Son menos de las 8 de la mañana, lo primero que hago al despertar es preparar café, me gusta el olor que deja en el piso. Pongo música, un tema de Quique Gonzàlez para empezar, me da paz. Le siguen temas algo más rápidos para ir despertando, Los Rebeldes o Los Rodriguez son buenas opciones. Con ellos me animo. Recibo un mensaje de mi socio Miguel, en breve me pasan a buscar, le acompaña su madre, nuestra primera seguidora. Cree mucho en nosotros. Es un Domingo y lo primero que veo al bajar de casa es a unos amigos que se van a pasar el día a la playa, ellos piensan que he madrugado por lo mismo, quizás por la camisa Hawaiana que llevo puesta. En realidad nos vamos a trabajar a un mercadillo llamado Flea Market en Drassanes, cerca de las Ramblas de Barcelona.
Llegamos sobre las 8:30, aún me pesan un poco los párpados, necesito más café. Aún así nos ponemos las pilas ràpido y montamos lo que será nuestra tienda durante ese día. Para nosotros no tiene ningún secreto, son ya muchos años dedicado a ello. Miguel es un visual excelente. Para este día nuestra confianza está depositada en unas camisas Hawaianas que hemos comprado al kilo. El dia que llegaron, todas ellas metidas en un gran saco, nos las probamos todas. Disfrutándolas una por una. Son de segunda mano, tallas sueltas y no hay dos estampados iguales, así que las venderemos como si de un tesoro se tratasen. El resto de la parada lo componen unas camisetas teñidas de colores hechas en casa, bolsas de tela para la playa y restos de ropa que nos queda por casa y queremos quitarnos de encima.
Justo en el puesto de al lado están Núria y Jordi (Los Denims), un matrimonio que se dedica a vender tejanos de segunda mano. La mayor parte son Levi’s. Parece que lleven en esto toda su vida, pero lo hacen desde el pasado Febrero. Rastreamos su parada en busca de algún modelo antiguo que valga la pena. A veces no saben ni lo que tienen, pero tampoco les importa. Me hago con una cazadora Levi’s y Miguel hace lo mismo con una camisa. Es difícil no acabar picando algo.
Después de un par de cafés ya empiezo a ver el mundo con otros ojos. Los primeros clientes que se acercan son rastreadores que revenden lo que pillan a un buen precio, normalmente sudamericanos. También aparacen marroquíes regateadores, no hay nada por lo que no intenten sacar algo de descuento, pero así es su cultura.
Más tarde empezamos a vender nuestras primeras camisas, son como un subidón, a la gente les gusta, se paran, preguntan, esto tiene buena pinta. Miguel es un súper buen vendedor. Nos lo pasamos bien.
Llegan las 4 de la tarde y con ello el sol, nos da en la cara y apreta. Maldito!! son las peores horas del día, hay poca gente y nos da algo de bajón. Aparace alguna discusión a escena, como la que puede tener un matrimonio después de muchos años casados, pero con la puesta del sol y el fresquito de la tarde desaparecen. Hay momentos duros, pero puede la ilusión. Aparece nuestro amigo y socio Luito, “Cachito de Pan” y decidimos hacernos la foto que acompaña a este artículo. Es todo un crack! un manitas, pídele lo que quieras que mañana lo tienes hecho. No le tiembla el pulso para nada, será por lo tranquilo que és. Además de tener una buena muñeca para el basket.
Toca recoger, lo hacemos poco a poco. Hacemos recuento de las ventas y estamos contentos, un buen trabajo, pero sabemos que podemos hacerlo mejor. Quizás este sea uno de los mejores momentos del día, todo el esfuerzo ha sido recompensado. De camino a casa ya vamos pensando que innovaremos en el siguiente mercadillo, eso está en nuestro ADN creativo.