"Don't go, please! { Sven + Dom because I miss them -- }
"Fuck you!" Dom screamed as he quickly turned around and stormed towards him. He grabbed Sven’s shirt roughly and continued to scream in his face. "I saw you! I fucking saw you talking to someone else! But you’re still going to sit there and fucking deny it. I don’t want you. I’m done with you. Find someone else who’s willing to put up with this shit."
Participa → Trevor ‘Sam’ & Jeff ‘Dean’ Nowak
Marco de tiempo → Miércoles en la noche.
Localización → Varios lugares (¿Por ahora cualquier Antro de París?)
Words count → 675.
Notas generales → fuck it all. Nuestro primer “wincest”. –le agregué contador de palabras porque me pareció relevante (?)-
Al parecer el techo se hallaba algo muy interesante, puesto Dean le veía fijamente desde su cama. Sin embargo no era la pintura que estaba a medio caer en el rincón izquierdo de la habitación, ni el pálido color que adornaba su extensión, ni la poco lujosa lámpara que con una tenue luz apenas iluminaba el lugar –no es que se tuviese quejando, comparado con su anterior lugar, esto era una mansión-. Dean pensaba en alguien, no en la rubia con la que había salido la vez anterior, la sensual con lengua venenosa, pero que con seguridad sabía usarla no sólo para hablar. Ni tampoco en su exrommates, que a pesar de vivir 4 años junto a ellos, no supo nada más que sus horarios y la cerveza que más les gustaba. Esta vez su mente divagaba en su familia —si su padre leyese su mente, probablemente estaría orgulloso—, pensaba en la familia que había dejado atrás, su hermanita, su adorable madre, y el padre autoritario. Pero también en la familia que tenía junto a él, no literalmente, si no a unos cuartos más allá. Sí, también dedicaba tiempo en pensar en su hermano, aunque no pareciese. Aunque le hiciese demostrar a su hermano que le importaba tanto como las parejas de sus amantes nocturnas, no era así, y él sabía —o esperaba— que su hermano también lo supiese. A veces se preguntaba si era necesario decírselo, sin ironías ni bromas, lo tanto que le importaba; o si con sus acciones eran suficientes. Tal vez para Sammy, dueño de las palabras y los versos, lo importante era decirlo, y no como él, que lo importante era demostrarlo, porque las palabras podrían ser fácilmente olvidadas, en cambio, una acción, no tanto.
Había sido un alivio para él cuando supo que Sammy se mudaría para Paris, sin embargo, nunca preguntó el porqué del repentino cambio. Se enteró de que su hermano había postulado al Sconnor por literatura el mismo día en que su madre le había mandado una carta diciendo que esa misma noche se iba a París. No le sorprendió que fuese aceptado al primer intento, a diferencia de él, ni mucho menos envidia. Sabía que se lo merecía, Sammy fue el tipo de chico que siempre se esforzó en sus estudios, y que prefería pasar sus ratos libres leyendo ensayos de Borges —un supuesto famoso literato que Dean jamás había escuchado hablar—, que perdiendo el tiempo por los alrededores del pueblo, aunque de todos modos no había mucho que hacer, más que lanzar piedras al lago, o cortejar a alguna chica.
Dean pensó en reprenderlo por no ponerle al día en sus planes y su decisión de mudarse. Sabía que la tensión entre su padre y él había incrementado luego de que Dean se fue, pero no pensó que ese fuese su motivo. Pero cuando vio el rostro cansado de su hermano al bajarse del tren, no pudo más que darle una palmada y sonreír. Dean había aprendido a no preguntar de más.
Ahora, aun año después, finalmente había aceptado en el Sconnor. Tenía un futuro, al igual que su hermano. Más el plus que podía convivir día a día con él, de nuevo, luego de cuatro largos años. La idea de poder salir, y sentarse a hablar apropiadamente como en los viejos tiempos, alegraba a Dean de cierta manera. Le extrañaba, aunque evitase decirlo. Extrañaba su tendencia de corregirlo y llevarlo por el buen camino —aunque fuese el hermano menor—, extrañaba sus “cursilerías” y esas esporádicas tardes cuando eran más jóvenes, en el que Sam le leía un capítulo de algún nuevo libro que había sacado de la biblioteca.
Demonios, sí que lo extrañaba.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el timbre del teléfono. Era un mensaje del susodicho, Trevor, que ya se había desocupado para salir. Dean sonrió y se levantó, tomando su chaqueta y saliendo de su habitación, al encuentro. Sería sólo una salida a un antro cualquiera, pero sería la primera después de esos 4 años de espera.