¿Quieres saber qué más he recordado? Que sigo enamorada de ti.
Nicole Holloway

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¿Quieres saber qué más he recordado? Que sigo enamorada de ti.
Nicole Holloway
Quiero recuperarte, Nicole...
Derek Adams
Recuerdo (VI): La clave
Los últimos días habían transcurrido de forma un tanto lúgubre, a raíz de una de las visiones de Nicole. La clarividente había visto un breve retazo de un futuro al que no sabían cómo enfrentarse, ni cuándo iba a suceder.
Recuerdo (V)
La figura de Derek se encontraba bastante disimulada entre las sombras y la penumbra que la ciudad y la noche le obsequiaban. Sin embargo, eso no significaba que no siguiera allí, como cada día, como cada noche. Como cada segundo que llevaba aquella mujer en Nueva Orleans, y él siendo su sombra allá a donde estuviera, allá a donde fuera, siendo su ángel de la guarda o, tal vez, su perdición, como solía definirse él en aquel "asunto", pero peores perdiciones caminaban a dos y a cuatro patas por la ciudad, siendo posibles amenazas que él no dudaría en erradicar.
Recuerdo (IV)
Como de costumbre, Nicole se encontraba en el Velvet Destiny sirviendo copas, limpiando mesas, conversando animadamente de vez en cuando con sus clientes más frecuentes y, en general, disfrutando de su jornada laboral sin tener en cuenta el cansancio y las horas que llevaba allí de pie. No hacía falta ser muy observador para darse cuenta que aquel ambiente distendido y ameno la agradaba, estando completamente satisfecha en días como ese (sin rastro de problemas ni movidas en su bar) de lo que había conseguido en Nueva Orleans, pese a los inconvenientes sobrenaturales que presentaba la ciudad. La música, como siempre, sonaba de fondo para animar el ambiente y, justamente, saltó una canción con ritmos latinos que a la morena le gustaba mucho, así que se acercó al equipo de música para subir un poco el volumen, moviendo sutilmente su cuerpo al son de las notas que salían de los altavoces.
«What we wish upon the future is very often the image of some lost, imagined past»
Recuerdo (III)
Ese día, Derek ni siquiera había pasado por el Velvet Destiny, la verdad es que llevaba varios días sin ir y estaba perdiendo la costumbre, sin saber aún el motivo de ello. Tal vez fueran todos los asuntos que le acontecían, que le tenían ocupado o… ¿Preocupado, quizás?
¿Por qué separar esta vida y la siguiente, si una proviene de la anterior?
«The past, always lurks. The present, always hanker and the future, always tremble by uncertainty»
Recuerdo (II)
Desde la apertura del bar, había tenido muy pocos percances con respecto a aquella situación, tan pocos que podían contarse con los dedos de una mano, lo cual era de agradecer para ella. Sin embargo, parecía que la noche tenía intención de torcerse cuando un par de hombres elevaron sus voces más de lo normal, volviendo la discusión que mantenían considerablemente acalorada. Nicole al darse cuenta se apresuró en dirigirse hacia ellos y poner orden. Ambos se habían puesto en pie dispuestos a enzarzarse a golpes. Antes de que el primer hombre pudiera golpear al otro la mujer lo interceptó, desviando el derechazo con una sencilla llave que aprendió hace años.
Tras esto, se bastó de las palabras para poner de patitas en la calle a aquellos dos tipos que, un tanto avergonzados por la situación y porque el resto de personas estuvieran pendientes de lo que hacían, abandonaron el Velvet Destiny por su propio pie.
Ese era uno de esos días en los que el vampiro prefirió andar por las sombras, cual espectro y sin mezclarse con nadie. Ni siquiera entró en el Velvet Destiny aquella noche, sin embargo eso no significaba que no andara cerca. Para ser exactos, en el tejado del edificio de enfrente, sentado en el borde de la azotea y con la vista puesta en el gran ventanal que el local tenía. ¿Qué hacía allí? Solo él lo sabía y nadie más.
Su figura se hallaba tranquila pero al acecho, «por lo que pudiera pasar», sin embargo había tantas probabilidades y significados para aquella situación que no se sabía exactamente qué esperaba el vampiro. Observó desde la lejanía la pelea de ambos mequetrefes y cómo Nicole se deshizo de ellos sin apuro alguno, por eso no intervino. No obstante, le vino a la mente un recuerdo de años atrás. Bastante tiempo atrás y cuando hizo no más de un mes desde que Derek encontró a la joven bruja.
* * * Recuerdo * * *
La joven Nicole del pasado llevaba pegada a Derek desde que el vampiro le salvó la vida hacía apenas cosa de un mes. Allí dónde iba él, iba ella como un patito siguiendo a la mamá. No tenía a nadie a más, y además le resultaba divertido sacarle de quicio con más frecuencia de la que él le gustaría. Las comparaciones con los vampiros de novela y/o películas solían funcionar a la perfección para esa tarea. No obstante, una tarde en que la muchacha se encontraba sola y aburrida se decidió a salir y dar una vuelta. No pretendía volver tarde pero sin darse cuenta el tiempo pasó volando y se encontró caminando sola, habiendo caído ya la oscuridad de la noche.
El vampiro se encontraba fuera haciendo sus cosas, asuntos en los que no inmiscuía a esa bruja que últimamente llevaba pegada al culo prácticamente las veinticuatro horas, y sin callarse ni un momento para más penuria. Sin embargo ese día al parecer se estaba comportando, hasta que llegó la madrugada y Derek volvió al motel donde dormirían esa noche. Al no verla, frunció el ceño y volvió a salir a la calle, con un cabreo de aúpa.
—¿Cuantas veces le he dicho que no saliera? ¡Mocosa! —Exclamó el vampiro retirándose el cigarro de los labios, buscándola concienzudamente y podría decirse que algo «¿Preocupado?» no, podía ser cualquier cosa menos eso.— ¡MOCOSA! ¡NICOLE! —O puede que tras un mes dándole el coñazo se hubiera acostumbrado a tenerla correteando cerca, quién sabe…
Caminaba apurada en dirección al motel escogido esa noche donde se suponía que tenía que estar ya descansando la chica. Desde aquel susto cuando Derek apareció en modo "ángel buenorro salvador", Nicole siempre estaba algo más inquieta de lo normal al caer la noche, por si aquello se repetía. Para colmo, no tenía ni idea de dónde estaba el vampiro esa vez. Por ese motivo iba tarareando una canción, y así tranquilizarse mientras recorría el resto del camino.
—Tsk —Replicó, terminando por tirar el cigarro a suelo una vez se le hubo consumido sin darse cuenta, pisándolo para apagarlo antes de seguir buscando entre las callejuelas, intentando de algún modo buscar su rastro mediante el olfato y preparándose a la vez la bronca que le iba a caer, enfadándose más a cada momento.— ¿Acaso esta chica es idiota o qué? ¡NI-CO-LE! —Exclamó la última vez, torciendo a la izquierda y encontrándosela casi de bruces.
La morena giró la esquina y casi chocó con alguien que no reconoció en un primer momento, hasta que asimiló que aquel grito era su nombre. Después de trastabillar hacia atrás, levantó la vista para encontrarse con un Derek furibundo. Intentó poner su mejor cara de niña buena.
—¿Qué? Ya iba para el motel... Como puedes comprobar. —Dijo, pues solo tenía que torcer aquella esquina.
El vampiro no dijo nada, simplemente la sujetó del brazo con fuerza e hizo que avanzara a paso ligero, casi a su ritmo, de vuelta al motel. Estaba bastante cabreado pero no iba a ponerse a chillar en mitad de la calle (Aunque ya lo había hecho), así que no medió palabra hasta que llegaron al mismo, soltándola de forma brusca en el interior de la habitación doble que por desgracia les había tocado compartir.
—¿Te crees que soy tu niñera, acaso? ¿Te crees que no tengo nada mejor que hacer que patearme la puñetera ciudad buscándote? —Exclamó ahora sí, con bastante recelo y con un mosqueo considerable, por no decir más.— ¿Me escuchas cuando te hablo o sigues creyendo que vives en un cuento de hadas, mocosa? ¡Sabes lo que hay ahí fuera, y tienes el nervio de salir sola! ¿Tienes ganas de morirte de nuevo o qué? —Recriminó, cruzándose de brazos mientras alzaba la voz. Cualquiera que estuviera afuera podría creer que era un padre o hermano regañando a la menor, pero si por él fuera se desharía de ella en seguida. Y en verdad podría hacerlo, coger el petate y largarse, sin embargo, no lo hizo.
—¡Aaauch...! —Nicole se quejó cuando la agarró del brazo de aquella manera tan brusca y empezó a tirar de ella para que reanudara el camino, bastante más rápido de lo que ya iba antes. Siendo prácticamente arrastrada por Derek, se esforzaba en disminuir en lo posible los tropiezos con sus propios pies. Cuando llegaron al lugar y ya en el interior de la habitación, la chica se frotó el brazo, pensando que al día siguiente seguramente le saldría algún cardenal, aunque fuera leve. Era la primera vez que lo veía tan cabreado con ella, y además pensaba que estaba siendo bastante exagerado con la situación. Solo había salido a dar una vuelta y ni siquiera se había alejado de la zona donde estaba el motel.— ¿Te andas quejando día y noche de la enooooorme carga que te resulto y ahora me vienes con estas? Pues chico, no hay quien te entienda. Y ya soy mayorcita para salir si me da la gana a dar un paseo. Cualquiera dirá que me he ido al quinto pino yo sola... ¿Esperas que me quede encerrada aquí mientras tú te vas por ahí solo, o qué? ¡Si tanto te molesto pues te largas, que parece que lo estás deseando siempre! —Dio media vuelta, entre avergonzada, desconcertada y enfadada, para encerrarse en el diminuto cuarto de baño, pegando un buen portazo.— ¡Ea, ya tienes la excusa! ¡Adiós muy buenas!
—¡Mira niña, las normas están para cumplirlas! —La señaló con uno de los dedos en pose acusatoria, alzando más la voz para hacerse oír sobre la de ella.— Si te digo que no sales, no sales. Y créeme, en comparación con lo que te puedes topar yo estoy siendo incluso amable. —Arqueó una ceja ante sus acusaciones, las cuales dichas por su boca le parecían más bipolares e inestables que otra cosa, pero lo que le sorprendió fue que se encerrara en el baño como si la culpa fuera de él, y no de ella. «¿Pero esa criaja de qué va?» pensó para sí. Gruñendo con bastante molestia e intensificando así su enfado, Derek dio una patada a la pata de la cama, partiéndola, obviamente, haciendo que el suelo se llenase de unas cuantas astillas.— ¡Pues que te den, niña! ¡A ver cuánto duras viva sin mí! —Y dispuesto a irse, se acercó hasta su propia mochila, se la echó al hombro y salió dando un portazo mucho más fuerte que el de ella, sacando de su sitio las bisagras (Más bruto, y no nace).
Nicole frunció los labios, completamente enfadada y con el pulso desbocado por la situación. Se sentó sobre la tapa de la taza del cuarto de baño, sobresaltándose al oír el portazo que pegó el vampiro al salir. Suponía que había recogido sus cosas y aceptado la "invitación" a irse y deshacerse de ella. Esperó unos segundos, en silencio, y estando segura de que había quedado sola se puso en pie y salió a la habitación para corroborar lo que ya sabía. Que se había vuelto a quedar más sola que la una, con una mano delante y otra detrás. El enfado, claro, fue sustituido por una enorme sensación de soledad y angustia por verse sin nadie, así que las lágrimas agolpadas en sus ojos comenzaron a rodar mejillas abajo. Sollozó mientras se limpiaba con el borde de la manga del jersey, que había estirado con los dedos fuera de la chaqueta.
Puede que estuviera muy cabreado, y con ganas de matar a alguien (Literalmente) pero no estaba sordo, y cuando estaba recorriendo el pasillo para salir al exterior, varios sollozos le llegaron a los oídos, haciéndole fruncir el ceño nada más oírlos, y sin percatarse, le hizo detenerse y ladear el rostro.
—¿A qué coño se pone a llorar ahora? —Preguntó al aire, como si se estuviera preguntando a sí mismo, sin entender para nada el comportamiento que estaba teniendo la joven. «Primero se va a su aire en plan "esto es jauja", luego me recrimina "no se qué”, me grita, se encierra en el baño y luego se pone a llorar inexplicablemente», pensó Derek, cuando el cabreado ahí era él. Inspirando profundo, muy, muy profundamente para no volver a golpear algo, volvió sobre sus pasos.— Que alguien me explique porqué soy tan gilipollas. —Entonces sí que se lo dijo a sí mismo, sin saber muy bien porqué volvía a esa condenada habitación, apoyándose en el quicio de la puerta a escuchar.
La joven Nicole trató de calmarse y poner orden a sus pensamientos. Ya había pasado una temporada en la calle y más o menos se las había apañado sola de aquí para allá. Tal vez podría volver a acostumbrarse y salir del paso. La pega era volver a encontrarse en una situación como en la que Derek la vio por primera vez, y no solo eso, se había acostumbrado a la presencia del vampiro, que le resultaba tan tranquilizadora. Además, tampoco podía negarse que durante aquel mes y poco de convivencia le había cogido no solo confianza, también cariño. Se limpió las mejillas y se encaminó a la puerta en disposición de salir tras él, aunque no esperaba encontrarle ya. La chica pensó que en realidad se habría esfumado con su super-velocidad vampírica bien lejos. Por ese motivo le sorprendió que al abrir la puerta estuviese ahí parado. Le tembló el labio y se decantó en esconder ese gesto abrazándose con fuerza a él.
Derek iba a irse en cuanto escuchó que había dejado de llorar y que recogía, pero justamente cuando se movió para erguirse y separarse de la puerta, vio a la bruja salir del interior de la habitación, con los ojos vidriosos y rojos de haber llorado. Incluso pudo ser testigo de como tuvo el amago de volver a llorar, pero lo disimuló abalanzándose sobre él, lo que le hizo soltar un bufido y hacer una mueca de disconformidad. No le gustaban esos gestos de afecto, pues nunca los había experimentado, y mucho menos sabía qué debía hacer en esos casos, así que soltando un resoplido le dio un par de palmadas en el hombro.
—O dejas de llorar o me voy, tú verás lo que haces. —Le advirtió para que dejase ya el drama y se comportase, porque se estaba sintiendo incómodo por momentos.
La joven bruja sorbió los mocos antes de separarse y soltarle, intentando aparentar que ya era una mujer y no estaba llorando. Para nada. Aunque más bien era un "proyecto de". Parpadeó varias veces con rapidez para despejar la vista empañada antes de hablar, haciéndose la digna.
—¡Que no estoy llorando! —Después de la protesta hizo una pausa breve, no sabía qué decir exactamente pero se sentía bien al ver que no se había marchado.— Te has cargado la pata de la cama. —Se hizo a un lado para que lo viera, aunque en realidad esperaba que pasara al interior y cerrara la puerta tras de sí, quedándose con ella.
Volvió a inspirar cuando la pequeña bruja por fin se separó de él, puede que fuera arisco en ese aspecto pero prefería que se comportara, y guardara la compostura.
—No, claro que no. —Se burló, dibujando una delgada sonrisa al ver cómo intentaba aparentarlo de esa forma tan pobre. Al apartarse, ladeó el rostro hacia el interior de la habitación, mirando la pata de la cama, sin inmutarse siquiera, no era más que un mueble.— Y la puerta. —Señaló la misma con un gesto de la cabeza, se podían ver varias bisagras fuera de su lugar, sin embargo no se movió del sitio, ni tenía pretensiones.
—¿Piensas quedarte ahí plantado o qué? A este paso amanece y te chamuscas... —Dijo, al ver que se quedaba en la puerta. Si no hubiera comentado él que la puerta también estaba rota, las bisagras a medio descolgar más bien, Nicole se hubiese apoyado en la misma. Se limitó a cruzarse de brazos y esperar a que hiciera o dijera algo más.
Derek resopló, negando con el rostro con cierta resignación, pasando por al lado de ella pero poniéndole la mano en toda la cara a propósito, a sabiendas de que la iba a molestar, aunque podría tomarse por un gesto curioso e irónicamente "cariñoso" o de "cierto afecto". Tras eso, entró de nuevo en la habitación, dejándose caer en la cama que había salido sana y salva de la furia momentánea del vampiro con anterioridad.
—Quiero dejar claro que no habrá próxima vez, mocosa. A la siguiente vez que salgas a la aventura de noche, cuando vuelvas yo ya no estaré, quedas avisada.
—¡Aaarrgh! ¡Quita! —Con ambas manos aferró su muñeca para que dejara de taparle la cara al pasar por su lado, entrando de nuevo en la habitación. Pero fue lista, y aprovechó para sonreír mientras justamente la mano del vampiro ocultaba su semblante. Lo siguió con la mirada entretanto cerraba la puerta, para encaminarse luego a la cama, pues era la única que había en la habitación, y por fortuna era grande. Se tiró, literalmente, sobre el colchón, haciendo rebotar levemente los muelles, y luego se quitó los botines y los lanzó por ahí en el suelo. Quiso replicar a sus palabras, pero sabía que era mejor mantener la boca calladita, al menos por una vez, y asintió a regañadientes.— Oído cocina...
—Bien... —Cruzó los brazos tras la nuca, con la vista al techo, pensativo. Obviamente no podía estar encima de ella ahora que lo pensaba en frío y detenidamente. Y tampoco iba a estar con ella toda la vida, pues aquella "alianza" era temporal, y el vampiro en cualquier momento tiraría por su lado, porque así sus intereses lo necesitaran, porque algo fuera mal o simplemente por elección propia.— Nicole, ¿Qué sabes de defensa personal? —Preguntó de repente, a sabiendas de que no venía a cuento, y que probablemente la adolescente no supiera más que dar patadas o puños al aire sin control alguno.
—¡Eeeecha para allá, no te acomodes toda la cama para ti! —Trató de empujarle con los brazos y acomodarse ella misma en su lado, quedando también boca-arriba.— ¿Eh...? ¿Defensa personal? —La pregunta le extrañó un poco, si aquella vez cuando la encontró tuvo que salvarle el culo, podía deducirse que no sabía nada. ¿Morder y arañar contaba? Suponía que no... Y su magia... bueno, no sabía controlarla bien todavía y el vampiro no podía ayudarla con eso.— Uhmm... Supongo que no mucho... ¿Por?
El vampiro se echó a un lado cuando Nicole le empujó, pero no porque ella tuviera la fuerza suficiente, sino para no oírla; pues a la bruja al usar aquel tono de voz, le salía una vocecilla muy aguda que al vampiro le crispaba los nervios. Aunque poco duró tumbado. A los pocos segundos de obtener su respuesta se levantó, poniéndose en pie.
—Ahueca el culo, vamos. —Le instó con un gesto de la mano a que se levantara, con cierta insistencia.— Venga.
—¿Para qué...? —Se quejó, ya había conseguido una postura de lo más cómoda y no le apetecía levantarse e ir por ahí.— Te prometo que no me voy a mover de aquí mientras estés fuera. Si ya me voy a dormir... Tú vete a cenar tranquilo, o lo que sea... —Le señaló la puerta con un gesto vago de la mano y se removió a gustito en la cama con pretensiones de cerrar los ojos y descansar.
—He dicho que arriba. —Al final terminó tirando de ella, cogiéndola del tobillo para deslizarla por la cama y obligarla así a que pusiera el otro pie en el suelo si no quería caerse de bruces.— Quiero enseñarte unas cosas. Y como no te levantes, serás tú mi cena, no te lo diré dos veces. —Musitó con tono imperativo y que no aceptaba un "no" por respuesta, aunque la joven bruja siempre se saltara sus advertencias a la torera, para variar— ¡Vamos! ¿Te pesa el culo?
Cuando la arrastró del tobillo, Nicole soltó un agudo y corto alarido, obligada a poner el otro pie en el suelo para que le sirviera de apoyo hasta que pudo ponerse en pie.
—Vaya maneras tienes tú de levantar a la gente... —Remugó negando con la cabeza levemente. Se giró para mirarse el trasero, sopesando unos segundos el tamaño.—¡Deja mi culo en paz! ¿Se puede saber qué me quieres enseñar que no puede esperar a mañana?
—Si cada vez que gritases con ese pito que tienes me dieran un dólar, sería millonario. —Protestó, soltándola y cruzándose de brazos viendo cómo se levantaba, observando luego el reloj ante sus protestas. El vampiro seguía sin acostumbrarse a que hacían vida diferente, que cuando ella dormía, él no, y viceversa; aunque él no era de echarse mucho a "dormir" que se dijera.— Bah, déjalo. Duérmete de una vez y mañana ya hablamos. —Decidió dejarlo para el día siguiente, aprovechando que no podía salir durante el día y que la joven al estar más descansada, protestaría menos y le prestaría más atención. Se apoyó entonces en una de las paredes, dispuesto a quedarse así hasta que la susodicha cayera profundamente dormida. Luego se escaparía un rato para alimentarse, antes de volver y pasar el resto de la noche rondando por la habitación.
—Arrrrgh... —Ella levantó ambas manos, gesticulando con los dedos haciendo de garra como si quisiera retorcerle el pescuezo en el aire.— ¡Para eso me haces levantarme! ¡Yo te mato! —Volvió a dejarse caer sobre la cama e intentar buscar la postura que tenía antes, sin lograr encontrarla con la misma exactitud.— ¡Apaga! —Solicitó, refiriéndose a la luz para poder dormirse tranquila, sabiendo que cuando lo hiciera el vampiro seguramente haría alguna de sus escapaditas como en noches anteriores había hecho. Cerró los ojos y suspiró, esperando encontrar el sueño pronto, pero antes de hacerlo, tuvo algo más que decir aquella noche. Apenas fue un susurro, pero él iba a escucharlo perfectamente.— ... Gracias por quedarte y no dejarme sola... Buenas noches.
—Deja de gritar ya como una descosida. —Replicó Derek en cuanto le chilló, acercándose al interruptor para apagar la luz y así salir al pasillo, del que no iba a moverse en toda la noche. ¿Medidas preventivas? Podía ser. Justo cuando salía escuchó sus últimas palabras, lo que le hizo detenerse y mirarla unos segundos de soslayo. No dijo nada al respecto, al menos por el momento, pero terminó sentenciando la conversación con un «Descansa» simple y escueto. Salió al exterior y pasó allí lo que restaba de noche, volviendo a entrar ya inevitablemente al alba, protegiéndose del sol bajando las persianas hasta la mitad, lo suficiente para mantener la estancia semi iluminada, pero que no le afectara el sol.
La joven Nicole no tardó mucho en despertar cuando el vampiro hizo ruido con las persianas y las cortinas para que el sol no incidiera directamente en la habitación. La muchacha farfulló algo para quejarse, pese a que no se le entendió un pimiento, mientras rodaba por la cama con la intención de darse la vuelta y seguir durmiendo a pierna suelta. La chica era un nervio incluso estando dormida, y durante la noche croqueteaba y pateaba entre las sábanas. Mucha suerte tuvo de que la cama, con una de las patas astillada y prácticamente rota por culpa de Derek y su enfado, aguantara aquel traqueteo y su peso. Suerte, que se terminó esa mañana al moverse, cuando la pata hizo "CRACK" y la cama hizo "PLUM", quedando totalmente desnivelada. Aquello obviamente despertó a Nicole de golpe, que se incorporó del susto ahogando un grito.
El vampiro la observaba sin entender cómo era capaz de moverse tanto, y de ser un torbellino hasta dormida. Pero no duró mucho buscando una respuesta, pues al escuchar el "crack" y al vislumbrar la escena de la cama desnivelándose haciendo que la joven bruja, prácticamente, rodase a uno de los lados con riesgo a precipitarse contra el suelo si no se despertaba y le ponía remedio, le hizo reírse a carcajada limpia sin poder evitarlo. La cara de espanto de Nicole, sumado a aquellos pelos matutinos con los que se había levantado, eran la mejor escena cómica que Derek había visto en años, sin contar ese grito ahogado como si se acabase el mundo. Todo aquello le hizo reírse largo y tendido un buen rato.
La muchacha se calmó enseguida al mantener el equilibrio, incorporada en la cama desnivelada. Arrugó el ceño y frunció los labios en un mohín, ofendida porque el vampiro estallara en una carcajada. Cogió el almohadón que no había rodado al suelo y se lo lanzó a Derek.
—¡No tiene gracia so cenutrio! —Exclamó, pensando que él había tenido algo que ver con que la pata se hubiese terminado de partir en ese momento. Se le empezaba a contagiar la risa y cuando no pudo contenerla se abalanzó fuera de las sábanas para coger el almohadón del suelo e iniciar una guerra de almohadas, dando rienda suelta a la niña que aún llevaba en el interior.
Obviamente Derek esquivó la almohada con un simple giro del brazo, devolviéndola a su origen, cayendo al lado de la cama y de la joven bruja, la cual le miraba ofuscada por su risa, pero es que la escena había sido demasiado cómica como para no deleitarse con ella. Viendo sus intenciones, se acercó a una velocidad alarmante y la sujetó de la muñeca para que no le volviera a dar con la almohada, o que lo intentara mejor dicho.
—¿En serio crees tener puntería como para darme? —No sonaba amenazante ni mucho menos, ni era una advertencia. Solo estaba destilando su soberbia con una amplia sonrisa en el rostro, queriendo así darle continuidad a la escena cómica que se había desarrollado. Naturalmente, él hacía décadas que había dejado de ser un niño, pero eso no era motivo para saber que aunque fuera mínimamente, se estuviera divirtiendo un tanto con la misma, otra cosa es que fuera a reconocerlo abiertamente.
Pese a que llevaba algo más de un mes pegada día y noche a Derek, todavía no se acostumbraba del todo a aquellos movimientos tan rápidos propios de un vampiro, en los que apenas podía seguirle con la mirada. Cuando la cogió de la muñeca tardó un par de segundos en asimilar qué había sucedido y luego se relajó otra vez, volviendo la cara para mirarle y reparando entonces en aquella altanería tan característica de él. Sujetó con fuerza el almohadón que tenía entre los dedos y cuando tuvo la ocasión, o mejor dicho, Derek se la concedió, intentó por todos los medios golpearle con él. Obviamente no lo consiguió, no tenía la menor oportunidad si Derek usaba su velocidad vampírica, pero aún y así Nicole se lo estaba pasando en grande correteando por toda la habitación, saltando por encima de la cama y sorteando el resto de muebles, almohada en mano mientras le perseguía. Cuando le tenía cerca intentaba darle un cojinazo, pero siempre la esquivaba sin dificultad y era ella quien se llevaba el golpe de almohada. Tras un buen rato se dio por vencida, jadeando por el esfuerzo.
—¡No es justo! Tú eres mucho más rápido... Y haces todas esas cosas... —Gesticuló con las manos, refiriéndose a las llaves y movimientos que había usado Derek para deshacerse de ella y volverle en contra sus oportunidades de golpearle.
Derek esquivó todos y cada uno de los golpes, devolviéndoselos pero sin desmesurada fuerza, por supuesto, o de lo contrario la chica podría salir herida y no le apetecía estar escuchando sus reproches luego. Una vez Nicole se hubo cansado de perder el tiempo, el vampiro volvió a reírse a carcajadas, sentándose en una silla de la estancia con ambos brazos cruzados.
—De eso quería hablarte anoche, precisamente. De los vampiros. —Concretó él, esperando que la joven pusiera atención a lo que pretendía explicarle.
Nicole soltó el almohadón sobre la cama, que como seguía desnivelada por la pata rota lo hizo rodar al suelo. La joven rebuscó en el interior de su mochila, entre sus pocas pertenencias, para sacar el cepillo de dientes y la pasta. Se metió en el cuarto de baño pero no se molestó en cerrar la puerta para poder escuchar lo que decía el vampiro.
—¿Dfe fos fpfamvfiros? —Preguntó con la boca llena de pasta de dientes y moviendo con energía el cepillo para limpiarlos. Luego escupió en el lavabo, abrió el grifo y se enjuagó bien.— ¿Qué más tengo que saber? —Preguntó, secándose la boca con el dorso de la mano y girándose para mirarle desde allí.
Él la siguió con la mirada sin inmutarse, esperando a que terminara lo que tuviera que hacer para seguir hablando. Aunque no entendió porqué había ido a lavarse los dientes si ni siquiera había desayunado, pero no dijo nada al respecto y solo esperó. Una vez hubo terminado y la muchacha había salido, ladeó el rostro hacia ella.
—¿Qué harías si de noche te encuentras con un vampiro? —Cuestionó, queriendo saber qué respuesta le daría, para así saber por dónde seguir a continuación. Aunque conociéndola, se esperaba que le soltara alguna absurdez como el típico Spray de Pimienta, o la patada en la entrepierna; cosas que para un hombre normal podían valer, pero a un vampiro era como hacerle cosquillas, sinceramente.
Una vez tenía ya el aliento fresco después de haberse cepillado los dientes, desayunara o no, comenzó a pasarse los dedos por el cabello despeinado durante la noche. Al llevarlo corto, le era más fácil la tarea, lo más complicado era poner el flequillo en su sitio, como a ella le gustaba. Mientras se dedicaba a peinarse, se apoyó en el quicio de la puerta del cuarto de baño, para continuar la conversación. Intentó imaginarse la escena: de noche, ella sola por alguna calle de mala muerte, un vampiro salido de la nada con intención de chuparle hasta la última gota de sangre. No le costó mucho imaginar también el resultado: Al espíritu de Nicole le salían unas alitas preciosas en la espalda y de lo más útiles para subir al cielo.
—Supongo que intentaría dejarlo K.O. con magia y salir por patas...
—Ya veo... —Tuvo que contenerse para no hacer un “FacePalm” en toda regla. Inspirando profundo se frotó el puente de la nariz con los dedos mientras se levantaba. En el ámbito de los poderes de la muchacha, Derek no podía hacer nada pero en defensa personal tal vez sí.— Contando con que le aciertes, lo cual pongo en duda... Los vampiros somos muy rápidos como has podido comprobar. Y he de decirte que antes estaba yendo incluso lento en comparación con los demás. —Fue tanteando el terreno que quería abarcar esperando que ella captase la idea de donde iban los tiros, volviendo a mirarla esa vez con el semblante acorde con la seriedad de la situación.— ¿Me sigues?
—Antes no utilicé la magia, listillo. —Protestó la joven, buscando donde sentarse y descartando la cama desnivelada. De todas maneras todavía no controlaba su don cuando le venía en gana, normalmente se daba cuando se encontraba en peligro. Lo único que sabía con seguridad es que era afín al elemento aire, ya que siempre que usaba magia el viento tenía que ver. Si lograra controlarlo seguramente podría defenderse muy bien, por muy rápido que fuera el vampiro, pero hasta entonces... Arqueó una ceja y respondió afirmativamente, aunque era más por no parecer una estúpida que porque supiera al cien por cien a donde quería llegar Derek.— Ehmms... ¿Sí?
—Por mucho que uses o no la magia, probablemente para la mayoría de los casos no servirá. —Pese a que llevaba un mes con la joven bruja, no había visto todavía los poderes de la misma más que una vez, y tampoco es que quisiera indagar mucho en aquel ámbito, pues mientras no los usara contra él, le era indiferente lo que ella supiera o no hacer, o lo que pudiera llegar a ser capaz de hacer. Caminaba a su lado, o mejor dicho, alrededor de ella, como un buitre que acecha a su presa, pero más bien solo estaba observándola, analizando sus facciones, entendiendo que ella no sabía de lo que él intentaba hablarle.— A ver… mocosa, yo no voy a estar contigo toda la vida. —Comentó, dando a entender de ese modo que podía llegar el día en el que él, por lo que fuese, se fuera por su propio lado, cosa que podía pasar en cualquier momento.— Tendrás que saber defenderte sin que yo esté cerca, y sin tu magia. ¿No te parece?
La joven giraba el rostro a un lado y a otro a medida que el vampiro daba vueltas a su alrededor, perdiéndole de vista únicamente cuando se situaba a su espalda. Puso los ojos en blanco momentáneamente cuando se dirigió a ella como "mocosa", sin embargo no le interrumpió, pues quería llegar al fondo del asunto ya. Tampoco le hizo gracia que le recordara que él no iba a estar siempre con ella. Ya imaginaba que en algún momento sus caminos se separarían, aunque Nicole esperaba que fuese más tarde que temprano. Y aquello también se lo calló, tal vez porque le daba vergüenza admitirlo.
—Hmm... ¿Y pretendes enseñarme tú...? —Se aventuró a preguntar, adivinando una respuesta.—
—Exacto. —Asintió el vampiro, situándose frente a ella una vez hubo captado (¡Por fin!) la idea que él le estaba proponiendo. Y aunque no le leyera la mente, se percató de la mueca de desagrado con el tema, que lo asoció a la vagancia que le debía dar tener que hacerlo, y no a que no le hiciera gracia el separarse en un futuro y tomar caminos diferentes.— Para poder tener una posibilidad con un vampiro, necesitas pensar como uno, saber sus puntos débiles, como actúan en combate, en qué se fijan cuando están peleando… factores que pueden marcar la diferencia. —Fue enumerando con los dedos según iba nombrando, esperando que la joven no se agobiase antes de empezar.
Nicole no tenía ni idea de los puntos débiles que podía tener un vampiro, a parte del sol y de las estacas de madera. Había estado observando a Derek desde que se conocieron y nunca le había conseguido sacar ninguna otra debilidad. Pero aquella especie de instrucción le pareció una gran idea y ya tenía ganas de empezar. En su mente ya empezaba a fantasear pateando culos de vampiros "malos", al estilo Buffy la Cazavampiros, solo que en versión morena.
—Vale, pueeeees... tú dirás. Además del sol y las estacas no sé ninguna otra cosa.
—Bueno… hay más cosas, la verbena por ejemplo.—Mencionó Derek aquel endemoniado hierbajo, el cual por suerte no había sufrido personalmente pero si había visto sus efectos y sabía cómo funcionaba.— Luego tienes que tener en cuenta que ningún vampiro es noble, ergo… —En un rápido y fugaz movimiento se colocó tras la bruja, llevando una de las manos a su mentón y alzándolo para estirarle el cuello, susurrándole al oído.— No atacamos nunca de frente. —Concluyó la primera lección, dando unos segundos a la joven para que la comprendiera antes de soltarla, y viera por donde iban los tiros, sonriendo por el posible susto que se había debido llevar por aquello.— Tienes que anticiparte a sus movimientos.
La Nicole adolescente apuntó en su memoria aquel dato sobre la hierba, nunca había oído hablar hasta el momento pero de seguro que le podría sacar partido de ahí en adelante. Se sobresaltó, ahogando un grito, cuando el vampiro se colocó a su espalda, de manera tan veloz, y la sujetó del mentón, obligándola así a estirar el cuello. Tragó saliva lentamente antes de que la soltara. En ese momento no sabía qué hacer para defenderse, sin duda era una postura muy vulnerable para ella y si lograban cogerla de esa forma podría darse por muerta.
—¿Y cómo se supone que voy a hacer eso? No tengo ninguna posibilidad... —Dijo, resignándose incluso antes de haber empezado la instrucción. Además, le estaba dando vueltas a algo desde que Derek lo había mencionado: ningún vampiro era noble. Bueno, quizá noble no era la palabra, pero Nicole tampoco le consideraba a él vil y ruin como podían ser otros, al fin y al cabo la estaba ayudando.
—Anticípate. Un vampiro no se va a molestar en dar el 100% de sí mismo con una humana, somos arrogantes y engreídos, brujita. Tirará a lo fácil, finta y colocarse a tu espalda, simplemente tienes que estar pendiente de sus gestos. Estos te dirán cuándo va a moverse. Solo tienes que darte la vuelta en el momento oportuno para golpearle. Así ganarás tiempo confundiéndole para atacarle con tus poderes. O apuñalarle con algo compuesto de madera. —Explicó detalladamente realizando él mismo los gestos con el cuerpo. Concluyó la explicación deteniendo su dedo en su propio pecho, donde se suponía que poseía el corazón que hacía décadas que dejó de latir de forma natural.
La chica escuchaba atentamente cada palabra que salía de boca del vampiro, imaginando la situación en su propia mente, pero esa vez de manera más real y menos fantasiosa que antes. Derek lo hacía sonar como si fuera lo más sencillo del mundo pero no era tan necia, Nicole sabía perfectamente que aquello, si es que lo lograba, le iba a costar bastante. No obstante, también entendía que si conseguía anticiparse y luego contraatacar con su magia nadie lo esperaría y sería su gran ventaja. Cuando terminó la explicación ella se agachó al lado de la cama, desnivelada todavía, para recoger un pedazo de astilla de la pata que se había roto, que el vampiro había roto más bien. Se adelantó un par de pasos para ganar espacio y poder moverse libremente, practicando el giro lentamente unas cuantas veces, estaca improvisada en mano.
—¿Así? —Preguntó, mirando hacia él. Obviamente lo hacía bastante torpe, puesto que ni siquiera colocaba bien los pies.
Él alzó una ceja mientras la veía practicar dicho movimiento, con la mano en el mentón y negando con la cabeza, observando que ni siquiera movía los pies, solamente el torso, como si fuera una estatua que no tenía más movilidad de la requerida.
—Eh... una pregunta, ¿Eres un clip de Playmobil? —Cuestionó con mofa en la voz, agachándose para agarrarla del tobillo y hacer que lo retrocediera hacia atrás, pudiendo girar entonces más con la cintura y poder efectuar el movimiento con mayor facilidad, y aguantar así el equilibrio, además de que iba con más fuerza.— Cuando vayas a girar retrocede el pie del mismo lado con el que vayas a efectuar el golpe, abarcarás más espacio de impacto y éste irá con más fuerza.
—¿Un clip de qué...? —Sabía que se estaba burlando de ella pero no sabía a qué hacía referencia, pues en su infancia no había jugado con esa clase de juguetes. De su infancia recordaba el Tamagotchi y en ese momento pensó que seguramente Derek la viera a ella como uno de esos, solo que de carne y hueso. "Qué triste..." pensó para sí, haciendo una mueca rara que probablemente el vampiro si la miraba no entendería a cuento de qué. Dejó sus cavilaciones atrás para bajar la vista y atender a cómo debía moverse para perfeccionar el movimiento. Permitió que él le moviera y acompañara el deslizamiento del pie, mientras ella giraba con el resto del cuerpo para practicar, con la madera de la pata en alto y clavándola en el aire de forma lenta, sin energía. Volvió a mirar al vampiro, que seguía dándole indicaciones sin siquiera haberse puesto en pie ni mirarla directamente a la cara, por lo que Nicole alzó una ceja y dibujó una sonrisa traviesa mientras estrechaba los párpados. Tenía algo en mente. Durante todo el tiempo que llevaba con él le era casi imposible pillarle desprevenido y con la guardia baja, así que aprovechó ese momento. Sabía que no llegaría muy lejos antes de que él se percatara, pero de todos modos se lanzó a intentar golpearle e iniciar prematuramente la instrucción práctica.
Una vez terminó de posicionarle el tobillo, Derek fue a levantarse cuando sintió que los músculos de Nicole se ponían en tensión; solo que el vampiro lo atribuyó al contacto físico, que estuviera asustada o que a esas alturas de la película aún le pudiera tener algo de miedo. Sin embargo su instinto y su fino oído le hicieron cambiar de parecer en cuestión de segundos, cuando escuchó cómo Nicole se movía para intentar golpearle ahora que estaba "entretenido". Alzando una de las manos sin ni siquiera mirar, la cogió de la muñeca con la que le iba a asestar el golpe, retorciéndosela al erguirse y ponerla de espaldas a él, apoyada en su propio pecho, dejándola inmovilizada. No obstante, y curiosamente, no estaba ofendido por aquello, al contrario, estaba sonriendo ampliamente.
—Muy bien... así es como tienes que pensar. En la lucha la honestidad no te sirve de nada, brujita. Tienes que aprovechar cualquier debilidad por muy ruin que parezca.
Cuando le torció la muñeca tuvo que dejar caer la estaca improvisada al suelo, o al final le acabaría rompiendo los huesos y no le hacía ninguna gracia aquella idea ni el dolor que vendría después. A regañadientes y bufando no le quedó otra que posicionarse como al vampiro le vino en gana, no tenía fuerza suficiente para zafarse, naturalmente. No obstante, las palabras que le dirigió la hicieron sonreír con cierto orgullo y precisamente evitaron que se viniera abajo, todo lo contrario, la alentó a continuar. Al verse forcejeando y vulnerable, su magia comenzó a circular y una leve brisa le revolvió el cabello, cosa que hizo que estirara todavía más su sonrisa. Con la mano libre dejó de intentar deshacerse de la sujeción de Derek para poder guiar su magia contra él. Una ráfaga de viento, creado por la bruja y su afinidad con dicho elemento, cada vez más fuerte, trató de empujar al vampiro y así liberarse y continuar el entrenamiento.
Derek sintió una extraña brisa golpearle el rostro, lo que le hizo imaginarse que la bruja estaba comenzando a usar su As en la manga; cosa que obviamente le agradó en sobremanera, pues demostraba que la chica, pese a todo, no era tonta y era bastante rápida estratégicamente hablando. Sin embargo aquello era algo que no iba a admitir en voz alta, no aún porque le quedaba un largo camino por recorrer y no era conveniente alentarla más de lo debido o se relajaría, y eso era lo que precisamente él no quería. La brisa se acentuó más a cada momento, hasta un nivel que se volvió inaguantable hasta para él, por lo que terminó separándose para soltarla, dando unos cuantos pasos hacia atrás y alzando una de las manos en horizontal, realizando un gesto con los dedos, instándole así con cierta pose burlesca a que contraatacara.
—Demuéstrame que tienes lo que hay que tener... "Mocosa”. —Pese a que no era una pelea de verdad él intentaba desconcentrarla y que diera todo de sí a la vez sin que se cortara un pelo, pues solo así a la larga es como se aprende: Con experiencias reales y no ficticias.
La joven Nicole se concentró todo lo que pudo por hacerle recular y cuando consiguió liberarse giró rápidamente sobre sus propios talones para encararle y no perderle de vista en la medida de lo posible, porque cuando usaba aquella velocidad vampírica los ojos de la chica no estaban capacitados para seguirle. Jadeó levemente por el esfuerzo que había hecho, ya que no estaba acostumbrada a usar su descontrolada magia y consumía sus energías más de lo que a ella le gustaría. Fijó sus ojos marrones en el vampiro y ladeó el rostro cuando le escuchó hablar. "Bienvenidos a Matrix" recitó de manera mental, al ver la postura que tomaba él y la forma en que movía los dedos para invitarla a proseguir y atacarle, ya que le había recordado a uno de los personajes protagonistas de la trilogía de cine y una escena en concreto. Buscó con la mirada la astilla de la pata para volver a tomarla entre sus manos y abalanzarse contra él otra vez, emitiendo una gruñido mezcla de júbilo, diversión y afán de invocar algo más de arrojo.
Aguardó a que la joven bruja atacara, sonriendo con aquella delgada línea socarrona que llevaba dibujada en los labios, hasta que, con estaca en mano, la tuvo delante. Sin embargo esa vez iba a engañarla y no posicionarse detrás, sino que atacó de frente, desviando el brazo de la joven que portaba el arma con un movimiento circular del brazo, para luego posicionar la mano en su pecho mientras enredaba una de las piernas entre las suyas. ¿Conclusión? pequeña bruja al suelo de espaldas, pues lo que le había hecho no era más que una mera zancadilla.
La adolescente se impulsó hacia adelante, ayudándose de la cama desnivelada que en ese momento se situaba entre ambos, pues la habitación no era demasiado grande. Cuando llegó a él estaba preparada para dar el giro e intentar golpearle pero de pronto se vio con la espalda en el suelo e inmovilizada. Se la había jugado, no obstante eso no la enfadó. Estaba aprendiendo más cosas, para poder desenvolverse en situaciones diferentes. Desde allí sabía que no conseguiría vencerle, así que aprovechó que su don había aparecido para continuar haciendo uso del mismo y, otra vez, empujar a Derek con una fuerte corriente de aire para liberarse, ponerse en pie y atacar otra vez.
El vampiro volvió a separarse por aquella impulsiva ráfaga, desplazándose hacia uno de los lados de la bruja. Pretendía enseñarle a luchar desde todos los flancos posibles, a defenderse de todas las probabilidades de ataque que pudiera sufrir, y adquirir la velocidad y agilidad necesaria como para plantar cara y huir victoriosa.
* * *
Volviendo al presente, Derek observaba a la actual bruja mientras ella atendía las mesas de su propio local. Mucho había llovido desde entonces, demasiadas tormentas vividas, y sin embargo... ¿Por qué seguía allí? Ni él mismo lo sabía, o directamente quería saberlo. Simplemente se quedó allí sentado, sobre la azotea, como un fantasma. A la espera de que algo sucediese y requiriese su acto de presencia.
Recuerdo (I)
Al llegar se llevó las manos a la cabeza, literalmente, conmocionada por lo que vio. Las luces estaban encendidas, había cristales por todas partes. Habían reventado la puerta y varias ventanas. Accedió al interior para ver que aquello no estaba mucho mejor, naturalmente. Mesas y sillas volcadas, algunas rotas. Gran parte de la cristalería y las botellas estaban también tiradas por el suelo.
Cuando se acercó a la caja pudo comprobar que se habían llevado el dinero, y al girarse y aproximarse a la caja fuerte, se cercioró que también la habían abierto y robado el contenido, los pocos ahorros que había conseguido de los beneficios del bar desde que lo abrió. Nicole ignoraba que los atacantes habían aprovechado aquella noche en dar rienda suelta a su salvajismo y euforia tras la muerte de Francesca Correa y sus seguidores.
Como cada noche, Derek había salido nada más ponerse el sol para disfrutar de los placeres que esas horas aguardan. Y uno de ellos era el ir al bar de la brujita a la que con tanto ahínco se implicaba en molestar, y en hacer su vida un infierno como si de un juego se tratara. Caminando hacia el Barrio francés se topó a las afueras a un grupo de tres humanos, con muy malas pintas, corriendo como descosidos con una mochila negra en la mano. Frunciendo el ceño ladeó el rostro cuando pasaron por su lado, lo que le hizo sonreír de una forma casi maquiavélica. Sin comerlo ni beberlo, ya tenía la cena servida.
En un imperceptible y fugaz movimiento se posicionó delante de los tres hombres, llevando la mano al cuello de uno y atrayéndolo a sí mismo, para hincarle el diente, literalmente, succionando toda la sangre que quiso y más en menos de dos minutos, dejándolo casi al borde de la muerte sobre el suelo. El frenesí que había sentido le hacía querer más, y repitió el proceso con el segundo, que estaba paralizado frente a él del miedo. Tras dejar a dos moribundos cerca del barrio francés, se apresuró a ir a por el tercero, que echó a correr con la bolsa en la mano. Derek sonrió con sorna, bufando ante la ignorancia de aquel humano. En un abrir y cerrar de ojos, se posicionó frente a él y como a los otros dos, le tomó del cuello. Sin embargo al percatarse de qué llevaba en el interior de la bolsa, frunció el ceño. Demasiado dinero para un humano mediocre de barrio bajo. Lo había robado y el aroma venía directamente del barrio francés.
—¿Te gusta saltarte las normas? Bien… porque a mi también. —Fijó la vista en el hombre, influyendo en su mente gracias a su poder por su condición como vampiro.— Devolverás ese dinero, que no es tuyo. Y olvidarás que me has visto. —Tras eso le soltó con cierto desprecio, odiaba a los ladrones con toda su alma, desde bien joven, y si le dejó con vida fue simplemente por asco hacia su persona.
Nicole estaba al borde de la histeria observando los destrozos del local, aquello era casi peor que el propio robo del dinero que allí guardaba. Se había esforzado tanto durante los últimos meses allí, trabajando casi sin descanso, para que en media noche lo arruinaran todo. En aquel momento, girando sobre sí misma y pasando la vista por el mobiliario hecho pedazos y los cristales y charcos que cubrían el suelo, la morena se sentía más sola y desamparada que nunca.
Caminando hacia el Velvet Destiny, Derek no tardó mucho en percatarse de que algo iba mal. Desde la distancia se dio cuenta que los cristales estaban rotos, y que desde el exterior se podía ver cierto desorden. Frunciendo de nuevo el ceño se acercó hasta la puerta, quedándose en el quicio de ésta, analizando su alrededor y el interior del local.
—¿Qué narices ha pasado? ¿Te ha venido la regla y has arrasado con todo o qué? —Comentó, como siempre, con ese tono de burla en la voz mientras daba un paso al interior pisando los cristales y las astillas de alguna pata rota.
Nicole se giró de inmediato al reconocer la voz, y prácticamente respondió a gritos, solo faltaba aquella presencia esa noche para hacerla estallar.
—¿¡Te parece a ti momento para bromear!? ¿¡No tienes nada mejor que hacer que burlarte de las desgracias de los demás!? ¡Porque me parece muy triste, rastrero y cruel!
El vampiro volvió a posar la mirada en la mujer en cuanto le alzó la voz, de aquella forma tan desmesurada y la que nunca había escuchado ni sido testigo.
—¡EH! ¡EH! ¡Te calmas! Que yo no he sido el que te ha hecho esto. Solo intentaba amenizar el ambiente, ¿Vale? —Levantó una de las manos para que dejara de gritarle de esa forma, nunca antes la ha visto así.— ¿Qué narices ha pasado? ¿Le debes dinero a alguien o qué?
La morena apretó los dientes mientras avanzaba entre los escombros y las pocas mesas que quedaban en pie, hecha una furia. Si normalmente sentía un odio exagerado hacia él, en ese momento se elevó a infinito. Había aparecido en el peor momento, aunque de hecho, para él nunca había uno bueno.
—¿¡Que me calme dices!? ¡Vete a la mierda! ¿Qué voy a deberle dinero yo a alguien? ¡Si no conozco a nadie en esta maldita ciudad!
—¡Qué dejes de gritarme, joder! ¡¿Qué coño te pasa?! —Exclamó él, ya perdiendo la poca paciencia que solía tener, y menos con ella. Sin embargo en ese momento le dieron ganas de hacer un millar de cosas para desahogarse, el problema es que se encontraban en territorio neutral, y eso sería desobedecer una de las normas de la ciudad, y no quería problemas.— ¿Te quieres calmar? Solo era una pregunta, amargada.
—¿¡Pero es que acaso estás ciego!? ¿¡No estás viendo lo que han hecho en mi bar!? —Seguía hecha un basilisco, y no era para menos con lo sucedido.— ¿¡Quieres que me ponga a contar chistes y reírme o qué!? ¡Dios...! —Le temblaba incluso la mano cuando la levantó para apartarse el flequillo, volviendo a mirar los escombros. Por mucho que quiso aguantarse no pudo evitar echarse a llorar.— Lárgate de aquí...
Estuvo a punto de cogerla del cuello y hacer que se calmase por sus propios medios., porque de lo contrario como le volviese a gritar, en ese bar iba a sucederse una tragedia más. Sin embargo cuando posó la mirada en ella, Derek terminó descartando la idea al verla llorar. Cosa que le extrañó en sobremanera, porque tampoco la había visto llorar nunca.
—Llorando no vas a recuperar nada, ni consigues nada. Bueno sí, un fuerte dolor de cabeza, como el que me has provocado tú con los gritos de antes. —Comentó pero, curiosamente, no iba con burla. Su voz se tornó neutra mientras la miraba.
La mujer le dio la espalda, no quería que la viera en aquel estado. Se limpió las mejillas con la manga del jersey, aunque seguía con la respiración algo agitada y sollozaba de vez en cuando cogiendo aire. Bien sabía que no iba a lograr arreglar la situación con lágrimas. Sin embargo, se sentía bastante superada con aquello. Su pequeño atisbo de estabilidad estaba en ese momento hecho pedazos, sin contar que el dinero había desaparecido. No tenía a quien recurrir, ni siquiera para desahogarse, y aquello era casi peor.
—¡Que te vayas de aquí he dicho! ¡Que me dejes en paz! Que no te soporto y no tengo fuerzas ya para aguantarte ahora.
El vampiro directamente se dedicó a ignorarla, hasta que no bajase aquel tono que se gastaba ese día con él. Ni siquiera había comenzado a meterse con ella y ya estaba que trinaba. Caminando sobre los cristales rotos, se recorrió el local, olfateando de forma disimulada para intentar captar alguna pista de los que habían estado allí, sin saber muy bien porqué lo hacía. Puede que, como fiel a las normas de Marcel, al ser un lugar neutral se considerara aquello un delito de vandalismo bastante notable, y por eso investigaba. Sacándole de sus propias conclusiones, sintió un hedor "conocido" en el ambiente, casi imperceptible pero estaba ahí... Y coincidía con los hombres que se había encontrado antes de ir al bar.
Naturalmente, la morena frunció ceño y labios para componer una expresión que reflejaba lo desagradable que le parecía aquella presencia, sobretodo en aquel momento. La enfureció ver como no solo no le hizo ni caso, sino que se tomó la libertad de entrar allí y husmear entre los escombros y lo que quedaba en pie. Abrió la boca para replicar, pero aquello le resultó bastante confuso. No obstante, tratándose de Derek y con el pésimo historial que tenían, creyó que tan solo quería seguir molestando.
—¿Se puede saber qué narices haces? Deja de pasearte por aquí y regodearte en mi miseria.
—¿A ti qué te parece? —Cuestionó con impaciencia ya. Le estaba tocando hasta lo que no suena y eso a la larga no era bueno. Terminó irguiéndose una vez se hubo puesto de cuclillas para examinar otros escombros, tirando los mismos al suelo con cierto desdén.— En serio, no me sorprende que tu familia ni te aguantase. —Se le escapó con bastante recelo, molesto ya con la situación y su actitud. ¿Quería guerra? Pues la iba a tener.— Con ese humor, no iría ni el cura a tu funeral.
—¿Que qué me parece...? ¿Estás de coña, no? —La paciencia obviamente ya la había perdido hacía rato, desde que él había aparecido por allí. Siguió cada uno de sus movimientos, sin moverse apenas del sitio donde estaba de pie pues el establecimiento tampoco era tan grande y la zona era abierta. Le miraba un tanto extrañada, pero la aversión exacerbada que sentía ganaba la batalla. Al oír el siguiente comentario sobre su familia le cambió totalmente la cara y se le hizo un nudo terrible en la boca del estómago. Había sido un golpe muy bajo, incluso para Derek. Aquello le dolió, y mucho. Después de tanto, no lo había superado todavía. Ni siquiera atendió al último comentario que hizo él. Avanzó enrabiada hacia Derek y trató de empujarle de manera brusca.— ¡Cállate! ¡Ni siquiera sabes de lo que hablas! ¡¡Fuera de aquí!! —Trataba de no romper a llorar otra vez.
Ya más que harto de la situación, el vampiro la cogió de las muñecas para que dejase de golpearle el pecho al intentar echarle. Fijó la vista en la de ella, en sus iris, de una forma muy profunda y con el semblante completamente serio.
—Deja de gritar. —Le ordenó de forma imperativa accediendo así a su mente. No le había gustado el tener que hacerlo pero no había visto otro modo.— Respira... Estás a punto de hiperventilar. —Podía sentir el corazón de la mujer desbocado por todo lo sucedido. Escuchaba los latidos en su pecho como si fuesen tambores.
Le encantaría poder gritarle a ella que sí, que sabía de qué hablaba, y de buena tinta además, mas no lo hizo, simplemente la miró fijamente mientras accedía Derek a sus propios recuerdos, los que guardaba el vampiro en lo más profundo de un cajón. Retrocedió en su memoria diez años atrás, cuando Derek se topó con una bruja adolescente, solitaria, sin nada por lo que luchar en la vida.
* * * Recuerdo * * *
A sus diecisiete años, Nicole había decidido largarse de casa en cuanto tuvo ocasión. Había recogido los pocos bártulos que tenía en una mochila y los pocos ahorros de alguna paga de navidad y similar. Naturalmente no era suficiente para comenzar una vida nueva, pero no aguantaba más y prefirió verse prácticamente sin nada en la calle a soportar un día más con una familia que la despreciaba como si fuese auténtica basura, en vez de una bruja que empezaba a desarrollar sus poderes. En aquel momento se encontraba vagando por el estado de Luisiana, en Shreveport.
El vampiro ya había perdido la cuenta de los años que llevaba solo, vagando como alma en pena por las noches sin misericordia alguna. Acabando con quien se le cruzaba por delante y alimentándose de quien se le antojaba sin control alguno. ¿Para qué? ¿Para que le condenaran a muerte? Se carcajeaba él de eso, pues al ser lo que era la muerte no era una de sus preocupaciones. Y sin más, sus pasos le llevaron a Luisiana donde como en los demás lugares, quiso dejar huella y constancia de su presencia allí.
La joven Nicole caminaba con bastante prisa, dada por el nerviosismo de estar sola, habiendo anochecido, y por calles poco recomendables. Pero se sentía cansada y aquel camino era el más corto para llegar al lugar donde los últimos días se tumbaba a descansar, alejada de miradas indiscretas y de otras llenas de menosprecio, sus pintas no eran muy presentables a esas alturas. Se calentó las manos con su propio aliento, sin dejar de caminar apresurada, e ignorando que no era la única que avanzaba por ese lugar. Ya hacía varios minutos que la seguían, que se había convertido en presa. No controlaba sus dones, y a veces sin querer se mostraban aunque ella no quisiera. Una de aquellas veces, había sido vista.
Ya había echado el ojo a una mujer que acababa de salir de una discoteca de mala muerte, y se acercaba a ella con un cigarro encendido en los labios, pues por aquella época Derek fumaba, cuando escuchó el chismorreo de un cuarteto con muy malas pintas, los cuales seguían a una joven sobre la que tenían no muy buenas intenciones y pretendiendo así desgraciarla en más de una forma. Sin moverse si quiera, fijó la vista en la joven, la cual no era más que una niña, mientras expulsaba el humo de sus pulmones con lentitud, pausadamente.
La joven Nicole no tardó demasiado en oír murmullos, frente a los cuales se giró a mirar, por si no fuese más que su imaginación jugándole una mala pasada. En un primer momento no divisó a nadie, así que reanudó la marcha. No llevaba apenas un metro más cuando sus oídos volvieron a captar voces, esa vez más elevadas y acompañadas de alguna risa que otra. Volvió a dar media vuelta. Comenzaba a asustarse, y se le heló la sangre cuando pudo distinguir a cuatro figuras que se acercaban a ella, haciendo varios comentarios burlones que no auguraban nada bueno.
—¡No tengo nada de valor! —Atinó en anunciarles, y era cierto. En la mochila no tenía más que algo de ropa, un cepillo, unas chocolatinas y una lata de refresco.
Los cuatro hombres no tardaron en abalanzarse sobre la joven bruja, demostrando así que no tenían ninguna buena intención con la misma. Dos de ellos la sujetaron mientras que un tercero le arrebataba la mochila y así ver qué contenía. El cuarto se dedicó a mirarla concienzudamente, mientras la denominaba como bruja con una voz muy despectiva, tomándola del mentón mientras sacaba con la mano libre una navaja automática.
—«No quiero bichos raros como tu en nuestro barrio, pero... Por ser tan mona, tal vez haga una excepción.» —Murmuró el cuarto hombre, el cual parecía el cabecilla. Sin embargo, el vampiro analizaba la situación mientras se acercaba, en las sombras, acechando cual depredador a su próxima presa.
La muchacha intentó echar a correr pero era demasiado tarde. Forcejeó cuanto pudo pero no consiguió evitar que le arrebataran la mochila, desgarrándole una de las correas. La tenían sujeta entre dos así que le fue imposible deshacerse de ellos y escapar, como quería, aunque tuviese que dejar la mochila atrás, tampoco tenía nada por lo que valiera la pena que se sobrepasaran con ella. Se le aceleró el corazón, que bombeaba su sangre y un montón de adrenalina con ella. Cuando la acusaron de bruja intentó negarlo, pero tampoco fue de gran ayuda. La habían visto antes y no tenían ninguna intención de dejarla ir, al menos no sin antes "divertirse", como dijo el portavoz. Estaba muy asustada, así que su don hizo acto de presencia. Aun con la muñeca sujeta, enfocó la palma de la mano al que tenía enfrente y una fuerte corriente de aire le empujó bruscamente hacia atrás, cayendo un par de metros más allá.
El vampiro alzó una ceja al ver como la bruja lanzaba hacia atrás a uno de ellos. Sin embargo no tardó en hacer acto de presencia. Con un rápido y casi imperceptible movimiento se posicionó detrás del que portaba la navaja y el cual comenzaba a levantarse bastante furioso. No necesitó más que un grácil gesto para colocar ambas manos en su rostro y realizar un giro firme y seco, partiéndole el cuello y produciendo un crujido bastante desagradable. Tras eso sonrió con burla y malicia a los otros dos, agarrando a uno de ellos del brazo y lanzándole contra una fachada con fuerza, muriendo del propio golpe en la cabeza. Los restantes... Corrieron la misma suerte excepto el último, que sirvió de cena para el vampiro, muy a su pesar. Todo se desarrolló tan rápido y efectivo que apenas habían pasado ni cinco minutos, y el vampiro no había ni perdido el cigarro siquiera.
La adolescente respiraba algo agitada, asustada por los asaltantes y también de ella misma, por lo que acababa de hacer, aunque en el fondo sabía que eso la había salvado de llevarse un buen tajo de navaja. Se quedó paralizada en aquella posición, con la palma levantada y dirigida hacia el frente, hacia aquellos hombres. Contempló atónita como una nueva figura que no supo de dónde apareció, acababa con los atacantes, de uno en uno y en pocos segundos. Le pareció una locura, especialmente cuando se dedicó al último de ellos. ¿Le estaba... sorbiendo la sangre? Efectivamente. Nicole boqueó como un pececillo, sin saber qué decir. Quería echar a correr, pero las piernas no le respondían.
De espaldas a la joven, con el rostro girado y la mirada puesta en ella, sin desviarla en ningún momento, Derek se fue desabrochando la chaqueta de cuero, con forro de borrego en su interior, hasta quitársela por completo y lanzársela a la chica. Ella la necesitaría más que él en realidad, ya que la llevaba solo por aparentar.
—Deberías irte de aquí mocosa... —Murmuró, quitándose el cigarro de los labios y soltando el humo de sus pulmones con naturalidad, acercándose para tenderle la navaja que anteriormente tenía uno de los agresores.
La chica casi temblaba y no le salía la voz, le costaba un poco asimilar lo que había presenciado. De repente se vio con la chaqueta de aquel "ser" en las manos, que cogió al vuelo para que no terminara en el suelo. La verdad es que hacía frío, así que no dudó en ponérsela por encima. Obviamente le quedaba grande, pero la abrigaría. No le pasó desapercibido que la prenda no estuviera caliente por dentro, pero no dijo nada y no supo encontrarle en ese momento explicación. Cuando él se acercó levantó la mano en pos de defenderse otra vez a través de la magia, pero al ver que le tendía aquel objeto punzante lo sostuvo. Paseó la mirada de la navaja al hombre repetidas veces, hasta que la dejó caer en el suelo haciendo una mueca para ir tras él.
—¿Cómo has...? ¿Qué...?
—Tú misma... —Se encogió de hombros al ver cómo la adolescente desechaba la navaja. Si ella no quería ir armada con algo más que magia incontrolada, él no sería quién para hacerla cambiar de opinión. Reanudó sus pasos hacia donde se encontraba en un principio, percatándose de que la joven le seguía de cerca, lo cual le extrañó, mientras la vigilaba de soslayo.— Piensa un poco, brujita. Seguro que eres lista...
Ella tenía miedo, claro, pero al fin y al cabo tenía más miedo a quedarse sola otra vez por esas calles, y aquel tipo la había salvado, tal vez solamente por saciar su apetito, pero el motivo le dio igual. No le parecía que tuviera intención de hacer lo mismo con ella, o no le habría prestado la cazadora. La joven Nicole recogió la mochila del suelo, intentando no reparar en los cadáveres que dejaban atrás. Se la colgó del asa que aún seguía en su sitio, sobre el hombro derecho, y brincó levemente para alcanzarle de nuevo. No pensaba apartarse, no al menos de momento.
—No me llames así. Me llamo Nicole, no "brujita".
—¿Y por qué debería llamarte así? No somos amigos. —Concluyó Derek, sin detener sus pasos ni frenarlos al ver que ella se queda atrás rezagada, recogiendo sus pertenencias. Ni siquiera sabía porqué le estaba siguiendo. ¿Acaso no temía acabar ella como aquellos despojos que yacían en la calzada? Terminó deteniéndose mientras tiraba la colilla al suelo y la pisoteaba para apagarla, ladeando el torso luego hacia la joven.— Deja de seguirme, mocosa.
La chica de vez en cuando miraba hacia atrás, como si quisiera cerciorarse que aquellos que la habían atacado no se movían del suelo, ni tampoco aparecía nadie más. Se apresuró en seguir los pasos de su "salvador", le pisaba los talones literalmente, así que cuando se detuvo y giró hacia ella Nicole chocó y tuvo que dar un paso atrás, por primera vez levantó la mirada, temerosa todavía, en busca de sus ojos.
—¿Tienes alergia a llamar a la gente por su nombre o qué?
—Eres una mocosa. No hay nada de malo en recalcar lo evidente. —Terminó cruzándose de brazos, percatándose de que Nicole había ignorado su advertencia como quién oye llover.— ¿Qué parte no has entendido de “Deja de seguirme”? —Cuestionó retirándose las gafas que llevaba puestas y fijando sus ojos en ella, dispuesto a usar su As en la manga si la cría se ponía demasiado plasta y el vampiro lo veía oportuno.— ¿No tienes familia a la que molestar? ¿Un amigo? ¿Novio? ¿Alguien que no sea yo? —Fue recitando uno a uno con cierto desdén, convenciéndose a sí mismo que lo mejor era estar solo. Y la prueba palpable era aquella chica.
—… —La joven suspiró. "Madre mía cómo está" pensó para sí.— ¿Perdona? tengo diecisiete años, no soy una cría. —Respondió, haciéndose la digna e intentando parecer más madura de algún modo.— ¿Te llamo yo a ti abuelo, acaso? —Naturalmente era una exageración, pero se la tenía que devolver. Bajó la vista un momento, al nombrar a la familia se le encogió el estómago. No, a aquellas personas no las podía considerar familia. Nicole no creía que la familia fuese capaz de tratar cómo la habían tratado a ella, así que lo negó.— ¿Te parece a ti que tenga familia? Si tuviera a alguien no estaría en la calle. Tienes una capacidad de deducción deslumbrante... —Ironizó, a riesgo de que le partiera el cuello como a los de antes. Pero total, no tenía nada que perder así que no le importaba mucho. Nadie iba a echarla de menos, y ella tampoco tenía a quién extrañar si se iba al otro barrio.
—¿Le hablas así a todo el que te salva? ¿O es un caso personal y me estás pidiendo a gritos acabar como esos de allí? —Señaló con la cabeza a los cadáveres que seguían al final de la calle. Ni siquiera se inmutó por la actitud de la bruja, peores cosas le habían dicho y a él le habían dado igual por completo.— No deberías hablarle así a alguien que te puede partir la columna con una sola mano... «Nicole» —Pronunció su nombre con retintín, acercando el rostro al ajeno solamente para intimidarla; darle miedo y así conseguir que huyera despavorida.—
—Si te hace especial ilusión... —La muchacha se limitó a encogerse de hombros frente aquella amenaza velada.— …nadie me va a echar de menos, tal vez le hagas un favor al mundo y todo. Para lo que le espera a un "bicho raro" como yo... —La asustaba morir sí, pero lamentablemente la asustaba más el no hacerlo. Seguir allí sola y continuar siendo objeto de burla y menosprecio, sobretodo aquello último.— ¿Tú sueles salvar a "damiselas en apuros" y luego dejarlas abandonadas a su suerte? Menudo galán...
—Mejor no te digo qué suelo hacer con ellas... —Murmuró Derek, sonriendo con cierta lascivia antes de incorporarse. Viendo que la chica no tenía ninguna gana de seguir viviendo, y por cómo habló, le recordó incluso a él mismo, cuando su padre en un arranque de egoísmo y cobardía se arrebató la vida dejándoles a él y a sus hermanos huérfanos y con demasiadas deudas causadas por el famoso crack del 29. Inspiró profundamente y reanudó los pasos por el camino que llevaba.— Haz lo que te dé la gana, pero como vea que eres un lastre para mí, te mataré. —Alzó la voz según se alejaba para que le escuchara, aunque sabía que no tardaría en ir tras él como un perrito faldero.— Ya tienes algo que hacer en la vida. Intentar que no te mate. Aprovéchalo.
La chica no pudo evitar ponerse tan roja como un tomate debido a la cercanía que hacía un momento él había conseguido, aunque con el efecto contrario al que quiso, y aquel comentario acompañado de la sonrisa. No dijo nada al respecto porque no se le ocurrió nada ingenioso. Cuando el vampiro le concedió aquello Nicole se colocó bien la mochila al hombro y se apresuró a reanudar los pasos para seguirle, sonriendo levemente.
—¿Entonces eres...? —No se atrevió a mencionarlo, pero no le costó mucho convencerse. Si ella podía hacer magia, ¿Por qué no iban a existir esa clase de seres sobrenaturales?— ¿En plan Vlad El Empalador o Edward Cullen...? —Preguntó, medio en broma medio en serio.
El vampiro continuó su camino, seguido por aquella chica que a cada paso que daba hablaba con más confianza y soltura. Sin embargo él no ponía especial interés en lo que decía. Deteniéndose una vez más se quedó mirándola con gesto serio cuando le preguntó aquello.
—Vamos a dejar claras unas cosas... Uno, nada de comparaciones absurdas. Dos, no soy tu amigo, así que tu vida me es indiferente. Tres, viajaremos de noche. Cuatro, no te meterás en mi vida ni en mis asuntos. Y cinco, te buscarás tú la vida para encontrar comida. ¿Estamos? —Dejó más que claro con un dedo alzado, antes de seguir el camino que llevaban. Pese a las normas, en el fondo supo que la adolescente se las pasaría por el forro.
Derek no tardaría mucho en descubrir que Nicole no le temía, y que hablaba por los codos si se le daba pie. También sería conocedor con todo lujo de detalle sobre la historia de la joven con su familia, contada de su propia boca. Todo el menosprecio y humillaciones que la habían hecho sufrir. Aquella noche le había dado algo que hacer, sí, pero no lo mencionado. Nicole se propuso devolverle el favor, aunque sabía que era todo un desafío. ¿Cómo salvarle la vida... a alguien que ya estaba muerto? Seguro que le llevaría tiempo, pero gracias a él tenía muchos años por delante, así que no le preocupaba demasiado.
* * *
Dejando atrás los recuerdos, la Nicole del presente estaba a merced totalmente del control mental del vampiro. Su expresión se relajó, mirándole fijamente a los ojos. Por un momento todo a su alrededor dejó de tener importancia, como si solo existiese su voz. Sus órdenes. Respiraba más tranquila y había dejado de gritar, pero el odio que sentía hacia él seguía allí. Como si fuese una especie de cadena atada a los tobillos que siempre arrastraba, ni siquiera recordaba desde cuando.
—Lárgate de una vez... —Siseó, como si se tratara de veneno.
Volviendo al presente tras haber recordado aquel momento de forma inesperada, Derek seguía con la vista puesta en la morena. Su influencia había hecho que la misma se calmase, respirase con normalidad y dejase de gritar. Pero el insistente e intenso odio que le profesaba no tardó en manifestarse de nuevo. Entonces, sin más, sonrió con levedad.
—Olvida que he estado aquí. —Sentenció todavía haciendo uso del control mental, borrando esa fugaz sonrisa que se le había dibujado inconscientemente y luego la soltó, pasando por su lado para dirigirse a la salida del local.
Encontrándose de lleno ya en la calle con el ladrón, el mismo al que había ordenado antes de llegar al Velvet Destiny que devolviera el dinero. Éste le sonreía satisfecho al haber llegado al lugar indicado y dispuesto a devolverlo, sin embargo, Derek con una mirada inquebrantable, fría y profunda, le partió el cuello de un solo giro con las manos, dejándole caer a los pies de la entrada; desahogándose de esa forma, podría decirse, aunque no le sirvió de mucho en realidad. Tras eso se marchó por donde había venido, con un mal humor de aúpa. Muy pocas veces había llegado a aquel nivel de mal humor y cuando llegaba, era demasiado letal para quien anduviera cerca.
Tan pronto como le ordenó aquello, la escena desde que él había aparecido esa noche en el bar comenzó a desdibujarse en la mente de Nicole. Al igual que la niebla, poco a poco el recuerdo de los últimos quince minutos se dispersó hasta el punto de desaparecer por completo. Volvía a encontrarse sola, de pie sobre varios cristales y un charco formado por el contenido de varias botellas de alcohol. Giró sobre sus talones y entonces pudo ver una silueta en la puerta del bar, a ras de suelo. No supo bien, bien, qué era hasta aproximarse. Se sobresaltó y apartó la vista del cadáver, tapándose la boca con las manos para ahogar un corto alarido. Reculó algunos pasos atemorizada. Rebuscó en sus bolsillos hasta sacar el teléfono móvil, con mano temblorosa, y llamar a emergencias. Tardaron algunos minutos en llegar, y Nicole tardó prácticamente lo que quedaba de la noche en explicar lo ocurrido, una y otra vez, hasta que las autoridades comprendieron que ella no había podido partirle el cuello así a un hombre mucho más corpulento que la mujer. Y no solo eso, sino que descubrirían que no tenía sus huellas tampoco.
Así que no fue fácil ni rápido, pero Nicole al menos recuperó el dinero que le habían robado. Solo quedaba hacer limpieza y reponer parte del mobiliario y las bebidas en el Velvet Destiny.
Fragmento editado de rol entre: @Diaries_Derek y @DiariesNicole
3/11/2014
Reencuentro en Nueva Orleans
Desde que era lo que era, un vampiro, no era consciente del tiempo que transcurría y tampoco es que reparara mucho en intentar averiguarlo. ¿Para qué? Tenía toda la eternidad por delante, así que si alguien le preguntase de dónde venía, a dónde iba, y cuánto tiempo llevaba en Nueva Orleans, no sabría qué contestar, o directamente ni respondería, ¿Qué ganaba con ello? Absolutamente nada. Tampoco sabía qué le ataba allí ya, pues con la llegada de Klaus todo había dado un “pequeño” giro, no es que estuviese muy conforme, pero suponía que no le quedaba otra más que aguantarse por el momento.
Un dulce y fresco aroma le azotó su más desarrollado sentido, el olfato, acompañado de una suave brisa nocturna, lo cual le hizo incorporarse en el tejado donde estaba reposado, observando la luna en un hueco libre que tenía. A su alrededor, como era de entender, no había nadie, pero ese fresco aroma lo percibía cerca, muy cerca y fue entonces cuando se percató de que ese día, no había comido.
De un salto se puso en pie, con un equilibrio perfecto, característico de los de su especie y avanzó con paso seguro pero paulatino hasta el borde del tejado, donde se asomó lo suficiente para vislumbrar y enfocar con sus propios ojos aquel ser que tan apetecible aroma desprendía, dibujando una perfecta, fina y ladeada sonrisa al ver aquella mujer de cabellos dorados sacar la basura. No es que fuera santo de su devoción el matar humanos, es más, una de las normas de Marcel era no matar, y eso lo seguía a rajatabla, pero eso no significaba que no disfrutara alimentándose, pues al fin y al cabo… él también tenía derecho a comer ¿No?
Con ambas manos se planchó la chaqueta de cuero que llevaba, perfectamente abrochada y con la cremallera entreabierta hasta la parte superior del pecho, en actitud segura y soberbia, hasta la parte inferior de la misma en gesto descendente, dando un firme tirón cuando tocó con los dedos el borde de la chupa, colocándosela así como dios, o en su caso, como él mandaba. Tras eso, con un sutil silbido, que él mismo provocó para llamar la atención de la mujer, saltó del borde del tejado al suelo del callejón, donde estaban los contenedores de basura a los que la mujer iba a echar mano.
Tres segundos, tres bastaron para acercarse a ella con una velocidad vertiginosa, percatándose del gesto de asombro y a la par de terror que se molestaba la mujer en mostrar. Incluso fue capaz de ver el amago de la mujer, por los gestos de su rostro, que iba a pedir auxilio, pero Derek fue aún más rápido y con una de sus manos le tapó la boca, obligándole a torcer y estirar el cuello, mientras que con la libre la sujetó de su otra mano, aprisionándola contra la pared.
Un largo y escalofriante frenesí le embriagó por completo cuando sus colmillos rozaron su piel, introduciéndose en la misma y saboreando de primera mano ese mismo aroma con el que antes se había deleitado. La piel y todo el vello corporal se le erizó por completo, del puro frenesí y placer que le daba el alimentarse. Mantuvo firme la fuerza para que la mujer no se escapara, aunque en el fondo poco podía combatir contra la fuerza de un vampiro, pues no cesaba en forcejear e intentar gritar, como era lógico, por haber sido atacada. Saciando su sed, aunque no del todo pues no se lo tenían permitido, la soltó cuando estaba más débil y supo que no opondría resistencia. Sin mucho pudor Derek se relamió, centrando entonces sus ojos en la mujer, la cual seguía con la boca tapada y sin posibilidad de gritar, y aún menos hablar, pero al menos el forcejeo ya había cesado.
—“Olvida lo que acaba de suceder” —Susurró, haciendo acopio del control mental que usaban en esos casos, tal y como dictaban las normas de aquel lugar.— “Olvida que me has visto, no me conoces ni me recordarás. Vuelve a casa”
La mujer, con ojos vidriosos y la mirada perdida, asintió, alejándose de él en cuando el vampiro la soltó. No esperó para ver si llegaba a su casa, aprovechando la oscuridad que brindaba la noche, se fue de allí en la dirección contraria, saltando un muro para ir a la calle contigua que comunicaba aquel callejón.
Fue entonces cuando se percató de un nuevo local nocturno que parecía que acababan de inaugurar, porque no supo de su existencia hasta ese momento. “Velvet Destiny” pronunció el vampiro mentalmente. No es que fuera muy de juntarse con gente, fueran vampiros, humanos o brujos, pero la curiosidad le pudo y decidió acercarse, aprovechando que su hambre había quedado saciada y no tendría la necesidad de alimentarse… de momento.
Borrando todo rastro de sangre que hubiera quedado en sus labios, entró en dicho tugurio, caminando con paso firme hacia la barra y sentándose en uno de los taburetes libres, esperando a que la camarera, que estaba de espaldas a él, se dignase en hacer acto de presencia y le atendiese, pues por culpa de la mezcla de olores, tabaco, alcohol y mugre humana, no supo de quién se trataba en un primer momento.
La morena llevaba todo el día de aquí para allá sin descanso poniendo orden en el Velvet Destiny, local que hacía relativamente poco había inaugurado. Gastó la mayor parte de sus ahorros, por no decir todos, en el negocio y en el intento de conseguir algo de estabilidad en su vida. Tras dar varios tumbos, Nicole había llegado a Nueva Orleans ignorando completamente quién se encontraba allí. Por lo que al dar media vuelta durante un instante se quedó petrificada con las botellas de alcohol en la mano. Pronto compuso una mueca entre el desdén y la repulsión que no pudo apenas disimular y que no le importaba tampoco mostrar.
—No me jodas...
El vampiro tamborileaba con los dedos sobre la superficie de la barra, algo pegajosa para su gusto, por lo que no duró demasiado realizando aquel gesto mientras esperaba. Estaba pendiente del local, de su decoración, de la distribución y de la misma gente que allí se encontraba. Era demasiado meticuloso y observador, sobre todo cuando entraba en un sitio nuevo, pues nunca se sabía qué iba a suceder en él. La mayoría eran humanos y solo con olfatear un poco podía darse cuenta, y no es que fueran sujetos que llamasen demasiado su atención, así que cuando volvió la vista al frente, la sonrisa se le intensificó de una forma casi maquiavélica.
—Vaya… —Susurró, apoyando los brazos en la barra para acercarse más como si quisiera cerciorarse de que sí, era la persona que creía, y la tenía delante.— Vaya… Vaya… a quién tenemos aquí. ¿Así tratas a tus clientes? Qué descortés… —Seguía susurrando con verdadera sorna, pero lo suficientemente alto como para que ella le escuchase.— Me decepcionas, preciosa...
La chica no se movió del sitio excepto para soltar las botellas que llevaba entre manos, dado que el deseo de romper una de ellas en la cabeza de aquel hombre iba peligrosamente en aumento, y no estaba como para desperdiciar sus mejores licores. Al principio no supo muy bien de dónde salía toda aquella inquina, pero esa sensación le duraba tan solo unos pocos segundos, hasta que él abría la boca para dirigirse a ella.
—Como si me importara mucho decepcionar a alguien como tú. Qué pasa, ¿No tienes más sitios dónde caerte muerto que en mi bar? —Nicole se cruzó de brazos aprovechando una pequeña pausa al hablar.— Me mudo al culo del mundo y tienes que estar aquí...
Derek continuó con aquella postura, a sabiendas que a la contraria no solo le desagradaba, sino que le molestaba en sobremanera. Y era obvio que una vez descubierto esa hazaña, no iba a irse así como así del local. ¿Después de haber encontrado un pasatiempo con el que distraerse? Ni de broma, por supuesto.
—Tchss… esos modales, preciosa… ¿Nunca te han dicho que la mejor publicidad es tu imagen? ¿Cómo crees que actuarán los demás clientes si ven que tratas mal a uno? ¿Acaso no te da vergüenza? —Si pudiera ampliarse más su sonrisa, lo haría con mucho gusto, pero él mismo sabía que era más que suficiente como para crisparle los nervios, al igual que no cesaba en mirarla a los ojos, otro gesto que sabía a ciencia cierta que ella no soportaba.— Así que ya sabes… trátame bien y con educación, o probablemente este negocio poco te va a durar.
El labio superior de la mujer volvió a curvarse en una mueca de puro desagrado, sin moverse tampoco ni cambiar la postura, aunque sí que ojeó por encima el local para comprobar que el resto de clientes seguía a lo suyo y no necesitaban llenar sus copas, al menos por el momento.
—Da gracias que no te saque de aquí a patadas. Ganas no me faltan. —Al escuchar aquella última parte, que no le sentó nada bien, arqueó una ceja y le miró desafiante.— ¿Disculpa? ¿Eso es una amenaza...?
—¿Sacarme a patadas? Me gustaría ver como lo intentas, y como disfrutas de la decepción después… —Destiló cada palabra con verdadera arrogancia, aunque seguía dándole vueltas al hecho de qué hacía ella allí, en Nueva Orleans, o qué narices la había hecho entrar tan a lo loco en la boca del lobo. Sin embargo eso eran pensamientos que no iba a compartir, pero lo pensaba averiguar.— ¿Amenaza? Nunca amenazo en vano… es una advertencia de… un amigo. —Tuvo la necesidad de reírse por la referencia que había usado, pues de amigos ambos tenían más bien poco, y eso se veía bastante a leguas. El odio y la tensión se palpaba en el ambiente, incluso podía masticarse. Únicamente desvió la mirada unos segundos para posarla en la botella de Whisky que estaba tras ella, la cual señaló con el dedo de forma sutil antes de volver la vista a su origen, los ojos de la mujer.— Quiero un vaso, con hielo.
Nicole resopló con verdadera molestia por el comentario pero lo dejó pasar, viendo inútil la necesidad de seguir discutiendo. Negó con la cabeza cuando él se describió con aquel término, que nada tenía que ver con la realidad, no podía estar más alejado de la misma. "Gilipollas" pensó para sus adentros. La mujer empezaba a sentirse un poco incómoda con aquellos ojos posados con tanta intensidad sobre los de ella, así que internamente agradeció que por un momento el hombre los desviara hacia los estantes de atrás. No le hizo falta dar media vuelta para ver qué señalaba puesto que acababa de colocar las botellas hacía un momento. Con desgana pronunciada le sirvió un vaso con hielo y nada más, solo por hacer la gracia y molestar un poco. Con un leve movimiento de cabeza y gesto un tanto altanero volvió a centrarse en él y cruzar los brazos.
—Ahí tienes.
Derek la siguió con la vista y pudo si quisiera actuar como más de uno que le acompañaba en la barra. Analizarla detalladamente con la mirada pero… ¿Había realmente necesidad de ello? Para nada, sin embargo no se privó de fulminar con la mirada a aquellos que, al contrario que él, sí se decantaron por hacerlo con mirada lasciva, los cuales de forma inmediata desviaron los ojos a sus propios quehaceres, tales como leer el periódico, mirar el partido de fútbol que estaban retransmitiendo o prestar atención al acompañante de al lado. Cuando la mujer se dio la vuelta y le sirvió la copa con esa desgana tan natural que destilaba en su presencia, el vampiro se apoyó de lado en la barra.
—¿Sabes que tu cara de amargada me gusta cada día más? Te favorece… Probablemente así encuentres novio algún día... o novia. —Ocultó una sonrisa sarcástica tras el vaso justo cuando se dio cuenta de que éste aún estaba vacío, sin nada en su interior a parte del hielo. Entonces frunció muy levemente el ceño y alzó el mismo con la diestra, haciendo resonar en el interior los cubitos con cierta suspicacia.— ¿No te olvidas de nada, nena?
Entretanto él seguía con su palabrería, la morena se dedicó a atender a un nuevo cliente que acaba de acercarse a la barra. Con la soltura dada por la experiencia de haber trabajado unos años sirviendo copas, Nicole no se demoró mucho en servir la cerveza solicitada y dejarla frente al parroquiano, antes de volver la atención a su interlocutor.
—Me parece que no es de tu incumbencia, ni tampoco interés, mi vida amorosa. —Forzó una mueca parecida a una sonrisa cuando le vio mover el vaso.— Vaya, ¿Lo querías con algo más que hielo? —Chasqueó la lengua con diversión antes de proseguir, acercándose y apoyándose sobre la barra.— Pues aquí las cosas se piden por favor...
—Una mujer maleducada exigiendo educación… curioso… —Él mismo podría haber cogido la botella y servirse en un abrir y cerrar de ojos, pero prefirió que lo terminara haciendo ella, pues sin necesidad de usar su poder sabía que lo haría.— ¿Sabes que cuando exiges una norma, y tú misma la incumples, acabas perdiendo credibilidad? —Preguntó, aún agitando los cubitos de hielo para que resonaran más contra el cristal del vaso. De todos era sabido que el buen hacer de un camarero era servir bien, rápido y con buenos modales, y ella se estaba saltando todos aquellos campos a la torera, y el repiquetear de los hielos atraerían la atención de algún parroquiano, lo que, a la larga, acabaría desquiciando más a la mujer al tener no solo los ojos de Derek encima, sino unos cuantos pares más puestos en ella.— ¿Me sirves el whisky? No pretenderás que un cliente lo haga por sí mismo... ¿Verdad... Nicole? —Pronunció su nombre con énfasis y bastante lentitud, muy sutilmente.
Poco tardó la mujer en despegarse nuevamente de la barra, incomodada por la cercanía que ella misma había conseguido al apoyarse sobre la vieja madera del mueble.
—No es que me interese mucho la opinión de los demás, la tuya menos aún. —Echó un vistazo alrededor, sujetando la botella de licor con una mano y haciéndola girar con destreza, sin dejarla caer, hasta encogerse de hombros y volver la mirada a aquel hombre que esperaba ser servido. Frunció los labios al oír cómo pronunciaba su nombre, pero al fin y al cabo pensó que mejor aquello a cualquiera de los otros apelativos que usaba con más frecuencia de lo que a ella le gustaría.— Con el resto he sido muy educada, porque ellos lo han sido conmigo. Así que no veo que tengan que quejarse por nada. Y no, si intentas servirte te corto la mano. Tú verás. —Por el momento, no pensaba dar su brazo torcer, no con alguien que le caía tan mal.
—¿Y... cuándo te he faltado yo al respeto? Que yo recuerde, solo te he seguido un juego que tú misma has comenzado. —Terminó posando el vaso sobre la superficie de la barra, recorriendo la parte superior del mismo con la yema de uno de los dedos, como si dibujase el borde del vaso de vidrio, a expensas de que la mujer se dignase en servirle. La tenía justo donde quería: al borde de perder los nervios, y de afianzar ese odio anclado que tenía Nicole sobre él. Si acaso era posible incrementarlo más. Cualquiera diría que era masoquismo, pero nada más lejos de la realidad.— Así que... sé buena conmigo, preciosa... y sírveme el Whisky. —Volvió a repetir Derek, aunque hizo el amago de reírse cuando ella le amenazó con cortarle la mano, si ella supiera... Chasqueó la lengua, divertido y con cierta arrogancia.— ¿Estamos sacando las uñas ya? ¿Tan pronto Nicole? Si ni siquiera acabo de empezar...
Nicole no quiso perder la compostura y mucho menos en su local, así que se limitó a apretar los dientes con fuerza y hacer oídos sordos a toda aquella verborrea arrogante. Terminó por asumir que el suplicio acabaría antes si le servía la copa, que si seguía sin hacerlo. Aquel hombre parecía disponer de todo el tiempo del mundo para hacerla enfadar siempre, y ella tenía mejores cosas que hacer. No sin desgana y cara de mala uva, vertió en el vaso el licor correspondiente y dio media vuelta para dejar la botella en su lugar. "Ojalá se le atragante", pensó para sí.
—No he sacado las uñas, cuando lo haga, te darás cuenta. Bebe y lárgate.
El vampiro sonrió victoriosamente en cuanto la bruja le sirvió al fin la bebida que con tanto ahínco le había pedido, y que con tanto recelo ella se había negado hasta ahora darle. Primera aunque insignificante batalla ganada, y todo no había hecho más que comenzar.
—¿Irme? La noche es joven... —Se llevó el vaso a los labios y los mojó, pero no bebió, al menos no los primeros segundos. Se dedicó a mirarla fija y profundamente, antes de desviar la vista al interior de la copa. Cuando el trago comenzó a viajar por su garganta, dio un par de golpes con los dedos sobre la tarima de la barra y luego la volvió a mirar a ella.— Y dime... ¿Por qué Nueva Orleans?
Aquella sonrisa no le pasó desapercibida a la mujer, pero se mantuvo en silencio. Durante un instante se quedó absorta en sus ojos. Al darse cuenta sacudió levemente la cabeza y cogió una bayeta con tal de no aguantarle la mirada y tener algo que hacer. Se dedicó a sacarle brillo a la barra y no se molestó en mirarle para responder a su pregunta, más o menos.
—¿Y a ti qué más te da? No es asunto tuyo. —Aparentemente la elección había sido al azar, al advertir la venta del local en la prensa y considerándolo una buena oportunidad.
—Simple curiosidad... el país es increíblemente grande... y sin embargo has acabado en el culo del mundo, justo donde estoy yo. —Recalcó lo evidente, volviendo a dar un largo sorbo a su bebida, haciendo girar después el vaso en movimientos circulares, con la vista fija en los hielos del mismo, queriendo de ese modo derretirlos al menos un poco, lo suficiente para que la bebida tomara la temperatura que a Derek le gustaba, fría, pero no gélida.— Cualquiera diría que me ibas buscando. —Soltó al aire, volviendo a apoyar ambos brazos en la barra, impidiéndole así de forma indirecta que ella siguiera limpiándola, y por ende, que le evitara la mirada.
Nicole continuaba pasando la bayeta por encima de la barra con aire distraído, echando un ojo de vez en cuando al resto de parroquianos que se encontraban en el local. Internamente rogaba por que alguno llamara su atención para cualquier cosa, rellenar una copa, hacer de psicóloga, lo que fuera. Pero no fue así, y tenía que seguir soportando a ese hombre que le crispaba los nervios con solo respirar. Cuando él se movió, no tuvo más remedio que dejar lo que estaba haciendo y dirigir sus pupilas a las ajenas.
—Créeme, de saber que estarías aquí no hubiese venido. Y si pudiera largarme, lo haría. —Lanzó el paño a un lado, hacia la pica un poco más allá, a su derecha.— Lo que no entiendo, es que sigas aquí tocándome las narices cuando tienes más bares en la ciudad dónde estarías más a gusto.
—Uuuuuuuuh… —Y de nuevo aquella fina y ladeada sonrisa volvió a su rostro, acompañado de una sutil voz que solo daba a entender que estaba disfrutando como un enano al verla de ese modo. Un poco más y Nicole estallaría. Solo debía encender la mecha y pronto vería sus frutos.— Vaya vaya... cuidado... que la gatita se cabrea. —Musitó Derek con tono jocoso y sugerente, ladeando mínimamente el rostro.— Ese mal humor te creará mala fama... —Le advirtió, como lo hace un maestro a un alumno que no tiene ni idea de la lección.— Y créeme, yo soy y seré uno de los mejores clientes que tendrás por aquí, no es que hayas aterrizado en la mejor ciudad, preciosa. Llegará el momento... —Es entonces cuando estiró uno de sus fríos dedos hacia ella, señalándola directamente, sonriendo con soberbia.— ... en el que incluso apreciaras mi presencia.
Ella puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, cruzando los brazos. Empezaba a sentirse ya cansada de su presencia y se preguntaba qué hacía todavía allí frente a él, con la inquina que le tenía. Decidió nuevamente mantenerse callada y no responder al primer comentario. Sin embargo con las últimas palabras de aquel hombre no pudo más que alzar una ceja y responder.
—Jamás llegará el día en que eso ocurra, te lo aseguro. —"Pedazo de imbécil arrogante", añadió mentalmente.
—Ya veremos... Solo hay una cosa segura en todo esto. —Dijo el vampiro, con aire indiferente mientras que, de un trago, se terminó el restante de bebida y deslizó el vaso por la barra, dejando un camino de humedad en la misma al hacerlo. Con ese gesto no quiso decir ni mucho menos que se iba a ir, al contrario, quería otra y tenía para un largo rato el estar allí, en ese, como ella prefería denominarlo, bar.— ¿Sabes cuál? Que yo estaré presente para verlo. No lo dudes, preciosa, yo soy el menor de tus problemas. —Dictó con voz firme, justo cuando a su espalda, casualidades de la vida, dos parroquianos borrachos empezaron a enzarzarse entre sí a golpes, más ebrios que una cuba. Sin embargo el vampiro no se refería a eso exactamente, pues la frase iba con doble sentido. Era la bruja la que debía captarlo o no. ¿La estaba ayudando? Obviamente no. Pero nunca se sabe, ni se sabrá, qué era lo que pasaba por la mente de Derek en aquel momento.— ¿O me equivoco?
La morena chasqueó la lengua antes de añadir nada. No, seguramente no era ningún problema, o de lo contrario el don de la mujer se hubiese manifestado, como otras veces le ha pasado.
—No te equivo... —Nicole no pudo terminar la frase por el jaleo que se estaba empezando a formar. En parte lo agradeció, solo por desviar la atención de aquella conversación que no iba a ningún sitio y que no le interesaba continuar. Por otra parte, detestaba que justo en ese momento tuviera que encargarse de la disputa de dos hombres que la superaban en fuerza, obviamente. Y allí en medio... no quería hacer uso de sus poderes y darse a conocer como bruja, así que no le quedó otra que rodear la barra y encararse a ellos, interponiéndose en medio e intentando separarles con ayuda de algunos clientes que se pusieron en pie y tuvieron la amabilidad de mediar con ella.
Derek ladeó el rostro en cuanto la mujer pasó por su lado para ir directa a separar a aquellos dos parroquianos, que habían decidido usar sus puños como mejores armas existentes. ¡Con lo fácil que era hacer daño con la palabra! El vampiro nunca entendía ese afán de usar el cuerpo como arma, pues las magulladuras duraban días, y sí, dolían, claro que dolían. Pero terminaban por olvidarse, sin embargo una herida psicológica duraba años, y a su entender, esa era la mayor arma.
Dándose la vuelta en el taburete y apoyando la espalda en la barra, al igual que los brazos, decidió observar la escena; ver cómo la mujer se desenvolvía en un pequeño conflicto que no tenía nada que ver con la realidad que había ahí fuera, en plena Nueva Orleans, y de la que ella probablemente desconocía. Al percatarse de que uno de los que habían provocado la pelea se soltó de la sujeción de uno de los hombres que la estaban ayudando, Derek se acercó, levantándose del taburete para curiosear. Agarró de la muñeca al tipo en cuanto se percató de que tenía sujeta a Nicole del brazo, reprochándole quién era ella para ponerse en medio.
—¿No te han enseñado nunca modales, chaval? ¿No sabes acaso que a las mujeres no se les pega? Aunque sean… —Desvió la mirada a ella con cierto “desprecio” podría decirse.— Camareras…
Con ayuda de algunos de los clientes que se habían levantado al ver enzarzados a aquellos dos hombres, influenciados claramente por la excesiva ingesta de alcohol, Nicole trataba de poner orden y separarles. Por lo general era una mujer bastante agradable y sociable, pero aquello no lo podía permitir, naturalmente, por lo que en esos casos cambiaba radicalmente su actitud, tornándose mucho más severa y taciturna. Debía hacerse respetar. Casi lo tenía todo controlado cuando uno de aquellos hombres se soltó del agarre de quienes la ayudaban y se encaró contra ella de manera bastante brusca y violenta. La morena estuvo a punto de hacer uso de su magia cuando Derek apareció en escena. Nicole fulminó a los dos hombres con la mirada.
—¡Soy la dueña del local y la que os pone de patitas en la calle, a la de ya! —Exclamó muy seria hacia los dos tipos que se habían peleado, y especialmente hacia el que había cuestionado la presencia de Nicole allí en medio. Señaló la puerta y solo tuvo que esperar a que aquellos dos seres salieran por su propio pie y con los ánimos algo más calmados.
El hombre que fulminaba con la mirada a Derek se soltó de él con un gesto brusco del brazo, y solo porque el vampiro quiso porque si no, no habría sido capaz. Simplemente tras eso se dedicó a observar cómo Nicole, hecha un basilisco, les echaba a ambos del bar, situación que envolvió al local en un silencio sepulcral, ya que todos los ojos estaban pendientes de la escena que se estaba desarrollando. Con una sonrisa dibujada, el vampiro siguió con la mirada fija en la susodicha contando mentalmente los segundos que quedaban hasta que ella se diera la vuelta, y se dispusiera a gritarle a él también, probablemente. "Tres... dos... uno..."
Viendo como todo el mundo había quedado en silencio tras el inesperado espectáculo, Nicole se alisó las ropas y se atusó el cabello con los dedos, con porte digno y recuperando la sonrisa en el rostro. Tras un breve vistazo a los parroquianos se dirigió a ellos con mucho mejor tono que anteriormente, anunciando que a esa ronda invitaba la casa. Una compensación a la que no estaba obligada, pero de igual forma le pareció lo más apropiado si quería animar de nuevo el ambiente y que aquella gente volviera en los próximos días.
El gesto desde luego lo tomaron bien y las charlas animadas y algunas risas volvieron a oírse enseguida en el local, mientras Nicole dirigía otra vez su atención a Derek. Aborrecía su presencia y sentía unas ganas tremendas de echarle también a él de su negocio, pero al fin y al cabo, su intervención había evitado que la morena revelara su condición de bruja en un intento de defenderse, así que tragó saliva, resopló, y enterró aquellas ganas de vociferar para que se fuera. Al menos por el momento.
—¿Has disfrutado del espectáculo?
—¿No debería disfrutar acaso de tu carácter? —Siseó entre dientes, con la sonrisa aún dibujada en el rostro mientras volvía a su taburete, con claros objetivos de quedarse un largo rato más. Y ya que Nicole había dado una copa gratis a cada parroquiano, ¿Por qué iba a desaprovecharlo? Una vez sentado, levantó el vaso que antes tenía en la mano y se lo mostró.— ¿A mí no me sirves una gratis? ¿Ni un... "Gracias por ayudarme, Derek, eres mi héroe"? —Recitó esas palabras con exagerado dramatismo, como quién se encuentra en una obra de teatro y no en un bar, tomando una copa.
La morena iba sirviendo a todo aquel que se acercaba a la barra, volviendo a recuperar por completo la actitud que tenía por costumbre, lo que ayudaba a que el resto olvidara rápidamente lo que acababa de ocurrir con el par de bebidos. Iba a replicarle algo a aquel al que tanto detestaba cuando una sonora carcajada irrumpió de su garganta, sin poder evitarlo.
—Ni de broma oirás eso de mi boca, engreído. Además, lo tenía todo bajo control. —Algo que no era del todo mentira. Puesto que había invitado a los que allí se encontraban, no podía faltar a su palabra y tuvo que rellenarle a él también la copa, aunque a regañadientes, claro.— Que no sirva de precedente. —Añadió Nicole, refiriéndose a la invitación.
—Claro, claro… —Sonrió Derek, con el vaso de nuevo lleno entre sus manos, apoyando los antebrazos en el borde de la barra y aguantando el peso en los mismos, mientras seguía como antes, con la mirada puesta fijamente en la mujer.— ¿Y por qué no puede ser un precedente? ¿Acaso me vas a prohibir el paso a tu local de ahora en adelante, Nicole? —Cuestionó con cierta… podría decirse una mezcla de fanfarronería y altanería a la vez. Era un poco de tensar la cuerda en ese estúpido tira y afloja embarcado en el odio que tenían.
La propietaria del local seguía incómoda, más cuánto más fijaba él su atención en ella, por lo que trataba de desviar su mirada sobre el resto de clientes, sin llegar a fijarla en ninguno. Rogaba por que llegara la hora de echar el cierre y perderle de vista.
—Podría hacerlo si quisiera, te recuerdo que soy la dueña. —Aseguró convencida, devolviéndole la mirada para remarcarlo. A diferencia de él, ella hablaba en serio. Pero el caso, curiosamente, es que, al menos por el momento, no llevó a cabo sus palabras.
—Y lo recuerdo... por eso vendré aquí cada noche, preciosa. —Terminó su copa de un trago, no quedaría mucho para el amanecer y el vampiro debería ir yéndose, o de lo contrario tendría demasiados problemas. Pues al menos de momento, no podía salir de día, únicamente cuando se ponía el sol, hasta que consiguiera hacerse con uno de los famosos "anillos de día". De pie frente a la barra, abrió su chaqueta para sacar la cartera y pagar ambas consumiciones.— Sin embargo... dudo que llegues a echarme algún día. Si quisieras, ya lo habrías hecho hace un buen rato. —Recalcó únicamente lo evidente, solo por terminar de ponerle la guinda al pastel.
Rodó los ojos haciendo una mueca. Cuando soltaba alguno de aquellos apelativos como "preciosa" o "nena", le asqueaba más todavía. De todas maneras, al ver que se disponía a pagar las consumiciones se alegró en sobremanera, puesto que aquello significaba que se iba y lo perdería de vista, al menos por aquella noche. Ya sospechaba que tenía intenciones de volver, cualquier cosa con tal de molestarla, parecía ser uno de sus hobbies favoritos, para desgracia de Nicole. No obstante y manteniendo su palabra, solo le cobró una consumición, ya que a la segunda invitaba la casa tras el percal con los borrachos.
—No me provoques y vete de una santa vez.
—No me eches de menos. —Y con esa puntilla final, Derek guardó la cartera y se abrochó de nuevo la chaqueta, dándose la vuelta para salir del local, no sin antes echar un último vistazo a la joven, con cierta e inconsciente mirada penetrante, esa que tanto la desquiciaba y probablemente le provocara las ganas de lanzarle el trapo que en ese momento llevaba Nicole en las manos, solo para que se fuera.
Al cerrar la puerta tras de si, una vez en la calle, alzó la mirada al cielo, que se empezaba a tornar violáceo-anaranjado, y entonces inspiró lenta y profundamente, para después dejar salir un largo, tedioso y pausado suspiro. Sin mirar atrás siquiera, se apresuró a desaparecer de las calles, antes de que el amanecer hiciera acto de presencia.
Fragmento editado de rol entre: @Diaries_Derek y @DiariesNicole
22/10/2014
Ficha: Nicole
Nombre: Nicole Holloway
Ubicación: Nueva Orleans
Edad: 27
Especie: Humana. Bruja – Clarividente
Rasgos: Al principio le cuesta un poco abrirse y coger confianza, pero luego es una persona amable y cercana. Se preocupa por sus allegados, muchas veces anteponiendo su propio bienestar. Suele ser muy sincera y directa, sin embargo con respecto a su don con la magia es muy reservada. Intenta aparentar una fachada de carácter fuerte, pero la realidad es que bastante sensible y dulce y es fácil herirla, aunque intentará no mostrarlo si lo puede evitar.
Breve biografía:
Nicole tuvo una infancia de lo más corriente. Nació y creció en Columbus, Ohio. Hija única en una familia de clase media. Todo era normal, hasta que a sus dieciséis años empezó a desarrollar sus poderes como bruja, cosa que hizo que se cerrara en banda y perdiera muchas amistades. No podía hablar de ello con nadie y sus padres incluso comenzaron a mirarla y tratarla como un bicho raro. A partir de ahí no pasó una buena época, no sentía encajar en ningún lugar y no controlaba su poder. En cuanto tuvo oportunidad decidió de trasladarse lejos de su familia, si es que se le podía llamar así a quienes la repudiaban por lo que era. Viajó por distintas ciudades sin echar raíces en ningún lugar.
Actualmente se encuentra en Nueva Orleans, llegada hace pocos meses y con la adquisición de un local donde ha metido todos sus ahorros y donde pretende al fin quedarse y conseguir algo estable.
A Nicole no le costó demasiado creer y aceptar todo lo ocurrido en Nueva Orleans con Los Originales de por medio. No obstante, sí le ha causado sorpresa que dicha ciudad la gran mayoría de gente esté enterada de la existencia de seres sobrenaturales. De igual forma, la bruja mantiene en secreto que lo es, dado los últimos acontecimientos, prefiriendo ir por libre y sin meterse en problemas, ya que tampoco quiere volver a mudarse y tener que empezar de cero en otro sitio. Nicole ha declarado su local, el “Velvet Destiny”, como neutral para cualquiera, ya se sea vampiro, bruja, licántropo o simple humano, y buscará ganarse el apoyo de alguien de peso para mantener esa condición en su local.
Aun con el paso de los años, sigue sin controlar del todo su poder, salvo las premoniciones, las cuales se despiertan al tacto, pero sí ha aprendido que no son siempre al pie de la letra y que tienen gran cantidad de interpretaciones y significados, por lo que debe ser siempre muy cuidadosa al descifrarlas y no dejarse llevar por las primeras impresiones. Sabe también que es posible cambiar el futuro que le ha sido mostrado, con las acciones adecuadas. Nicole es afín al elemento aire, y por consiguiente la magia y conjuros relacionados con dicho elemento son los que mejor domina, aunque todavía le queda por aprender, ya que no ha tenido nunca ninguna guía que pudiera ayudarla con esto.
Ficha: Derek
Nombre: Derek Adams Ubicación: Nueva Orleans. Edad: Tiene 114 años, pero aparenta y tiene cuerpo de un hombre de 33 años. Especie: Vampiro. Breve biografía:
Hijo de Marianne y Julian Adams, nacido en el 1900, y el mayor de dos hermanos, Henry y Michael. Se crió en Toronto, Canadá, en una familia humilde pero pudiente. Su madre era modista y su padre director de finanzas. Se crió como cualquier hijo de vecino, en un buen barrio, pero no pudo terminar sus estudios porque en el 1918 su madre cayó enferma por la famosa “gripe española” y terminó falleciendo. Su padre, hundido por la pérdida, cambió radicalmente de actitud, volviéndose serio, solitario, seco y huraño, sobre todo con sus hijos, como si estos hubieran tenido la culpa de algo. Los tres hermanos se pusieron a trabajar, dejando sus estudios por orden directa de su padre, que se evadía usando el trabajo como escusa, pero este le acabó matando llegado 1929, o el conocido “crack del 29” que aunque afectó en su gran mayoría a Estados Unidos, Julian tenía casi todos sus ingresos metidos en bolsa, ergo… se quedó la familia automáticamente en la calle, o mejor dicho los hermanos, puesto que su padre se quitó la vida. Desde entonces, no se supo más de la familia Adams, y Derek nunca habla de cómo le convirtieron en vampiro, ni donde están sus dos hermanos, es muy cerrado en ese aspecto, y a lo que su familia se refiere. Tras eso, Derek, en Nueva Orleans, después de todo lo ocurrido en la ciudad, se quedó con Marcel, considerándolo líder, aunque va muy a su aire y por libre, hasta que Klaus volvió reclamando lo que “considera” suyo.