Esta es una historia sostenible.
Era un Domingo de esos lluviosos en Barcelona. Eugene, que seguía en la cama, escuchaba como Lucía hacía un tremendo alboroto desde el otro lado de la habitación. Y es que Lucía se había levantado con ganas de hacer limpieza de armarios.
— ¡Eugene! — gritó Lucía — Estos viejos tejanos rotos deberías tirarlos. Además, ya no son de tu talla.
— ¡Los Levi's son intocables! — contestó Eugene mediante un grito sordo que solo escuchó él —Si esos jeans hablaran...
Pues si hablaran te dirían que fueron fabricados en San Francisco, California, hace ya muchos años. En una fábrica que hoy en día ya ni existe. Su primer destino fue un rancho de Prescott, Arizona, y su primer dueño un tal Lawton Champie, que fue campeón del mundo de rodeo. Años más tarde los heredó su nieto Connie pensando en emular a su abuelo, pero fue llamado a la guerra. Su destino, el frente de Japón. Allí no tuvo la misma fortuna que Lawton y cayó en combate.
August, compañero y mejor amigo, heredó las pocas pertenencias que Connie poseía, entre ellas un viejo y sucio tejano Levi's. Durante la ocupación estadounidense en la posguerra, muchos americanos decidieron vender su jeans en mercados clandestinos, con gran éxito entre los jóvenes japoneses, fans de las películas de Hollywood de la época. Frecuentaba mercadillos como el de Veno, Tokio, que se llenaban de color azul todos los fines de semana.
Kenji era uno de aquellos adolescentes que soñaba con ser como James Dean, un rebelde sin causa. Vivía a las afueras de Tokio y ese día estaba emocionado porque por fin iba a poder comprarse unos jeans como los que lucían sus ídolos en las películas. Recorrió de punta a punta el market buscando unos que fueron ideales y se correspondieran con el dinero que había podido ahorrar durante meses. Los encontró en el puesto de August, un tipo que había ido recopilando jeans de todos los soldados que habían caído en la batalla o los dejaban olvidados antes de volver a sus casas. Después de una dura negociación, en la que August claramente salió beneficiado, Kenji pudo por fin comprar sus jeans y excitado por el momento, no dudó en ponérselos allí mismo.
Kenji fue adquiriendo poco a poco aficiones algo rebeldes, como formar parte de una tribu, la Tribu Miyuki, que se inspiraban en el estilo americano de por aquel entonces. Un estilo desaprobado por la sociedad del momento, y de manera especial por su padre. En una de las revueltas protagonizadas por los rebeldes sin causa, Kenji, junto a sus inseparables jeans, acabó en el calabozo.
Magnus era un individuo que lo había perdido todo. Su trabajo, su casa y su esposa. Estaba sumido en una gran depresión. De nacionalidad holandesa y con actitudes mercantiles, Magnus decidió enrolarse en un barco carguero que viajaría por el continente asiático durante meses. Era un trabajo duro y pagaban poco, pero tendría donde dormir y comer todas las noches. Magnus tenía un gran problema con la bebida y un día en el que se pasó de frenada, acabó detenido por montar un escándalo público en una de las calles principales de Tokio. En el momento de la detención, Magnus había perdido su ropa y empinaba una botella de sake.
Ya en el calabozo, lo único que le dieron al holandés errante fue una manta para taparse. Uno de los compañeros de celda de Magnus era Kenji, que lloraba atemorizado por las consecuencias de sus actos. Se arrepentía del estilo de vida que había llevado hasta el momento y, sobre todo por no seguir ofendiendo a su padre, pensó que ya era hora de madurar y dejar atrás los días de desobediencia y rebeldía. En ese mismo momento decidió que ese cambio comenzaría por abandonar los jeans que desde hacía años le acompañaban. Así que, al día siguiente, cuando su padre fue a buscarlo al calabozo con ropa limpia, no dudó en regalarle a Magnus sus viejos jeans, y éste, somnoliento y resacoso de la noche anterior se los encontró a sus pies cuando despertó.
Cuando Magnus salió del calabozo con los jeans que algún caritativo preso le había regalado y se sentía bien. Nunca había tenido unos Levi's Strauss y le parecieron verdaderamente cómodos, diferentes a lo que él estaba acostumbrado a llevar. Al cabo de unos días, una vez sobrio y con la mente fresca, pensó que debía llevar ese producto a Ámsterdam para comercializarlos. Aquella idea hizo renacer al mercantil que llevaba dentro. Durante meses fue reuniendo artículos en los mercadillos de Tokio. Cuando finalmente regresó a Holanda con el dinero que había ahorrado junto con las prendas que había adquirido, comenzó su propio negocio de venta de ropa vintage en markets como el de Westerstraat, situado en el barrio de Jordaan. Únicamente había unos jeans que nunca vendía, los que un día le cambiaron la vida.
Eugene tenía una obsesión con el mundo del denim. La afición le venía de joven, de cuando trabajó durante una temporada en una tienda de jeans de su barrio. Tuvo la suerte de tener un mentor que le explicaba detalladamente cada modelo que llegaba a la tienda. Era tal su amor por el producto que los vendía a pares. Pero Eugene necesitaba más, quería aprender todos los secretos y estaba decidido a viajar por todo el globo para adentrarse de lleno en ese mundo de mezclilla que le inspiraba tanto. Y fue así como un día, en uno de sus viajes solitarios, conoció a Magnus.
Fue amor a primera vista, cuando Eugene vio los Levi's colgados en la tienda de Magnus fue como si un marchante de arte viera una obra de Van Gogh original. De los 7 días que pasó en Ámsterdam no había uno que no fuera a visitar la tienda para poder ver y fotografiar esos pantalones desgastados y rotos por el paso del tiempo. Magnus le explicó el origen y la historia que conocía sobre ellos, aunque solo fuera la punta del iceberg. Y fue así como entablaron una amistad, que prosiguió una vez volvió a Barcelona, desde donde siguieron compartiendo mensajes y descubrimientos que veían por las redes sobre el denim. Pasados unos meses, Eugene decidió irse a vivir una temporada a Amsterdam para trabajar con Magnus en una de las nuevas tiendas que había abierto.
También fue amor a primera vista lo que sintió Eugene cuando volvió a entrar a la tienda y en lugar de Magnus se encontró cara a cara con su hija, Anneline. Ahora ya tenía dos razones de fuerza para visitar la tienda. Con el paso del tiempo, una de ellas, Anneline, hizo que olvidara los jeans por un tiempo. Aquellas semanas en el barrio de Jordaan fueron increíbles, pero todos sabían que sería imposible que Eugene permaneciera allí mucho más tiempo, ya que su familia y sus amigos seguían en Barcelona. Volvió dos años después, no sin antes prometer volver a visitar Anneline regularmente.
A su vuelta, a Eugene le fueron muy bien las cosas y consiguió un puesto administrativo en una marca puntera de jeans. Poco a poco su relación con Anneline se fue enfriando y Eugene, centrado en su trabajo, dejó de viajar, adquiriendo un estilo de vida más sedentario. Fueron pasando los años y un día le llegó un paquete procedente de Holanda. Eran los Levi's de los que se enamoró, en ellos se adjuntaba una nota escrita por Anneline, en la que le comunicaba que Magnus había fallecido y que le gustaría que fuera Eugene quien continuase con su historia.
Así que Lucía, que conocía la historia de esos jeans, quiso deshacerse de esos Levi's rotos y gastados por el paso de los años.
— ¡Eugene! — gritó Lucía — Estos viejos tejanos rotos deberías tirarlos. Además, ya no son de tu talla.
— ¡Los Levi's son intocables! — contestó Eugene mediante un grito sordo que solo escuchó él —Si esos jeans hablaran...
Y de repente le hablaron. Eugene nunca supo si habían sido los propios jeans o todas las personas que de algún modo habían creado su historia:
—Eugene, no dejes que esta historia acabe aquí. Y sobre todo, no permitas que acabemos en un vertedero.
Cogió el teléfono y marcó un número. Al otro lado alguien dijo...
— San Francisco Dc, en que podemos ayudarte?