Gilgamesh Sumeru.
¿Qué podía competir con el astro más brillante sobre la faz? Sin duda el Sol era lo único que despertaba rivalidad ante el más grande de los reyes. Era una tarde amenazada con ráfagas de un viento hostil, capaz de empujar la arena hasta las partes más íntimas de los valientes que osaban portar de esas ropas de baño tan vistosas y cortas.-¡Llénense de regocijo por contemplar al ser más prodigioso nunca antes concebido.!- Tales vocablos eran emitidos de una silueta gallarda, que portaba un short dorado, sus cabellos eran como el oro, sus sandalias del matiz que significaba el simbolo del metal más preciado, sin duda el amarillo parecía ser su color descriptivo.(Ranger Yellow).
Primero arribo sobre el mejor lugar del paraje, algo digno de él y en el suelo clavo una sombrilla, debajo de la que tomo asiento sobre una toalla.- Pronto llegarán los insignificantes mestizos, espero que se estrellen en el camino y mueran...-En su rostro se dibujo una sonrisa de sadismo, de esas que emulaban los asesinos seriales.-Por ahora, espero que mi harem llegue y venga a servirme como su amo.- Menciono con total dignidad. La mirada del varón se fijó en el vaivén de las olas, que azotaban las dunas de la playa, a sus espaldas, en el estacionamiento se encontraba Vimana, su avión privado, que curiosamente era de oro y también dorado.
Scathach.
El abismo era frió, inmenso con una melancolía intangible, inmensurable sendero reinado por la mas fuerte entidad femenina cual existencia iba mas alla de los conceptos de la vida o muerte, presencia de largo cabello oscuro el cual llevaba recogido en una coleta la cual le rozaba la espalda con delicadeza, el lugar prometido como un edén veraniego se le figuro poco atractivo pero a causa de fuerzas mayores termino yendo de igual forma.
Un conjunto negro con unas tiras que formaban una X cruzando por el cuello formando un collar y una suave tela que descansaba en sus pronunciadas caderas eran sus vestimentas seleccionadas para la aventura de verano
Ese podia ser el dia en que lograria encontrar el proposito de su existencia, la razon de la felicidad o incluso una razon de vida..luego escucho una risa maniatica y se dio la media vuelta para irse.
Kirei Kotomine.
En contraste con las doradas vestimentas del Rey de los Héroes, tras su espalda; como una sombra que no encaja en el júbilo de quienes disfrutan en la playa, Kirei portaba unas ropas informales que consistían en un short, camiseta sin mangas y unas sandalias todo del color más oscuro posible; como si su alma se viese reflejada. Lo único que emanaba un haz de luz, al reflejarse el sol, era la dorada cruz que colgaba en su cuello como único símbolo de poca humanidad que podría, quizás, quedar en él.
Ese día no había tenido más opción que seguir las pisadas del Rey dorado hacia el banco de arena más cercano, cargando como animal, una cesta refrigerada con bebestibles para el rubio. –Dudo mucho que un Servant muera por un simple accidente –se atrevió a decir mientras arreglaba el lugar donde descansaría toda la tarde, bajo la sombrilla que protegería su piel del sol.
Poco y nada tardó la "primera" persona en hacer su aparición. Como Master, miró hacia un costado en busca de quien había hecho saltar sus sentidos, la Servant desconocida de cabellera oscura que, pensándolo bien, parecía estar marchándose del lugar.
Tohsaka Rin.
Había sido invitada por Gilgamesh a una reunión en la playa, era esa clase de invitaciones a las que simplemente no podías negarte a menos de que desearas terminar empalado por una lluvia de filosas espadas.
—Ah… Archer… ¡Debí obligarte a venir conmigo! —Se lamentó en un tono de voz lleno de capricho mientras ella misma debía cargar su propia sombrilla, también llevaba una cesta donde cargaba una manta, bloqueador solar y por supuesto, una bebida fría que recién compró en el camino, la razón por la que había accedido a ir sin su servant es porque el dudoso sacerdote estaría allí, ¿qué mal podría haber si el supervisor de la guerra estaba presente? De cualquier manera el arquero estaba vigilando desde lejos, no se fiaba de nadie y por tal razón accedió a que el albino se quedase a la distancia observando.
—Me pregunto si Shirou fue invitado… —Meditaba conforme se acercaba al punto de encuentro, la maga portaba un bikini de dos piezas, éste en un color rojo no muy brillante, su cabello estaba suelto y atado en los costados por sus ya características coletas. Al acercarse distinguió a los presentes, Kotomine y Gilgamesh, también estaba esa joven que parecía alejarse con quien se cruzó en el camino, por la esencia que desprendía de ella dedujo que se trataba de un espíritu heroico—. Hola, ¿ha pasado algo? —Preguntó a la desconocida, si ella se marchaba es porque algo había salido mal, tal vez era una trampa y ella se había dado cuenta.
Gilgamesh Sumeru.
Gilgamesh pretendía reducir cualquier rastro de atención hacia los presentes, le parecía totalmente nefasto el compartir su tiempo con seres tan poco " agraciados " pero la iniciativa era divertirse. ¿Podría lanzar espadas tal como jugar a tirar dardos? Esa era su forma más sana de jubilo.
-Kotomine, veo que llegaron ya las mujerzuelas que me propusiste traerían diversión.- Las escarlatas pupilas del Rey se arrastraron lentamente hasta visualizar a ambas féminas que como el vaivén de las olas iban y venían.-¿Acaso piensas partir, mujer de las sombras?.- Scathach le generaba un sentimiento extraño, un recuerdo de un pasado tormentoso. ¿Lo recordaría ella también?.Veo que prefieres huir de mi, eso suena a algo típico de las sombras, siempre escapan de la luz verdadera.-
Su rostro dibujo una de esas muecas que denotan superioridad, aún más cuando se percato de la jovial maga.-Y aquí la que derrocha un olor a cerdo. ¿Dónde dejaste a tu mascota?.-Impertinente, ofensivo y hostil, un lujo que solamente él se permitía.-Kotomine, no me dijiste que estaríamos de niñeros.-
Scathach.
Acelero el paso dejando que el viento creara ondas con los mechones del oscuro cabello, pensando que podría escapar de ese calvario hecho hombre fue interceptada por una joven de cabello rizado, le observo con ojos fríos pero ardiente ansiedad de salir de la area, una continua expresión carente de emociones le fue dedicada y negó con la cabeza — Mi presencia no encaja con el lugar..es todo—
Dispuesta a continuar una voz que conocía bien resonó cual campana, pero no por ello se volteo, no le permitiría saber que aun tenia presente su existencia en un lejano pasaje de su vida
— Te haz de haber confundido de persona..busco a mi alumno, a nadie mas que el, lo lamento —
Disculpas vacías salieron de sus labios y procedió a irse...cuando un enorme perro que iba corriendo por la arena se le lanzo encima tirando a la legendaria guerrera al suelo.,.por un segundo se pregunto porque cuando salia a la modernidad los perros salían de la nada a saludarla.
Kirei Kotomine.
Ya se había acomodado sobre su propia toalla para disfrutar de una plácida lectura y así, aunque sabía que era imposible, evitar ser molestado por los caprichos de cierto Rey. Si bien al inicio apenas dirigió la mirada hacia los presentes, ahora antes de leer su libro, repasó la mirada al horizonte buscando memorizar las caras. La mayoría eran conocidas, demasiado tiempo en Fuyuki, demasiada gente que detestaba. Un buen ejemplo era la joven Tohsaka cuya voz inconfundible podría reconocer a distancia.
Unos breves instantes de silencio se extendieron por su lado, tenía la mirada fija en Rin cuya figura vestida en traje de baño resultaba atractiva, no en el sentido sexual, sino en esa sensación como darle una bofetada a la realidad y tomar peso al tiempo pasado. Ah, si todavía recordaba cuán despreciable era de pequeña. Si bien muchas cosas no han cambiado, como la manera en que idolatra a su padre, hay cosas que la hacen ser más llevadera.
–Quiero creer que es una simple casualidad –finalmente habló respondiendo al comentario de Gilgamesh antes de recostarse sobre su espalda y abrir el libro, previamente marcado, para hacer la vista gorda.
La lectura no fluyó demasiado, su concentración cambió apenas la Servant desconocida de hace un rato mencionaba una sola palabra: “Alumno”. Debatiéndose entre si era correcto o no entrometerse, deslizó el libro hacia su pecho y discretamente, por el rabillo del ojo, dedicó la mirada intercalándola entre la mujer y Gilgamesh. Oh, que curiosas amistades hacía el Rey de los Héroes.
Tohsaka Rin.
Ladeó ligeramente la cabeza ante la respuesta de la mujer, no entendía porque se expresaba de ese modo, parecía que tenía fuertes razones para no querer estar allí, aunque había algo más, percibía ese deje de soledad reflejado en su semblante.
La peculiar voz del rubio monarca llegó a sus oídos, dirigió la mirada hacia él y por lo que escuchó entendió que esos dos se conocían de algún modo, iba a meditar un poco más al respecto pero entonces los insultos del dorado no se hicieron esperar.
—¿Qué has dicho? Bastardo… —Lo último lo susurró en voz baja y entre dientes, con aquel típico tic en el ojo como cuando algo te enfada demasiado pero posees un sublime autocontrol—. ¿Para esto me has hecho venir? —Cuando la otra chica continuó su camino, ella avanzó hacia el sumerio y el sacerdote.
—Kirei, ¿qué significa todo esto? —Caminó un poco más hasta plantarse de pie ante el sitio donde descansaba el clérigo, le exigió respuestas a él pues era el único de los presentes con quien parecía poder llevar una conversación más o menos buena, fue en ese momento que escuchó unos ladridos que distrajeron su atención, se encontró una escena bastante curiosa protagonizada por la servant de antes.
Gilgamesh Sumeru.
Era totalmente un logro captar la atención del Rey, puesto que ante quien visualizo los tesoros más bellos de la existencia, nada podía robarle un suspiro de sorpresa, a excepción de un par de existencias y Scathach era una de ellas.
-Kotomine, encárgate de cuidar a tu pequeño esbirro.- Con un ademán de su diestra señalo a la joven maga. La anatomía del varón se levando del lugar en donde guardaba reposo, mostrando su pálida piel, pues en un parpadeo planto un nuevo sendero, que sin más fue a dar hacia la sacerdotisa de las sombras.
-Parece que tus recuerdos son confusos, tanto que huyes de mi, pero bien sabes que no existe lugar al que escapar.- De nuevo ese tono prepotente fue expelido de sus labios, aprovecho ese instante en que la vio derribada y se proclamo con una pose de superioridad, pues los demás debían estar tal como ella, totalmente a sus pies.
Scathach.
El pelaje de la bestia era oscuro , un precioso German Shepherd que meneaba la cola con extrema felicidad, como si conociera de toda la vida a la mujer amazona, el can se mantuvo sobre ella dominándola por completo evitando que esta pudiera levantarse, estaba petrificada al no haber esperado el ataque, suspiro con cansancio y con una sonrisa a medias acaricio detrás de las orejas viendo tal efusiva muestra de afecto
— Por hoy..creo que puedo adoptarte..— menciono hablando con el perro, una costumbre que se volvió común en ella por cuanto esos seres le seguían por las calles, era un imán para ellos..también lo era de ese hombre quien se acerco con paso decidido y sonrisa mezquina, de solo verlo volvió a su semblante usual,vació.
— Mis recuerdos están en perfecto estado..Por favor abandone sus delirios, alguien requiere mas de mi atención — declaro golpeando con su indiferencia al sumerio incorporándose dándole varias palmadas al can, enamorada del canino y su forma de sonreirle
Kirei Kotomine.
Si al inicio había estado intercalando mirada entre Gilgamesh y la desconocida, ahora sólo tenía los ojos fijos en una sola persona; Tohsaka Rin, a quien parecía juzgar con la mirada. –Aunque no lo creas, yo también soy una víctima en todo esto –dejó el libro apoyado en su pecho y llevó ambas manos para cruzarlas tras su cabeza. –Pero –añadió. –incluso para mí, una salida a la playa no viene mal –esbozó una sonrisa de medio lado antes de cerrar los ojos, de verdad que tomarse el día para hacer, literalmente nada, es un privilegio que pocas veces puede tener.
Pero de la misma forma en que llega, la tranquilidad puede ser derrumbada por los ladridos de algo que, curiosamente, ¡no era Lancer! Apenas separando sus párpados divisó la muy extraña escena de Scathach siendo montada por un callejero. Pobre lancera, casi pudo sentir lástima.
Tohsaka Rin.
Rodó los ojos con aires de fastidio al escuchar como la llamaba Gilgamesh, “esbirro”, suspiró cancinamente e ignoró totalmente sus palabras, nada ganaba con enfadarse más allá de arruinar una bella tarde en la playa.
Regresó su atención hacia el sacerdote y arqueó una ceja al percatarse de la escudriñadora mirada de éste sobre ella, igualmente le restó importancia y se centró en sus palabras. —Ya lo creo, un poco de sol te vendría bien, ya es bastante raro verte vestir de manera tan casual. —Le habló con indiferencia al mismo tiempo en que se disponía a colocar la sombrilla que cargaba, se hincó sobre la arena para ello y hundió en ésta la punta de aquel para sol, enterrándola lo suficiente como para que se quedara fija.
No sabía quien más estaba invitado así que por ello dispuso su lugar de descanso junto a Kotomine, preferible a estar cerca del egocéntrico Rey dorado, quien parecía muy interesado en aquella mujer, cosa que en el fondo le sentaba un poco mal, extendió la manta y tomó asiento sobre ésta, concentrándose luego en colocar la pajilla dentro de la bebida que compró, un jugo de mango de esos que venden en pequeños envases de cartón.
Gilgamesh Sumeru.
Su orgullo era la cumbre más alta, algo imposible de domar y producto de ello eran esas reacciones tan hostiles de Gilgamesh contra quien tentaba embestir esa magnificencia edificada.-Es una perdida de tiempo, ahora solamente entiendes ladridos y olores despreciables.- La efigie del varón emitió un gallardo giro sobre su propio eje, dando la espalda a aquella mujer que antaño compartió una historia.
-Mocosa, ya que estas aquí procura servir las bebidas.- Con un peso animado, en pos de esconder de la mejor forma su frustración, se alejo de la dama sombría.- ¿Qué otro espectáculo preparaste para mi Kotomine?.- Se creía el espectador más importante de ese circo en la playa. Obviamente era el que tiraba de las cuerdas, era el motor de ese sin fin de movimientos del destino, pues todo giraba en pos de complacer su hambriento aburrimiento.- Detesto el hedor de los perros...-Menciono entre dientes, cargando con un enfado notable, sin duda estaba irritado.
Scathach.
Mantuvo las manos sobre las mejillas de la bestia, cuidando de mostrar una aparente indiferencia en el semblante escuchando con atención como el monarca continuaba con sus alaridos descontrolados llenos de veneno, pensó por momentos revelarle que no había olvidado su existencia pero significaría darle viva a un sentimiento de anhelo que desconcertaba a la dama, negándose a su propia humanidad solo le miro de reojo por como se alejaba, entendiendo que ambos existían en mundos que no estaban destinados a unirse de nuevo.
— Te llamare Setanta — menciono con un disfrazado entusiasmo, el canino parecía entenderla y asintió para luego hacer uso de su lengua dándole una lamida a la mejilla de la guerrera quien no se negó — Debemos buscarte un sombrero..hace calor— continuo hablando al perro pensando en buscar una tienda cercana donde podría comprarle al can una camisa de verano en conjunto de un sombrero y lentes de sol..una diversion rara que también adopto con su popularidad creciente con las bestias.
Kirei Kotomine.
–He vestido ropas casuales antes, pero seguro no recuerdas, estabas más atenta en idolatrar a tu padre que observar a tu alrededor –ni siquiera el bello día del verano haría cambiar esas ácidas palabras que, en todo momento, salían de Kotomine.
Inspiró profundamente y, en otro fallido intento de retomar su lectura, cayó en cuenta de algo. –Rin, –interrumpió cuando la mencionada hubo terminado de instalar su sombrilla y ahora descansaba bebiendo su jugo. –¿Qué hay de Emiya Shirou? ¿No lo invitaste? –se impulsó hacia adelante quedando sentado, quizás la culpa la tenía Gilgamesh por “escoger” a quienes se encontrarían en la playa, tal vez la salida tenía un motivo más que el simple hecho de “divertirse”. Había hasta abierto la boca para agregar algo más cuando el Rey de Roma regresaba sobre sus pisadas.
Recorrió con la mirada el sendero de arena tras su espalda, donde Scathach conversaba con el perro, entonces aprovechó la instancia de soledad en ella para cruzar unas palabras. Se incorporó y le pasó el libro a Gilgamesh al momento de pasar por su lado, el título dictaba “Leviathan” por T. Hobbes.
–En éste lugar no se permiten perros –se dirigió a la Servant y respaldando su regaño señaló hacia un cartel donde figuraba un perro junto a un enorme círculo de “prohibido” en rojo. En realidad sólo quería una excusa para preguntarle algo.
Tohsaka Rin.
Miró de reojo al mayor cuando éste mencionó a su padre, se encogió disimuladamente de hombros y apartó la pajilla de sus labios para liberar un suspiro, tan sólo bastó un segundo en que la gallarda imagen de Tohsaka Tokiomi ocupó su mente para que la melancolía la embargara. Evitó hablar del tema y en cambió respondió a su siguiente pregunta.
—¿Mh?, ¿Shirou? —Esta vez dirigió toda su atención al sacerdote y negó con un movimiento de cabeza—. No, supuse que ya le habían invitado y como yo no organizo esto… —Antes de terminar la frase, la palabra “mocosa” llegó hasta sus oídos, Gilgamesh sí que sabía cómo crisparle los nervios.
Lamentó para sus adentros que Kotomine se marchara y la dejase lidiar sola con las exigencias del sumerio. —¿Cuáles bebidas? —Buscó con la mirada y entonces se percató de la cesta refrigerada que descansaba en la arena, se acercó a ésta para abrirla y sacó una de las bebidas que contenía, supuso que el rubio se lo tomaría muy mal si simplemente se la arrojaba y ya se le veía bastante irritado, por ello es que se tomó la molestia de incorporarse de su lugar para acercarse al dorado y entregársela personalmente. —¿Se le ofrece algo más, su majestad? —Claramente sus palabras iban cargadas de sarcasmo.
Freyja Alexandra Hakyokkusaken Pendragon.
Era una tranquila tarde en la ciudad de Fuyuki, en la cual una joven sobre volaba por la ciudad, la susodicha montada sobre su carruaje el cual era dorada con decorados de plata e incrustaciones de diamante, unos hermosos linces alados tiraban del mismo, a la mujer poco le importaba que algún mortal la viera seguramente solo pensarían que están viendo visiones. No pasaría mucho tiempo para que la mujer sobre volara una de las playas de la ciudad, sintiendo en el acto una presencia conocida para ella, cerca de esa presencia habían tres mas, la curiosidad invadió a la rubia y tirando de las riendas que guiaban a los linces para dirigirse al lugar.
Una sonrisa divertida adornaba las acciones de la mujer al ver de quienes eran aquellas presencias, con tan solo tirar nuevamente de las riendas ordenaba a sus linces aterrizar cerca de los individuos, los linces obedecieron cambiando su trayectoria hacia los presentes, al aterrizar la mujer no hizo esperar un saludo.
-Hey!!, es curioso encontrarles reunidos, les importa si me uno a esta improvisada fiesta??- Las palabras de la mujer salían en un tono algo divertido como el de una niña divirtiéndose - entonces me puedo unir??.
Al bajar de la carroza la mujer portaba una camiseta blanca de manga larga, en su cuello estaba atado un listón de color azul marino, encima una chaqueta en color verde oscuro con manda poco mas arriba dejando ver las mangas blancas, a juego llevaba una falda del mismo color. La rubia coloco su mano izquierda en la cintura y con un chasquido de la mano derecha su ropa comenzó a desvanecerse en una tenue luz dorada, tan solo dejando a la joven en un bikini de dos piezas en color rojo, un chasquido mas de su mano derecha hizo desaparecer la carroza y las riendas tan sólo para dejar que sus linces descansaran y gozaran.
Gilgamesh Sumeru.
Era todo un circo desmedido, totalmente arraigado a los festivales medievales que los señores feudales organizaban. El bullicio que se extendía por todos lados era lo suficientemente molesto para sumar mayor enfado al volátil humor de Gilgamesh.
- Vamos al agua, mocosa.- Ni intento recibir la bebia que antes había solicitado, dejó con la mano tendida a la fémina. Un Rey no necesita motivos o pretextos para ser caprichoso, puesto que la jerarquía le concede el derecho de jugar con cualquier persona que se le apetezca.-Estar aquí y sentir ese hedor me molesta.- Inclusive ni se molesto en saludar a la recién llegada, ni tampoco en hablarle más a Kotomine.
Dejo un sendero de huellas sobre la arena detrás de su anatomía, pues a cada paso en que se acercaba al mar, mayor tranquilidad podía sentir, no pensó ni en ver atrás ya que eso le volvería a irritar.
Scathach.
La mujer con alma de valquiria ya se encontraba en la tienda de verano en donde vendían diferentes tipos de artilugios como flotadores, pistolas de agua..y uno que otro bocadillo, sostenía un sombrero de paja y procedió a agacharse para acomodarlo sobre la cabeza del perro el cual se mantenía obedientemente sentado meneando la cola complacido — te queda bien —
Continuo hablando con el can cuando la presencia de un ser humano la despertó de su lugar feliz, de nuevo volviendo a la expresión estoica, parpadeo y dirigió la mirada al letrero y luego al hombre, nada complacida — no es un perro ,es un amigo —
Kirei Kotomine.
Se tomó la molestia de recorrer todo el camino hacia la tienda ambulante y encarar a la desconocida, sólo para que le dijese “es un amigo”. Está bien, la creencia de que “el perro es el mejor amigo del hombre” está bien instalada en la mente de todos pero, siendo ella Servant y él juez “imparcial”, debía hacer acatar las normas de la sociedad. –Es un perro, procura dejarlo donde pertenece –y aprovechando que estaba en una tienda, sacó una pistola de agua que no dudó en pedir “prestada”, después de todo la gente se había conmocionado al ver un carruaje tirado con felinos voladores y poca atención dedicaron a la tienda.
–¿Qué clase de Espíritu Heroico eres? Dijiste “Setanta” y pareces llevarte bien con los del tipo canino, ¿eres de Irlanda? –bombardeó a la pelirroja con preguntas, no andaría con rodeos, menos cuando el tiempo apremia.
Tohsaka Rin.
Su atención se distrajo con el espectáculo montado por aquella desconocida mujer, se quedó un tanto asombrada ante su osadía, le preocupaba que lugareños o turistas hubiesen contemplado tal escena, de ser así y con un poco de suerte quizá creerían que se trataba de algunas pruebas para la filmación de una película, por supuesto a Rin no le hizo mucha gracia, como guardiana de Ciudad Fuyuki ella debía de velar por los secretos de la magia.
—Sólo trata de no llamar tanto la atención ¿de acuerdo? —Respondió a la rubia recién llegada, optó por hacer a un lado la hostilidad, obviamente se trataba de una servant y lo mejor era andarse con cuidado.
—Voy enseguida… —Comentó al dorado luego de que éste la dejase con la mano extendida, mientras el Rey se alejaba hacia la orilla de la playa ella se acercó a Freyja para entregarle la bebida—. Toma, puedes beber algo y relajarte, la última es mi manta. —Señaló aquella sombrilla clavada en la arena junto a las demás—. O puedes venir a nadar con nosotros. —Sonrió amable y entonces regresó sobre sus pasos antes de que la impaciencia arruinase más el humor del Rey de Héroes.
—¿Puedes dejar de llamarme mocosa? ¡Ya no soy una niña! —Le reprochó mientras dejaba las sandalias que traía puestas a una prudente distancia del agua, entonces caminó descalza por la arena hasta sentir el oleaje cubriendo sus pies—. Ya basta con eso del hedor, a mí me agrada la esencia de Archer. —Mencionó a sabiendas de que el arquero estaría vigilando desde la distancia y sin perderla de vista.
Freyja Alexandra Hakyokkusaken Pendragon.
La sonrisa de la joven seguí en su lugar aun con el leve regaño de la Máster y la falta de atención de Gilgamesh, aun que eso lo venía venir después de todo conoce a su padre, aun que este fuera de otro tiempo, después de recibir la bebida por parte dela joven que le regaño le bebió sin importar le nada.
-Claro que me aventuro a nadar con ustedes, sera entretenido hacerlo - La joven siguió a los otros dos rumbo a la playa, le causaba gracia el como se molestaba por que le dijesen mocosa, bueno a cualquiera le molestaría - Tranquila seguro que la gente pensó que no es nada mas que efecto especial-
Aquellas palabras estaban llenas de despreocupación y hasta des interés por parte de la rubia, si bien sabía que la gente no estaba acostumbrada a presenciar ese tipo de cosas deberían agradecer por presenciar a tan magnificas criaturas, La rubio esbozo una sonrisa mas amplia ablando con gran orgullo- Es mas deberían estar completamente agradecidos por haber visto a Trijgul y Bijgul con sus plebeyos ojos - Cada vez que se trata e sus posesiones mas valiosas no podía evitar ser realmente prepotente.
Gilgamesh Sumeru.
El tiempo siguió su cauce, los pasos de Gilgamesh se plasmaba más como evidencia sobre las doradas dunas hasta que finalmente cesaron, cesaron ante el embate de las calidad olas.-¿Para que traes a esa niña con nosotros? No lo autorice en ningún momento.- Dijo con un tono de voz en reprimenda, pero es que era obvio traducir que su ánimo estaba en el lado más complejo, tóxico y explosivo en mucho tiempo.
Las aguas rodearon pronto durante cintura, empapando el vestuario que portaba, lentamente se detuvo para no ser cubierto, no le gustaba nada verse sometidos a los caprichos de la naturaleza.-¿Qué es lo que hace divertido a un mongrel el hecho de venir a la playa?.-Cuestionó a la jovial maga, ya que para él todo ese asunto era ahora un pesar. ¿Debería sacar a Enuma Elish y purificar el lugar?.
Scathach.
Las preguntas del hombre le dejaron intrigada, dudaba que fuera una casualidad que este mencionara su lugar de origen o como le pido especial atención al nombre puesto al canino, el cual gruño quedó en dirección del recién llevado, pronto la guerrera lo calmo con varias caricias en su cabeza para levantarse y tomar los lentes de sol y colocarlos al perro que se vio complacido
— tales conceptos como espíritu heroico me son ajenos , mi existencia es libre y propia sin atarme a un estandarte de héroe trágico...pero no temo revelar mi identidad a un hombre que muestra valor al querer enfrentarme ....scathach— incluso parecia que la temperatura disminuía con sólo la mención de ese nombre antiguo, no le prestó mucha atención y colocó una mano sobre la cadera sin desear perder terreno — entiendo que son prohibidos pero me haré responsable de el por hoy —
Kirei Kotomine.
Dedicó una mirada despectiva al perro que le gruñía, siempre era lo mismo, los del tipo canino se mostraban hostiles hacia su persona. A modo de respuesta alzó la pistola de agua a su frente y apuntó entre los ojos del animal, si tan sólo fuese una pistola de verdad… mentalmente gozaba en imaginar una escena de él mismo llenando de plomo al animal.
Con la charla retomada deslizó la mirada desde el azabache hacia la pelirroja. –Scathach –repitió. Algo muy dentro de su ser hacía “click” como cuando se enciende un interruptor. –Entonces has de conocer al perro de Culann –esbozó una sonrisa. –Qué divertido, realmente divertido –y carcajeó sonoramente un par de veces. Hubiera dado hasta lo imposible por presenciar un reencuentro entre Lancer y ella. –Pero es una lástima que no estés atada a las condiciones del Santo Grial, hubiera sido menos trágico –flexionó el brazo para apoyar la pistola de plástico sobre su hombro. –En fin, ya obtuve mis respuestas –sin agregar más volteó sobre sus talones para regresar a su cómodo puesto en la arena, aunque en el camino se detuvo para observar cómo una nueva integrante había hecho su aparición junto a dos linces que, obviamente, no tenían por qué estar ahí. En ese instante deseó internamente cargar una escopeta en vez del juguete.
Tohsaka Rin.
—Claro, será divertido. —Alcanzó a responder a la joven rubia al notar que ésta la seguía el paso hacia el mar. «Pero qué le pasa a esta chica… sus palabras suenan tan a Gilgamesh» Susurró en su fuero interno mientras sonreía forzosamente ante la declaración de la Servant.
—Se llama amabilidad, pero no hay nada de eso en ti así que no me sorprende tu falta de tacto. —Respondió a Gilgamesh con cierto tono acido debido a lo irrespetuoso que le parecía lo que éste dijo, más aún estando la chica presente, no le importó lo irritado que pudiese estar el dorado, Rin también tenía un temperamento y ciertos códigos de honor y de conducta.
Se adentró más en el agua hasta que igualmente ésta cubrió la parte inferior de su cuerpo, podía percibir el ligero empujón que brindaba el oleaje. —¿Mh? Pues la convivencia más que nada, la gente viene aquí a pasar tiempo con la familia y amigos, cuando se pone el sol se crea una gran fogata donde se asan malvaviscos—. Le contó mientras se echaba despacio hacia atrás para que su cuerpo se elevara y pudiese flotar cómodamente boca arriba en la superficie—. También se puede jugar voleibol en la arena, o luchas en el agua, las chicas se sientan sobre los hombros de los chicos y luego ellas se derriban, la última que permanezca sentada sobre su pareja es el equipo ganador, hay gran variedad de actividades que se pueden hacer aquí para pasarla bien... —Susurró aquello con algo de timidez tras recordar cierto hecho en la playa.
Gilgamesh Sumeru.
-Vamonos de aquí, no tengo ganas de perder mi tiempo con estos perros mestizos.- Por un momento la excluyo de ese grupo a sus espaldas, fue un acto involuntario que tampoco se negó en ocultar o corregir.
-He venido a la playa antes e hice cosas más entretenidas que encender una fogata.- Por primera vez en todo el día, se digno a mirar atrás, dando un giro suave dentro del agua hasta quedar frente a esos cabellos azabaches como la luna.-Kotomine se encuentra distraído, aquella rubia habla falacias meramente...este circo ronda lo ridículo.-
Su corporeidad dibujo un sendero luchando en contra de la presión de las olas, dibujando una circunferencia en torno a la que tomaba como protagonista, pero no le observó, simplemente hacia divagaba en sus pensamientos, pues su silencio era notorio.
Scathach.
Una mirada fría que congelada a todo lo que se encontraba con sus pupilas rojas, al ser nombrado el guerrero de épocas antiguas los sentidos de la guerrera se agudizaron tomando menos confianza hacia el hombre, una tension creciente gritaba en el ambiente cuando la joven se coloco delante del perro, nada contenta con la forma en que apuntaba con la pistola al can
— El joven Setanta estaba bajo mi protección..Y dudo encontrar uso a un anomalía como esa..las voces del abismo me han hablado de ese evento y no tengo intensiones de formar parte de el— declaro con una solemnidad espectral y procedió a alejarse del hombre seguida por el perro quien solo volteo a al sacerdote pero siguió el camino de la pelirroja quien comenzó a trotar queriendo alejarse de los presentes
Kirei Kotomine.
La imagen mental de balear al perro se repitió nuevamente, pero ésta vez cambió el factor animal pues, en vez del azabache canino, se encontraban los dos linces misteriosos que vagaban por ahí. “Tiempo libre, no me haré responsable”, se dijo mentalmente para convencerse antes de encaminarse hacia su toalla desierta. Al llegar vio su libro arrojado en la arena sin el menor cuidado, Gilgamesh era alguien realmente descuidado con las cosas que no le pertenecen, nunca debió confiárselo. Se colocó de cuclillas para levantar el libro y quitarle la arena que se había colado entre sus páginas, de paso dejó la pistola de agua en la esquina de la toalla, a sus pies. Había pensado en llenarla de agua salada y arrojarla en la cara de alguien pero, debido a que eso tomaría tiempo de caminar para llenar el juguete de agua, prefirió dejarlo para una segunda ocasión.
Buscó en la cesta una cerveza bien fría que no tardó en abrir con un chisporroteante sonido, seguido de burbujeante espuma escurriendo. Sorbió un poco del borde y tomó asiento bajo la sombrilla, estaba ocupando vilmente los objetos de Rin para su beneficio. Al final con la mano libre, retomó la lectura página tras página. Tal vez debía agradecer a Gilgamesh por esa no tan encantadora salida pero sí aprovechadora.
Tohsaka Rin.
Todavía le costaba entender ese humor tan volátil de Gilgamesh, apenas habían entrado al agua y ya quería salirse, una disimulada sonrisa surcó los labios de la maga al comparar mentalmente al Rey con un caprichoso niño pequeño. —¿A dónde quieres ir ahora? —Preguntó al girar lentamente en el agua hasta que sus pies tocaron una vez más la arena en el fondo.
Tras oír las siguientes palabras del rey las mejillas de la jovial se encendieron con un rubor colorado, omitió una respuesta a ello o de su boca sólo saldrían incoherencias. —Es difícil darte gusto. —Dio media vuelta para caminar de regreso hacia la orilla de la playa, cuando abandonó el agua su cuerpo estaba completamente mojado y pequeñas gotas hacían un largo recorrido por su piel, observó a Kirei quien ya había regresado bajo la sombra del para sol y al mismo tiempo se llevo todo el cabello hacia adelante del hombro derecho, lo enrolló y exprimió el exceso de agua.
—Creo que al final Shirou no vendrá por aquí. —Susurró más bien para sí misma y después dirigió la mirada hacia el rubio—. Parece que esa mujer ya se va, ¿no deberías despedirte? —Comentó refiriéndose a la joven que se alejaba acompañada de aquel canino.
Freyja Alexandra Hakyokkusaken Pendragon.
La rubia que estaba cerca de la azabache y el aniñado rubio había logrado escuchar las palabras del mismo, sin duda parecía un niño crecido y uno demasiado caprichoso, de verdad su padre era así de artante entes de lograr unir su vida al rey de los caballeros?, pero aun después de escuchar al rubio expresarse así de los demás la joven dejo escapar una risa que se dejo escuchar para los demás presentes – Perros? Entonces eso los hace a ustedes gatos?, Gil-kun eres completamente gracioso no crees?, pero si me has de comparar con un animal entonces sería una ave.
Sin miedo alguno a la ira del hombre la rubia se expreso libremente ante las palabras del Rey Mimado, aun si usaba la Gate Of Babylon contra ella solo para enseñarle una “lección” se sabría defender muy bien de ella, no por nada de igual forma era usuaria de aquel portal, sin duda alguna había incluido a la azabache en el dialogo de ser unos gatos, aquello le había importado muy poco a la rubia ya después se disculparía con la azabache – Falacia es que no hayas podido identificar aun mi prana si es el mismo que el tuyo combinado con el de cierta Rey, me haces dudar de ti Gil-kun – Aquellas palabras salieron para si misma aprovechando que el hombre estaba metido en sus propios pensamiento así que no le escucharía en lo absoluto.
-Rin mis más reconocidos respetos, creo que eres la única capaz de aguantar al niño Rey, aun que no eres al única, realmente me hace mucha gracia todo lo que dicen de verdad tienen sentido del humor todos ustedes – otra vez aquella sonrisa divertida adornaba el rostro de la rubia que esperaba un poco más adentro de la orillo hasta donde el agua solo cubría un poco más arriba de sus tobillos, si había molestado o no a la azabache ahora no le importaba, simplemente la chica daría otra molesta sonrisa falsa escondiendo sus molestias, ahora solo quería ver cuánto le duraba la molesta mascara.
Gilgamesh Sumeru.
No existía mayor desdicha para un mortal, que el rechazo más frívolo y cuando se trataba de su único Rey, debía ser aún con mayor dolor, es así de esa forma en que Gilgamesh expresaba el desprecio.
-Toma tus cosas mocosa, es tedioso todo esto.- Inclusive demostró su falta de atención a Kotomine, que seguramente ya estaba acostumbrado a esas explosiones de mal genio. El agua goteaba de su vestimenta, pero tampoco le importaba, simplemente dibujo una travesía hacia Vimana, que debía estar ya tibia por el buen sol, era horrible montarla cuando el trono estaba frío, podía sacarle muchas muecas horrendas.
No dedico ni una sola mirada a la sacerdotisa de las sombras, sus senderos tal vez nunca volverían a tomar una cruzada de nuevo.
Scathach.
Creyó que seria una tarde agradable, que disfrutaría de como la arena acariciaba sus pies o como la brisa marina calmaba los bosques mas oscuros de su corazón pero termino perdiendo trozos de calma que le quedaban, encerrada en el silencio continuo su camino y sin desearlo casi se cruzo con malhumorado sumerio quien no le observo ni una vez, por su parte la mujer se permitió mirarle la espalda y dibujar mentalmente cada musculo, quedándose ese recuerdo para ella misma, colocando dentro de la caja de pandora esa opresión que sentía en el pecho
— ah..cierto, debemos buscar donde quedarnos..supongo que ahí estará bien — unía piezas en su cabeza para distraerse siendo observada con curiosidad por el perro, negó varias veces con la cabeza y prosiguió su camino..aveces deseaba el poder ser mas como su hija.
Kirei Kotomine.
Con la lectura avanzada y la cerveza terminada se dio cuenta que su cuerpo había adquirido una temperatura agradable, al parecer el viaje efectivamente se ganaba más puntos a favor que en contra. Alzó la mirada en busca de los demás visitantes, Gilgamesh parecía estar yéndose luego de un fallido intento por disfrutar el océano, Rin se movía de lado a lado intercalando charla entre la desconocida rubia y el Rey de los Héroes; le resultaba gracioso. Por otro lado, la recién conocida Scathach había cruzado caminos con el rubio y parecía, de igual forma, estarse yendo hacia otro sitio.
Con una calma indescriptible parecía que él sería el único de los “conocidos” en quedarse a recoger las cosas. Al final, con una sonrisa satisfactoria, terminó por leer las últimas páginas del "Leviathan".
Tohsaka Rin.
Logró escuchar las palabras que antes mencionó la mujer rubia respecto a la aparente consanguinidad con el sumerio, aquel asunto quedó dando vueltas un momento en la cabeza de Rin pero fue incapaz de atar los cabos sueltos, la servant no fue precisamente clara y por otro lado Gilgamesh se mostraba tan indiferente ante ella que incluso parecía no conocerla, aún así guardó toda la información en su memoria para después analizarla con tranquilidad, especialmente aquello de “cierta rey”.
Se mantuvo en silencio ante los posteriores comentarios de la chica mientras la dejaban atrás una vez más, crispándose luego cuando el sumerio volvió a llamarla “mocosa”, lo miró con cierto enfado pero esta vez no le reprochó nada, en cambio avanzó hacia donde había dejado sus sandalias para volver a meter los pies en ellas, tras ello se encaminó hacia el lugar de descanso del sacerdote y le dirigió la palabra mientras recogía sus cosas. —Parece que Shirou no vino al final, pero le diré que has preguntado por él.
Tras sacudir la arena de la manta y doblarla para colocarla en el canasto, entonces se dirigió hacia aquel raro vehículo al cual puso rumbo el Rey dorado. «¿De verdad pretende que me suba en esta cosa?» Murmuró para sus adentros al contemplar el artefacto volador, tenía un ostentoso asiento, pero sólo era uno ¿dónde iba a sentarse ella?, no había tampoco de donde sujetarse, nadie en su sano juicio surcaría los cielos sin un cinturón de seguridad.
Freyja Alexandra Hakyokkusaken Pendragon.
Sabía que las palabras que había pronunciado habían molestado un poco al Rey de los Héroes, aquello le hizo esbozar una sonrisa algo burlona por su parte, sabía que eso podría causarle algunos problemas a futuro pero no le intereso en lo mas mínimo, temporalmente dejaría de molestar al rubio para dirimirse a tomar el sol un rato - Al final no aguanto mi broma al respecto, de alguna forma disculpa por decirte gata Tohsaka, no fue del todo apropósito- Menciono aquellas palabras después de ver a la joven dirigirse por sus cosas y posteriormente hacía Vimana.
La rubia se giro sobre sus pasos para dirigirse al mismo lugar en el que estuvo hace unos momentos Tohsaka saludando al hombre que leía entretenido un libro -Buenas sacerdote, es nuevo verle disfrutar de un tranquilo día en la playa - mencionó sin el afán de molestar al sacerdote, pues el libro que estaba leyendo se notaba muy interesante.
[Creo que ya terminó(?), lo daré por cerrado.]