debe ser al mismo tiempo lo más claro; tal como lo más claro, como, por ejemplo, un cristal, porque es tal, no parece acercarse a mí, sino que más bien parece alejarse y ser más oscuro, y tal como puedo mirar dentro de una gota de agua como si mirara dentro de un abismo. Ciertamente lo profundo y lo oscuro deben ser diferenciados. Una cosa es lo profundo y una cosa distinta es lo oscuro; una cosa es el crecimiento naturalmente abundante de una raíz sana donde cada vástago porta brotes nuevos sin que el artífice se lo proponga o preste especial atención, y otra cosa es la mezcla intencional de varios ingredientes y la cruza artificial que no dejará nada más que muerte y materiales inútiles una vez que se los vuelva a separar.»
F. W. J. Shelling: Clara, un diálogo sobre la muerte. Editorial Universitaria, pág. 147. Santiago de Chile, 2016.
TGO
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