Primer contacto
Ahora me llamo Core y estoy aquí para compartir mi historia con todos vosotros...
Ayer, igual que prácticamente todas las semanas desde hace ocho meses, quedé con él. Ahora se llama Dokho.
Esta vez era diferente. A pesar de haber tenido los dos un muy mal día el día anterior, esa mañana era distinta, especial de algún modo, para bien me refiero.
Me puse unos vaqueros ajustados, una camiseta de tirantes con encajes y una camisa. Sexy pero no accesible. Quería que me deseara más aún, que desease que firmase el contrato que traía para mí.
Fui a buscarle a la salida del trabajo. Salía con el abrigo abierto y vi que llevaba esa camisa que tanto me gusta... Según nos vimos me lancé a su boca, sólo pensaba en que me hiciera suya... Pero mi forma de ser me hace ser más "brat" que "sumisa", así que decidí ser ese día una "brat tocapelotas" para que él fuera consciente de que a veces puedo estar así y como es algo que no puedo evitar creo que tenía que conocer desde el principio esa parte de mí. No podía evitar pensar que si mi brat tocapelotas salía dentro de un mes y a él no le gustaba, me podría dejar por ello.
Llegamos al bar al que vamos siempre a tomar algo no sin antes pararnos varias veces por el camino a besarnos. Me sujetaba las manos a la espalda y no me dejaba tocarle, y cada segundo que pasaba más deseaba que me arrancase el tanga allí mismo, pero no se lo iba a poner fácil.
Después de estar negociando sobre el contrato de sumisión, tocaba firmarlo. Sabía que él estaba impaciente por ver mi nombre sobre el papel, y yo deseaba mucho hacerlo aunque tengo que reconocer que me daba y me da miedo que Core y Dokho jodan lo que había entre ellos antes de firmar ese papel.
Según puse mi nombre en esa hoja me sentí más suya aún, atada a él y también libre. Puede sonar contradictorio, pero es así, sentí que una parte de mí, que llevaba mucho tiempo oculta y reprimida, se liberaba gracias a él, gracias a mi Amo Dokho.
Antes de firmar y después de hacerlo me pidió que fuera al baño a quitarme el sujetador y se lo entregase. Se lo negué todas las veces y era consciente de que eso le tenía cabreado aunque intentaba llevarlo bien.
Una de las veces en las que se lo negué, se quitó el cinturón, me lo dio y me dijo que luego en el coche me lo pediría... Mientras enrollaba su cinturón en mi mano para guardarlo en mi mochila, no podía dejar de pensar en cómo lo iba a usar y en cómo se sentiría en mi piel...
Fue a pagar y nos fuimos al coche...














