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(Aesthetic Label)
¿Quieres saber qué más he recordado? Que sigo enamorada de ti.
Nicole Holloway
Quiero recuperarte, Nicole...
Derek Adams
Recuerdo (VI): La clave
Los últimos días habían transcurrido de forma un tanto lúgubre, a raíz de una de las visiones de Nicole. La clarividente había visto un breve retazo de un futuro al que no sabían cómo enfrentarse, ni cuándo iba a suceder.
La premonición reveló a la bruja dando su vida a cambio de la de Derek, o al menos en apariencia, dado que no tenían más que destellos y pequeños detalles. Trataron de pensar en algo que les ayudara a cambiar o evitar ese futuro, pero con el paso de los días el vampiro se mostraba más comedido y reservado, apenas intercambiaban algunas palabras. Nicole sospechaba que tramaba algo y no quería contárselo porque probablemente no le iba a gustar, pero no imaginaba el qué. De haberlo hecho, hubiera tomado medidas. En ese momento, la morena salía del cuarto de baño después de darse una ducha y ponerse ropa más cómoda, el día en el trabajo había sido agotador. Encaminó sus pasos hacia la sala de estar, donde Derek se encontraba sentado en el sofá, sumido en sus propios pensamientos y una expresión algo sombría. Nicole se aproximó y terminó sentándose a su lado, solo que lo hizo encima del reposabrazos del mueble, por lo que quedó en una posición más alta. Guardó silencio unos segundos más, estudiándole con la mirada. Empezaba a preocuparse porque nunca lo había visto tan serio y taciturno, y tenía motivos, sí, igual que ella, pero de igual manera no le gustaba verle así.
—¿Le estás dando vueltas otra vez? —Sabía que sí, ella misma no dejaba de buscar alguna solución, aunque estaba empezando a llegar a un punto en el que quería dejar de preocuparse y sencillamente disfrutar del tiempo que les quedara juntos, pues si al final no podían cambiar las cosas, al menos podían aprovechar mejor lo que tenían entretanto.
Todo transcurría de forma perfecta para el vampiro, estaba viviendo algo que ya hacía décadas que daba por perdido por su condición y maldición, por aquella eternidad que tanto le comenzaba a aplastar. Vivía con la mujer a la que quería, aprovechando cada minuto, cada segundo de su ser, de su existencia, a sabiendas de que no sería para siempre. Pero todo aquello se derrumbó un día en el que Nicole tuvo una visión que le rompió todos los esquemas. Por supuesto, sabía que todo ser humano debía morir algún día, y que llegaría el momento en el que la tuviera que dejar irse, permitir que la muerte se la lleve en su seno, pero no tan pronto, no así, no por... Dejó de pensar en el presente, para zambullirse no solo en ese pronto futuro que amenazaba con avecinarse y cernirse sobre ellos, sino en el oscuro pasado que le seguía. Necesitaba una solución, y la necesitaba ahora. ¿Convertirla? Prefería pasar el resto de su eternidad siendo continuamente torturado antes de condenar a Nicole a una vida como la suya, no, esaopción quedaba más que descartada y no hizo ni falta el dialogarla. La bruja sabía la opinión de él al respecto, y no se hizo ni siquiera mención de la misma. Pero... ¿Qué más quedaba?. Los días siguientes se fueron sucediendo, y el vampiro de forma inconsciente cada vez estaba más ausente, sumido en sus propios pensamientos, ensimismado en el problema que amenazaba con separarles, con acabar con ellos, borrar del mundo su existencia, así que le fue imposible no obsesionarse, no dejar de darle vueltas, de querer con toda su alma, si acaso le quedaba alma alguna, encontrar una solución y salvarla. Pues... no estaba dispuesto a perderla, no así, no por "eso", se negaba en rotundo, pero... ¿Y si...?
—¿Qué? —Preguntó al escuchar como la voz de Nicole le volvía, momentaneamente, a la realidad, recordando que se encontraba sentado en el sofá, con las extremidades apoyadas en las rodillas y las manos ocultando medio rostro, con aire pensativo, como ido. Básicamente como está desde entonces— No es nada, Nicole.
—Ya, claro. —Repuso ella, suspirando con resignación. Iba a morderse la lengua pero finalmente se decantó por hablar, prefirió soltarlo ya en ese momento en lugar de ir acumulando para explotar de peor forma otro día.— Por eso llevamos días prácticamente sin hablar o mirarnos siquiera, ¿No? —Se giró en el propio reposa-brazos del sofá donde estaba sentada para apoyar parte de la espalda, mirando al frente y cruzando los brazos.— ¿Vamos a seguir así hasta cuándo? ¿Hasta que llegue ese día? —Lanzó una pregunta detrás de otra, con voz apagada, y sin esperar ningún tipo de respuesta.— Pues vaya forma de echar a perder lo que nos quede. —No podía culparle por centrarse en buscar alguna solución para cambiar las cosas, ella en su lugar también lo haría, naturalmente. Pero llegaba a la conclusión a la que no quería llegar, la conclusión que llevaba días negando y en el fondo sabía que era evidente: La premonición comunicaba que uno de los dos se sacrificaba por el otro, concretamente Nicole. Por tanto, variar ese futuro implicaba, aparentemente de forma inevitable, que el otro sería entonces quien perdiera la vida. Salvar a uno, condenaba al otro. Y en esa situación, Nicole tenía muy claro quién de los dos debía sacrificarse: ¿Para qué salvarla a ella, cuando tenía de todos modos un final predestinado? Era mortal, más tarde o más temprano iba a morir de todas formas, ¿Qué mejor manera que hacerlo por alguien a quien amaba de manera incondicional y sincera? Derek, en cambio, disponía de la eternidad. No iba a robársela, en esas circunstancias le parecía un acto egoísta. De nuevo, dejó escapar todo el aire contenido en los pulmones por la nariz, en un largo suspiro, antes de hacer el amago de levantarse y darse por vencida otro día más. Inspiró profundamente mientras cerraba los ojos durante unos largos y tensos segundos cuando Nicole decidió levantarse, como dando por perdida aquella batalla un día más, pero el vampiro en aquella ocasión también se levantó, alargando la mano hacia el brazo de ella para retenerla en el salón.
—¿Y qué quieres que haga Nicole? Dímelo, ¿Eh? ¿Que me resigne como has hecho tú? —Aunque no quiso conscientemente, aquellas palabras fueron pronunciadas con cierto reproche, pero fue un acto inconsciente que no pudo controlar— ¿Que aproveche el tiempo hasta que mueras? ¡Lo que no te das cuenta es que no quiero perderte, joder! ¡No te das cuenta de que si no hacemos nada, tú te irás, te perderé! ¿¡Y sabes qué!? ¡¡El gilipollas que se quedará aquí, pensando durante siglos las miles de soluciones que pude hacer o encontrar y no llevé a cabo para salvarte, voy a ser yo!! —La soltó mientras se señalaba a sí mismo, no estaba siendo egoista ni mucho menos pues pensaba en ella en primera instancia, pero no quería quedarse quieto, no hacer nada, y luego estar lamentando su muerte o su ineptitud por no haber luchado ni siquiera un poco, por ella. Cuando Nicole se merecía ese poco y mucho más. Terminó acercándose a ella nuevamente ahora intentando calmarse, y acariciándola el mentón.— ¿No ves que prefiero morir, a estar mil años sin ti?
Entornó un poco el cuerpo y el rostro cuando la retuvo del brazo, con delicadeza, escuchando cuanto tenía que decir. A lo mejor tenía más razón de la que ella quisiera admitir, o a lo mejor tampoco tanta. De igual modo, aquellas palabras rasgaron el aire y las recibió como cuchillos afilados. Hizo una mueca, frunciendo el ceño y los labios pero no dijo nada al respecto. Se giró del todo hacia él para quedar frente y poder encajar como mejor supo todo lo que Derek se había estado guardando esos días. ¿Pensaba acaso que para ella estaba resultando fácil? ¿Que no le dolía lo mismo que a él la idea de perderle? La única diferencia es que Nicole siempre había sabido que más tarde o más temprano, todo tenía un final. Ella mortal y ambos sabían que convertirla no era una opción, así que tenía presente, como cualquier ser humano, bruja o no, que un día también le tocaría a ella. Lo que había cambiado con la visión para ella, es que disponía de menos tiempo del que imaginaba. De tener oportunidad le hubiese interrumpido para responder, pero no vio manera y aguardó en silencio, cabizbaja hasta qué el vampiro acortó más las distancias y la sostuvo del mentón con suavidad.
—¿No te das cuenta tú de que lo que te pido es justo lo que estábamos haciendo hasta ahora? No te estoy pidiendo más... Voy a morir de todas formas, no soy como tú. Hasta hace unos días aprovechábamos el tiempo hasta que me llegara la hora, sin más. La diferencia es que ahora sabemos que me va a llegar antes de lo que imaginaba, ¿Y qué? ¿No es eso motivo para aprovechar mejor el tiempo en lugar de desperdiciarlo lamentándonos de algo que no ha pasado todavía? —Se le empezaban a anegar los ojos en lágrimas y notaba cada latido retumbándole contra el pecho.— ¡Es como si ya estuviera muerta! —Tragó saliva en una breve pausa, decidiendo si continuar o no y al final lo hizo. Necesitaba sacarlo todo también y mejor del tirón, aprovechando que aún no se le hacía roto el hilo de voz y que contenía sin mayor problema las lágrimas en los ojos.— Tú tienes mil años y todos los que quieras. Tienes toda la eternidad por delante, no es justo que yo te la quite para, ¿Qué? ¿Vivir cincuenta, sesenta, años más? —Antes de proseguir suavizó el tono de voz, lo que iba a decir a continuación era la primera vez que lo mencionaba, quería sonar convincente porque ella creía en ello, en ese momento más que nunca.— Al menos tendrías la oportunidad de reencontrarme, en mil, dos mil, o los años que sean...
—Pero no es lo mismo, Nicole. —O al menos para él no lo era, pues no era lo mismo pensar que tenía la persona a la que quería aún 50 años por delante de longevidad, a no saber si iba a morir al día siguiente, al otro, o dentro de un año, pues sí se sabía a ciencia cierta que no duraría más que eso. Algo que no era capaz de admitir ni soportar. Simplemente no podía hacer la vista gorda, fingir que no había pasado nada y seguir viviendo a sabiendas de que una amenaza se cernía sobre ella en cada esquina. Terminó soltando su mentón y se alejó, dándole la espalda mientras se frotaba el pelo de la frente con un claro deje de frustración, el mismo que había estado mostrando hasta el momento y del cual no era capaz de desprenderse. Toda aquella situación le estaba agobiando y ahogando hasta niveles inhóspitos. ¿Que no quería robarle su eternidad? ¿Acaso no era consciente de que para él, eran mejor cinco minutos con ella que una eternidad teniendo que llorarle a una lápida, con la culpabilidad como compañera y la cobardía como testigo de que no hizo nada por evitar lo inevitable? ¿Es que no lo veía? Terminó frotándose el rostro, demasiadas contraposiciones en su cabeza y un peso en el estómago que cada vez se hacía más notable le dejaba un mal sabor de boca.— ¿Y quién te ha dicho a ti, Nicole, que yo quise esto? ¿Quién te ha dicho que yo fui buscando o ansiando la eternidad? —Bien era verdad que él nunca quiso ser vampiro, si lo hizo, fue por motivos personales que en ese momento no venían al caso, pero que también le pesaban como una losa. Terminó ladeando el rostro para volverla a mirar, con cierto deje alicaído, algo inusual en él, pues no solía mostrarse nunca así en público y menos aún, en presencia de Nicole.— Hablas de reencontrarnos como si fuese posible, o como si pensases que para mí, mil años son un segundo, cuando no es así. Nicole dejó salir el aire en un quedo suspiro cuando él se apartó y le dio la espalda, alejándose unos pasos. Agachó otra vez la mirada y hundió los hombros, con aire abatido. Ya no sabía qué más hacer o decir. Realmente hacer, poco podían. Le habían dado ya mil y una vueltas y no había forma de resolver aquel rompecabezas de la manera en que ambos quisieran, sin perder una de las piezas clave. A pesar de que llevaban algunos años juntos, sentimentalmente hablando al menos (dado que se conocían desde hacía bastantes más), la morena desconocía la razone que habían llevado a Derek a convertirse en vampiro. Nunca había querido presionar para que le contara nada, en realidad no le hacía falta saberlo, aunque sintiese una mínima curiosidad. Si con el tiempo quisiera abrirse a ella, bien, si no, daba lo mismo. Le bastaba con lo que tenían. Avanzó hacia él con pasos vacilantes hasta quedar detrás, pero no se atrevió a decir nada aún. Lo quisiera o no, el hecho es que Derek era inmortal y no había vuelta atrás. Aunque por un instante, al oír la primera pregunta (retórica, comprendió), había temido que se refiriera a ella en lugar de la inmortalidad. Porque cierto era que no lo habían buscado, sino que surgió, y no quería ser algo de lo que él tuviera luego que arrepentirse, por ninguna causa. Terminó por despegar los brazos de cada lado de su cuerpo para rodearle en un suave abrazo, apoyando la mejilla en su espalda.
—Prefiero tener algo en lo que creer, a pensar que después ya no me espera nada. —Afirmó con sinceridad, prefería pensar que tenían la posibilidad de reencontrarse tal vez en otra vida, a perderse para siempre en el olvido.— No creo que un milenio te suponga un suspiro. Pero, ¿No es mejor tarde que nunca? Aunque bueno, puedo entender que no quisieras esperarme por tanto tiempo. No pasa nada, tampoco es que te lo vaya a reprochar, ni lo haría, si te refieres a eso.
Derek respiró hondo y muy profundamente al sentir su tacto, como sus manos iban rodeándole la cintura por la espalda hasta concluir en un afectivo e íntimo abrazo, del cual él correspondió poniendo las manos sobre las suyas al principio. Nunca se había parado a pensar si existía cielo o infierno ¿Qué más le da a un ser que probablemente no muera? Y en el caso de que llegara a hacerlo algún día, no iría al susodicho y probablemente acabara ardiendo en el caldero de Satán. Fuera como fuese, si debían reencontrarse tras la muerte, estaba claro que no iba a sucederse, pues ambos irían a sitios muy distintos. Terminó de darse la vuelta, para quedarse frente a ella pero sin romper el abrazo ni el contacto en ningún momento, manteniendo la corta distancia entre ambos, fijando los ojos en los ajenos y pudiéndose ver reflejados en los mismos si tomaba constancia de ello.
—¿Por qué separar esta vida y la siguiente, si una proviene de la anterior? —Murmuró con convencimiento un párrafo de un poema, no muy conocido, pero que respondería bien a lo que ella había dicho como coletilla. Pasasen los años que pasasen, si tuvieran la real certeza de que ella se reencarnaría y volvería, él la esperaría los milenios que fueran necesario. Pero creía que no era así, que probablemente fuera una posibilidad muy remota y ni siquiera demostrable. Solo les quedaba el aquí, el ahora, aunque fuese efímero, como una ráfaga de viento de la cual les toca disfrutar o ya no se sabrá cual será la siguiente ocasión para aprovecharlo.— Te esperaría... No es el tiempo lo que me preocupa, Nicole. No quiero perderte... No así.
Podía notar cómo él respiraba de manera profunda, así como la tensión en cada uno de los músculos de su espalda y su torso justo antes de darse la vuelta, sin deshacer el abrazo. La bruja levantó la vista en busca de sus ojos, aunque ver la inquietud y el pesar que anidaban en ellos le partía aún más el alma. Sin embargo le mantuvo la mirada, tratando de infundirle algo de la esperanza que ella tenía, si bien no era mucha, por poca que fuera la compartiría siempre con Derek, igual que todo lo demás. Le hubiese gustado dedicarle una sonrisa al oír aquella parte del poema, conocido por ambos, una de esas cosas que también compartían, aunque no fue capaz. Se limitó a afianzar y estrechar un poco más el abrazo, presionando si propio cuerpo contra el del vampiro y cerrando los párpados, como si ese gesto pudiese desvanecerlo todo a excepción de ellos dos, escapando juntos de cualquier funesto destino ya escrito. Como si Derek pudiera rodearla entre sus brazos y protegerla como había hecho desde que se conocieron, solo que en el fondo sabía que no podría protegerla de la muerte. De una u otra forma, Nicole la acabaría enfrentando cara a cara y terminaría en los brazos de la Parca en lugar de en los del vampiro. No obstante, no tenía ningún miedo porque lamentaba nada, era una de las personas afortunadas que había llegado a encontrar el verdadero amor, lo había disfrutado cuanto había podido, en todo su esplendor, y pensaba seguir haciéndolo hasta el fin de sus días. Era lo único quería y que le estaba pidiendo. Solo eso. Que la continuara haciendo feliz aun sin darse cuenta el tiempo que les quedara.
—Ni yo, pero... —No terminó la frase porque, además de ser evidente, no se veía con fuerzas de decir en voz alta que no había nada que hacer para cambiarlo.
Afianzó el abrazo más si cabe, rodeándola con sus brazos como si esa fuese la mayor solución del mundo, como si fuese el escudo más inquebrantable que existiese. Puede que estuvieran en ese momento a salvo, juntos, en casa. Pero la amenaza seguía cerniéndose sobre ambos y el vampiro aunque no la pudiera ver, podría decirse que lo sentía. Se lamentaba desde el primer momento el haberla involucrado en ese mundo, pese a que ya de por si estaba involucrada siendo bruja. De forma inconsciente y sin pretenderlo, su propia presencia era un constante peligro para ella, y aunque no se arrepentía en absoluto de haberla conocido, sabía que por su avaricia, su egoísmo y por querer, por encima de las cosas y del raciocinio mismo, estar con ella, había pasado lo que había pasado.
—Siempre me he preguntado, alguna vez… Qué habría pasado si no te hubiera conocido aquella noche, o qué hubiera pasado de no haberte encontrado en aquel bar. —Confesó, era algo que a todos probablemente se le pasaba por la mente alguna vez, pero últimamente le había dado más vueltas que de normal. ¿Habría tenido una vida mejor? ¿Alejada de todo aquello? ¿O esos maleantes habrían acabado por matarla siendo tan joven, si él no llega a aparecer? Terminó por separarse unos segundo, para mirarla a los ojos y acariciarle con ambas manos las mejillas, sonriéndole con ternura, muy inusual en él,— Y no me malinterpretes, porque no lamento en absoluto el haberte conocido. Es lo mejor que me ha podido pasar en todos estos años, solo que… —Aguardó unos segundos en silencio, interrumpiéndose a si mismo, cayendo en la cuenta de lo que acababa de decir realmente y las cuestiones que habían asaltado a su cabeza, mientras iba borrando la sonrisa muy paulatinamente, hasta que no quedó ni rastro de la misma.
—¿Qué? —Intercaló entre las palabras del vampiro, queriendo saber qué se preguntaba, tal vez ella tuviera alguna respuesta para él. Abrió los ojos y se despegó un poco para mirarle, expectante. Al contrario que Derek, la bruja nunca se había hecho esas preguntas ni pensado en esas situaciones, remotamente siquiera. Ya por entonces, cuando le conoció y estuvo largo tiempo conviviendo con él, cuando era jovencita, se acostumbró a su presencia, a su protección y, lo más importante, a su compañía. En poco tiempo lo vio como si fuera de su familia, como su nueva familia, mejor dicho. Por ese motivo se apenó tanto con su marcha, al dejarla al cargo de dos brujas ancianas. Y por ese motivo se alegró muchísimo al reencontrarle más tarde. De igual modo, ya que lo había mencionado, Nicole tuvo la certeza de que de no haber dado con él, hubiera acabado muy mal... Puede que no hubiera salido viva del encontronazo con aquellos delincuentes, o de salir viva... Le recorrió un escalofrío, no quería ni pensar en lo que hubieran hecho con ella de no aparecer Derek. Años después, de no haberse reencontrado, la Nicole estaba convencida de que jamás hubiera conocido el amor, el de verdad. ¿Cómo iba a ser eso posible si solo podía corresponderlo la persona que en ese momento la abrazaba? Al verle sonreír con aquella ternura no pudo evitar que se le contagiara y sus labios se curvaran de la misma manera. Arrastró las manos con suavidad desde su espalda, donde las tenía al abrazarle, a través de su cintura y abdomen para dejarlas descansando sobre su pecho. Justo estaba alzando los talones del suelo para besarle cuando se detuvo a medio camino, frunciendo el ceño al ver cómo dejaba la frase por concluir y borraba la sonrisa. No usó palabras para preguntar qué ocurría, se bastó con la mirada. Tardó unos pocos segundos en comprender, en atar los mismos cabos que acababa de atar él, por lo que endureció la expresión y el pulso se le hizo mucho más presente. Aprovechando la posición de sus manos, se apartó al mismo tiempo que le empujaba levemente para comenzar a recular.— No. Derek. No. —Sacudió la cabeza, tratando de sonar imperativa en lugar de implorante.
Pese a que se había auto interrumpido a sí mismo y que Nicole había sido consciente de aquello, antes de llegar a besarle, el vampiro tenía la mirada puesta en ningún sitio en concreto. “Siempre me he preguntado, que habría pasado si no me hubieras conocido” esa frase que él mismo había dicho hacía escasos segundos, martilleaba su cabeza con insistencia y de forma bastante dolorosa, todo sea dicho. Sintió el empujón de Nicole, que lo volvió a la realidad y fijó momentáneamente sus ojos en ella, observando cómo reculaba pues probablemente habría llegado a la misma conclusión que él. En la premonición de Nicole, o al menos lo poco que se sabía con certeza, era que ella moría por protegerle de “algo” o “alguien” ergo, el causante indirectamente era él, su propia presencia, su existencia. Y pese a que él no podía morir y dudaba mucho que Nicole fuera capaz de realizar tal atrocidad, la solución, la única salida para que ella pudiera seguir viviendo, seguir existiendo y respirando en ese mundo, lejos de toda amenaza, poder escribir su propia historia, sin fisuras, era que él desapareciese de su vida. Se llevó las manos al rostro y luego al pelo, con verdadera frustración. ¿Sería capaz de renunciar a lo que tenía con ella? ¿Renunciar a lo único bueno que tenía en esa condenada vida que le había tocado vivir, solo por salvarla? ¿Por cambiar el futuro, y hacer que dicha profecía se disipara y no se cumpliera jamás? Se frotó el pelo y luego volvió a fijar la mirada en Nicole, la cual le comenzaba a mirar con confusión y firmeza a la vez, la misma que comenzaba a destilar el vampiro, pese a estar rompiéndose por dentro por lo que estaba a punto de hacer.
—Lo siento… No voy a permitir que mueras, Nicole… Si esta es la única salida, lo voy a hacer. —Sus ojos destilaban una sentencia que no tardaría en darse a cabo, aunque el nudo en el estómago y el peso en el pecho que estaba sintiendo no ayudase. Era lo mejor, para ella, para su vida. Que se alejase de él, lo máximo posible, que viviera e hiciera como si no hubiera existido, como si no hubieran compartido su tiempo, como si no le hubiera conocido jamás.— Por favor, Nicole… entiéndelo, ¡No puedo permitir que mueras! —Exclamó, alzando la voz con un deje ya de desesperación, esa desesperación que levaba acumulada durante días, y ahora tras encontrar una puerta abierta a la libertad, se estaba desbordando por momentos, llegando incluso a ahogarle a él en el proceso.
Tragó saliva y detuvo sus pasos al ver que él parecía como ido de nuevo, con la mirada perdida y los dedos enterrados con gesto nervioso y frustrado entre las hebras de su propio cabello. Sospechaba, sin equivocarse, que estaría sopesando muy en serio aquella posibilidad que, de pronto, atormentaba más a Nicole de lo que lo hacía la propia visión de su aparente muerte. Si tenía alguna oportunidad de quitarle esa locura de la cabeza, era en ese preciso instante, por lo que no perdió un segundo ni vaciló en intentarlo.
—Ni se te ocurra. Olvídate de eso, ya. Sabes que no está bien y que no puedes hacerme esto. A mí, no. —El pecho le subía y bajaba de forma pronunciada con cada respiración. La inflexión de su voz a duras penas se mantenía firme. Se le humedecieron los ojos por segunda vez esa tarde al ver que sus palabras no servían de nada, al oír que el vampiro estaba tan decidido en hacer lo que creía la única solución. Volvió a negar efusivamente con la cabeza, con los labios temblorosos por intentar no romper a llorar. Sentía un escalofrío por toda la piel, uno que no parecía remitir y le ponía la piel de gallina. Tenía miedo. Tenía miedo de olvidar. De olvidarle. Un pánico que le desbocó los latidos y le oprimía el pecho hasta el punto de dificultarle la sencilla e instintiva tarea de respirar.— ¡Eres todo lo que tengo, Derek! ¡No me lo quites! ¡No tienes ningún derecho! ¡Nadie lo tiene! —Masculló con la voz rota y la misma desesperación, reculando de nuevo para quedar fuera de su alcance. Al no encontrar forma de cambiar el futuro, Derek pretendía cambiar el pasado, reescribir la historia, aunque para ello debiera borrar la mayor parte. Sin embargo, dedujo que eso cambiaría el futuro sí o sí, que le daría a Nicole una oportunidad de envejecer como cualquier otra persona. No tuvo más remedio que detenerse cuando su espalda chocó con la pared del salón, que no estaba muy lejos. Frunció los labios, rogando con la mirada fija en sus ojos para que cambiara de parecer, volviendo a negar con la cabeza y las lágrimas corriendo mejillas abajo. Sollozó tratando de coger aire.— Por favor... No puedes arrebatarme esto. Son nuestros recuerdos. Nuestra historia. Es todo lo que soy... ¡No te permito que lo robes!
—¡¿Ah, no?! ¡¿Pero sí puedo permitir que mueras?! —Negó con el rostro con bastante evidencia, no podía olvidarlo, no ahora que había dado con la clave para que ella pudiera vivir, evitar la amenaza. Sí, se borraría todo retazo de su historia, de su existencia en común, de su relación, todo recuerdo compartido o en referencia a ellos dos, pero pese a que era un precio muy alto y muy caro a pagar, estaba dispuesto a ello, solo por asegurarse de que su corazón seguirá latiendo. Al percibir que los ojos de Nicole comenzaban a humedecerse, sintió como si algo le oprimiera fuertemente el pecho, realizando una mueca de circunstancia y desviando la mirada a un lado durante unos pocos segundos. Su respiración se agitaba por momentos, tenía que hacerlo ahora, o de lo contrario si declinaba aquella opción, probablemente Nicole le convencería de no hacerlo y al final, acabaría perdiéndola. Pero… ¿No la iba a perder de todos modos, hiciera lo que hiciera? ¿No iba a quedarse sin ella igualmente? Probablemente… Solo que la diferencia entre ambas, es que ella tendría la oportunidad de reescribir su historia, con alguien adecuado a ella, alguien que la hiciera feliz, no la pusiera en peligro y que fuera merecedor de ella.— Puedes encontrar algo mejor, lo sabes… —Volvió a fijar a mirada en ella, mostrando ahora él ese brillo acuoso en sus ojos. No quería mostrarse así, jamás lo había hecho con nadie que no fuese su familia, su hermana, la cual hacía décadas que no veía, pero era inevitable. Iba a perder también él parte de su vida, parte de su historia, una parte que realmente merecía la pena defender y luchar, solo que a diferencia de ella, él si la recordaría. La angustia iba sustituyéndose por dolor, dolor a la pérdida, a ser olvidado, pero no podía hacer nada más y lo sabía, no había otro remedio, ninguna otra manera, era aquello, o la muerte. Y no pensaba ceder. Reanudó sus pasos, paulatinamente, hacia Nicole, la cual había quedado acorralada contra la pared exterior del salón, observando cómo no le perdía de vista, y negaba constantemente lo que se le avecinaba.— Tú eres más, mucho más que nuestros recuerdos, Nicole… No puedo arrebatarte quién eres, pero si quién soy yo. —Esas palabras las pronunció con sumo dolor, terminando de acortar distancias sin ni siquiera usar su peculiar velocidad vampírica, y colocando una de sus manos bajo la mandíbula de la bruja, para que no se moviera.—… Perdóname…
Buscaba desesperadamente la forma de hacerle cambiar de opinión, de pararle como fuera. Pero tenía todos los músculos atenazados y agarrotados, apenas sí se sostenía en pie y no sabía ni cómo, porque le temblaban las rodillas y estaba a nada y menos de derrumbarse. No podía soportar la idea de perderle, mucho menos aún de perder los recuerdos que compartían. Incluso los recuerdos menos agradables, que rememorados desde la distancia seguían siendo suyos, seguían siendo especiales, tanto como los que guardaba como si fueran los mayores tesoros, pues para Nicole lo eran. Cada recuerdo la hacía revivir una sensación, y estaba a punto de perderlas todas. No fue capaz de replicar a sus palabras, solo podía llorar y aguantar allí de pie, dado que ya no tenía salida. ¿Encontrar algo mejor? ¿Acaso lo pensaba de verdad, que había alguien mejor para ella? Le pareció la mentira más ruin que podían salir de su boca. Lo sabía, porque lo sentía dentro cada mañana al despertar a su lado y cada noche al acostarse con él: Derek era parte que le había faltado siempre, ese vacío que nada ni nadie podía llenar salvo él. No sabría explicarlo con palabras, pero estaba convencida de que nunca más iba a sentirse de la misma forma, que nunca más iba sentir esa clase de amor y por consiguiente, que viviría quizás hasta los ochenta, sí, pero sin ser feliz. Que es lo que él no parecía ver. Y Nicole prefería dos años, tres, uno, cuatro meses, un día de vida, pero a su lado y siendo plenamente feliz. Sollozó de nuevo cuando la sujetó del mentón e hizo todo lo posible para no mirarle a los ojos directamente, aunque no tuvo mucho éxito. Se agarró con una mano a la camiseta que él vestía, a la altura del pecho, arrugando la prenda entre los dedos al cerrar el puño con fuerza y frustración por no poder controlar la situación, y una rabia contenida al oír que se atrevía a pedir su perdón.
—No pienso perdonarte por despojarme de lo único que tengo y volver abandonarme. —Murmuró con un hilo de voz, a través del nudo en la garganta.
Aquellas palabras le sentaron, literalmente, como una patada en el estómago, como una jarra de agua helada en un día de pleno invierno. Como si de repente, hubiera perdido todo tras recibir un golpe mortal, que es lo que había sido eso para él. Todas y cada una de sus palabras, “No pienso perdonarte” fue lo que terminó de colmar el vaso. Sus ojos seguían vidriosos y luchaban por derramar más de una lágrima por ello, pero el vampiro inspiró profundo, cerró los ojos conteniendo así los demonios que luchaban por salir y atormentarle, antes de volver a fijar la mirada en ella, en su todo. En lo único bueno que había tenido y tendría jamás, y se iba a desprender de ello de forma inevitable. Abrió los ojos nuevamente, fijándolos de forma firme sobre los castaños de Nicole, que le miraban con un eterno dolor que pronto, desaparecería. Seguía con la respiración agitada, pero no podía echarse atrás, ya no…
—“Mírame a los ojos” —Le ordenó, pese a que ya lo hacía, pero era para asegurarse de que en el último momento, no le apartase la mirada. A cada palabra que pronunciaba, se le iba quebrando el alma por momentos.— “Atiende… ¿Recuerdas cuando nos reencontramos y me invitaste a bailar? Olvida que me detuve… que… nos vimos, no vas a recordar que tuvimos relación alguna” —Dictó todas y cada una de esas palabras, con la voz quebrándosele por momentos, pero manteniendo firme la compulsión sobre Nicole, borrando de ese modo cualquier retazo de existencia entre ambos desde su reencuentro en aquel bar, y su posterior historia. Sintió impulsos de apartar la mirada, pero no pudo, no podía ahora echarse atrás pues ya tenía hecho lo más importante, pero… ¿Sería suficiente? Lágrimas indiscretas y autónomas comenzaron a brotar y a viajar por doquier, era la primera vez en cien años que el vampiro derramaba una sola lágrima, pero era algo que ni siendo vampiro, podía evitar en aquellos momentos. Apartó la mirada durante unos segundos, para limpiarse con la manga de la camisa que llevaba ese día y serenarse. Debía asegurarse de que lo hacía bien, y no dejar cabos sueltos, por lo que volvió a posar los ojos en los ajenos, sintiendo todavía la mano de Nicole firmemente sujeta a su camisa y de la cual, tuvo que desprenderse por sí mismo, al igual que se estaba desprendiendo de ella en aquellos momentos.— “Olvida… Que te salvé la vida cuando te conocí, te deshiciste tú sola de ellos, con magia. No… No me conociste, nunca nos hemos conocido” —Esas últimas palabras se le quedaron atascadas en la garganta, y le costó la vida pronunciarlas, pero lo terminó haciendo con todo el esfuerzo y dolor del mundo, sintiendo como nuevas lágrimas corrían por su rostro. Sabía que se iba a culpar de esto toda la eternidad, sería algo con lo que cargaría a sus espaldas siempre, pero por lo menos, respiraría tranquilo al saber, que así su corazón continuaba latiendo.
Advirtió aquel singular y característico brillo en los ojos del vampiro cuando volvió a fijar la mirada en ella. Se le dilataron sutilmente las pupilas. Por regla general, la compulsión no funcionaba con las brujas, pero había excepciones y Nicole era una de ellas. Era vulnerable al control mental de un vampiro no solo porque no había desarrollado por completo sus poderes, sino que su don como clarividente era la razón principal. La única instrucción que había recibido en cuanto a magia se refería, cuando era joven y estaba a cargo de dos brujas ya ancianas, fue escasamente para tener cierto control de las premoniciones. Aceptar el dolor que provocaban al llegar y, aun con ello, reparar en todos los detalles que podían parecer insignificantes. Aprender a leerlas, a ver los diferentes y múltiples sentidos que podían tener. Tuvo que aprender a despejar la mente, a dejar siempre una puerta abierta por donde podían fluir aquellas visiones. Sin embargo, eso la hacía precisamente vulnerable a la compulsión. Quiso resistirse, mirar a otro lado, pero su cuerpo no respondía. Lo único que podía hacer era mirarle a los ojos, tal y como Derek había ordenado. Apretó los labios con mesurada fuerza porque le volvían a temblar. Trató de pensar en otra cosa cuando el vampiro mencionó aquel recuerdo. Por supuesto que lo recordaba, a la perfección. Al instante rememoró la calle, la gente caminando en ambas direcciones. Su vestido, los tacones. La reconocida y añorada voz de Derek a su espalda. Recordó girarse y verlo, sonreír. Abrazarle. La música. Los mojitos. El anillo de día. El tacto de su mano. Su mirada. El baile. Sus manos sobre la cintura. El estremecimiento. Las intensas ganas de besarle. Los roces con los labios. El sabor de su boca. El trayecto hasta su casa. El calor. Las prendas de ropa en el suelo. La cama deshecha. Casi sentía estar ahí de nuevo. La bruja se llevó ambas manos a la cabeza, queriendo retener ese preciado recuerdo, como si ese gesto sirviera de escudo para no dejarlo ir. Para no olvidarlo. Pero poco a poco se fue desvaneciendo cuando la obligó, como si retrocediera. Se desvaneció la cama, la ropa, el apartamento, el paseo, el beso, el baile, las copas, el bar. Se desvaneció el reencuentro como si fuera bruma en su mente, llevándose con él los años posteriores con Derek. Llevándose de esa forma toda su relación sentimental. Más lágrimas brotaron de los ojos de Nicole, para acompañar a las del vampiro en un triste viaje por sus mejillas. Con el siguiente recuerdo al que hizo mención, el primero que tenían compartido, sucedió exactamente lo mismo. Se desvaneció de su mente con pasmosa facilidad, borrando todos y cada uno de los recuerdos posteriores con relación a Derek, por lo que el brillo en los ojos castaños de Nicole se apagó por completo y su forma de mirarle cambió, como quien ve a un completo desconocido.
La mente de Derek viajaba hasta años atrás, cuando la conoció aquella noche, siendo atacada por unos cuantos que no tenían buenas pretensiones con ella. Recordaba todo, la brisa nocturna que soplaba anunciando una inminente muerte, pero que no caería sobre la joven, sino sobre aquellos chicos que decidieron poner un solo ojo sobre ella. El olor incesante a sangre cuando acabó con la vida de todos y cada uno de ellos, frente a una muchacha temblorosa y horrorizada por lo que acababa de ver, el sabor de la sangre, la sensación de cómo esta paulatinamente caía por sus labios y goteaba por su rostro. Ese placentero frenesí de haber arrebatado una vida y hacer saciado así su sed. Lo recordaba tan bien como si hubiese sido ayer, e incluso un recuerdo (algo macabro) como aquel, fue borrado de la mente de Nicole como si no hubiese existido nunca, no quedando ni las cenizas de todo ese pasado, un pasado que se esfumó como un soplido de viendo, invisible y silencioso, dejando paso a la nada, al completo desconocimiento. El vampiro se quedó mirando aquellos ojos vacíos que le devolvían la mirada, a sabiendas que en pocos segundos estos no le reconocerían, y que poco tiempo le quedaba a él allí. Aguardó un tiempo más con el estómago encogido, en el que antes de que desapareciese el efecto de la compulsión y Nicole se preguntase quién era él, besó su frente y la abrazó con fuerza, apoyando el mentón sobre su cabeza, pues no le daría tiempo ni a despedirse.
—Te quiero… —Susurró esas últimas palabras cerrando los ojos con pesar. Tendría que moverse rápido y no dejar huella alguna, pero no sentía capaz de irse, no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo, si no lo hacía ahora. Si no se iba con urgencia, se arrepentiría y podía hacer alguna locura peor. Tendría que autoconvencerse de que había sido lo mejor, para no recular, pero era imposible. Era sencillamente imposible pretender y aceptar que se ha renunciado a lo mejor que ha pasado en tu vida. Fijó nuevamente la mirada en la chica, apartándole el pelo del rostro y escrutando el mismo, retirándole las lágrimas con las yemas de los dedos, pues sería la última vez que lo volviera a ver.— “Recuerda… No me conoces, nunca me has conocido. Y en el caso de que nos volvamos a encontrar, simplemente me odiarás y no te preguntarás el porqué, no seré de tu interés y seguirás tu vida. Encuentra a alguien que te quiera de verdad, busca una buena vida para ti, y se feliz” —Murmuró, y aunque fuese una ordenanza sonó más a petición de despedida. Volvió a acariciarle el rostro sin poder evitarlo, sin poder ignorar ese fuerte imán que le impedía separarse de ella, pero el cual debía destruir para que ella luchase por su vida, por la que se merecía y él no le podía dar. Llevó la mirada hasta el guardapelo que una vez, muchos años atrás, el propio vampiro le regaló y el cual pertenecía a su madre. Probablemente en su interior se encontrase algún recuerdo de ellos dos, pero no le daría tiempo a echarle mano, y prefería que ella se quedase con él, pues estaría en mejores manos que en las suyas.— “Hechiza el guardapelo, no podrás abrirlo ni tendrás necesidad de ello. Luego, cuando me vaya, te irás a dormir. Cuando despiertes, no recordarás nada de lo sucedido aquí.” En un primer momento no reflejaba absolutamente nada en el rostro, ninguna clase de emoción. Sentía un inmenso vacío que no sabía de dónde venía ni porqué, sencillamente estaba ahí, oprimiéndole el pecho, el estómago y la garganta. Miraba sin ver realmente mientras se dejaba hacer, como si fuese una marioneta movida por sus hilos. Cerró los párpados al recibir aquel mimo en la frente y dejó después que la abrazara con fuerza, aunque tenía la mente enturbiada y le estaba costando dar con su identidad. Ponerle nombre a ese rostro que tan familiar se le quería hacer. Al oír sus palabras fue cuando su cuerpo reaccionó a él, tal vez por última vez, para corresponder el abrazo, aunque no fuera con tanta intensidad. Tenía la urgente necesidad de responder y decirle que también le quería, muchísimo, más que a su propia vida, pero ese sentimiento la asustó y le causó a la vez desconcierto, ¿Cómo era posible sentir ese amor por un desconocido del que no sabía absolutamente nada, siquiera su nombre? Levantó las pupilas en busca de sus ojos cuando el vampiro se apartó para mirarla. Se dio cuenta de que estaba llorando cuando él le apartó unas hebras de cabello y le secó las lágrimas con la punta de sus dedos, de aquella manera tan delicada y dulce. Tampoco conocía el motivo por el que lloraba, pero las ganas de ello no parecían cesar. Ladeó el rostro de forma mínima, arrugando levemente el ceño cuando la obligó a odiarle sin razón, notando como de pronto todo el amor, puro y sincero, que sentía hacia él se ocultaba rápidamente bajo una gruesa e impenetrable capa de odio intenso, nacido de las mismas entrañas y expandido en cuestión de segundos. Se le endureció la expresión de inmediato. Siguió la trayectoria de su mirada hasta el guardapelo y luego asintió, comprendiendo la orden y preparada ya para llevarla a cabo en cuanto aquel, de pronto, indeseable saliera de su casa.
Tras esa última orden, fue testigo de como su obra iba comenzando a cobrar efecto. Los ojos de Nicole variaron y cambiaron, de estar mirándole con un eterno cariño, infinito y puro, a la nada, una nada que hacía estremecer a cualquiera, como si le faltase una parte de ella, una pieza del rompecabezas que ya no se va a recuperar y fuese consciente de ello, y de ahí, al intenso odio que el vampiro le ha obligado a sentir con todo su ser, desde lo más profundo de su fuero interno. Si las miradas matasen, estaría más que fusilado hacía unos segundos. Sin nada más que hacer, que guardarse y grabarse a fuego en su retina, aquella imagen de Nicole, fulminándole con la mirada como si la vida se le fuera en ello, desapareció de su vista sin más. Pues mientras ella realizaba el hechizo para sella el guardapelo, a él, con su particular velocidad, le daría tiempo de sobra para recoger sus pocas pertenencias, y de paso borrar cualquier paso del tiempo por aquella casa, como fotografías, o vídeos con la cámara, DVDs y demás. No le llevó mucho tiempo y cuando Nicole fue a entrar a la habitación (Probablemente ya habría seguido las órdenes que le había implantado el vampiro) este se escondió tras la puerta, guardando absoluto silencio y observando, con pesar, como para ella había desaparecido tan deprisa, como había sido tan efectivo todo, que se acostaba para dormirse como si nunca hubiera existido para ella. Así todo sería más fácil... al menos, para ella. Aguardó a que apagase la luz, para salir de la habitación con sigilo, y así, de la vivienda y de su vida, para siempre. Ni siquiera miró atrás, y no es que se tomase su tiempo en irse, pues prefería no mirar nada que le resultase familiar por el camino, y le hicieran cambiar de idea. ya estaba hecho, y debía irse. Se limpió el rostro con la camisa nuevamente, endureciendo ahora si el rostro, pues estaba comenzando a sentir un repentino cambio de humor. La tristeza se transformaba en angustia, y el dolor en ira, el pecho le subía y le bajaba sucesivamente y de forma acelerada, se estaba dejando llevar por las múltiples sensaciones que aguardaba en su interior, contradictorias pero peligrosamente explosivas. Sintió rabia por haberla involucrado de ese modo, por conocerla, por quererla como a nada en esta vida y por tenerla que perder por salvarla, por no ser lo suficientemente bueno para poder salvarla de otro modo, por todo en general. Y lo peor que pudo hacer en ese momento el vampiro, fue dejarse consumir por esas emociones, sus instintos, los más bajos y rastreros que puede tener. Se replanteó incluso el apagar su propia humanidad, y por lo menos no sentir, ni padecer, simplemente existir y actuar, sin pensar ni tener que replantearse las consecuencias. ¿Que moría en el intento? ¿Qué más le daba? No tenía nada que perder ya. Pues él mismo lo había perdido por cuenta propia. Sin embargo, no llegó a llevarlo a cabo, pues un par de jóvenes mujeres habían cometido el error de interponerse en el camino de un vampiro que no estaba en sus cabales, siendo invadido meramente por la rabia del momento, y por consecuente, su instinto. Era tal la explosión que estaba a punto de sucederse en el interior del vampiro, que fue inevitable.
En cuanto Derek desapareció de su vista a tanta velocidad que se convirtió en un mero borrón, la bruja sorbió discretamente por la nariz y se dispuso a cumplir aquella última instrucción dada por el vampiro, mientras él recogía no solo sus cosas, sino los recuerdos físicos de ambos tales como las fotografías. De hecho, lo único que pudo conservar Nicole fue aquel hermoso guardapelo. Aunque ya no recordaba cuando ni porqué se lo dio, ni tampoco lo que contenía en su interior. Años atrás, cuando era joven y Derek se marchó para dejarla al cuidado de dos brujas, Nicole se lo tomó muy mal y con gran pesar, se sintió totalmente abandonada, por lo que él terminó entregándole el guardapelo, un objeto por el cual sentía aprecio dado que perteneció a su familia, y le dijo que se lo guardara hasta su regreso, como pretexto para volver un día hasta ella. De recordar algo de todo aquello, Nicole daría lo que fuera para que esa vez fuese igual, para que un día volviera a por ella y pudiera devolverle el guardapelo. Encendió algunas velas que dispuso sobre la mesa, donde hizo un intrincado trazado de sal alrededor del objeto que debía sellar con magia. Murmuró un sencillo pero efectivo hechizo para ello, uno de los pocos que conocía, con los dedos de una mano sobre el guardapelo pero sin llegar a tocarlo. Se inclinó sobre el mismo y sopló suavemente la joya para concluir el encantamiento. Pudo percibirse una especie de sonido de cierre apagado y nadie podría abrirlo desde ese momento en adelante. Nicole tampoco sentiría nunca necesidad de intentarlo siquiera. Recogió las cosas y dirigió sus pasos al dormitorio, apagando las luces por el camino. Guardó el relicario en el cajón de la mesilla de noche, se acostó en la cama y apagó también la luz de esa estancia. Su cuerpo se giró instintivamente bajo la sábana como si esperase encontrar alguien al que abrazarse o contra quien acurrucarse. Sin embargo, nadie encontró y tuvo la sensación de que la cama era demasiado grande para ella. Demasiado vacía. Se sentía mal por dentro, rota, afligida y muy sola. Desconocía la razón. Solo pudo desahogarse, de lo que fuera, llorando en silencio y dejando que la almohada fuera el lecho de sus lágrimas. Terminó por darse la vuelta para abrir el cajón y coger el guardapelo, manteniéndolo en el interior de su puño. Ignoraba porqué, pero en ocasiones, cuando no se sentía bien, aquel objeto conseguía reconfortarla en cierto modo. El caso es que, como todo lo demás, había olvidado que cuando discutía con Derek por el motivo que fuera o sencillamente cuando tenía un mal día, él le dejaba alguna nota en el interior con algún mensaje significativo. A veces se encontraba unas disculpas, otras veces palabras de aliento, y algunas veces palabras llenas de sentimiento. Se hizo un ovillo tratando de dormirse, relicario en mano, queriendo que ese día terminara ya y se llevara esa angustia y la terrible sensación de soledad que parecía engullirla junto con la penumbra del dormitorio. No se percató de que Derek aún seguía allí y tampoco advirtió cómo se marchaba, aunque le pareció oír la puerta. Una parte de ella se había ido con él y, al parecer, ya no la iba a recuperar nunca. Nunca más volvería a sentirse completa, especial, amada ni verdaderamente feliz. Estaría viva, sí, pero no se sentiría viva del todo.
[Fragmento editado de rol entre: @Diaries_Derek y @DiariesNicole]
Recuerdo (V)
La figura de Derek se encontraba bastante disimulada entre las sombras y la penumbra que la ciudad y la noche le obsequiaban. Sin embargo, eso no significaba que no siguiera allí, como cada día, como cada noche. Como cada segundo que llevaba aquella mujer en Nueva Orleans, y él siendo su sombra allá a donde estuviera, allá a donde fuera, siendo su ángel de la guarda o, tal vez, su perdición, como solía definirse él en aquel "asunto", pero peores perdiciones caminaban a dos y a cuatro patas por la ciudad, siendo posibles amenazas que él no dudaría en erradicar.
Y al igual que su presencia siempre había existido velando en las sombras, siendo evidente para el buen observador y entendedor, también había sido testigo aquella noche de todo lo acontecido. De cómo inevitablemente el tiempo, el destino, habían dado final a un capítulo que él, de algún modo, luchaba por mantener abierto. Sus puños, cerrados con desmesurada fuerza, luchaban por estarse quietos y no impactar contra lo primero que pillase de la propia ira que sentía el vampiro en aquellos momentos, y si no lo hizo fue meramente por no delatar su posición, ni a la escasa gente que caminaba por el barrio francés a esas horas, ni a Nicole. Pero sus ojos decían más de lo que él intentaba con todas sus fuerzas ocultar, su pecho subía y bajaba con un ritmo algo desmesurado, del cual se molestó en hacer descender o de lo contrario perdería el control.
¿Por qué se sentía así? ¿Por qué tenía ganas de arrancarle la cabeza a aquel que en una ocasión le había brindado ayuda? ¿Por qué no cesaba en odiar a aquella mujer, a la cual seguía protegiendo pese a todo, todo ese tiempo? Ni él mismo lo sabía, o tal vez sí, pero se negaba a aceptarlo... Puede que incluso lo tuviera aceptado, pero le seguía doliendo, por mucho que le pesara. Sí, un vampiro, él, enamorado de una bruja a esas alturas de la película. No obstante, tampoco podía hacer nada ya, por mucho que le afectara la situación e increíblemente, consiguió al menos apaciguar aquellos instintos asesinos que le estaban invadiendo. Miró su anillo de día, recordando el motivo por el cual luchó tanto por conseguirlo, y volvió a cerrar el puño, apoyando el mentón sobre éste. Seguía agazapado sobre uno de los tejados y se dedicó a cerrar los ojos, inspirando con bastante profundidad, sopesando qué hacer de ese momento en adelante... Pues... Ella ya tenía a otro vampiro que la protegería, así que... ¿Para qué seguir?
Nicole podía notar el calor del alcohol, que había bebido en compañía de Marcel, recorrerle todo el cuerpo. No iba borracha, ni mucho menos, pero sí contenta y con una sonrisa tonta curvada en los labios que ya ni se molestaba en intentar borrar, al fin y al cabo no la estaba viendo nadie, o eso creía ella. No podía imaginar que Derek la vigilaba guarecido en las sombras que procuraba la noche. De hecho, aquella no era la primera noche en que él velaba por la morena, pero tal vez pudiera ser la última. Y mucho menos podría adivinar nunca aquellos sentimientos que tan bien escondía dicho vampiro, no después de cómo la trataba siempre desde que... Ni lo recuerda con exactitud; para ella el odio era totalmente mutuo, aunque nunca se ha parado a pensar demasiado en los motivos, pues ella no es una persona que refleje ese tipo de sentimientos así como así, y sin embargo cada vez que lo ve no puede evitar hacerlo. Como si fuera instintivo, aunque con el tiempo lo ha justificado con la mala actitud que recibe de su parte.
La velada con el vampiro de color, por contra, había resultado mejor de lo que esperaba incluso, pues había quedado claro que le llamaba la atención y, físicamente hablando, sin duda sentía una atracción considerable. No solía pasarle demasiado a menudo, así que creía oportuno aprovechar la ocasión. En cuanto a relaciones, Nicole era un desastre, y aunque buscaba un "príncipe azul" y un amor de cuento, nunca lo encontraba. No es que buscara con mucho esmero, pero el hecho de no pasar nunca de la mera atracción física con nadie, por más que lo intentara, la había hecho resignarse un poco. Como si tuviera algún mecanismo interno estropeado que no la dejaba sentir como el resto de la gente, al menos en cuanto a relaciones sentimentales. De todos modos, tampoco había perdido la esperanza, normalmente era una mujer optimista y le quedaba mucho por vivir aún. O eso prefería pensar, si bien en una ciudad como Nueva Orleans tal vez no fuera tanto. Mientras caminaba en dirección al edificio de pisos donde vivía, se abrochó bien la cremallera de su cazadora, jugueteando con la misma sobre las labios aunque tuviera que ir con la cabeza un poco gacha. No obstante, como aquel trayecto lo hacía sola, podía permitirse perderse en sus pensamientos, estar en su propio mundo sin saberse custodiada por quien menos lo esperaría.
Abrió los ojos cuando la escuchó salir, o avanzar, la verdad es que le daba un poco igual lo que fuese, simplemente abrió los ojos ante la mujer que ya no necesitaba nada de él, aunque realmente nunca lo hubiera pedido. Simplemente se puso en pie, dispuesto a terminar la tarea que, al menos esa noche, había empezado. Caminando por el tejado, no quitó ojo de la bruja, que a su parecer se la veía incluso ilusionada con todo aquello, lo que le hizo inspirar profundo y volver a bajar la mirada hacia el tejado por el que se estaba moviendo. Volvió a mirar el anillo de día, a sabiendas de que probablemente ya no le fuera a servir, al igual que sabía que lo mejor para todos era que él se fuera, pero primero debía atar cabos sueltos, asuntos pendientes, y luego ya se lo replantearía.
Continuó su camino hasta llegar a su edificio, como cada noche, sin ningún percance, al menos que ella supiera. Su mayor problema fue, como de costumbre, abrir la puerta del portal, que era vieja, pesaba un quintal y casi siempre se atrancaba, así que tuvo empujar con su propio cuerpo hasta que consiguió pasar al interior, cerrando tras de sí. Utilizó el antiguo ascensor para llegar a la última planta y entrar en el pequeño loft que tenía allí. Dejó las llaves en el mueble recibidor y colgó la cazadora en el perchero antes de adentrarse más en aquel espacio abierto, mientras se mueble recibidor y colgó la cazadora en el perchero antes de adentrarse más en aquel espacio abierto, mientras se descalzaba. No se demoró mucho en ponerse aquel pijama tan juvenil, con la capucha de orejitas, y luego recalentarse algo para cenar. Se llevó directamente la fiambrera al sofá, junto a una botella de agua que dejó en el suelo para tenerla a mano. Estando sola, no habituaba a cenar sentada a la mesa, prefería hacerlo más cómoda en el sofá mirando la tele. Por eso cogió el mando para encender el televisor y zapear hasta dar con algo de su interés, que a esas horas era un poco difícil. Justo detrás, cerca del ambiente del dormitorio, separado por un biombo con motivos orientales, las finas cortinas del balcón se mecían suavemente gracias a la brisa del exterior, resultando estar abierto...
El vampiro dio un salto del tejado ajeno al del edificio donde ella estaba y de ahí, con sigilo, descendió hasta dicho balcón. No tenía pretensiones de entrar, tampoco es que pudiera hacerlo sin permiso de la susodicha, pero tampoco sentía la necesidad, pues aunque el biombo les separaba, entre las bisagras del mismo y los huecos de una tarima con la otra podía verla perfectamente. Y así se quedó varios segundos, mirándola con todo lujo de detalles, al menos el rostro, que desde el ángulo en el que estaba solo se veía de forma parcial. Inspiró profundamente, podría resolverse todo de forma tan sencilla... Era tan fácil todo en verdad. Sin embargo, el vampiro se negaba a sí mismo aquel camino o vía a seguir. Demasiados peligros a tomar en consideración, sin contar los años que ya habían pasado y el hecho de que ella se viera feliz le hizo también echarse atrás. No... Lo mejor sería apartarse y seguir su camino por separado, como siempre había hecho en realidad. Pero no pudo evitar recordar una de aquellas tardes, muchos años atrás, en las que se pasaban las horas muertas en las tardes de invierno frente al televisor, y tirados en el sofá de cualquier forma con un bol de palomitas a su alcance y sacándole pegas a la película que, en ese momento, estuvieran viendo.
* * * Recuerdo * * *
Nicole se encontraba en la mini cocina esperando a que el temporizador del microondas se detuviera para sacar la bolsa de palomitas saladas. Repiqueteaba con los talones en el suelo, impaciente, en primer lugar porque la película estaba a punto de comenzar, y en segundo porque era invierno y la calefacción de ese edificio nunca funcionaba en condiciones, así que estaba cogiendo frío. Se apresuró en sacar las palomitas, una vez hechas, y vaciarlas en un bol, tratando de no quemarse al abrir la bolsa, sin mucho éxito, por lo que se dirigió al sofá soplándose la punta de los dedos de una mano. Ya se había puesto cómoda con su pijama calentito, así que solo tuvo que sentarse en el sofá, al lado de Derek, y taparse bien con la manta, dejando el bol de palomitas en el regazo.
—Hace más frío en este piso que en la calle, no lo entiendo... —Se acurrucó contra el vampiro todo lo que pudo, mientras los créditos del film, "La tentación vive arriba" con Marilyn Monroe, comenzaban a pasar, al ser una película antigua estaban al principio en lugar de al final. La bruja subió los pies descalzos, enfundados en unos calcetines ultra gruesos con un estampado de conejitos, a la mesita de centro frente al sofá y giró el rostro hacia él, entrecerrando los ojos mínimamente.— No vale hacer burlas... Que te conozco.
No era la primera vez que en aquel edificio se estropeaba la caldera, al igual que no era la primera vez que al vampiro le tocaba hacer de "manitas" con la calefacción para que Nicole no cayera en una pulmonía. Sin embargo, había llegado un momento en el que eso era irreparable y tampoco parecía que pusieran mucho empeño en poner una nueva, por muchas insistencias y estornudos que llenaran el edificio. Ante el quejido de la bruja cuando se quemó con las palomitas, el vampiro ladeó el rostro hacia ella, dejándole posteriormente hueco en el sofá y prácticamente todas las mantas, puesto que él no las necesitaba, aunque Nicole en más de una ocasión se empeñaba en taparle también a él. Pasando un brazo por encima de sus hombros, dejó un beso sobre su sien justo cuando le decía que no se burlase de la película, que pese a ser bastante antigua no la había visto en la vida, aunque si conocía a la actriz que la protagonizaba, fue una estrella en su época. Ante la advertencia dibujó una tenue sonrisa.
—¿Tan mala es? Porque si es así... No pidas imposibles brujita. —Murmuró con cierto tono jocoso, pellizcándole uno de los costados. Había pasado mucho tiempo desde su reencuentro y, de forma curiosa a la par que milagrosa, la actitud de él había mejorado en varios aspectos.
Sí, aquella también fue una de esas veces en que quiso compartir la manta con el vampiro, le hiciera o no falta. Le encantaban esos momentos, no lo podía evitar, encontrar su cuerpo calentito arrebujado con ella bajo la manta. Aunque por el momento y hasta que no se acabaran las palomitas no se abrazaría a él, como acostumbraba.
—¿Cómo que mala? Ninguna de las que vemos lo es, lo que pasa es que no sabes apreciarlas... —Protestó, al tiempo que le tiraba una palomita a la cara. La primera de unas cuantas, como solía pasar cuando Derek hacía alguna burla de las películas en cuestión. Después y como si nada, se centró en el televisor. Nicole sí había visto esa película, de hecho había perdido ya la cuenta de tantas veces. Si se silenciaba el sonido, podría escucharse a la morena musitando por lo bajo el diálogo, cuando no masticaba palomitas, claro.
—Eh eh, que tengo buen gusto cinematográfico... Pero es que escoges algunas que... —Hizo una mueca algo exagerada justo cuando ella decidió atacarle con una palomita, guerra que siempre empezaba y, para no variar, siempre terminaba perdiendo, pues el vampiro era más rápido y ágil, sin contar que siempre solía hacer trampas solo por desquiciarla un poco.— Deja esas manos quietas si no quieres que te arree un bocado… —Le advirtió con un claro tono a broma, pues nunca le haría algo así, no en términos vampíricos en lo que se refiere a "bocado”, precisamente. Tras eso, fijó la mirada en la televisión, aunque podía escuchar por "lo bajini" a Nicole recitando los diálogos de memoria.
—Sí, sí... Buen gusto... —Murmuró por lo bajo, sin apartar la mirada del televisor donde se sucedían los primeros minutos del largometraje, aunque la estrella rubia no había aparecido todavía en escena, pues se presentaba al protagonista: Marido fiel, padre atento y empleado eficiente y trabajador, sin mucho más atractivo.— ¿Me está usted amenazando, señor vampiro? —Entonces sí volvió el rostro para mirarle con diversión, masticando unas cuantas palomitas que le abultaban el moflete derecho.— Humm... A ver si el mordisco te lo llevas tú al final... —Aprovechó para llevarse otra palomita a la boca, pero en lugar de limitarse a comerla de un bocado, le dio un mordisco un tanto exagerado, haciendo que crujiera, mientras le sostenía al vampiro la mirada.
Derek observó al individuo que salía en pantalla, sin encontrarle nada interesante que remarcar, era un tío cualquiera como los que te podías encontrar por la calle. Alzó una de las manos hacia el bol de palomitas, para picar unas cuantas, cuando ella le miró con esos ojos juguetones y desafiantes que buscaban, de buena forma, encontrarle. A lo cual, él sonrió.
—¿A Noé le vas a hablar de lluvia... Bru-ji-ta? —Cuestionó con cierto tono altanero y jocoso a la vez, mientras se deshacía de las palomitas que pretendía ingerir y volvió el rostro hacia ella, haciendo un amago de un mordisco en el aire, pudo incluso haberle dado un leve y efímero mordisco fácilmente, pero prefirió hacer solo el amago a escasos centímetros de ella.— Me gustaría ver luego como lo intentas...
Terminó de comerse la palomita que tenía entre los dedos, mirando cómo el vampiro daba un bocado en el aire para provocarla, a tan poca distancia de su piel. Sin embargo, no pudo más que reír brevemente. Nunca la había mordido, no al menos usando sus particulares colmillos, y estaba segura de que nunca lo haría. Ella era diferente al resto.
—Qué tonto eres... —Como siempre, no lo dijo a malas ni hablando en serio, sino de manera cariñosa y cómplice. Cogió después otra palomita del bol, aún seguían calientes, y se la lanzó a Derek, con clara intención de que él la atrapara al vuelo con la boca directamente, que es donde ella apuntaba.— Calla y come... —La película transcurría en el televisor, llegando a unas escenas que a Nicole le hacían especialmente gracia, donde el protagonista, solo en casa y con la familia de vacaciones al norte para evadir la ola de calor veraniega de la ciudad mientras él tenía que trabajar, fantaseaba sobre multitud de ocasiones en las que podía haberle sido infiel a su mujer y no "quiso" hacerlo, además, con féminas de quitar el hipo que claramente estaban fuera de su alcance en la realidad.
—Pues bien que te gusta este tonto... —Rebatió ahora si con una sonrisa altanera, aunque poco le duró ya que Nicole se empeñó en darle de comer lanzándole palomitas como objetivo principal. Cogiéndola al vuelo y aún lanzándole alguna que otra mirada cómplice, volvió la vista al televisor, acomodándose de nuevo en el sofá y buscando una postura en la que estuviera cómodo sin la necesidad de apartar el brazo de los hombros de la bruja. Ante la escena que se estaba recreando, el vampiro alzó una ceja con cierta incredulidad.— Pero qué fe tiene aquí el amigo, ¿No? A esas no me las ligaría ni yo... Y ya es difícil que eso pase... —Comentó como si tal cosa, menospreciando claramente al tipo de la película y riéndose de él.— Bueno... Rectifico, sí sería capaz de hacerlo. Pero ese ni en mil años. —Se corrigió a sí mismo con cierto ego y soberbia en la voz.
La siguiente palomita, Nicole se la llevó a la boca para no tener que responder frente a aquella obviedad. Claro que le gustaba, podía verse a leguas, y más a esas alturas de la relación. Por eso se limitó a sonreír y contestó gesticulando con los dedos índice y pulgar de una mano, diciendo de ese modo que le gustaba "un poquito". Arrugó la nariz con cierta diversión y travesura, ya que aquello se quedaba muy corto con respecto a la realidad y ambos lo sabían. Volvió luego su atención a la película, aunque poco tardó en girarse otra vez hacia el vampiro cuando él comentó la escena.
—Bueno, bueeeeeeno. —Alargó a propósito la vocal, mientras preparaba otro misil de maíz para lanzar.— ¡Haced sitio que llega el ego de Derek! ¿Con que te las ligarías, eh? Ajám. Tomo nota...
—Ya ya... —Musitó al ver el gesto que hizo con los dedos de reojo, rompiendo a carcajadas cuando volvió a mirarle de forma tan exagerada e incrédula. Le gustaba provocarle ese tipo de reacciones y últimamente lo hacía más a menudo si se le presentaba la posibilidad.— Pues claro. Yo me las ligo antes que ese pipiolo… Nicole... ¿Eso son celos? —Una pérfida sonrisa cargada de arrogancia se le dibujó en el rostro, desatendiendo entonces sí la película para posar sus orbes en los ajenos. Eran celos, podía notarlo, y acababa de descubrir que le satisfacía bastante lo que estaba viendo.— Así que la brujita está celosa... Vaya... —Paseó los dedos de la mano libre por debajo de la manta, sobre su cintura y hasta el costado, donde dejó un par de pellizcos a modo de incentivo, meramente provocador.— Me gusta...
—¿¡Qué!? ¡No! —Le tiró la palomita, ligeramente escandalizada por aquel comentario. De hecho, cogió más palomitas y se las tiró una a una, removiéndose cuando la pellizcó, deshaciéndole de aquella manera la pose y la actitud de digna que se había intentado marcar.— ¡No hagas eso! ¡Que tiras las palomitas! —Aunque en realidad era ella quien había estado a punto de tirar el bol de su propio regazo al sobresaltarse con los pellizcos, que le hacían cosquillas. Sujetando el recipiente con ambas manos, volvió a mirarle a los ojos cuando dijo que aquel aspecto le gustaba.— Uhm... Si te gusta entonces sí, son celos... —Se mordisqueó el labio inferior con suavidad, disimulando malamente una sonrisa. No atendía la película, pero la misma seguía avanzando, presentando a la figura de la estrella de cabello rubio platino y las curvas de infarto como la nueva vecina del piso de arriba del protagonista.
Cuanto más le decía que no lo hiciera, más lo hacía Derek y eso era inevitable ahora que la bruja tenía el bol sujeto entre las manos con firmeza, por lo que acentuando la sonrisa y sin atender a la peli, continuó pellizcándola.
—¿Entonces son o no son celos? —Inquirió el vampiro, paseando la mirada de sus ojos a sus labios en cuanto ella se mordió el inferior, creando tal vez de forma inconsciente no solo una provocación, sino una tentación, así que tuvo que morderse él también el labio para contenerse.— ¿Y qué… Pasa... Si... No... Quiero... Parar? —Murmuró alternando palabras y pellizcos en el costado, ignorando que la despampanante rubia acaba de entrar en escena en la película.
—¡Que sí, pero estáte quieto ya! —Que él se mordiera el labio de aquella manera hizo que Nicole sintiera la urgente necesidad de recorrerle la boca con los labios, cosa que no hizo porque tanto pellizco y cosquillas la disuadieron. Se retorcía debajo de la manta tratando de zafarse, al mismo tiempo que procuraba no volcar el bol de palomitas; todo esto sin poder dejar de reír.— ¡Derek, por favor! ¡Que me vas a tirar a mí también al final! —En realidad se lo estaba pasando pipa, aunque se había escurrido tanto que estaba a nada y menos de quedarse en el suelo. Consiguió volver a sentarse bien en el sofá, controlando la risa como podía, entretanto le buscaba un "castigo" si no paraba.— Pues... Te obligaré a ver películas súper-ñoñas...
Sus carcajadas solo le incitaban a continuar, pero viendo que estaba a punto de precipitarse por el borde del sofá al suelo decidió parar y darle un respiro, viva la redundancia. Sin embargo, cuando se hubo colocado de nuevo a su lado, le quitó el bol de las manos y lo apartó, dejándolo sobre la mesa que tenían en frente. Una vez fuera obstáculos y ya sin atender nada de la película, volvió la vista hacia ella con postura acechante, sonrisa torcida y los dedos moviéndose a modo de advertencia.
—¿Qué vas a obligarme... A qué? Repítemelo...
—¡Oye! —Protestó cuando le robó el bol de palomitas y las dejó fuera del alcance, más o menos. Tenía claro que si lo había quitado de en medio era por algo, quería "guerra", por lo que ella se removió en el sofá, cambiando la postura para quedar girada hacia él, ignorando por completo la película, al menos por el momento. Desvió la mirada a sus dedos cuando los movió en el aire, en actitud provocadora, y resolvió sujetarle las manos antes de que la volviera a atacar con pellizcos. Aunque ni siquiera se molestó en hacer fuerza, sencillamente le sujetó, más bien a modo de caricia, y luego entrelazó los dedos mientras acercaba el rostro al ajeno peligrosamente.— No, que me vas a hacer callar. —Ni siquiera tenía la certeza de que la dejara terminar aquella frase, pero sí sabía bien que de haber intentando repetir la anterior la hubiera silenciado, tal vez con más pellizcos, un mordisco o puede que un beso. Obviamente no se hubiera quejado por lo último, pero como no era seguro, prefirió no arriesgarse.
—Oigo. —Replicó por mero vicio cuando ella se quejó al verse desprendida del apetecible bol de palomitas. Dejó que le cogiera de las manos y entrelazara los dedos con los propios. Podría decirse que incluso le gustó, pues nunca antes había estado en una situación como esa con nadie, pues era muy raro en él, sin embargo le agradaba o se sentía "normal”, por denominarlo de alguna forma. Cuando la bruja acercó su rostro al propio, volvió a sentir tentaciones que hacía unos momentos acababa de disipar, la diferencia es que entonces le era más difícil al tenerla tan cerca. Su aroma desde siempre le había atraído y no de modo instintivo, y al tenerla tan cerca se le hacía más difícil contenerse.— Podría ser... O tal vez no. Ahora ya no lo sabrás. —Tentó con media sonrisa, alargando las palabras en un susurro meramente provocativo.
Ladeó el rostro levemente mientras le escuchaba, para al final chasquear la lengua y hacer un pucherito con los labios.
—Pues vaya. Ahora me dejas con la intriga... —No le soltó las manos y aguardó en la misma posición, apenas sin moverse más que para retirarse un poco hacia atrás, poniendo distancia entre ellos, aunque, de atreverse y ser un poquito más lanzada, le hubiera comido a besos aquella media sonrisa tan característica. Sin embargo, se quedó con las ganas de hacerlo. De todos modos, continuaba sin prestarle atención a la película, que seguía en marcha. El protagonista ya había invitado a la rubia despampanante, su tentación, a tomar algo en su casa, a lo que ella había aceptado de buen grado tras casi matarlo con la tomatera que se había caído de su balcón al regar.
—O simplemente era una mera distracción. —Comentó Derek, antes de disolver toda distancia que ella estuviera luchando por poner, aunque dudaba que así fuese, y robarle un beso, que es lo que llevaba deseando hacer desde hacía un buen rato, y que ella se separase solo había sido un incentivo para que lo hiciera. Sin embargo, no duró mucho, fue apenas un roce antes de que ella pudiera ni siquiera moverse, o corresponder. ¿El por qué? Podría decirse que era una dulce venganza a corto plazo, o simple provocación, juego, solo él lo sabía. Pero le apetecía ver qué haría Nicole al respecto. El diálogo de la película seguía su curso, mas el vampiro había perdido ya todo el interés, si es que lo tenía en la película en algún momento, lo cual era para poner en duda.
Aquel roce en los labios fue algo tan fugaz que llegó a pasarle por la mente la posibilidad de que no hubiera sido real siquiera, sino fruto de su inconsciente y las ganas que ella tenía de besarle. Sin embargo había sido muy real, y no era la primera vez que la tentaba y provocaba de esa manera.
—Odio que hagas eso... —Se aseguró de poner énfasis en la primera palabra, aunque para nada sentía aquello. No le importaba caer en aquel juego, a decir verdad, se ofrecería voluntaria mil veces y una más para ello. No se demoró mucho en soltarle las manos para rodearle el cuello, incorporándose un poco en el sofá. El diálogo de la película se lo sabía de memoria, y al escuchar la parte en la que se encontraban en ese momento decidió aprovecharlo y recitarlo en voz alta, utilizando el mismo tono apasionado y melodramático que ponía el protagonista, sentado al piano con la rubia, su tentación, mientras fantaseaba de nuevo. Eso sí, Nicole tuvo que cambiar el género, ya que la situación se daba a la inversa que en el film.— "... Porque le voy a coger en mis brazos y le voy a besar, ahora mismo y muy fuerte." —Casi estuvo a punto de reírse de ella misma por la imitación, pero, tal y como ocurría en el televisor, se lanzó a besar a Derek.
La sonrisa del vampiro se acentuaba más a cada segundo, pero no por la película o lo que estuviera desarrollándose en ella, sino por la bruja que en aquellos momentos tenía a su lado, con las manos apresadas y alegando odiar algo que él ya sabía más que de sobra, lo que le hizo soltar una carcajada llena de arrogancia sin desviar la mirada de aquellos ojos, que era lo único que le llamaba en esos momentos. A decir verdad, era lo único existente en la faz de la tierra que era capaz de desviar su atención de algo importante, a centrarse solo en ella. Y nunca encontró explicación alguna y ni siquiera tampoco sabía cómo Nicole era capaz, cómo lo haría para, pese a todo, conseguir que se sintiera menos "diablo", no sentirse un alma condenada al averno y llegar a sentirse incluso humano de nuevo. Nunca supo cuándo comenzó a sentir ese efecto, cuándo dio lugar, cómo o porqué, pero sí estaba muy seguro que estaba ahí y que solo ella era capaz de aquello. Se había quedado tan ensimismado en sus propias cavilaciones que no había desviado los ojos de los ajenos, solo fue consciente de ello cuando la bruja, por seguir el juego, dictaba las mismas palabras que el protagonista de la película y, ¿Quién era él para negarle lo que se avecinaba? Nadie. Así que podría decirse que incluso predijo cuándo ella le besaría y acabó haciéndolo él casi a la par, puesto que deseaba hacerse con aquella tentación una vez más.
Como solía pasar, en cuanto sus labios se tocaron Nicole cerró los párpados y se olvidó de todo lo demás a su alrededor, centrándose única y exclusivamente en el vampiro y en cómo le robaba el aliento. Se inclinó un poco más hacia adelante, sobre él, para pegarse todo lo que pudo, pues la manta seguía de por medio, arremolinada entre ambos y ya sin tapar a ninguno de los dos. Continuaba rodeándole el cuello con las manos y no tenía intención de soltarle ni de apartarse, de hecho, aunque quisiera no iba a poder, la atraía demasiado, casi se sentía hipnotizada cada vez que la miraba, cada vez que la tocaba o cada vez que la besaba. Nicole tampoco sabía exactamente cuándo o como se había producido esa situación, pero tampoco le daba muchas vueltas, había encontrado a la única persona que conseguía hacerla sentir completa, además de especial, y por nada del mundo se apartaría de su lado, Derek era todo lo que tenía.
—Te estás perdiendo la película... —Musitó, apenas sin apartarse y besándole los labios entre palabra y palabra. Sabía que la película le importaba más bien poco, y en realidad a ella también, no solo porque ya la había visto decenas de veces, sino porque le interesaba mucho más el momento que compartían, con o sin películas. Derek era su prioridad, su tentación, su debilidad y al mismo tiempo su fortaleza.
Derek ya ni siquiera escuchaba los diálogos de tan, para él, aburrida película, solo estaba centrado y consciente en ella, y en todo lo que tuviera que ver con Nicole, lo que había conseguido en él, lo que le hacía sentir y cómo lo hacía, no había nada más en su mundo en ese momento, en esos segundos que para ella corrían pero que, sin embargo, para él estaban quietos en una eternidad constante, en una existencia que para él era para siempre y en comparación con la bruja, no era ni un suspiro. Lo había pensado en más de una ocasión, aunque siempre terminaba despejando esos pensamientos de su mente: En cuándo acabará, en cuándo la muerte decidiera llevársela, y eso solo le hacía querer disfrutar más del momento, de su momento y de su ahora. Sus palabras alternadas con besos le hicieron sonreír y atrapar su labio con delicadeza.
—Si quieres puedo prestarle más atención a la rubia... Aunque preveo que tras eso la televisión volará por la ventana.
Era cierto que Nicole no gozaba de un tiempo de vida infinito. Sin embargo, todas las horas, todos los minutos y segundos que compartía con Derek, se le antojaban a lo que bien podría ser un atisbo de la eternidad. Eso era lo mejor que ella tenía, lo de más valor, y con lo que podía obsequiarle: su tiempo. Y le regalaría todo el que pudiera, todo el que él quisiera de ella. Tironeó con suavidad del labio para poder responder, murmurando sin apenas apartarse y con una graciosa sonrisa pincelada en los labios.— ¡Nooo...! ¿Y quedarme sin televisor? ¿Qué haría entonces durante el invierno en casa? —Bromeó, para luego dejarle un mordisco ella en el labio, de manera juguetona y cariñosa al mismo tiempo.— Si acaso te tiro a ti por la ventana, no a la tele... —Obviamente no iba en serio, solo quería chincharle un poco, si es que lo conseguía.
—Vaya... Para esto ha quedado uno... Para ser sustituido por un televisor. —Supo desde el primer momento que Nicole estaba bromeando, ese peculiar brillo en sus ojos, acompañado de aquella sonrisa juguetona, lo gritaban a los cuatro vientos. Pero no dudó ni un instante en seguirle el juego y fingir, como mínimo, estar ofendido. Así que haciendo gala de todo el "teatro" del que era capaz, frunció el ceño y los labios para borrar dicha sonrisa, que luchaba por mantenerse.— Así que me tirarías por la ventana... Curioso brujita... Muy curioso... ¿Y crees que podrías? —Siguiendo el juego, usó la segunda baza que tenía a mano: provocación. Él sabía que Nicole con su magia podía con eso y más, pero también le gustaba ver aquel deje infantil que ella sacaba cuando, jugando, ponía en duda sus habilidades.
—Hmpf. —Asintió de manera digna, con un suave cabeceo, para luego no poder contener una suave y breve risa que la hizo agachar la cabeza y dedicarle una de sus coquetas caída de pestañas. Al ver que el vampiro adoptaba entonces el papel de ofendido, trató de poner cara de circunstancia para seguirle el juego, sin embargo acabó apartándose de él y poniendo los brazos en jarras, prácticamente arrodillada sobre el sofá.— ¿Peeeeeeeeerdona? —Alargó adrede la palabra, con la vocecilla aguda que usaba para protestar y ofenderse, aunque no lo hiciera de verdad. Además, con las pintas que tenía con aquel gracioso pijama puesto no surtiría mucho efecto el parecer una "super-bruja".— Podría hasta con los ojos cerrados, listillo... —Realmente no tenía nada de bruja todopoderosa, ni siquiera podía bloquear el control mental de un vampiro por culpa de sus premoniciones, en mayor medida; eran un arma de doble filo al parecer, por no hablar de que apenas pudo desarrollar el resto de su poder.
Derek tuvo de nuevo que fruncir los labios, pero esa vez para contener la carcajada que le iba a venir en cualquier momento solo con ver cómo pestañeaba de aquella forma tan exagerada, a todas luces, con intenciones de encandilarle para que dejara a parte el papel de ofendido, pero si le conocía lo suficiente sabría perfectamente que no pensaba ceder, no al menos hasta conseguir lo que vino a continuación. Verla arrodillarse en el sofá y alzarse para quedar, ligeramente, por encima de él, fue lo que le hizo romper a carcajadas. Con ese pijama no había quién la pudiera tomar en serio por mucho que lo intentase, es que era prácticamente imposible. Llevando las manos a su cintura y aprovechando que estaba de rodillas y él sentado, la atrajo hacia él, alzando levemente el rostro para poder mirarla a los ojos sin dificultad ninguna. Sabía muy bien que Nicole era poderosa, aunque a veces ella se subestimara, y aunque nunca se lo hubiera dicho o mostrado, siempre había creído y confiado en ella en ese ámbito, pero había preferido en todo momento provocarla sanamente para que ella misma luchara por hacerle callar, y era un modo también de hacerla crecer.
—¿Ah sí…? ¿Con los ojos cerrados?
La bruja apretó los labios en una mueca divertida por no echarse ella también a reír cuando lo hizo el vampiro. Sin duda supo que no la tomaba nada en serio especialmente por las pintas que tenía con el gracioso pijama de invierno puesto. Ni ella misma se tomaría en serio de esa guisa. Agachó la cabeza para mirarse, aún con los brazos en jarras, y se le escapó la risa sin querer. Un sonido muy propio de Nicole, tenía una carcajada melodiosa y suave, y era fácil hacerla reír, no era de ese tipo de personas que reprimen esa clase de gestos por mantenerlas apariencias, al contrario para ella. Cuando Derek la atrajo hacia él cogiéndola de la cintura, no opuso resistencia y se sujetó a sus hombros, fijando los ojos castaños en los ajenos, que siempre la atrapaban.
—No te rías de mí... —Protestó, aunque no con seriedad, y puso los dedos de una mano sobre su boca, queriendo taparla, como si ese gesto pudiera silenciarle.— Eso he dicho, ¿Lo quieres comprobar, valiente? —Cerró los ojos, volviendo a poner ambas manos sobre los hombros del vampiro, y trató de concentrarse, respirando profundamente. En unos pocos minutos una cálida y tenue corriente de aire recorría la estancia hasta envolverles de forma muy suave, haciendo que los cabellos de la bruja se mecieran de un lado a otro.
Él aguardó curioso a ver qué hacía y cuando cerró los ojos, supuso que Nicole se disponía a hacer uso de su magia, y no se equivocó cuando una brisa suave les sacudió el pelo a los dos, de forma leve y efímera, pero palpable. Aprovechando que su nivel de concentración no era alto, ya que acababa de empezar, decidió bromear un poco.
—Más que echarme por la ventana, lo que vas a conseguir es limpiar el polvo de la casa... —Comentó con tono jocoso, apoyando la nuca en el respaldo del sofá, aún pendiente de lo que Nicole tuviera en mente por hacer.
Nicole seguía murmurando con los ojos cerrados para hacer correr aquella inofensiva y cálida brisa a su alrededor, pero las palabras del vampiro la hicieron perder la poca concentración que tenía y se echó a reír antes de protestar, dándole una palmada sobre el pecho de manera muy suave.
—¡Pero bueno! Te la estás ganando... —Advirtió, arrugando levemente la nariz mientras dibujaba una sonrisa que, para no variar, le quitó cualquier tipo de seriedad a sus palabras.— Al final en lugar de tirarte por la ventana, te mandaré a dormir aquí, en el sofá. —Llevaba largos minutos haciendo caso omiso a la película, que seguía avanzando en la pantalla de la televisión y en la que al protagonista cada vez le costaba más no desear caer en su tentación, la joven y despampanante vecina del piso de arriba.
Aguardó expectante la escena que se desarrolló instantes después, a lo cual obviamente, soltó una carcajada cuando Nicole le pegó, haciendo que Derek cogiera su mano con suavidad, pero sin dejar de reírse. Ante la tentativa de dormir en el sofá, el vampiro hizo un mohín y luego se encogió de hombros. En verdad no le hacía ni pizca de gracia dormir en ese sofá, que era tan incómodo para pasar la noche que parecía sacado de la época de la guerra de la independencia. Sin embargo, jugó sus cartas como siempre y las puso sobre el tablero, metafóricamente hablando.
—Bueno... Si prefieres dormir sola... Sin mi preciada compañía... Adelante, brujita. Yo he dormido en sitios peores. —En ese momento fue cuando destiló su antigua sonrisa arrogante, la de antaño y que de vez en cuando sacaba, a sabiendas de que tenía un 80% de posibilidades de desarmarla. Y si no... Siempre contaba con un AS en la manga.
La mujer reparó en su mueca, dejando que le sujetara la mano con la que había dado el inofensivo manotazo sin quejarse, escuchando lo que tuviera que decir al respecto de pasar la noche en el sofá. Tratándose de Derek, no esperaba que se resignase, ni mucho menos, no era su estilo. Por ello no le sorprendieron aquellos aires de soberbia que se gastaba, ni lo que respondió. Para lo único que no estaba preparada fue la sonrisa que delinearon los labios del vampiro, "al más puro estilo Derek". En realidad, por mucho que quisiera, nunca podía estar preparada para esa sonrisa, justo aquella. Ignoraba que además él tuviera un As en la manga por si eso no daba resultado, pero siendo quien era, no le haría falta. La morena, prácticamente hipnotizada, aproximó su rostro para pellizcarle el labio inferior entre los dientes, con suavidad, y permaneció con la frente apoyada en la del vampiro, protestando con lo que bien podría llamarse ronroneo más que gruñido.
—Uhmmm.... Te odio. —Naturalmente no era verdad, era su modo de replicar por el hecho de que se saliera siempre con la suya y de manera tan sencilla.
La sonrisa del vampiro se acentuó, más si cabe, y ante aquel pellizco se relamió con levedad el labio. Aquel "Te odio" siempre le hacía gracia, porque era un deje de vena infantil que, curiosamente, le encantaba de ella pese a que era ya toda una adulta hecha y derecha. Le encantaba escuchar esos te odio y siempre el vampiro solía sonreír, pero en esa ocasión la cosa cambió y decidió, de igual modo, usar el AS en la manga. Algo que llevaba queriendo hacer desde hacía tiempo y nunca supo cómo, porque se veía a todas luces que no era su estilo. Tal vez hacía un siglo si lo fuera, pero tras cien años caminando sin rumbo y sin tiempo que perder, hacían a uno ver las cosas de otro modo. La sonrisa soberbia dio paso a una leve y, casualmente, sonrisa tierna podría decirse, mientras alzaba la mano libre hacia la mejilla de Nicole, sin separar la frente de la ajena y con los ojos firmemente puestos en los suyos, puede que con los acontecimientos de ese momento, ella se lo tomase a juego o recochineo, pero bien se sabía que en el fondo, muy en el fondo, hablaba con sinceridad.
—Te quiero.
Al ver que se relamía donde le había mordisqueado hacía un instante, le pasó la yema del dedo por encima del labio, aprovechando el mismo gesto para perfilar la sonrisa que se le acentuaba al vampiro. Cuando la sostuvo de la mejilla, ladeó un poco el rostro, mínimamente, escondiendo los iris castaños tras los párpados para solo disfrutar del tacto de su piel y la ternura del gesto. Sin embargo, aquello hizo que se perdiera el cambio que se producía en el deje de la sonrisa de Derek, probablemente acompañando el gesto de la mejilla. Eso sí, sus palabras las escuchó perfectamente y no solo eso, sino que le calaron en lo más hondo, como cabía esperar. Abrió los ojos y despegó la frente de la ajena para mirarle bien, sin perder detalle, ahondando a través de aquellos ojos que no le apartaban la mirada y que expresaban la más absoluta sinceridad y transparencia. Se preguntó si aquello era real o se había quedado dormida viendo la película. Era la primera vez que oía esa declaración de los labios de Derek y casi necesitó que la pellizcaran, o no, porque se había derretido entre sus brazos. No es que en el fondo no lo supiera, porque se lo demostraban a diario, pero escucharlo de su boca fue sumamente agradable para Nicole, quien sonreía sin darse cuenta. Y aunque la respuesta fuese previsible y evidente, quiso verbalizarla igualmente, usando el mismo tono cargado de sinceridad y también de innegable afecto.
—Y yo te quiero a ti, Derek...
Acarició su mejilla paulatinamente con el pulgar, memorizando por milésima vez más el tacto de su piel, hasta que ella pareció reaccionar ante sus palabras y no cómo esperaba, pues al ser precedido ese momento por un mero juego, pensó que no le tomaría la seriedad necesaria. Sin embargo y una vez más, ella supo ver en él lo que nadie en cien años se molestó en averiguar. Era algo realmente extraño, que solo con la mirada supieran leerse el uno al otro de forma inequívoca, y con solo mirarla, supiera qué es lo que estaba pensando o sintiendo. Ante sus palabras, bajó la mano en una mera caricia hasta el mentón, delineando ahora él el labio inferior de Nicole con el dedo pulgar.
—Lo sé…
* * * Fin del recuerdo * * *
Tras, de forma tardía ya, rememorar aquel instante en el que una vez para ambos significó todo, echó una última mirada a aquella mujer que, como años atrás, disfrutaba con una película de los años cuarenta en una televisión vieja y destartalada. Mientras que él no hacía más que soltar un largo suspiro, cargado de recuerdos, nostalgias y demás sensaciones de las que ya no se creía merecedor. No le quedaba otra que decir adiós a todo aquello, a ese pasado en el que seguía viviendo, aferrado como un idiota, como si éste pudiera volver en cualquier momento. Decir adiós a la única persona que le había visto tal cual era y no como un ser condenado a la eternidad, un asesino, un monstruo. La única mujer que le había importado realmente sin necesidad de querer sacarle algo a cambio, egoístamente hablando, y por la que había demostrado que daría su vida una y mil veces, su propia eternidad, solo porque ella siguiera respirando.
—... Adiós. —Susurró de forma casi inaudible, mientras se daba la vuelta a una velocidad vertiginosa y saltaba del balcón al suelo con bastante agilidad, perdiéndose en la oscuridad de la noche y de nuevo, como hacía décadas, sin tener un rumbo fijo que seguir.
Volviendo al presente, Nicole continuaba sentada en su sofá con el mando del televisor en la mano mientras cambiaba de canal para encontrar algo decente, aunque sabía que era tarde y cualquier programa o película estaría ya muy avanzada. Tuvo que retroceder de canal cuando reparó en que se trataba del largometraje “La tentación vive arriba”, en la que Marilyn Monroe aparece a mitad con su vestido blanco para protagonizar una de las escenas más populares e imitadas del mundo del cine, cuando, sobre una de las rejillas de la acera, un respiradero del metro que pasaba justo por debajo de la calle en ese momento hace que la falda de su vestido se airee con la corriente de aire, mostrando las piernas torneadas de la actriz. A pesar de que estaba a punto de terminar, decidió dejarla, pues era un film que sabía de memoria y le gustaba mucho. Recitó en voz baja y con todo el sentimiento las partes del diálogo final que más le gustaban.
—“…No puedo quedarme a desayunar” … “No lamente nunca nada…” … “…Bien, ¿Quiere algo más?” … “Solo una cosa. Tengo un mensaje para su esposa…” —Nicole se llevó las manos al pecho, emocionada con la escena que se visualizaba en la pantalla, donde la actriz le daba un beso en los labios al protagonista, quien, tras la despedida y resuelto a pasar los días finales de verano con su mujer e hijo, se marchaba del edificio, olvidando ponerse los zapatos incluso. Sonrió débilmente al ver cómo la rubia se despedía del hombre por la ventana, con un gesto de la mano, mientras él se lo devolvía, superando así la tentación y volviendo a su realidad.
Ajena completamente a la presencia que se despedía de ella en el balcón, Nicole suspiró, notando cómo la brisa que mecía las cortinas llegaba hasta ella, revolviéndole de manera leve el oscuro cabello y haciéndola estremecer. Una brisa que, sin saberlo, transportaba la despedida del vampiro hacia la bruja. Se puso en pie, dejando la cena a un lado, y se encaminó al balcón para cerrarlo, terminando luego rápidamente con la cena y acostarse para descansar. Nadie pudo imaginar que algo dicho hacía tantos años atrás a la persona que más le importaba, algo que no era más que un juego, por desgracia entonces era su propia realidad: le odiaba con todas sus fuerzas.
El “te quiero” pasó al absoluto olvido y el “te odio” a su realidad.
[Fragmento editado de rol entre @Diaries_Derek y @DiariesNicole.]
Recuerdo (IV)
Como de costumbre, Nicole se encontraba en el Velvet Destiny sirviendo copas, limpiando mesas, conversando animadamente de vez en cuando con sus clientes más frecuentes y, en general, disfrutando de su jornada laboral sin tener en cuenta el cansancio y las horas que llevaba allí de pie. No hacía falta ser muy observador para darse cuenta que aquel ambiente distendido y ameno la agradaba, estando completamente satisfecha en días como ese (sin rastro de problemas ni movidas en su bar) de lo que había conseguido en Nueva Orleans, pese a los inconvenientes sobrenaturales que presentaba la ciudad. La música, como siempre, sonaba de fondo para animar el ambiente y, justamente, saltó una canción con ritmos latinos que a la morena le gustaba mucho, así que se acercó al equipo de música para subir un poco el volumen, moviendo sutilmente su cuerpo al son de las notas que salían de los altavoces.
El vampiro llevaba una buena temporada, tras lo último, sin ir al Velvet Destiny, y había intentado por todos los medios ni acercarse siquiera, pues se hallaba metido en un abismo personal que él mismo se había impuesto sin ni siquiera darse cuenta, no al menos hasta ahora. Pesadas contradicciones luchaban en su fuero interno y le hacían caer más y más en ese abismo, sin solución alguna. O puede que sí la hubiera, pero el vampiro se negaba a llevarla a cabo. No podía, no entonces, no allí, no con ella en la ciudad. Podría ser todo muy diferente, mas no lo era y no le tocaba más que resignarse y esperar a que la eternidad pasase y ya no hubiera vuelta atrás. Cuando uno de los dos dejara de existir.
Sin embargo, y como había estado haciendo desde que prácticamente la conocía, se encontraba subido a un tejado contiguo al bar sin poder evitar estar por la zona, como siempre, cerca de ella, velando por su protección en las sombras y lo más secreto y discreto posible. Nadie sabía que lo hacía y mucho menos el porqué, solo él era el único conocedor y testigo de ello. Con la vista puesta en la puerta del local, no tardó en llegar a sus oídos una canción altamente conocida, la cual hacía muchísimos años que no había escuchado, pero que le hicieron viajar a lo más profundo de sus recuerdos de forma instantánea, a ese día en el que, muchos años después de haberla dejado con las brujas, sus caminos se volvieron a encontrar, ese día. Ese día que marcó un antes y un después en su propia eternidad.
* * * Recuerdo * * *
Habían pasado varios años desde que Nicole se hubo separado, a regañadientes, del vampiro, y ya no era ni mucho menos la misma jovencita de diecisiete años, algo que podía percibirse incluso a simple vista, puesto que sus rasgos habían madurado con ella y ya no presentaban aquellos indicios de niña, sino de mujer; e igualmente sucedió con cada curva de su cuerpo. No obstante, lo único que no había podido desarrollar, como cabía esperar fueron sus dones mágicos, puesto que las dos brujas con las que Derek la dejó a cargo fallecieron al poco tiempo. Por ese motivo la morena se había ido moviendo de ciudad en ciudad hasta ese momento, en el que se encontraba caminando por una de las calles más concurridas con algo de prisa, habiendo terminado su jornada laboral en un pequeño y hogareño restaurante a un par de manzanas del piso que tenía en alquiler, en dirección a un conocido local donde solía dejarse ver de vez en cuando.
El vampiro no es que hubiera cumplido la promesa que le hizo a la adolescente, no al menos en el periodo de tiempo en el que la joven se esperaba. Al igual que Nicole, él había tenido complicaciones en los asuntos que le concernían por aquel entonces. Así que cuando quiso volver, las brujas ya habían fallecido hacía tiempo y no de forma natural. La casa estaba destruida y abandonada desde hacía bastante. Pero lo que más le hizo enojar de todo aquello, es que Nicole no estaba en dicha ciudad. Sin embargo, se alegró de no ver restos de ella que indicaran que estuviera muerta. Así que podría decirse que siguió el vampiro su camino. Y así fue hasta ese día, donde la volvió a encontrar, en mitad de una calle concurrida y pasando por su lado, destilando ese aroma tan característico de ella e inconfundible, el cual le hizo volver el rostro hacia ella, como queriendo cerciorarse de que era Nicole. Sonriendo de una forma socarrona, detuvo sus pasos y apoyó el peso en uno de los lados de su cuerpo, adoptando una postura bastante chula y altanera
—¿Ya ni a los viejos amigos saludas... Mocosa? —Preguntó para que le escuchase, esperando que le reconociera por la voz y se volviese.
Pese a los tacones, caminaba con mucha soltura y sumergida en sus propios pensamientos, sin prestar demasiada atención al resto de viandantes que se cruzaban con ella. Le pareció ver de soslayo a uno de ellos detener sus pisadas mientras se volvía para mirarla, cosa que no la extrañaba en demasía porque cuando se arreglaba, como esa noche, solía levantar cierto revuelo de repasos visuales y algún piropo que otro. De igual modo, aunque no se extrañara, sí solía avergonzarse un poco y no hacía el menor caso, por lo general. Sin embargo, frunció el ceño al oír el término de "mocosa" y tuvo que frenar para darse la vuelta, porque no se lo creía. Hacía años que no la llamaban así, y además solamente una persona lo había hecho. Alguien que a esas alturas no esperaba volver a ver. Abrió los ojos de par en par, incrédula todavía, como si pudiera tratarse de una visión y no la figura real de Derek.
—¿... Derek?
El vampiro sonrió, más si cabe, al ver que efectivamente le había reconocido. Avanzando hacia ella con paso paulatino pero seguro, no pudo evitar en reparar los notables cambios que mostraba la joven desde la última vez que la había visto, que hacía bastante por no decir más. Ya no era la niña que recordaba ni mucho menos y no solo en los rasgos faciales, el vampiro no solo reparó en aquello, sino que dibujó completamente la figura de Nicole con los ojos, con bastante descaro y sin cortarse un pelo, pasando por todas y cada una de sus curvas tan bien definidas. Terminó soltando un silbido al llegar a su altura, con el rostro levemente ladeado.
—Vaya... pero si has crecido y todo. Menudo estirón, ¿No? —Bromeó, fijando la mirada entonces sí en sus ojos, convencido de que al menos el brillo que portaban seguía siendo el mismo.
No le pasó desapercibido el repaso a su figura y aunque no dijo nada, más por vergüenza que otra cosa, se le arrebolaron levemente las mejillas. Supuso, pese a ignorar que se equivocaba, que aun con los cambios para el vampiro seguiría siendo aquella "mocosa" charlatana, hiperactiva y cargante.
—Supongo que sí... Es lo que tiene el paso de los años. —No lo dijo a modo de reproche aunque tal vez hubiera sonado así, llegó un momento en que dejó de darle vueltas al hecho de que Derek la hubiera olvidado sin más y se había resignado a no saber de él, por lo que la sorpresa fue más que grata y no pudo evitar adelantarse para abrazarlo de manera amistosa.— Pensaba que no te iba a volver a ver más, después de todo. Pero me alegro de que no haya sido así.
—Eso parece sí... Aunque para algunos sean segundos. —Murmuró de forma indirecta, pero supo que la bruja iba a entenderle. Volvió a fijarse en cómo su cuerpo se contoneaba al caminar hacia él hasta que le abrazó, cosa que, como siempre, se le antojaba extraña y fuera de lugar para él, pero terminó rodeando la cintura de la bruja, para dar dos palmadas en su espalda, a diferencia de cuando era joven y se las daba en el cabello.— Veo que al final te fue bien sin mí. Tanta llorera mereció la pena, ¿Eh, brujita? —Susurró aprovechando el abrazo antes de separarse y terminar aquel gesto de afecto.
Se le hacía un tanto singular encontrarse tan cómoda en su presencia, como años atrás cuando terminó de cogerle tanta confianza al convivir con él. De hecho, sentía como si no hubieran pasado los años y, como entonces, la hubiera ido a recoger al salir del trabajo, y eso que prácticamente no se habían más que saludado. Al separarse le reprendió con la mirada por aquellas palabras, pero enseguida dibujó una sonrisa antes de protestar.
—¡No te pases! Tampoco lloré tanto... Un par de lagrimillas... —No fue así, en realidad se pasó la noche llorando por verse sola, aun estando con aquellas dos ancianas que, al fin y al cabo, eran desconocidas. No obstante, eso Derek no lo sabía ni tenía porqué, aunque podía perfectamente imaginarlo conociéndola como la conocía.— Oye... ¿Tienes algo que hacer? Lo digo porque iba a un local de por aquí, si te apetece acompañarme...
—Claro... Y yo soy un ángel con aureola. —Inquirió el vampiro con cierto tono jocoso, tal vez con deje de burla a sabiendas de que la bruja probablemente estuviera mintiendo. Él hacía años, por no decir décadas, que había aprendido a detectar cualquier deje de mentira en la voz, sin contar que nunca se había caído de un guindo. Sin embargo, pese a todo, podía ver el claro cambio que había dado Nicole, a mejor, obviamente, en todos los aspectos, y se la veía mucho más madura. Probablemente hiciera bastante tiempo que aquella adolescente quedó muy atrás olvidada, dando paso a la mujer que en ese momento le estaba invitando a una copa.— Es probable... Pero nada que no pueda atender después. —Dejó caer con sutilidad, aunque en verdad se estaba marcando un farol. No tenía nada que hacer a parte de buscar a un pobre desgraciado del que alimentarse. Pero como había dicho, podía hacerlo más tarde y centrar su atención entonces en otras, por así denominarlo, preferencias.
—¿Y dónde te has dejado la aureola, en casa? —Preguntó solo para continuar la broma y girar sobre sus talones al oír, encantada, que aceptaba ir a tomar algo con ella en lugar de atender sus asuntos, los tuviera realmente o no, cosa que la morena ignoraba.— Por aquí... —Señaló la dirección a seguir con un leve aspaviento de la mano, no estaban muy lejos del lugar a dónde pretendía llevarle.— No sé si te gustará mucho el sitio, en realidad... Yo voy de vez en cuando por la música y los cócteles. —Y algún que otro morenazo que servía copas pero aquello se lo calló. Le condujo cruzando la calle y adentrándose en un callejón más estrecho y menos transitado, a primera vista podía parecer no muy buena idea caminar por allí, pero Nicole ya se lo conocía bien. Unos metros antes de llegar ya podía escucharse el jolgorio del interior y la música que sonaba.
—O tal vez la vendí. —Respondió reanudando los pasos tras ella. Probablemente no le gustase el sitio, era cierto, más que nada porque el vampiro era más de rock, saltaba a la vista y probablemente no había ni que hacerlo patente. Pero de igual modo, la siguió, caminando al final a su lado, agudizando el oído y probablemente escuchando ya la música antes de que la escuchara ella, y solo al darse cuenta del estilo sintió verdaderos instintos de echarse para atrás, o de asesinar al que estuviera cantando. Sin embargo no le molestaba la idea de tomar algo, con alcohol, a poder ser. Así que cohibió la mueca de desagrado musical y al llegar al local en cuestión, abrió la puerta para dejarla pasar.— Nunca es tarde para probar cosas nuevas. —O cosas que le desgarraban los tímpanos, pero prefirió hacerse el interesante antes de replicar nada.
Nicole negó con la cabeza y no dijo nada más sobre la compra-venta de aureolas angelicales. Aunque en el fondo, pensó que aquello no pegaba mucho con el vampiro, de hecho, con nadie que compartiera su condición. Agradeció que no se quejara con respecto al local musical que ella había escogido, recordando que a él le iba otro tipo de música, que no se asemejaba nada a los ritmos latinos que allí se escuchaban y se bailaban. De haber sabido que se iban a encontrar, Nicole le hubiera llevado a otro sitio. De todas formas, para ponerse un poco al día sobre sus vidas, aquel lugar era más que válido. Sonrió de manera breve para agradecer que la dejara pasar y aguantara la puerta, antes de adentrarse al interior y buscar con la mirada algún sitio donde poder sentarse, ubicando la mesa perfecta al fondo. Sin pudor alguno le sujetó del brazo para tirar de él y cruzar la pista esperando que nadie se les adelantara y les quitaran la mesa.
—¡Allí, corre!
Derek paseó la mirada por dicho local, confirmando de ese modo las sospechas que se había infundado con anterioridad pero no tuvo tampoco mucho tiempo en opinar al respecto, o en sacar pegas y errores, puesto que Nicole le agarró del brazo, sintiendo su tacto sobre su brazo al descubierto, pues el vampiro vestía una camisa blanca a medio remangar. Fue curioso sentir el tacto cálido de la bruja, en contraposición del suyo, que era tan frío como el hielo. Pasando la mirada de su mano al frente y, por ende, a la mesa que señalaba, avanzó con paso seguro hasta la misma, apartando a quién tuviera que apartar y traspasando la pista por el medio para atajar, hasta al fin hacerse con ella sin que nadie se les adelantara.
—¿Y vienes mucho por aquí? ¿No te enseñé bien sobre la música? —Bromeó, tomando asiento en una postura desenfadada y cómoda a la vez, con uno de los brazos sobre el respaldo superior del asiento, tornando el torso medio ladeado.
Nicole tomó asiento en la silla del frente, aunque adoptando una postura algo más rígida que la de su acompañante y cruzando una pierna sobre la otra, evitando así que la falda del vestido no revelara nada que ella no quisiera. Había visto a Derek un centenar de veces, y más, en aquella misma posición cuando convivía con él, pero esa vez no supo qué tenía de distinto para que le costara apartar la mirada, si realmente lo que era cambiar, él no podía cambiar ya demasiado, al menos físicamente. ¿Acaso era ella quien había cambiado la forma de verle? Antes de responderle se giró hacia la barra, llamando la atención de una camarera con el brazo en alza y tomándose la libertad de pedir un par de mojitos, puesto que era el cóctel estrella del local.
—No puedes venir aquí y no probar sus mojitos. Respondiendo a tu pregunta, sí, suelo venir bastante desde que me mudé aquí, hará ya casi medio año. Y perdona, pero la música está muy bien... Que tú no la sepas apreciar es distinto. —Añadió aunque para nada ofendida.
Normalmente para él, el tiempo pasaba muy rápido y apenas sin constancia alguna para el vampiro, no solía reparar en si pasaba un segundo, un minuto, una hora o una semana. Para él, el tiempo era lo mismo siempre, aquello que hacía años le fue vetado, quedándose atascado en una constante eternidad mientras el mundo evolucionaba, al contrario que él. Y sin embargo en ese momento, por unos segundos, creyó que el tiempo se había parado al quedarse mirando, al igual que ella, esos ojos que se gastaba la bruja, los cuales había mirado miles de veces con anterioridad, pero nunca había tenido esa sensación. Y le extrañó, por no decir algo más exagerado. No veía la diferencia, pero la sentía, y eso también en parte le incomodó... ¿Le incomodaba realmente? Ni el mismo lo sabía. Agradeciendo el poder romper el silencio, golpeó con el dedo sobre la mesa, sin borrar la sonrisa del rostro
—Ya estás tardando en invitarme a uno. Y la música de aquí deja mucho que desear, pero... Seré bueno por hoy. —No se lo creía ni él, pero sintió la necesidad de nuevo de bromear con cierto descaro.
—Pero bueno, menudo caballero estás hecho tú, tengo que aguantar tus quejas musicales y además pagarte la copa... —Protestó, sin darse cuenta de que sonreía porque en realidad no le importaba que se quejara de la música o por tener que invitarle a una copa, o fueran diez. El caso es que que estaba muy a gusto y más que contenta de verle, y de verle bien. Y de verle de ese modo... Diferente, a como lo hacía hace años cuando no era más que una adolescente. Ni siquiera pudo esa vez apartarle la mirada cuando apareció la camarera para servir los mojitos.— En fin... Supongo que te ha ido todo bien este tiempo, ¿No? —Al menos, por lo que ella podía ver a simple vista, parecía estar relajado y bastante bien... En todos los aspectos.
Derek cogió el mojito sin ni siquiera mirar a la camarera, dando un sorbo pero sin retirar la mirada de Nicole, ni borrar la sonrisa socarrona que siempre solía tener dibujada, pero que por algo que desconocía, se acentuó más por momentos. Cuando la molesta trabajadora se fue, con cierta resignación, el vampiro dejó de nuevo la copa en la mesa y alzó una de las manos, mostrando lo que los brujos solían denominar como "anillo de día". Ese era uno de sus asuntos pendientes y por el cual tuvo que separarse de ella hacía varios años, entre otros. Sonriendo satisfecho y sin quitárselo, cambió la postura, apoyando entonces ambos brazos en el borde de la mesa, acortando, quizás, de ese modo, las distancias que les salvaguardaba a ambos.
—¿Me debía ir mal? Por favor... Nicole. Ya me conoces. Nada me sale nunca mal. —Podían ir saludando a su ego, porque por si no se había notado, acababa de hacer acto de presencia.— ¿Y tú?
Cuando el vampiro mostró el anillo, Nicole sintió y cayó en la tentación de adelantar una de sus manos para sujetar suavemente la de Derek y palpar con la yema de los dedos dicha joya, admirando mejor así sus detalles y, de paso, acariciar accidentalmente la piel del vampiro, que se le antojó más fría que la propia pero no por ello le era desagradable, al contrario. De todos modos, no sabía que era un objeto mágico ni para qué servía, pero comprendía que si se lo estaba enseñando era por algo y por ello preguntó.
—¿Para qué te sirve? —Ella diría que quería soltarle la mano, pero sin embargo no lo hizo.— ... ¿O me estoy colando y resulta que te has casado y no me has llevado de dama de honor? —Preguntó a modo de broma, aunque bien podía ser aquella posibilidad, solo que por alguna razón le hacía menos gracia. Cuando su ego salió a relucir, la morena rodó los ojos, aunque sus labios se curvaron en media sonrisa.— Yo no he dicho eso... En cuanto a mí, supongo que no me puedo quejar.
El vampiro dejó que ella observara el anillo, creyendo enteramente que sabría qué era, al menos hasta que le preguntó por su función, lo cual le hizo fruncir el ceño, preguntándose qué coño habían estado haciendo aquellas brujas para que ella no supiera que era un anillo de día.
—Pues esta "tontería" me permite ir a donde me dé la real gana... Sea de día, sea de noche. —Musitó, por no decir susurró, para que solo Nicole lo escuchara, aunque no pudo evitar el carcajearse a gusto y casi sin control alguno, cuando insinuó que si se había casado.— ¿En serio te imaginas a un vampiro en una iglesia casándose? ¿Me ves a mi casado? —Siguió riéndose con bastantes ganas, hasta que sintió la necesidad de beber de nuevo, sin embargo en vez de retirar la mano usó la libre para ello.— Dudo mucho que exista la mujer que consiga hacerme pasar por el aro...
—No, si al final se ahoga con la risa... —Nicole no le acompañó al reír, aunque el dato de la "no-boda" le pareció de lo más interesante. Vio oportuno entonces soltarle la mano para no incomodarle, pues él nunca había sido muy afectuoso en esos aspectos y recelaba bastante del contacto físico. Dio un sorbo a la pajita para probar su mojito y saborearlo mientras le daba unas vueltas a aquel último comentario. ¿Significaba eso que estaba soltero? Y lo más curioso, ¿A cuento de qué a ella le importaba ese aspecto?— Bueno, tampoco necesariamente tiene que haber una que te haga pasar, como dices, por el aro. Pero eso no significa que no pueda haber una que te haga sentir algo, ¿No?
Derek posó la mirada con disimulo cuando ella retiró la mano de la propia, sintiendo aquel calor humano y natural, aún residual sobre la suya. Amoldando de nuevo la postura, se recostó sobre el respaldo, vaso en mano y el otro brazo medio cruzado en el regazo. No sopesó la teoría que le acababa de presentar, no al menos hasta que ella lo había hecho patente en la conversación. ¿Sentir algo por una mujer, a parte de atracción? Dudaba mucho que eso le sucediera, no con su condición. Pero nunca se sabe y a veces el destino es demasiado caprichoso. Sin embargo, no pudo evitar el pensar que tal vez el comentario fuera dicho con alguna intención, ¿O solo era lo que sentía él? Haciendo una mueca de circunstancia, la miró mientras fingía sopesarlo, meneando el rostro con levedad de un lado a otro.
—Puede... Tal vez... Si la mujer termina... Mereciendo la pena. —Dictó con cierto deje altanero, volviendo en ese momento, sutil y disimuladamente, a perfilarla con la mirada, al menos lo poco que estaba a la vista y dejaba entrever la mesa que les separaba.
Nicole apoyó ambos codos sobre la mesa y jugueteó con la pajita de su vaso mientras no bebía, reparando en cada palabra y cada gesto que su acompañante le dedicaba y exteriorizaba. Ella en particular no le daba tanta importancia a su condición sobrenatural, pues en realidad podía estar "muerto", pero de igual modo podía sentir cosas igual que los demás, como el roce anterior de los dedos de la morena sobre su piel; y además pensaba que, yendo más allá de la mera atracción física, el amor se sentía con algo más que el cuerpo y las sensaciones físicas. Todos albergaban un alma, así que no veía tan descabellado que alguien como él pudiera enamorarse de verdad. De todas maneras no quiso entrometerse ni abrir un debate, no quería aburrirle, así que se limitó a encoger los hombros.
—A lo mejor la encuentras cuando menos te lo esperes... Y ahora que has probado el mojito no puedes irte de aquí sin bailar. —Movió las cejas arriba y abajo mientras esbozaba una amplia sonrisa con un tanto de travesura y picardía.
—¿Bailar? —Arqueó una ceja por la propuesta, sin creer realmente que estuviera pidiéndole bailar algo como eso. Primero, porque ni sabía bailar, y segundo, ese tipo de música aún menos. Así que no le apetecía sentirse un pato mareado en la pista y perder no solo su orgullo y su ego, sino la dignidad que el vampiro portaba. Sin embargo y para su sorpresa, esa mirada, aquella sonrisa que la bruja había dibujado se asemejaba muchísimo a la propia, por no decir que era practicamente igual, y fue ese hecho, ese gesto y esa mirada, lo que le impidieron negarse.— Agh... De perdidos al río. —Se levantó con cierta parsimonia, cuanto más alargara la catástrofe, más tardaría el vampiro en perder la dignidad. Extendió la mano hacia ella, invitándola oficialmente a bailar como le había pedido, de aquella forma tan curiosa y tan inusual en ella, pero que, en el fondo, le había gustado que le rebatiera del mismo modo.
Nicole amplió la sonrisa con total satisfacción y sabor a victoria mientras se ponía en pie y colgaba su chaqueta en el respaldo de la silla. Bajó la mirada a la mano tendida de Derek y, aunque tenía ganas de sujetarla y llevarle a la pista con ella, se decantó por hacerlo de otro modo. Levantó las pupilas de nuevo en busca de sus ojos para hacérselo saber de manera tan muda como cómplice, dejando que su sonrisa y su propio cuerpo al ponerse en movimiento para intentar seguir el ritmo de la música, hablaran por ella. Teniéndole a él de frente, la morena hizo que sus pasos recularan mientras sus brazos subían y bajaban al son, esperando que Derek se acercara por cuenta propia y sin tener que arrastrarle a su desgana.
Los ojos del vampiro analizaron cada gesto, cada movimiento de la bruja, su sonrisa y como le indicó con la mirada todo lo que no tuvo la necesidad de expresar con palabras. Sintió como si los movimientos de la bruja estuvieran coordinados con los propios, haciéndole girar el rostro en cuanto ella pasó por su lado, sin cogerle la mano que le ofrecía, pero casi sintiendo su roce al pasar, las partículas de aire que movió a su paso y el aroma tan embriagador que iba dejando por su camino, haciendo que él la siguiese con las manos entonces en los bolsillos, como si de un imán se tratara. Con paso paulatino, avanzó hacia ella, más pendiente de cómo se movía al son del ritmo latino que en ese momento marcaba el compás de la pista, que en lo que le rodeaba, o la gente que pudiera estar viéndoles. ¿Para qué desviar la atención en algo que no tenía importancia, pudiendo centrarla toda en aquellas curvas que quitaban el aire, y en ese lento baile que rallaba el hipnotismo? El vampiro asintió levemente y repetidas veces al verla bailar ya que debía reconocer que no se le daba nada mal. Y al llegar a su altura, terminó eliminando todo espacio cordial entre ambos, comenzando a invadir poco a poco y sutilmente el espacio personal.
La mujer no dejaba de contonearse, pese a no seguir exactamente el compás de la música, sino que cada curva de su cuerpo dibujaba en el aire movimientos más lentos y sinuosos, sin importarle en absoluto el hecho de ir a menor ritmo del que marcaban las notas. Tampoco le importaba nada más a su alrededor, salvo la figura que en ese momento se acercaba a ella, dando el visto bueno a su baile. Cuando quedó lo suficientemente cerca, le rodeó sin prisas el cuello con un brazo, dejando el otro libre y moviéndose a conjunto con el resto de su cuerpo. Tenía el rostro tan cerca del ajeno que casi podía notar su respiración acariciarle los labios y empezaba sentir tentaciones que no supo de dónde salieron, ni porqué, pero que de momento se obligó a contener mordiéndose el labio y girando sobre sus talones para dejar al vampiro a su espalda, eso sí, sin perder el contacto con su cuerpo en ningún momento.
Derek simplemente se dejó guiar en ese baile que el vampiro desconocía, pero que fue comprobando poco a poco que iba siendo de su agrado, pues algo tiraba de él, haciéndosele imposible casi despegar el cuerpo de ella, al menos en el poco o casi mínimo espacio que tenían, por no decir nulo. Era tal el acercamiento, que no supo qué le embriagaba más, si su aroma o, por el contrario, su aliento. Comenzó a sentir una atracción inexplicable, de la cual no tenía respuesta de su origen y tampoco es que pusiera mucho empeño en averiguarlo. Podría decirse que incluso el casi efímero roce que pudo producirse entre sus labios se le antojó una dulce tortura, una de la que un pensamiento fugaz le hizo comprender que, tal vez, estuviera dispuesto a dejarse torturar de nuevo. Las manos las llevó en un viaje lento, pero seguro, y en una firme caricia, en unos roces, hasta su cintura. Sin desviar la mirada a nada que no fueran sus ojos, al menos hasta que la mujer decidió dar una vuelta con cierta gracia, quedando de espaldas a él, pero sin eliminar contacto alguno entre ambos, así que no tuvo la necesidad de separar las manos de su cintura, las cuales, fueron paulatinamente avanzando hasta su vientre, comenzando el vampiro a seguir el lento compás que la bruja marcaba en aquel baile.
Aquel descenso de las manos del vampiro hizo que el estómago de la chica se estremeciera. No solo el ambiente empezaba a caldearse, sino cada centímetro de su piel bajo el vestido. No estaba segura de si abandonarse a todos esos impulsos que se le empezaban a descontrolar e intensificar sería buena idea, pero desde luego la capacidad de raciocinio la había perdido hacía varios minutos ya. Sabía exactamente lo que quería en ese preciso momento y solo tenía que darse la vuelta, pero se preguntaba si Derek querría lo mismo o si tal vez iba a fastidiar el momento. Al final, se dejó llevar y realizó otro giro al ritmo de la música, o quizá a destiempo, poco le importaba, para encararle. Se limitó a fijar sus ojos castaños en los del vampiro y aproximar sus labios a los ajenos de manera tan peligrosa como tentadora, resolviendo que si él no se distanciaba sería porque deseaba lo mismo que ella.
Los movimientos tanto de ella como los propios, comenzaban a alejarle de la realidad que le rodeaba en esos momentos. Las manos del vampiro sintieron el estremecimiento del vientre de la joven al reaccionar a su tacto, y eso le instó a no retirarlas hasta un nivel de que su vida dependiera de ello. Los roces cálidos con los que le deleitaba la bruja solo hacían que obnubilarle hasta comenzar a caer en sus más profundos instintos, haciendo realidad y patentes tentaciones que ni sabía que existían. Su rostro aguardaba cerca del de la joven, respirando cerca de su oído y su nuca, sintiendo unas fuertes tentaciones de recorrer ese cuello con los labios de repente, de la forma más provocadora posible, antojándosele no solo apetecible, sino placentero solo de poder imaginárselo. Cuando la bruja cortó el hilo de sus pensamientos girándose una vez más y quedando frente a él, obtuvo casi como respuesta y convicción un nuevo páramo sensualmente atrayente donde torturar, ser torturado, perderse y explayarse hasta que el propio mundo le dijera y le mostrara de dónde salían esas sensaciones, esas que le hacían ser atraído por ella como si de magnetismo se tratara. Posando la mirada en la perdición que tenía la bruja por labios, supo qué quería ella, al igual que comprobó que también quería él sin saber cómo ni porqué. Solo que tras unos largos, sutiles, pícaros y altaneros roces en sus labios, decidió poner a prueba todo aquello que les rodeaba a ambos y les hacía querer más, adueñándose de sus labios y ladeando el rostro en el proceso, amoldándolos de ese modo para entonces, poder beber de su aliento.
Sin perder aquella cercanía, ni mucho menos, Nicole paseó las manos en una caricia lenta a través del torso de aquel vampiro que, en ese momento, la atraía como la miel a las abejas. El ascenso de ambas extremidades, sobre la camisa, terminó en la nuca de Derek, donde la yema de los dedos de la mujer comenzaron a dejar suaves caricias. Su cuerpo apenas seguía ya el ritmo de la música, el único ritmo que podía seguir entonces era el de cada estremecimiento que le provocaban sus roces. Gracias a los tacones no le hizo falta alzarse sobre las puntas de los pies para que sus labios pudieran explorar los ajenos, al principio fueron leves y efímeras caricias, como si tuviera que pedir permiso para avanzar al siguiente nivel, que poco tardó en llegar. O tal vez no fue poco en realidad, lo cierto era que no sabía medir el tiempo en ese momento, puede que transcurrieran segundos, como una eternidad que se le hizo incluso corta. Cuando aquellos roces pasaron a ser algo más, terminó de pegarse por completo al vampiro y afianzar el beso con mayor intensidad, saboreándolo sin prisa, como se hace con alguien la primera vez.
La lentitud de aquel gesto era lo que en parte, poco a poco, le atraía más a Derek por momentos. Esa sensación de querer por un momento darlo todo, pero sin prisa, aunque tampoco sin pausa. Ese momento en el que se centraba más en el deleite ajeno que en el personal, porque se cercioró de que era incluso más placentero. Sus labios recorrían los de la bruja, podría decirse, a ojos ajenos, con ternura, pero nada más lejos de la realidad. Estaban cargados aquellos besos, aquellos roces, de una provocación sin precedentes de la cual el vampiro no sabía de dónde surgía, pero lo estaba dejando escapar en todo su esplendor. ¿Puede que hubiera descubierto una "droga" que lo impulsara más que la propia sangre en sí? ¿Era eso posible? Muchas cuestiones en su cabeza y una eternidad para buscarles respuesta luego, así que despejando su mente de todo aquello que no fuera Nicole y sus labios, ascendió una de las manos con suma lentitud hasta el cuello de la bruja, acariciando la suave piel del mismo con el pulgar mientras se separaba muy mínimamente, dejando un sutil mordisco en su labio inferior, olvidándose ya por entero de la música, que hacía rato que había dejado de sonar y cambió de canción, al igual que más de uno que les miraba. Algunos con envidia, otros con recelo, pero... ¿Y qué? Se preguntó el vampiro, ¿Y qué?
Tal vez que aquellos labios, con notas de hierbabuena gracias al mojito que antes los había humedecido, impidieran comenzar y terminar cualquier pensamiento que tuviera intención de formarse fuera inclusive una ventaja para la chica, ya que así evitaba formularse mil preguntas para las que no tendría respuesta. Como por ejemplo, ¿Realmente estaba sucediendo eso? ¿Estaba besando al mismo vampiro que años atrás la sacaba de sus casillas llamándola "mocosa" y derivados? Es más, ¿De verdad que estaba disfrutando tanto de su aliento? ¿Cómo era posible aquello? Nunca pensó siquiera que se le pudiera pasar por la cabeza, y sin embargo esa noche al reencontrarse gracias a la casualidad, en lo único que podía pensar era en cómo la miraba y en cómo sería sentir sus labios sobre la piel. Aprovechó para volver a llenar de aire sus pulmones cuando el beso se dio por terminado, resultando evidente que se había quedado con ganas de más. Humedeció sus propios labios para saborearle otra vez después del mordisco y, sencillamente, se quedó allí, perdida en su mirada y dedicándole una sonrisa más que íntima y cómplice, dejando que pasaran los segundos y que el resto del mundo continuara girando ajeno a su alrededor.
Suelen decir que, por norma general, los silencios siempre se terminan tornando incómodos a no ser que una de las dos partes lo rompa, sin embargo en esa situación, en aquel momento, en esos segundos e instantes que a ambos les rodeaban, no tenían necesidad alguna de hablar ni de hacer nada que no fuera fijar los ojos en aquella profundidad que escondían, en aquel mundo por descubrir y que, de forma sorprendente e inesperada, el vampiro sentía indicios por explorar. Soltó el labio de la bruja, pero no modificó la poca distancia entre ambos, y los roces ya se habían hecho con la situación hacía rato, meros amagos de algo que tanto él como ella deseaban repetir y solo hacían que se encendiera más el ambiente, que el deseo por aquello que se anhelaba y tanto costaba conseguir, por fin llegara. Esa era la sensación que en ese momento sentía el vampiro y no le apetecía cambiar. Llegó incluso a cuestionarse cuándo había dejado de verla como esa niña insoportable, charlatana y torpe que le sacaba de sus casillas, y en más de una ocasión había lamentado el haberla salvado, a una mujer que le rompiera todos los esquemas, todas las columnas que formaban su mundo hasta desmoronarlo en un reino lleno de confusión, en el que sentía mayor tentación de besarla que en alimentarse de ella, por ejemplo. Y lo que más le divertía, era alargar esa tentación, jugar, buscar y provocar, todo con meros roces que solo dolían por no poder convertirse, por el momento, en algo más.
No le estaba resultando nada incómodo a Nicole aquel silencio entre ambos, más bien al contrario. No necesitaba usar las palabras para darse a entender y tampoco necesitaba oír ninguna en boca del vampiro para comprenderle a él, al menos en ese momento. Un momento aparentemente surgido de la nada, de un encuentro fortuito un día cualquiera que, sin embargo, ninguno de los dos en un futuro tacharía como tal. Cada roce, accidental o deliberado, hacía por un lado que Nicole ansiara un poquito más, y luego otro poco, y otro poco más... Y por otro lado, que la piel se le pusiera de gallina pese a no tener ni pizca de frío, sino más bien algo de calor. Tampoco parecía molestarle en absoluto aquel juego que se traían con amagos y sutiles caricias que, especialmente, Derek no dejaba ir a más. De igual modo, ella tampoco se quedaba corta, aunque terminaba cayendo en más de una ocasión al pensar que iba por fin a besarla cuando solo se trataba de un amago más. Esas veces, entreabría los labios solo para quedarse con las ganas una y otra vez, pero no podía evitar sonreír por aquello, en realidad le estaba encantando caer una vez detrás de otra. Además, sabía que al final conseguiría obtener aquello que buscaba, y era paciente y perseverante.
Con las manos aún en su cintura y sin intención alguna de quitarlas de allí, o de desviarlas a un rumbo distinto, Derek fue sutilmente y con cierto disimulo haciéndola avanzar, puesto que ya no bailaban, no al menos al ritmo que ahora marcaba la música, y veía un poco absurdo estar en la pista si no estaba prestándole atención a nada más que no fuera ella. Por lo que, con una ligera fuerza para que ella entendiera el mensaje, dibujó una sutil sonrisa, socarrona y altanera podría decirse, mientras la empujaba paulatinamente para salir de la pista, hasta donde pudieran estar a solas, solos ellos dos, y ser solos los testigos y protagonistas de aquel magnetismo que parecía envolverles sin fin alguno. Fue entonces, y solo entonces, cuando volvió a acercar sus labios a los ajenos, recorriéndolos a una lentitud cuestionable de comisura a comisura, memorizando así su tacto, su esponjosidad y el aroma que destilaba el aliento de la bruja, un mero roce más antes de volver a caer en aquella tentación, que tenía todas las papeletas de convertirse prontamente en su perdición, si acaso no lo era ya.
Nicole se dejó guiar sin más cuando se percató de que la empujaba suavemente con intenciones de salir de la pista. Apenas se despegó de él, lo justo para poder recular sin que tropezaran sus pies, y no deshizo el abrazo que mantenía alrededor de su cuello. Bajó la vista para contemplar aquella sonrisa que le dedicaba, y pondría la mano en el fuego a que nunca antes le había visto una igual, al menos dirigida a ella. Sí, antaño le había visto sonreír muchas veces, con su chulería habitual, pero tenía la fuerte sensación de que esa vez tenía un deje distinto, o añadido, solo que no sabía discernir exactamente qué era. Se dejó conducir alejándose en la medida de lo posible del jolgorio que ofrecía la multitud, enfrascada en sus conversaciones, sus copas sus risas y sus bailes, hasta chocar con el trasero en la mesa dónde antes habían estado sentados, bastante apartada. Palpó el borde y la superficie con una de las manos para terminar apoyándose, y centrarse otra vez en aquel vampiro que la estaba dejando no solo sin aliento, sino sin la capacidad de razonar. Atinó a separar sus labios para poder proponer algo, articulando las palabras entre besos, roces y sutiles mordiscos en los labios.
—Podemos... Tomar... La última... En mi... Casa... Si... Te parece...
Al alejarse de la pista, consiguieron aquella “intimidad” que el vampiro inconscientemente iba buscando, pero tampoco es que Nicole le ayudase a pensar con claridad. No al menos con lo que estaba haciendo y lo único que conseguía era desconcentrarle más y que cayera en sus más profundos instintos, cosa que no es conveniente, no al menos en un lugar público. Ante la proposición de ella, el vampiro alzó una ceja destilando cierto deje de burla.
—¿No te da apuro permitir la entrada a tu casa a alguien como yo? Podría hacerte daño… U otras cosas... —Dejó caer en el aire, ya de paso, lo que ella ya sabía, que él no había dejado de ser vampiro por mucho que no lo pareciera. Sin embargo, no borró aquella sonrisa tan característica mientras era él ahora el que le dejaba un mordisco leve y corto en el labio, simplemente solo quería complicarle un poco las cosas, y tal vez por el camino, exasperarla con tanta sutilidad.
La morena se retiró un poco hacia atrás para mirarle con el ceño fruncido, como si acabara de decir la mayor estupidez del mundo. Aunque el caso era que ni siquiera se había parado a pensarlo, naturalmente, y en ese momento en que lo hizo tampoco vio el impedimento, sí, se trataba de un vampiro, pero uno que le había salvado la vida antes y que luego además cuidó de ella un tiempo. Por lo que no, no le tenía ningún miedo; le tenía ganas, y muchas más de las que pretendía.
—¿Debería ahora tenerte miedo...? Porque en estas circunstancias me está resultando difícil... —Tironeó con suavidad cuando le apresó el labio entre los dientes, para poder continua.r— Y siento curiosidad por esas otras cosas...
—Tal vez deberías… —Si no estuvieran en un lugar público, tal vez el vampiro hubiera actuado de forma impulsiva, tal vez incluso subiéndola a ella a la mesa, pero bastante estaban llamando la atención y la gente comenzaba a sentirse un pelín incómoda. Otra cosa es que al vampiro le importase lo que opinase la gente al respecto. Las manos que aún descansaban en su cintura, descendieron con prontitud y picardía hasta la cadera, afianzando el agarre y mostrando así tal vez un pequeño indicio de qué podían ser ese tipo de “cosas”, sin necesidad de expresarlo con palabras. Acercó el rostro a su oído, para que solo ella lo escuchase, obviamente, pero con la intención de seducir, entonces sí, a las claras, con el tono de voz usado. ¿Para qué mentirse? Probablemente el vampiro estuviera en la misma situación que la bruja, o peor, solo que él a la larga solía tener menos autocontrol llegado el momento.— ¿… Te está resultando difícil, brujita? —Estaban sus labios tan cerca de su oído, que su propio aliento fue de incentivo para acariciar la piel de aquella zona, percatándose que no tardó mucho en surtir efecto y presenciar como se le tornaba la piel de gallina. Nicole se estremeció, como no podía ser de otra forma, cuando le susurró aquello al oído. No solo por las palabras sino el tono, la forma, y sobre todo la cercanía. El vello se le erizó de manera inmediata y por un momento se quedó sin saber siquiera qué decir.
—Ya he dicho que sí, lumbreras. No es necesario que te regodees... —Para terminar de protestar le empujó con suavidad y ambas manos en el pecho, para apartarlo un poco y alejar las tentaciones— Pero oye, no te voy a obligar si el que tiene miedo de alguien como yo, eres tú. —No es que tuviera motivos, precisamente, para temerla, porque apenas había desarrollado sus dones más allá de las premoniciones. Solo lo dijo para provocar. Derek dio un par de pasos hacia atrás por la fuerza ejercida por la bruja, pero en ningún momento se ofendió por aquello, al contrario, se lo tomó no solo como un reto, sino como un divertimento, un juego en el que si le apetecía participar. Se pasó el pulgar y el índice por los labios, acariciando estos mismos mientras que con la mano libre recogía su chaqueta, con claros indicios, como era de esperar y no sería menos, de seguirla.
—Si crees que vas a librarte de mí hoy, vas muy mal encaminada... —Destiló con arrogancia, comenzando a caminar tras ella y sin apartar sus ojos de su espalda y mucho menos, de como contoneaba las caderas al caminar con los tacones. Sin saber si la bruja lo hacía a propósito para atraerle como la miel a las abejas, o por el contrario era un movimiento natural en ella. Fuera cual fuere, ganaba puntos con ello.
Siguiéndola hasta el exterior del local, no varió el ritmo de sus pies ni de seguirla, pendiente de todos y cada uno de sus movimientos, haciéndosele por primera vez en toda su vida, eterno el tiempo de trayecto desde un punto a otro. Nicole se humedeció los labios de manera inconsciente al ver aquel gesto del vampiro y luego se terminó de incorporar pues estaba apoyada en la mesa. Se inclinó para recoger su chaqueta del respaldo de la silla donde la había dejado antes; podía haber dado un paso y cogerla sin más, pero prefirió regalarle las buenas vistas, mientras le miraba de soslayo con media sonrisa dibujada. Se aproximó de nuevo a él para poder susurrarle tan cerca que sintiera su propio aliento sobre los labios.
—¿Por qué te iba a invitar a mi casa si quisiera librarme de ti? ¿No es un poco contradictorio...? —Pese a morirse de ganas de rozarle con los labios, no lo hizo. Estiró la sonrisa y se dio la vuelta para salir del local, poniéndose la cazadora por encima de los hombros y asegurándose de que continuara mirándola solo a ella, gracias a que los tacones ensalzaban el balanceo sutil y natural de su cuerpo al caminar.
Su piso no quedaba muy lejos, aunque el trayecto se le hizo a Nicole tan largo como a él. Recorrido que trató de amenizar dedicándole alguna sonrisa que otra, con una picardía enmascarada con inocencia, muy característica en la chica. El vampiro aún sentía el roce de su aliento en la piel, al igual que las palabras que ella le dictó con aquel tono tan arrebatador que ni el vampiro mismo supo cómo se había contenido todo el trayecto que pasaron en silencio y lanzándose miradas significativas, llenas de sinuosidad, picardía y tal vez un deje de rebeldía, ese que solía destilar cuando iba contra las normas, cuando iba contra algo prohibido y disfrutaba de esa sensación, se dejaba embriagar por ella hasta que se hacía placentero. Pero... ¿Acaso aquello era una prohibición más? Probablemente, pero el vampiro nunca había sido amigo de las reglas. Una vez llegados al bloque donde supuestamente la bruja vivía actualmente, el vampiro se apoyó de lado en el quicio de la puerta del portal, mostrando de forma natural esa arrogancia que siempre le acompaña y se hacía patente, sin serle indiferente a casi nadie hasta la fecha. Desviando la mirada de ella a su bolso, dibujó una fina y ladeada sonrisa, marcando una de sus comisuras notablemente.
—¿Te echo... Una mano con las llaves? —Susurró con cierta suspicacia, sin desviar la mirada de ella. Nicole se mordió el labio al ver cómo se apoyaba en el umbral del portal, un gesto sencillo solo para contenerse y volver a centrarse en buscar las llaves, que aunque el bolso de esa noche fuera "pequeño" parecía como si no tuviera fondo o tuviera un agujero negro traga-llaves.
—Me las puedo apañar bien sola, aunque no te lo creas... —Respondió, justamente sacando el juego de llaves y sacudiéndolo en el aire para hacerlas sonar. Se apresuró en abrir y pasar al interior, yendo directa al ascensor puesto que tenía alquilado el loft del último piso. Carraspeó levemente, con cierta impaciencia mientras esperaba que bajara y se abrieran las puertas para adentrarse y subir con Derek. Pulsó el botón de la planta ocho antes de girarse hacia él, alternando la mirada de sus labios a los ojos, y de sus ojos a los labios durante unos pocos segundos. Cuando no pudo más, se abalanzó sobre él para atraparle los labios entre los propios.
Observó con curiosidad cómo buscaba las llaves con cierta sorpresa y desesperación quizás, pasando tras ella una vez abrió, caminando por el solitario y desierto portal hasta el ascensor. Si de por sí esos cacharros eran lentos, en ese momento incluso tuvo la sensación de que más, tanto para que bajara como al entrar al interior y subir al octavo piso. Apoyando la espalda en una de las paredes del mismo y con las manos en los bolsillos, se dedicó el vampiro en invertir el tiempo en mirarla, sin saber quién tardaba más, ella en decidirse, él en tomar la iniciativa o el ascensor en llegar al condenado piso. Sin embargo, que se le adelantara ella solo le hizo sonreir en sus labios, pues no la recordaba tan atrevida, y que ya le hubiera sorprendido de esa forma era bastante inusual. Despegó las manos de los bolsillos para ponerlas con decisión sobre los costados de sus caderas una vez unieron sus labios, dando paso entonces a un beso muy diferente al anterior, más rápido e intenso, sin dejar ni un milímetro de piel en sus labios sin rozar.
A Nicole le estaba costando un poco más de lo normal, en aquellas circunstancias, el controlarse, a sabiendas de que seguían en el ascensor del edificio. Por suerte para ambos, o más bien para ella quien vivía allí, en la última planta no había más apartamento que el de Nicole. Obviamente, notó y saboreó la diferencia de aquel beso con los anteriores, y eso solo hizo que terminaran de aflorar más sus instintos. Ni siquiera se percató de que el ascensor había llegado al piso correspondiente ni de que las puertas se habían abierto, hasta que comenzaron a cerrarse, por lo que se despegó de Derek a regañadientes y de manera apurada para interponer el bolso entre las puertas y evitar que se cerraran por completo. Gracias a eso volvieron a deslizarse, cada una a un lado, y pudieron salir, Nicole en primer lugar y llaves en mano para abrir la puerta del loft. Con los nervios y las prisas introdujo con torpeza la llave en la cerradura, intentando girar en primer lugar para el lado contrario hasta darse cuenta y abrir correctamente. Había olvidado por completo que el vampiro necesitaba invitación expresa para poder seguirla al interior, mientras que Nicole se deshacía de la chaqueta y el bolso.
El vampiro por el contrario si escuchó el aviso del ascensor al llegar, pero no es que le hiciera demasiado caso precisamente, no al menos hasta que la bruja tomo constancia de ello, e interpuso el bolso entre ambas puertas que luchaban por cerrarse, fue entonces con cierta resignación, salió del ascensor tras ella, riéndose podría decirse entre dientes al verla con aquellos nervios, que aunque estuviera de espaldas a él, podía notarlo, no solo físicamente, sino en los latidos de su corazón, que resonaban en sus oídos como tambores. Una vez la puerta se abrió, observó como la bruja entraba al interior de la vivienda, sin embargo, Derek se quedó de pie sobre el felpudo, de nuevo con las manos en los bolsillos. Al percatarse de que no caía en la cuenta del problema y no le daba permiso propiamente dicho para entrar, musitó.
—¿Me permites pasar? —Preguntó, con cierto tono jocoso mientras ladeaba la sonrisa y el rostro en el proceso, terminando por apoyarse como en el portal, el hombro en el quicio de la puerta.— A no ser que quieras tomar la... Última aquí fuera. —Le propuso, alzando una de las dejas en un deje altanero, sin desviar la mirada de sus ojos, como si quisiera descubrirle hasta el alma.
Al llevar años separada del vampiro y además no volver a coincidir con ningún otro, al menos que quisiera invitar a su casa, le costó varios segundos caer en la cuenta que tenía que darle permiso o no podría traspasar el umbral por mucho que lo intentara. Se había girado con uno de sus zapatos ya en la mano, por estar descalzándose, y estaba a punto de responder que sí podía pasar cuando cambió de idea y cerró la boca para esbozar una sonrisa como pocas, aunque sin mostrar el esmalte. Soltó el zapato y se retiró el otro mientras volvía a aproximarse a la puerta, quedando en el linde y sabiendo que no podría tocarla aunque estaban a escasos milímetros.
—Ahora que lo dices no sé si es buena idea dejar pasar a un vampiro... Tal vez deba continuar así la velada, te paso una copa... E incluso puedo seguir bailando... —No estaba hablando en serio claro, pero la situación le había parecido de lo más singular y tenía ganas de hacer la travesura, así que sin más y pese a no tener música, empezó a contonearse lentamente, recordando el ritmo de la canción que sonaba en el local cuando le invitó a bailar. Se sujetó con ambas manos a cada lado del quicio de la puerta para poder descender de manera todavía más sinuosa y provocativa, y luego volver a enderezarse con la misma parsimonia, dedicándole alguna coqueta caída de pestañas que otra mientras se movía.
—… —De nuevo alzó ambas cejas al ver las claras intenciones de la bruja, que no solo le hicieron mostrar cierto deje de sorpresa, sino que por un momento creyó que de verdad iba a dejarle afuera, al menos hasta que vio las verdaderas intenciones de Nicole, lo cual le hizo en cierto modo impacientarse, más si cabía la posibilidad. No pudo evitar el reparar de nuevo en su figura, y en cómo se contoneaba frente a la puerta simplemente por mero deseo de provocarlo, cosa que obviamente consiguió, solo que el vampiro intentó no hacerlo patente al menos por el momento. Se pasó disimuladamente la lengua por los labios, casi podría decirse que desnudándola con la mirada, dibujando su figura con la misma, al menos hasta que le permitiera por lo menos entrar en la vivienda.— No deberías jugar con fuego, brujita, porque podrías quemarte... —Advirtió en un mero susurro, pero lo suficiente para que le escuchase.
Nicole estando ya de nuevo enderezada, aunque habiendo perdido la altura que le daban antes los tacones, chasqueó la lengua con fingida molestia, o no tan fingida, antes de reprenderle.
—No me llamo "brujita", y desde luego ya no soy una mocosa... —Se cruzó de brazos, fijando la mirada en sus ojos y asegurándose de que seguía bajo la "protección" que le ofrecía su vivienda, sin traspasar el umbral.— Así que te sugiero que hagas memoria de mi nombre si quieres que te deje pasar... —Lo dijo tan convencida que no pensaba dar su brazo a torcer por nada, aunque claro, de lo que pensaba a lo que haría podría haber un buen trecho, una diferencia que marcaría el vampiro, claro estaba.
Tras sus palabras, Derek acercó su rostro todo lo que pudo y más, al menos hasta que una fuerza invisible le impedía avanzar, pero lo suficiente como para que, aunque no pudiera tocarla, podía verse reflejado en sus orbes al igual que sentir su aliento como ella el propio. En ese aspecto no había cambiado nada, seguía saltando cuando la llamaban mocosa o brujita, la diferencia era que antaño le resultaba cómico, gracioso y entretenido. Y entonces le resultaba atrayente e incluso arrebatador. Apoyando ambas manos en cada quicio de la puerta, sonrió mostrando parcialmente su perfecta dentadura al igual que los caninos, que no se veían pronunciados pero no terminaban de verse en estado normal igual que a un humano. Con ese gesto no pretendía intimidarla, amenazarla ni derivados, solo hacer más patente lo que estaba a punto de decirle.
—La diferencia entre tú y yo... Es que yo puedo esperar una eternidad... —Le susurró tal cual hizo en el bar antes, con el mismo deje sensual y cautivador.— La cuestión es... ¿Aguantarás tú la espera... Ni-cole?
La bruja continuó en la misma postura, sosteniéndole la mirada, hasta que él respondió de aquel modo que tan cautivador le parecía a Nicole, aunque seguía preguntándose porqué y todavía no tenía una respuesta para ello. Lo que no podía negar era que había dejado de verlo como cuando tenía diecisiete años. Sin darse cuenta, a medida que él murmuraba con aquel deje tan seductor, la morena se iba inclinando hacia adelante, atraída por la idea de volver a besarle, traspasando el límite invisible que marcaba el umbral. Con ambas manos se sujetó a su camisa, a la altura de los primeros botones que no estaban abrochados, para luego alzar levemente los talones del suelo, lo justo para alcanzar su boca y responder sobre la misma, aunque sin tocarle.
—¿Eso no es hacer trampas? No es justo... —Se quejó, formando un leve puchero con los labios y dejando que transcurrieran unos pocos segundos antes de invitarle dentro.— Puedes pasar, pero no te asustes por el desorden...
—¿Y cuándo he jugado limpio? —Cuestionó, aunque era evidente que ambos sabían la respuesta. Que se acercara y le susurrara sobre los labios no hizo más que querer lo imposible, y lo prohibido al menos de momento, entrar tras ella a la vivienda y así lo hizo una vez ella le dio el permiso apropiado. Cruzando el umbral, cerró la puerta tras de sí, sin ni siquiera quitarse la chaqueta desabrochada que llevaba, tampoco es que notase cambio de temperatura alguno, así que no le importaba demasiado. Estaba más ocupado, de nuevo, en fijar la mirada permanentemente sobre la bruja y no en el posible desorden que pudiera haber.— He vivido contigo, estoy curado de espanto... —Murmuró, acercándose a ella por detrás y rodeándole la cintura sinuosamente con las manos, con bastante presteza y sutilidad.
Tampoco es que tuviera el apartamento hecho un desastre, pero su concepto de orden era algo especial. Eso sí, ella sabía perfectamente dónde tenía cualquier cosa, aunque casi nunca estuviera en su lugar, pero sabía dónde buscar. Un buen ejemplo era la cantidad de CDs que tenía, ninguno contenía su disco original porque a medida que los usaba los iba intercambiando; pero recordaba dónde estaba cada uno. Esa misma regla se aplicaba perfectamente a todo a lo demás.
—¡Oye! —Se dispuso a protestar, deteniendo sus pasos cuando el vampiro le rodeó la cintura desde atrás. Ella giró el rostro para tratar de mirarle de soslayo, cruzando los brazos por encima de los ajenos para sujetarse a él.— No te pases, que además, he cambiado... Por si no lo has notado todavía. —Jugó un poco con el sarcasmo, puesto que resultaba evidente que Derek había reparado en los cambios.
—No me digas... —Susurró con cierta suspicacia mientras daba con sutilidad un mordisco al oído de la bruja, con las manos aún en su vientre y sin intenciones de moverlas a no ser que fuera para tentarla aún más si cabía, aunque en ese momento se estuviera explayando con la piel de su cuello. Sin saber para quién de los dos era más tentador, si para él o para ella, puesto que sentir los latidos de Nicole tan cerca no ayudaba demasiado. En verdad la atracción completa hacia ella no ayudaba, así a las claras. Cuando sintió la necesidad, fue descendiendo las manos sinuosamente hacia su cadera y las mantuvo ahí de forma temporal, hasta que decidió buscar de nuevo sus labios.
—Ajá... —Asintió, aunque no hiciera falta. De no ser porque la hizo estremecer con aquel gesto, tal vez hubiera podido hilar algunas palabras para formar algún otro comentario ocurrente. El caso es que estaba empezando a perder también esa capacidad, y el escalofrío que le recorrió la espalda cuando aquellos labios acariciaron la piel de su cuello, solo hacía que empeorara. No sabía porqué le resultaba tan placentero, si por el hecho de que sencillamente era una zona muy sensible, porque él en cualquier momento podría clavarle los colmillos si quisiera, porque parecía esmerarse en ponerle la piel de gallina, o por todo a la vez. Por más que lo intentó no supo retener un leve jadeo, y disimularlo mucho menos. Terminó girando sobre sí para que sus labios se dejaran encontrar.
Sintió como se estremecía tras sus gestos y eso no le hizo más que sonreír sobre su piel, al menos el breve tiempo en el que se lo permitió, pues la bruja hizo gala de una velocidad innata cuando le convenía que al vampiro le llegó a impresionar. En un abrir y cerrar de ojos se había puesto frente a él y le estaba correspondiendo al beso que él tanto ansiaba en esos momentos. Pero al contrario de los anteriores, ese fue menos sutil y decoroso, fue su impulsividad lo que le terminó de encender, por decirlo de alguna forma y lo que, instintivamente, le hizo caminar hasta la pared más cercana, aunque en verdad lo que buscaba era el dormitorio, pero estando ocupado en otros menesteres de mayor preferencia, no se esmeró mucho en la búsqueda.
Sus labios tocaban los ajenos haciendo que los memorizara una vez más con meticulosidad e impaciencia a la vez, mientras que sus manos iban ascendiendo paulatina pero sinuosamente por su cadera, cintura y sin pretensiones de tocar fin. Nicole estaba enfrascada en recorrer cada centímetro de los labios del vampiro con los propios, que ni siquiera podía pensar en cambiar a una estancia de la casa donde, en teoría, estuvieran más cómodos para lo que parecía avecinarse. Sin darse cuenta reculó, guiada por Derek, hasta dar con la espalda en la pared. “¡Ouh!” Se quejó de manera divertida, más por la sorpresa de no esperárselo que por el golpe en sí, que no había sido nada. Aprovechó esa pausa para tirar de su mano suavemente y de manera ciertamente coqueta, y conducirle así hacia el dormitorio, girando poco antes de llegar para volver a mirarle y soltarle la mano. Aunque con algo de titubeo y timidez, le ayudó a desprenderse de la cazadora, que todavía llevaba puesta, depositando luego la prenda sobre el escabel frente a su tocador.
Su quejido le hizo separarse mínimamente solo para comprobar si le había hecho daño realmente, pues la diferencia entre uno y otro era abismal, por no decir más. Pero sonrió ante el gesto de coquetería que le regalaba, mientras le tomaba de la mano y obviamente él la seguía, hasta lo que intuyó que era el dormitorio. Sin embargo ese titubeo que mostró al igual que la timidez, probablemente le hicieron verse a los ojos del vampiro incluso más atractiva mientras le estaba quitando la chaqueta, para dejarla a saber dónde, el vampiro no reparó en ello. Sus ojos no se habían movido ni un instante de los de ella, por mucho que se moviera, se alejara o acercara. Era tal la atracción que no tenía ganas ni pretensiones de observar nada más. Con su sonrisa altanera pronunciando una de las comisuras, aguardó curioso a ver qué hacía a continuación, dándole la ventaja de ir por delante de él, de anticiparse a él, de sorprenderle, cosa que no sucedía muy a menudo.
La morena se acercó, tras dejar la cazadora del vampiro, y no sabía cómo actuar a continuación. Que él no hiciera o dijera nada más la confundió un poco, realmente no sabía si es que tal vez aquello no fuera muy buena idea, por tratarse de ellos dos, quizá a él se le hiciera demasiado raro y estaba fastidiándolo todo. Y Nicole no quería estropear las cosas. Naturalmente, no era su primera vez, pero sí la primera en la que lo sentía de un modo distinto, casi especial. Quizá por tratarse de Derek, pues para ella no era un cualquiera, pese a los años que habían pasado sin verse. Habiendo salvado la distancia con su figura, tan atractiva para ella como imponente, con gesto vacilante y lento ascendió las manos a través de su torso mientras murmuraba a escasos centímetros de su boca, aguantando las ganas de volver a besarle.
—Si estoy estropeando las cosas, solo dilo...
Derek siguió el trayecto que realizó la bruja, paulatina y pausadamente, hacia él, al igual que las manos de la susodicha que iban acariciándole casi como con temor, pero sin saber qué temor exactamente. De igual modo el vampiro una vez ella se pegó a él, soltó una pequeña risotada por aquello, la cual murió al sentir los roces y su aliento acariciándole la piel.
—Si así fuera... ¿Crees que seguiría aquí? —Cuestionó con un casi inaudible susurro, pero que pese al bajo tono de voz, la forma fue demasiado reveladora. Posó de nuevo las manos en su cadera, pegándola a él más si cabía, correspondiendo a los roces con ligeros pero no por ello menos provocativos amagos.
En un primer momento, Nicole se encogió de hombros como única respuesta, dedicándose por completo a aquellos roces y amagos en los que hasta el momento caía, y no le importaba repetir. Se arrimó más a él de manera gustosa cuando la atrajo hacia sí, sin apartar las manos de su pecho.
—Supongo que no... Creo que le estoy dando muchas vueltas y no debería... —Efectivamente, se estaba comiendo el coco ella sola pensando en lo pasado y en lo que podría o no pasar en un futuro, cuando lo que debería hacer era dedicarse al presente, a vivir y disfrutar ese momento sin pensar en nada más.— Y estoy hablando demasiado, ¿No? —El tono con el que formuló la pregunta era notablemente jocoso, pero iba en serio.— Mejor me voy a callar ya y voy a volver a besarte... —No le hizo falta esperar la aprobación del vampiro, fue un claro caso de "dicho y hecho".
Podría decirse que le hizo gracia aquella actitud, que le hablase en una situación como aquella, pues podría ser la primera vez que le sucediese al vampiro, aunque bien pensado, era la primera. La primera en la que estaba así con alguien conocida, y no es que tuviera mucha predilección por las brujas exactamente, pues al igual que los lobos, cuanto más lejos mejor, sin embargo con ella era diferente y no supo averiguar todavía el qué y el porqué. Fue a hablar en cuanto ella reconoció estar dándole vueltas, pues podían significar varias opciones; una, que no quería; dos, que podía estar asustada por su propia condición, lo cual era normal aunque en el caso del vampiro pocas veces se había dado; o tres, que estuviera notando ella también esa diferencia que no terminaba de cuadrarle, pero que le gustaba. Sin embargo, no le permitió contestar a aquello, pues la bruja se hizo dueña de sus labios una vez más, pues al menos esa noche, por el momento, era absoluta dueña de los mismos, así que no vio motivo para no corresponder, consiguiendo que el vampiro volviera a concentrarse en los hechos y no en las palabras o suposiciones sin fundamento.
Nicole atrapó los labios del vampiro entre los propios, decidiendo dejar la mente totalmente en blanco y abandonarse al momento, a sus impulsos, algo que no era muy propio en Nicole. Aprovechando la posición de sus manos, deslizó los dedos hasta los primeros botones de la camisa que vestía Derek para ir desabrochando uno a uno, sin prisa pero sin pausa tampoco. Cuando terminó esa primera tarea, rompió el beso para no perder detalle de lo que haría a continuación, deslizando en sendas caricias las manos hacia los hombros para abrir la prenda y observó la piel que dejaba al descubierto del bien definido torso de Derek. Con cuidado, le ayudó también a desprenderse de la camisa y levantó la vista luego en busca de sus ojos, como si tuviera que pedirle permiso para continuar, para tocarle la piel directamente con las yemas de los dedos que, pese a las ganas, lo hizo de manera lenta y delicada.
Permitió que le acariciase, aunque el modo de hacerlo ella parecía estar tocando algo delicado, como si el vampiro fuera a romperse de un lado a otro, pero eso la hacía sumamente más atrayente y no supo, para variar, el porqué. Mientras él se dedicó a que sus manos fueran viajando sinuosamente por su cuerpo, delineándolo al tacto tal cual había hecho antes con la mirada, al principio sin rumbo fijo, hasta que decidió atacar a su primer obstáculo de la noche, la cremallera del vestido. Sus labios volvieron a viajar por la piel de su cuello mientras tanto, ya que los habilidosos dedos del vampiro seguían haciendo descender la cremallera hasta su límite. Nunca había sido tan pausado antes con nadie y acababa de descubrir que le gustaba, le atraía, le encendía... O simplemente era la propia Nicole la que le producía esos efectos. Esa pequeña bruja que antes le robaba la paciencia y entonces, años después, lo que le robaba y nublaba era la razón.
Las manos de la morena no podían estarse quietas, recorriendo cada centímetro de la piel al descubierto de Derek, en suaves y lentas caricias, entretanto él se encargaba de hacer descender la cremallera de su vestido y sus labios volvían a jugar con el cuello, donde lo más posible es que incluso pudiera notar cómo se le desbocaban a Nicole las pulsaciones. Dejó que la prenda que la vestía se deslizara sin prisa por sus hombros hasta caer al suelo, y lo mismo ocurrió con el resto de prendas que quedaban en ella. A diferencia de otras veces, no con Derek claro está, no parecía haber ninguna prisa, el tiempo no importaba demasiado, o tal vez nada. Durante ese momento, podría decirse que compartían la eternidad de la que el vampiro era dueño, en cada caricia que se dedicaban, en cada beso, o incluso en una sencilla mirada. La morena volvió a fijar sus ojos castaños e intensos en los ajenos, ofreciendo de esa manera lo único que tenía de valor, su propio tiempo, su propia esencia, todo lo que era: Nicole Holloway. Y esperaba que fuera de su agradado, pese a no ser una rubia de infarto.
Derek siguió explayándose en la piel que en ese momento se estremecía bajo sus labios, surcando páramos desconocidos aún por descubrir mientras iba deshaciéndose de las molestias que encontraba a su paso, como por ejemplo, la ropa. Pero como hasta ahora, con una pausada lentitud, sin prisa alguna pues en el fondo, no la había. No ante lo inevitable. Fijando la mirada en la bruja, dejó que ella se zambullera en sus propios orbes, al igual que hizo él con los ajenos, aquellos que eran capaces de decirlo todo sin la necesidad de decir nada. De nuevo y para no variar, dibujó una delgada sonrisa que también decía más de lo que aparentaba decir. Pero... ¿Qué quería mostrar exactamente? ¿Qué quería decir? No se sabía, ni se sabría al menos por el momento. En un último gesto desatado y arrebatador, juntó los labios de la bruja con los propios, adentrándose más en la estancia que iba a ser testigo de una noche desenfrenada, llena de momentos, emociones y sentimientos encontrados, opuestos y similares, caricias suaves y lentas, rápidas y certeras, besos que robaran hasta el aliento, la cordura y la razón. Haciendo que, sin pretenderlo, sin esperarlo y sin planearlo, el vampiro cayera en su mayor perdición, encontrando su mayor debilidad y en un futuro, tal vez, su mayor tesoro.
* * * Fin del Recuerdo * * *
De vuelta en el presente, la dueña del Velvet Destiny continuó moviéndose al ritmo de aquella canción mientras sonaba, recorriendo la tarima de tablones de madera que componía el suelo detrás de la barra de bar, para llegar a uno y otro extremo de la misma mientras hacía su trabajo, sin saberse vigilada por alguien que, tras tantos años y recuerdos que no parecían compartir, aún velaba por ella, solo que entonces lo hacía desde el más absoluto secreto. Y, precisamente, esa persona era la última de quien Nicole lo esperaría en sus actuales circunstancias.
[Fragmento editado de rol entre @Diaries_Derek y @DiariesNicole.]



