(...) Viene el olor agrio de los árboles destrozados por la ira de la noche; viene el olor de la sangre, del animal devorado, el olor de los minerales, el olor del río entre las raíces y las flexibles lianas. El día derrama su transparente maravilla, como un vuelo, como el color innumerable, como la crisálida de herméticos destellos, como el insecto plateado, como el hechizo en las formas relucientes, como el vuelo de mariposas que salen de una gruta incendiada y comienzan a temblar en el ardiente cristal.
Vicente Gerbasi










