El genocidio es la aniquilación en bloque de un pueblo o una raza, independientemente de diferencias de clase, ideología dominante y diferencias culturales o sociales internas.
El genocidio no denota una batalla contra un enemigo, que en condiciones de guerra o revolución viene claramente definido por criterios militares, ideológicos o político-doctrinales clásicos.
Si este fuera el caso, cualquier revolución, y la aniquilación sistemática de quienes se le oponen, habría de etiquetarse como genocidio.
El genocidio es la aniquilación sin preselección, en la que las víctimas son completamente incapaces de salvarse –tanto en la teoría como en la práctica– mediante el cambio de parecer ideológico, la apostasía religiosa o, en última instancia, la traición al grupo y el paso al bando contrario.
(…) El genocidio es tanto una teoría como una praxis (aunque ante todo una praxis) que deja a sus víctimas sin esperanza alguna de escapatoria, incluso aunque opten por pasarse al bando enemigo.
Uno es culpable al nacer, y este error fatal de haber nacido –este pecado original– sólo puede corregirse mediante su exterminio. Esa es la metafísica del genocidio y del odio absoluto. La única forma de resolver el “problema” es la completa y absoluta aniquilación de cuerpos, vidas, sangre y color de piel.
Leonidas DONSKIS, “The Inflation of Genocide”, European Voice, 24 de julio de 2009. Disponible en: http://www.donskis.lt/p/lt/1/1_/39