No muy lejos del lugar de llegada podía observarse a la delgada rubia, rodeada de un círculo de niños que bastante tranquilos se veían para ser el primer día, escuchando atentos las palabras que con tono de historia salían de entre sus labios. Con sus guantes de boxeo atados y colgados en su cuello de modo que caían sobre sus hombros por cada lado, MK gesticulaba con sus manos a medida que cada sílaba era pronunciada, “y éstos son nuevos porque, bueno, los últimos se mancharon con sangre la última pelea que gané...--” en ningún momento se dio cuenta que quizás la edad de los menores no era acorde a sus historias, sin embargo, sola se interrumpió, “acá todos y todas van a terminar sabiendo pelear como los dioses, lo prometo por la garrita”.