(Para comprender este post, hay que leer este artículo y este blog primero.)
¿Generación de los noventa? ¿De Facebook a libros editados? ¿Gafapasteros (por los anteojos característicos y por la pasta de los papis) de la capi que se sienten con suficiente madurez sentimental como para publicar poemas a los 16 años? Y además, por si fuera poco, ¿orgullosos de ello?
¡No! Por favor, no. No quiero que se me asocie con semejante pandilla simplemente por haber nacido en la misma década. Si una editorial me publica, que no sea porque oh dios mío, he nacido en la era internet y seguro que conozco algún secreto de esa maquinaria nueva y terrorífica que los mayores de cuarenta aún luchan por comprender.Por favor, que sea porque valgo algo, aunque eso no sea lo que se lleve en este momento y aunque mierda como Crepúsculo venda más que algo que yo pueda escribir.
Bueno, eso en cuanto a la calidad de lo que ofrecen los jóvenes "talentos". Luego está lo que les une. Miro esa foto de El País y pienso, pues que son unos ridículos. Soplapollas pijos que van de intelectuales. Yo quiero salir en una página de sucesos antes que en una de cultura. Quiero repartir porno gay por los barrios ricos de la ciudad y que me denuncien por hacer pintadas en el metro. Quiero partirle la boca a alguien antes de escribir sobre gente que parte bocas. No quiero reunirme en cafés para hablar de lo que he leído esta semana, porque eso no es divertido, ni transgresor, ni interesante.
Aunque pensándolo bien, estos modernillos son los que más representan esa gran parte de la juventud actual, con sus características contradicciones de mierda: quieren ser indies, pero por quererlo, hacen del indie algo popular; quieren ser ecologistas, pero no hay manera de despegarlos de los ¡pollas; quieren escribir, pero no se les ocurre mejor material que los desahogos hormonales de su adolescencia; quieren parecer inteligentes, pero en lugar de reflexionar, vomitan todo lo que leen, y así, un largo et cétera.
Es, en todo caso, deprimente. Por eso me uno a la propuesta de Frame Snacks. Invocaré al diablo si hace falta (aunque si es Pedro J., mejor invoco algún diablillo menor, por aquello de inmigrante rumana). A tomar por culo diez años de mi vida, es un precio que estoy dispuesta a ofrecer con tal de que no se me asocie con esta gente en la puta vida.