A priori, parecería que estamos frente a una de esas comedias picarescas adolescentes que, al estilo "American Pie" (1999), han procurado mostrar la ebullición hormonal de esta época de la vida en escenarios estrafalarios, sexuales y escatológicos. El póster así lo sugiere. Sin embargo, aunque juega con esa idea, el cortometraje de Jay J. Levy narra una historia más reconocible, navegando entre la comedia y el drama, en la que entran en juego factores como la autoaceptación, la educación y cuertas hipocresías hogareñas.
Aunque no lo dice abiertamente, el contexto cronológico es el de los ochenta, época en la que el VHS reinaba y, en ausencia de internet, las revistas eran las mayores responsables de la sublimación carnal adolescente. Marc (Josh Hahn), que está a punto de arribar a los dieciséis años, es afecto a esta clase de contenido. El muchacho vive en una familia aparentemente abierta de mente y de buen pasar económico, conformada por su madre ama de casa (Suzan Brittan), su padre (John Zderko) y su hermana, la deliciosamente cínica Stacey (Frances Manzo). La clase de "revistas sucias" que Marc lleva a casa y oculta bajo su cama delatan su verdadera atracción afectiva, por lo que, cuendo son descubiertas azarosamente, su madre se pone en campaña para disuadirle e intentar otras alternativas.