désire
Cuando el decir se entrelace con mi désir, decidiré... escribía esto en mi brazo con la tinta china que se encontraba en el cajón del escritorio antiguo de mi padre. Decir, decir... esa palabra taladraba en mi cabeza como grito de suicidio.
Esa musicalidad que tenía penetraba en mi cuerpo, lo erizaba, le daba vida pero me pregunto por qué “decir”. la tarde avanzaba, y acostado en la habitación veía el techo blanco y los ecos de la palabra “decir” me causaba curiosidad – decir, decir, decir... ¿decir qué? o ¿decidir qué?.
mi cuerpo poco a poco se expandía, se sostenía al decir en voz alta esta palabra, es como si en ella velara algo que en mí había estado velado, oculto, cegado y a través de mi voz, taladraba para encontrar, para buscar, qué era ese decir. Sabía que ese decir se trenzaba con las voces de mi padre, un hombre que admiro y que quiero; está la voz de mi abuela que fue gran sostén en mi infancia y una madre y claro mi madre cuya relación enigmática no entenderé y la voz de mi hermana, ese ejemplo que siempre quise ser y que luché por ser como ella.
Las lágrimas circulan por mi rostro, un sentimiento inmenso abre mi pecho, como si floreciera y me repito otra vez: decir, decir ¿qué ocultas? por que me eres tan familiar y tan siniestra que a veces siento que estás encarnada en mí, que me germina y espero que florezca y se ramifique en mis brazos, en mi cuello y sus raíces sujeten mis dedos, mis muslos y a veces la siento tan lejos tan prohibida.
Pronuncio D-e-c-i-r desesperadamente, letra por letra. enmudezco. ya es de noche y sigo recostado en la alfombra, ya es casi hora de que me vaya a dormir, ya es hora de désir.
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