Doumeki & Yashiro. (Navidad)
Doumeki Chikara. [Nunca se es tarde para un post de Navidad. <3 ]
A finales de año las fechas más “interesantes” se venían con todo, una muestra era la excesiva decoración que mostraban las tiendas, el estado de ánimo más “alegre” de la gente y la deliciosa comida que humeaba por cada lugar que uno pasara. Afortunadamente, tal vez, para esas festividades se encontraba con trabajo que hacer en la oficina, así que los planes que su hermana le había propuesto tuvieron que ser rechazados, no sin antes ganarse el regaño de que tenía que visitar más a la familia. De todas formas no era cosa de su jefe, sino propia, él quería tener la oportunidad de invitar a Yashiro a una cena y para eso necesitaba mantenerse en la oficina hasta el momento adecuado.
Ya en la noche antes de Navidad, cuando el sol bajaba, Doumeki ingresó a la oficina de su jefe mientras los demás comenzaban a relajarse. Cerró la puerta tras su espalda y avanzó directo al escritorio, deteniéndose al frente del mayor.
–Jefe, ya es tarde, ¿le gustaría comer algo?
Yashirou Kou. La navidad nunca significó una fecha especial o algún motivo de celebración para Yashiro, todo lo contrario, solamente eran épocas en las que la vida le recordaba con el frío invernal y la masiva propaganda familiar y de parejas, que se encontraba sólo. No que le importara pero, aun así no despertaba en él ni un ápice de ilusión. — No estaría mal, estuve pensando en ir a interrumpir la cena de Kage pero según veo, esta pasando una "muy feliz navidad" — respondió con una sonrisa, observando la pantalla de su smartphone, es que el doctor y Koga aun no descubrían la cámara tras el espejo en la habitación. Eaoa chicos son muy descuidados, no es que sea su culpa. Miró de reojo al novato, y tras dar la ultima calada a su cigarrillo, extendió su mano con la colilla hacia él, esperando como el abusivo jefe que es, que su subordinado pusiera el cenicero debajo. Claro, lo de cenar con Kageyama era mentira, es solo que le encanta ver a Doumeki tensandose por una milésima de segundo cada vez que lo menciona. — Tu ganas — se puso en pie suspirando y recogió su saco del respaldar de su asiento, enganchándolo en su índice para llevarlo colgado sobre su hombro, en la espalda. — Mas te vale llevarme a un buen sitio..
Doumeki Chikara. Luego de formular su pregunta se quedó en silencio mirando como su jefe revisaba algunas cosas en el teléfono; poco y nada entendió sobre la Navidad de su amigo de la infancia, además que no tenía cabida en su conversación como para preguntar por los detalles. Si no lo entendía era una cosa, pero el no importarle era otra. Por otro lado, a pesar de verse desinteresado en lo que sea que Yashiro estuviera viendo, no podía dejar de lado sus obligaciones como guardaespaldas y asistente personal. Tomó del escritorio el cenicero cristalino y lo puso bajo la mano de su jefe donde las cenizas no demoraron en caer. –Ya he pensado en ello –respondió quedándose atrás como siempre pues Yashiro se había apresurado en levantarse y recoger su chaqueta. Dejó el cenicero donde correspondía y volteó tras los pasos del más bajo, era una suerte que él de por sí siempre estuviera ordenado así que no tenía que ir por sus ropas. Una vez en el auto ofreció la puerta abierta a su jefe antes de ir a sentarse él mismo en el lugar del chófer. El camino por el que manejó no fueron sino las poco concurridas calles que llegaban a un lugar muy familiar y conocido, su propio departamento. La realidad era que Doumeki no encontró mejor cena que una en su misma vivienda, fuera de los ojos de la otra gente, fuera de las parejas y familias reunidas en lujosos restaurantes.
Yashirou Kou. Al salir del edificio del Shinsekai, dejó su saco solamente sobre sus hombros, entrando al auto luego de que Doumeki abriera la puerta trasera para él, como de costumbre. Sacó su celular mientras viajaban, una llamada de Nanahara aparecía de la nada, por lo que contestó. — ¿Qué quieres? -- Jefe, solo quería preguntarle... ¿qué hará esta noche? El seño fruncido del líder se hizo notar con la molestia en su voz al clickear la lengua y terminar la llamada. ¿Qué les pasa a todos? ¿Acaso no tienen nada mejor que hacer que andar averiguando sus planes para la noche? Lo mismo fue temprano con Ryuuzaki quien le llamó para ir a "beber", además de Misumi san, a quien tuvo que rechazar con mas diplomacia y con la ayuda de Amou (?) — No siento reconocer este camino.. ¿a dónde me llevas? — empieza a sospechar (?)
Doumeki Chikara. Era obvio que Doumeki usaba el espejo retrovisor para mirar las acciones de Yashiro, sobretodo cuando hablaba por teléfono y hacía caras que tan encantadoras; aunque sólo fuera fruncir el ceño con molestia. –Ya le dije, lo llevo a cenar –hizo un esfuerzo para no parecer descortés pero a la vez no revelar información. Lo que menos quería era recibir una orden de dar la vuelta e ir hasta un lugar específico. Cuando llegó hasta las afueras de su departamento se apresuró en bajarse del auto e ir hasta la puerta de su jefe para abrirle. Cerró el automóvil con seguro y lo guió escaleras arriba hacia la puerta principal, donde además recogió gentilmente la chaqueta de Yashiro al entrar. Ahí, en la pequeña sala, había una mesa arreglada con un mantel blanco, algunas velas de color rojo y dos copas de champagne. Era una decoración simple que preparó entre los tiempos de trabajo y descanso. –Por favor tome asiento –se arremangó las mangas de su camisa luego de quitarse la chaqueta y doblar la corbata para dejarla encima de su hombro. Fue a buscar la comida que estaba resguardada del frío y el aire para no perder frescura. Era algo de pavo con salsa y papas para acompañar, nada muy costoso ni llenador; una cena simple para personas simples. –Yo... realmente espero que le guste –fue lo que dijo cuando dejó el plato al frente de Yashiro.
Yashirou Kou. Hizo una mueca al recibir su respuesta, despues de todo no es idiota y sabe que algo se trae entre manos ese jodido "guardaespaldas" suyo. De todos modos, se acomodó en su asiento hasta llegar, vaya sorpresa se llevó al reconocer el sitio a donde habían llegado. ¿Su vacío apartamento? ¿Por qué? Entregó su abrigo nomas entró y pasó adelante de Doumeki, inspeccionando rápidamente los detalles de aquella cena. Nh. Colocó la diestra sobre la boca de su estomago. Siente un vacío, como una ligera sensación de temor. Un mal presentimiento quizá. — Realmente eres un tipo extraño ¿eh? Podrías haber pasado este día con tu hermana — buscó el baño para lavar sus manos antes de pasar a sentarse, entonces y, apoyando su codo en la mesa para sostener su mentón en la mano, le observó. Tan hacendoso, tan atento y claro, atractivo, además de "normal". — ¿Por qué desperdiciar tu tiempo conmigo?
Doumeki Chikara. Nuevamente Doumeki no mostraba más expresiones en su rostro, su voz seguía normal y sus movimientos eran lentos. El comentario de Yashiro no le sorprendió ni molestó para nada, era un hecho que estaba rechazando la compañía de su familia para estar con su empleador; pero incluso eso se le hacía más agradable que cualquier otra cosa. Se esforzó en ocultar todo del mismo Yashiro y los demás, se esforzó por buscar la cena perfecta para ambos hombres. Se había esforzado como nunca antes. Una vez en su asiento no demoró en responder, tenía ambas manos apoyadas en los muslos y la espalda firmemente recta. Desearía tener algo más para ofrecer, alguna melodía que acompañase la cena o algo. –No es un desperdicio... –comenzó al inicio hablando suavemente, como si su voz se negara a salir. –El estar aquí con usted, eso definitivamente no es un desperdicio –apretó las manos formando puños. –Jefe, tengo algo importante que pedirle. Yo haré lo que sea, seré sus manos y pies, seré una bala y su escudo. Lamento mucho que por mi descuido usted... –titubeó un instante pero no demoró en recuperar la compostura, había sido un episodio realmente doloroso pero gracias a ello aprendió y se dio cuenta de cuán valioso era Yashiro para él. –Sólo quiero que me deje permanecer a su lado... no importa qué. Era una muy peculiar confesión lo que se tenía ahí, algo que sin duda salía de lo más profundo de su corazón.
Yashirou Kou. "Itadakimasu" Llevaba el primer bocado a su boca mientras escuchaba a Doumeki responder, pero el que ese enorme hombre tocara ese tema tan sensible, le dejó tiezo. Para él, era claro que el menor continuaba con aquel sentimiento de culpa por lo sucedido a las afueras del viejo cine pero, por un momento la sangre se le heló. ¿Acaso no sonaba eso como una confesión? Devolviendo el tenedor al plato, Yashiro volteó a mirarle sin un apice de duda en el rostro, mostrando severidad no acostumbrada con el antiguo oficial. — Te lo he dicho ya — largó tras un largo suspiro — ¿No viene siendo tiempo ya de que dejes el Shinsekai? Lo que sucedió no fue tu culpa, y sólo me dejas claro que no estas hecho para esta vida; aun estas a tiempo..— su mano se movió con sigilo hacia la copa que vació luego de tan solo un par de sorbos. Estaba sonriendo con fría indiferencia, con su fachada de "me valen tres metros de verga", pero esa misma mano, la que sostenía el frágil cristal, a penas y lograba controlar el temblor que abrazaba el cuerpo del "Jefe". "Ah, lo sabía. Es hora de alejar al chico."
Doumeki Chikara. Desde que terminó de hablar guardó profundo silencio y mantuvo la vista fija en ese hombre. No sabía cómo explicarlo a ciencia cierta, pero el quitar la mirada sería equivalente a perderlo para siempre, y Doumeki estaba más que decidido a no dejar que eso sucediera. Sin embargo sus emociones afloraban en ese rostro que al principio se mostraba tan estoico. No fue sino hasta que el mayor de los hombres dejara de hablar y diera paso a beber su bebida alcohólica, que Chikara decidió interrumpir con su negativa, apretando con más fuerza los puños al hablar. –No lo dejaré –su mandíbula estaba tensa. –Esa vez mi determinación no era la suficiente y por eso usted..., pero ahora es diferente. Yo lo voy a proteger porque quiero, seré sus manos y sus pies porque yo mismo lo decidí así. Ese día tuve miedo, pero también me di cuenta... de que éste es el lugar en donde quiero estar, el mundo donde está ese hombre hermoso; donde está usted, jefe. Era increíble que su mandíbula hubiera temblado al final de todo. Recordar la escena de la ambulancia le volvía a congelar el cuerpo.
Yashirou Kou. Desvió su rostro hacia algún punto a su costado, la ansiedad iba acumulandose, aumentando poco a poco conforme la zurda subía a su cuello en donde rascó con un aura de incomodidad rodeándole. Suspiró, no esta preparado para estas situaciones. Normalmente dejaría todo ir con una broma cruel pero, de algun modo cada vez que lastima a Doumeki, algo en su interior también acaba herido, y sinceramente no quiere preguntarse el "por qué" cuando es tan evidente. — Eres un bastardo insistente, te debo esa.. — respondió al fin, con una voz tan baja que era apenas audible en el silencio de la vieja y simple habitación. Había dado tantas oportunidades a su precioso Doumeki para huir, para librarse de ese mundo que, a sus ojos, no calza para nada con él. Miró la mano ajena, esa que ahora se encuentra incompleta debido a esa inquebrantable terquedad, y sintió pena, un vacío en el pecho tan grande. — ¿Desde cuándo te sientes asi? — se notó en su expresión amarga, el temor que había surgido desde lo más profundo, oculto con el mayor esfuerzo. Yashiro se puso en pie, sacando de su chaleco la cajetilla de cigarros, de donde tomó y encendió uno, esta vez sin la ayuda contraria. Caminó hasta el menor, rodeando la pequeña mesa. Dio un par de suaves palmadas a la mejilla ajena, observandole desde arriba (lo que se sintió muy bien por cierto) y sonrió. — Esta cena no tiene sentido, esta conversación tampoco lo tiene.. — dio un jalón al cigarrillo y acto seguido exhaló — ¿Sabes? He sido más suave contigo de lo que lo he sido con cualquiera de mis otros subordinados.. A decir verdad, pienso que eres adorable, pero lo dejé pasar, lo dejé pasar todo porque al principio pensé que solo me tenías a mi (y me recordaste a mi mismo), pero no era así tampoco, así que me sentí algo aliviado de que fueras impotente.. No eres como yo, eres un buen sujeto, y es por eso que.. — "no puedo dejar que te arruines quedándote a mi lado" — .. no me sirves para nada.
Doumeki Chikara. Yashiro podía desviar la mirada todo lo que quisiera, pero eso no iba a significar que Doumeki también lo hiciera. Quería mirarle, observarle, el jefe sin duda es tan hermoso a sus ojos que vale cada segundo en que pierde su mirada en él. Por otro lado, con cada mirada descubría cosas nuevas. ¿Está bien cuando dicen que un gesto vale más que mil palabras? Doumeki lo creía así, las muecas que el otro ponía de vez en cuando demostraban un lado diferente al de sus palabras. Pero ésta vez, él se veía tan serio… Sabía perfectamente el momento donde todo inició, que había sido antes de comenzar a trabajar con él; pero el punto era confesarlo o no. El tiempo fluía y Yashiro se puso de pie provocando ahora en el joven Doumeki una sensación de miedo muy parecida al incidente del balazo. Con sinceridad podía decir que en ese instante creyó que todo habría terminado, que su jefe se habría levantado para retirarse y desde que cruzara el dintel de la puerta nunca más lo volvería a ver. Sintió como un sudor frío corrió por su frente. —Jefe… —le llamó. Por ahora era lo único que sus labios podían decir, sentía en la cabeza la misma palabra gritando una y otra vez; “¡Jefe, jefe, jefe, jefe!” No había atinado a proferir otra palabra más. Y ya no había tiempo, Yashiro se le adelantó cortando toda forma de poder hablarle, y con cada palabra que dijera Doumeki sentía que su garganta se comprimía más y más. Una mezcla de emociones embriagaron su interior: tristeza, impotencia y rabia... Muchas veces lo había pensado, que él era igual que su padre; y en ese preciso instante el mismo pensamiento abrumó su mente. Allí no había nadie más que ellos dos, sólo estaba él y SU jefe. En caso de que algo sucediera nadie se enteraría, por ende nadie se entrometería y nadie ayudaría. Terminado el monólogo del mayor, Doumeki se puso de pie abruptamente. Con su mano derecha sostuvo la contraria para sujetarle y acto seguido acortar la distancia entre ambos. Con la mano restante, aquella con la marca de la Yakuza, agarró con firmeza la barbilla ajena, se acercó y conectó sus propios labios con los del otro. Así era como se sentía y no iba a ocultarlo más. El beso torpe y agresivo era una muestra de la similitud con su padre. Quería hacerlo suyo, a ese hombre hermoso, y ese era el primer paso.
Yashirou Kou. Por su mente no pasaba la visualización de distintas reacciones que podría tener el menor ante sus palabras. Acostumbrado a tener la razón, acostumbrado a ser obedecido sin cuestionamientos de por medio, simplemente dio a conocer "su voluntad" y esperaba fuera acatada... Cosa que no fue así. No sabe en qué momento, pero la sensación familiar contra sus labios, la malicia que podía percibir tras esa simple acción, le dejó sin aliento. "¿Porqué? ¿Por qué desperdiciar tan hermosos sentimientos y tu precioso ser en alguien como yo?" Yashiro colocó el brazo sano entre sus cuerpos y comenzó a empujar a Doumeki por el abdomen, intentando alejarle pero era inútil. Extendió entonces su extremidad y sujetó esa mano, aquella que ingenuamente y de forma tan temeraria el menor había entregado a "la familia", y la presionó, poniendo especial fuerza en el muñón de aquel inexistente meñique. Debe librarse de esas peligrosas redes, lo sabe pero... La torpeza con que su guardaespaldas intenta forzarlo es tan.. simplemente adorable que le deja desarmado. Un paso hacia atrás, Doumeki sigue presionando. Se siente un poco aterrado pero a la vez, la zona inferior de su cuerpo es sincera, débil y lasciva. ¿Que hacer? — Doumeki.. deten esta basura — con esfuerzo fruncio el entrecejo, intentando aún separarse pero, solo acaba dando otro paso hacia atrás, cada vez mas cerca de la pared a su espalda. Empujar es inútil, el chico es como intentar mover un muro. Resistirse es inútil, es como resistirse a ser aplastado por una enorme roca. Lo desea tanto. Pero le aterra demasiado.
Doumeki Chikara. No le dolía en lo absoluto, esa herida que él mismo se hizo había perdido todo sentido del dolor, es más, podía decir que era una clase de estigma que portaba con cierto orgullo por ser una muestra de lo comprometido que estaba con la hermandad, o específicamente, lo comprometido que estaba a servir bajo el mandato de Yashiro. A excepción de ese instante. Yendo contra la instrucción de “detener esa basura” Doumeki acorraló al más bajo colocando más peso sobre su cuerpo. Seguía con el rostro tan cerca que cada uno respiraba el aliento del otro. Doumeki continuó insistiendo en sus besos los cuales regaba alrededor de sus mejillas, la comisura de los labios, incluso agachándose para alcanzar su cuello; no importaba cuánta resistencia colocara Yashiro, le sería imposible quitarse a ese hombre de encima cuya única meta momentánea era la de marcar su cuerpo. Prontamente la pared le brindó de una superficie donde pudo apoyar al contrario y evitar toda forma de escape. Se veía mal, sí; pues se supone que las cosas no deberían dar ese giro, pero por la intensidad del momento estaba lejos de sentir que fuera algo malo. El silencio por su lado era absoluto, hasta el momento no había proferido palabra alguna más que “jefe” y su anterior confesión. Nuevamente con la mano izquierda se encargó de sujetar la barbilla ajena y esta vez utilizó el índice para abrirse paso en su boca, separando sus labios, mientras se inclinaba plantándole un beso utilizando la abertura de sus labios para introducir su lengua en la cavidad y explorarla. Cualquier cosa para evitar las trabas que colocaba Yashiro en su momento íntimo.
Yashirou Kou. La entrada forzada de ese dedo en su boca, seguido de los besos pasionales que Doumeki imprimía en él, estaban guiándolo al vacío. De pie al borde del precipicio, así se sentía en este momento, y la sensación de vértigo solo aumentaba en su abdomen. Su boca se rindió a la insistencia del menor, a quien poco a poco, comenzó a regresar la misma intensidad, quizá algo oxidada, con la que era intervenida. Le esta doliendo el pecho, con el mismo tipo de dolor que sientes tras haber corrido una maratón. No hay oxigeno, y el dolor quema el pecho. ¿Que clase de veneno es el que ese mocoso le da? "Ah, supongo que al final también seria así" Una vaga idea cruzó por su mente y su actitud dio un giro de 360°. Se sintió tan absurdo, haber actuado tan "inocentemente" no era como él. ¿En qué había estado pensando? Si su perro tenia hambre, lo alimentaria. La mano sostenida por su brazo ileso subió a atrapar el nudo de la corbata ajena, tirando de esta misma para atraer mejor a su guardaespaldas hasta su estatura. Tiró aquella corbata y con su propio cuerpo empujó al contrario, haciendo que los papeles cambiaran. Doumeki acorralado, mientras el castaño soltaba el nudo del cuello ajeno para abrirse paso con sus dedos hábiles a través del cinturón, botón y cremallera contrarios. Ha vuelto a su cinismo habitual, realmente no sabe porqué intentó evitarlo, al final todo se resumiría a lo de siempre. Alimentará al perro, antes de abandonarlo.
Doumeki Chikara. No había nada más estimulante que ser correspondido por ese hombre oscuro, pero hermoso; Doumeki sintió cómo sus besos fueron aceptados por el contrario y la unión entre ellos se estrechaba cada vez más. Estaba marcando la carne de Yashiro con sus muestras de afecto que el otro había intentado esquivar al principio. Tan hostil en sus primeros momentos, pero tan dócil ahora; casi se podía preguntar si era culpa suya el cambio presentado en su jefe, pero la situación estaba cruzando los límites que había pensado para esa noche. Si seguía adelante... ya no habría vuelta atrás. Tanto su mente como su cuerpo se estaban dejando llevar. Grande fue la sorpresa cuando se invirtieron los papeles, esta vez encontrándose acorralado contra la pared y un lascivo Yashiro que le sujetaba de la corbata como si se tratase de una correa. —Jefe... —alcanzó a murmurar torpemente con sus labios húmedos, tenía la mirada perdida en esos ojos dorados y sintió como el deseo que hace mucho creía perdido volvía a florecer. Desvió la mirada hacia abajo donde los frágiles dedos del castaño se encargaban de bajarle la cremallera y desabotonarle el pantalón, todo iba tan rápido que no le gustó. Si bien llegaría al mismo fin que deseaba, el camino no era el adecuado. Con cierta brusquedad agarró a Yashiro por la muñeca, no profirió palabra alguna pero su rostro se encargaba de expresarle que se detuviera. Doumeki quería que las cosas fuesen con calma para saborearlas, no aprisa como su jefe tiende a hacerlas, porque eso al joven guardaespaldas le dolería, después de todo estaría siendo tratado y visto de la misma forma que otros muchos hombres; algo que no acepta. —Así no —aseguró antes de continuar con lo siguiente. Con la mano derecha imitó los movimientos del más bajo, desabotonó y bajó la cremallera del pantalón contrario antes de usar sus dedos para acariciarle por dentro, pero sobre la ropa interior. A Yashiro le habría costado alejarse dada la fuerza que Doumeki estaba aplicando en su agarre, además, al otro sólo le quedaba el brazo lastimado que técnicamente no era de utilidad.
Yashirou Kou.













