¿Utopía de un divorcio perfecto?. Nunca es tarde para aprender a amar.
¿Utopía de un divorcio perfecto?
Nunca es demasiado tarde para aprender a amar.
Hemos aprendido a amar; tal vez un poco a la mala, pero aprendimos.
Aprendimos a dejar atrás nuestro dolor, un sin número de frustraciones, rencor.
Dejamos entrar a nuestra vida el amor más puro y nos dimos cuenta que lo compartíamos y que siempre lo íbamos a compartir, que el amar a ese ser y no querer otra cosa que su felicidad, implicaba que tú y yo nos amaramos.
Aprendimos a saludarnos con un beso y un abrazo cariñoso. A dejar atrás los enfados, las angustias, los insultos, los gritos, los reclamos. Aprendimos a sustituirlos por un “¿Cómo estás?” genuino, esa pregunta que muchos hacen por cortesía, nosotros empezamos a hacerla con real interés de saber cómo estaba el otro, de saber si podíamos hacer algo el uno por el otro.
Aprendimos a través del llanto, de las noches en vela, de la desesperación, de la incomprensión, de la soledad, pero aprendimos. Aprendimos que hoy y siempre, estaremos unidos por el amor, el amor que hoy nos llama “papás” y que nos necesita a los dos bien, felices y amándose siempre, porque tú estarás y yo estaré en y por el resto de nuestras vidas.
Y fue tanto el amor que nos movió, que supimos que no había otra solución más que separarnos, porque aquel que nos une se merece la mejor versión de nosotros mismos, y tú y yo, juntos, ya no lo éramos. Pero él se merece una familia, y nosotros, a pesar de vivir separados, somos y seremos siempre su familia.
Hoy somos una nueva y mejor versión de nosotros como personas y como pareja. Maduramos, aprendimos que nos necesitamos, pero que no dependemos el uno del otro.
Así que hoy renuevo mis votos contigo, hoy, siendo muy poco de lo que fui cuando te los dije por primera vez, hoy, con un significado mucho más entendido, mucho más profundo y maduro, prometo ser tu amiga fiel y sostener tu mano en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. Pues tu bienestar, será el bienestar de la personita que nos une y, separados pero felices, seremos una mejor familia.
Las circunstancias nos han dado la oportunidad de saber que nunca es tarde para aprender a amar; amar sin el egoísmo que une a la mayoría de las parejas, sin las exigencias de la rutina, sin el sentido de pertenencia que a veces ahoga.
Aprendimos a amar desde la humildad de nuestros errores y, sobre todo, aprendimos que amarnos, es amarlo.














