Me desperté con una extraña sensación de nostalgia mezclada con tristeza, pensaba sobre los acontecimientos recientes en mi vida, lo que hago y realizo, las acciones que me han llevado a sentirme de la forma en que me encontraba por la mañana. Asumí en ese momento que todo lo que puedo esperar es paciencia, es lograr que mi mente y yo trabajemos juntos para conseguir una clase de paz única. Es tener la sensación de querer que todo lo que está roto se pueda reparar de un momento a otro, sin necesidad de tolerar miedos, de pensar que en cualquier momento todo se tornara en una triste experiencia.
Entonces piensas: “mierda, mejor dejo esto”, pero no es la forma de resolver nada. Tienes que enfrentar todo lo que te de miedo, debemos ir a dónde sea, si queremos algo, es buscarlo y prepararse para sufrir, aún cuando sepamos que no haya nada, que al final todo quede igual, es demostrar de que estamos hechos.
Y te esfuerzas, pensando, tal vez nadie valore lo que hago y pase por alto frente a las personas que quieres que lo vean. Y lo verán, y lo tendrán muy gravado porque están ahí viendo cada movimiento que realizamos, no porque lo juzguen sino porque quieren creer en nosotros, quieren ver todo el potencial al que podemos alcanzar.
Lo que descubrí es que no importa que tan duro sea el momento, es necesario pasar la prueba, de frente sin miedo a lo que pueda venir.
“But I don't weep, do you?”