I just can’t get rid of the feeling that I am a bad person with a good heart. I always want to do the right thing but in the end I’m fucking things up. In the end I’m always fucking things up.
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Heaven sonrió ante la escena, se había apoyado en un árbol cercano para observarla después de todo, entre sus fallidos intentos de encontrar a su hermano terminó delante de aquella divertida situación, típica de Mikayla, o MK, sinceramente a él le gustaba llamarle Mickey, como el ratón, seguro se iba a ganar un derechazo en la cara la próxima vez que lo dijera. “¿Qué hay de mi? ¿Puedes enseñarle al ser más torpe del campamento como defenderse para que le dejen de hacer bullying? Andrew puede llegar a ser muy mean.” Bromea alzando el tono de su voz para que lo escuche.
Carcajeó ante las palabras del castaño en referencia a su hermano, accediendo a la propuesta y asintiendo rápidamente, “la torpeza es lo de menos, persevera y triunfarás...” citó mientras observaba el grupo de niños mirar con atención las palabras que los más grandes intercambiaban, “pero tranquilo que yo te defiendo de Andrew, bien merecido se tiene un golpe de vez en cuando”.
Curioso, no pudo evitar acercarse al ver el grupo de pequeños que rodeaba a la rubia, cuales por cierto, parecían estar bastante atentos a cada palabra proclamada por la femenina. Oh, mas grande fue su sorpresa al percatarse de que, efectivamente, era un relato de violencia lo que los infantes estaban escuchando. “ ¡Y aquí termina nuestro pequeño acto! ” proclamó interrumpiendo a su compañera, recibiendo alguna que otra queja por parte de los niños. “Agradecería no incites la violencia entre nuestros campistas, MK. ” acotó, ésta vez de manera más suave a la silueta contraria, mientras el resto de los pequeños se dispersaban de vuelta a las actividades ordinarias del campamento.
“No seas aguafiestas, Ben,” reprochó la de dorados mechones mientras un bufido se escapaba de sus rosados labios. Lo cierto era que sabía que no era lo mejor plantar esa clase de ideas en la cabeza de niños tan menores, que solían imitar las acciones de sus mayores y tenían como ejemplo a aquellos jóvenes por lo que restaba del verano, pero tampoco se había percatado de la gravedad del asunto, “te prometo que no va a pasar nada malo, los voy a tener bien cortitos para que se porten bien y no hagan destrozos”.
El moreno finalizó el acto de despedir a un par de padres que dejaban a sus hijos en la entrada, tomando a los pequeños de su manos y llevándolos al grupo de la rubia que se veían bastantes fascinados por su anécdota. Jon sonrió de lado a los pequeños—. Ya han escuchado, niños, tienen a la mejor para instruirlos —Comentó el moreno enviando un guiño amistoso en dirección de su compañera. Una de las niñas que tenía sujeta de la mano soltó un soplido de asombro y mencionó emocionada “¿Seremos así de buenos?”. Jon rió un poco debido a la ternura y asintió—. Hasta mejor —Murmuró.
Sonrió ante las palabras de aliento que el moreno parecía darle de manera repentina, divisando el guiño que tomó de manera amistosa y soplándole un burlón beso. No pudo escuchar por completo las palabras de la más pequeña, pero la respuesta del muchacho fue capaz de inspirarla. “Chicos, acá no vamos a perder el tiempo,” soltó MK una vez volvió a recuperar el habla, “van a volver a casa sabiendo trepar hasta el árbol más alto, no hay papás que lo prohíban” y aunque generalmente ella sí tenía superiores que la limitaban porque sabían cómo fomentaba la rebeldía, poco había para hacer que la frenara.
Después de escuchar atentamente las palabras de su amiga, desde la lejanía, decidió finalmente acercarse al grupo, que ya se estaba dispersando, con algunos murmullos emocionados por parte de los niños que se alejaban. “¿Estás reclutando un pequeño ejército de niños boxeadores?” cuestionó, con un tono divertido, y una gran sonrisa en el rostro. “Sabes, sé que la última vez lo sugerí, pero no estaba hablando en serio.” aclaró, claramente bromeando. Contempló a los últimos niños que caminaban en la dirección contraria, y suspiró dramáticamente. “Supongo que sólo queda soñar con el día en el que tengamos nuestro propio ejército, que haga todo el trabajo por nosotras.”
Asintió en silencio mientras escuchaba los murmullos de los niños que entre ellos se susurraban inaudibles palabras, como queriendo descifrar y hasta soñando con que admiraban lo que contaba. “No, no puedes venir a decirme que era en broma ahora que ya tengo el plan en marcha,” reprochó mientras alzaba una mano y, enseñando sus perlados dientes en una sonrisa, agarraba de la mano a la de cobrizos mechones para incluirla en la ronda y casi llevarla al frente junto a ella, “¿no te encanta la idea de pequeños minions?” le murmuró, sin ser gran fanática de la película pero sí del concepto, “con Vero vamos a ser sus institutrices, así que tienen que hacernos caso para que les enseñemos” la presentó ante los nuevos menores.
Sabía que se la iba a encontrar. Que tarde o temprano, más temprano que tarde debido a las dimensiones del campamento, el joven se enfrentaría a aquella muchachita que había logrado darle a su mundo la luz que había necesitado, pero que, como se la dio, también se la arrebató. Pero no solo por culpa de ella, claro, él de más sabía que también tenía parte de culpa, que fue por ambos y porque el momento no era el correcto, ¿verdad? No obstante, no había imaginado encontrársela en aquella situación. Aprovechando su distracción, apoyó su cuerpo en el árbol más cercano y se dedicó a observar, y escuchar, como un niño. Apreciando cada uno de los rasgos ajenos, le alegró saber que seguía siendo la misma; vehemente con lo que le apasionaba. ‘ Niños ’ interrumpió, pues por mucho que hubiese deseado seguir aquella posición, una orden era una orden. ‘ Todos a la cabaña principal para la asignación de habitaciones ’ mandó y pese a algunos quejidos, todos y cada uno de ellos acabaron poniendo rumbo al lugar. Los siguió con la mirada hasta que mas o menos los perdió de vista, obligándose entonces a hacer cara a la de orbes claras. ‘ Hola ’ saludó, alzando su rostro en un breve gesto. Apenas habían hablado desde la ruptura, por no decir nada, y Daniel no sabía qué hacer o decir en aquel momento.
Todo el viaje de ida lo había ocupado para recrear el reencuentro en su cabeza, imaginar como romántica película el abrazo con el cual se recibirían más allá de que sabía lo imposible de sus deseos, porque se había comportado mal y lo tenía muy en claro, así como también estaba segura que rechazaría cualquier gesto de parte contraria porque seguía un poco resentida. Pero por un momento se había olvidado de su presencia en el establecimiento mientras se encargaba de traspasar sus historias, las mismas que se vieron interrumpidas cuando la ya conocida voz irrumpió a mitad de éstas y con una orden, se encargaron de guiar al perdido rebaño a las correspondientes cabañas. E iba a ignorarlo como mecanismo de defensa, comenzar a caminar detrás de los menores cuando el saludo la tomó desprevenida, sonriendo de forma medio forzada (¿hasta dolida?) en respuesta. “Hola,” correspondió tras echarle una nerviosa ojeada, de esas que carecían en los ojos de muchachas como MK, “eh, ¿todo bien?”
La neoyorkina viro la vista de izquierda a derecha, mientras de puntillas trataba de tener una menor visibilidad del plano. Cinco minutos, tan solo se había volteado cinco minutos para ayudar a un chiquillo a sacar su bolsa, cuando al virar su vista su grupo había desaparecido.«Las madres de estos niños van a matarme, las madres de estos niños van a matarme»replicaba entre dientes al avanzar entre los grupos ( bien pudo haberle pedido ayudar a sus compañeros, pero bueno ese no es su estilo ), hasta que finalmente advirtió un par de rostros familiares, mezclados con el grupo de la rubia. ❝ Oh si, yo doy fe de lo dicho, todos serán ninjas para terminar el verano ❞ exclamó cincelando una pequeña sonrisa en sus facciones ❝ pero primero, todos a la cabaña principal a comer ❞ agregó esperando a que los niños se adelantaran un poco antes de volver hablar ❝ sabes, no estoy a favor de excluir personas. Pero por favor no le enseñes mucho al niño de la gorra, ya es poseedor de una super mordida ❞ indico, elevando su brazo donde una mordida aun era visible.
Parecía ser que la idea de convertirlos en ninjas entusiasmó más a los niños que su propia historia, lo que logró arrebatar varias sonrisas en los rostros presentes, seguramente imaginándose en diferentes aventuras al terminar el verano. No tuvo tiempo a añadir mucho más, creyó que la ausencia de más palabras encajaba excelente para añadir misterio y que en serio se creyeran capaces de llegar a dicho punto, por lo que dejó que el grupo se fuera alejando a las cabañas para entonces, caminar detrás suyo junto a quien compartía sus mismas raíces. “¿ya te ganaste una mordida?” indagó con curiosidad y cierta risa burlona mientras observaba a la muchacha, asintiendo entonces a sus órdenes, “te prometo que voy a ir ligera con él, o al menos lo disciplinaré primero. La idea no es que anden regalando golpes, sino que sepan cómo defenderse en caso de necesitarlo. Si no, terminaríamos todos muertos”.
“Noup, por esto y más yo no dejaría a mis niños en este maldito sitio.” farfulló a un lado de la joven rubia, recostando su cuerpo del soporte más cercano. “MK deja de fomentar la violencia, algunos mocosos no pasan de los diez.”
“No seas exagerado,” exclamaba sin una pizca de preocupación en su hablar mientras negaba con la cabeza, “soy la mejor tutora que podría tocarles, además...--” se interrumpió a sí misma para observar cómo de a poco, el grupo de pequeños se disolvía ante la falta de atención que los mayores les prestaban por intercambiar algunas palabras, “no fomento la violencia, fomento el saber defenderse y valerse por sí mismo en caso de un extremo”.
Después de haber inspeccionado la cabaña que le habían asignado e instalar sus cosas en ella, salió al terroso camino para recibir a los autobuses repletos de niños, unos parecían ya haber llegado un par de minutos antes y otros aun no querían bajar del transporte. Cuando se cercioro de conocer aquella figura femenina se acercó hasta mezclarse con todo los infantes que parecían muy atentos y sorprendidos mientras le escuchaban “¿Y trajiste guantes para todos? Yo quiero aprender también” dijo en un tono juguetón mientras pretendía ser una niña más del campamento y no una consejera “Creo que es bueno enseñarles a pelear, por si algún oso intenta acercarse al campamento, hay que estar prevenidos” se encogió de hombros, esperando escuchar algún grito de miedo por su absurdo broma.
Se quedó pensando por unos segundos ante las palabras de la castaña, sin haber tenido en cuenta que si bien llevaba a todos lados un par de guantes de repuesto ( después de todo, su tío era dueño del gimnasio que la había visto crecer, por lo que contaba con bastante de los mismos ), no tenía la cantidad suficiente para todos los rostros que veía. “Podemos ir compartiendo, mismo aprender primero sin ellos y después usarlos,” explicó como si se tratara de la incógnita de un campista, sonriéndole más tarde a la conocida mientras reía por sus bromas, observando la sorpresa en los rostros más pequeños, “obviamente nos servirían sólo para golpear osos, no queremos que se anden pegando entre sí y alguno acabe sin un diente”.
‘ la mejor lección que les puedes dar a estos niñitos, pronto tendremos a muchos con un ojo negro y, sin sus dientes de leche, como trofeo. ’ aunque había un poco de ironía en sus palabras, la realidad es que si lo decía enserio, pues las luchas para él, eran algo así como sus cosas favoritas en el mundo, aunque no fuera muy convencional su gusto, las necesitaba para así descargar esta mala energía que por veces juntaba. Por lo que le llamaba la atención esa parte o afición de la muchacha.
Con una orgullosa sonrisa posándose sobre sus labios, como si la idea de una revolución infantil liderada por su nombre que acabara en patadas y golpes le llenara el corazón, asintió de a poco mientras evitaba reír. “No le encuentro falla a lo que dices,” expresó de pronto, “yo de chica amaba que se me cayeran los dientes para ponerlo bajo la almohada, aunque es una lástima que seamos nosotros los encargados de meterles los billetes en las literas a falta de los padres” si de algo carecía era de ganas de andar regalando su dinero, pero se veía en la obligación, “porque Dex, no voy a ser yo quien destruya sus creencias y les diga la verdad sobre el hada de los dientes...” presionó sus rosados labios entre sí antes de soltar--: “no finjas como si no te llama la idea de tener pequeños luchadores corriendo entre nosotros”.
Ni siquiera tuvo oportunidad de reclamar a las palabras femeninas, pues las propias fueron interrumpidas por una sonrisa proveniente del infante. Algo descontento, se cruzó de brazos para soltar un bufido, cosa que simplemente divirtió más al campista. Una vez más tranquilo, el pequeño los abandonó para unirse a otro grupo de campistas. “ Lindos y buenos, ajá.. ” repitió con cierto ápice de sarcasmo, mirando a su compañera. “ Olvidaste mencionar que tú también eres carente de esas cualidades. ” acusó con burla, dedicándole una burlona sonrisa.
“¿Yo?” se señaló a sí misma de forma incriminadora con un inocente gesto en su rostro, evitando que la sonrisa pícara sobre sus labios quitara credibilidad a la actuación que por unos segundos presentó, “no sé de qué estás hablando, yo soy quien encabeza la lista de lindos y buenos” pasó entonces ésta vez a dejarse llevar y carcajear un poco mientras a lo lejos, observaba que el pequeño se unía finalmente a un pequeño grupo. “además te gano en la mayoría de las cosas, no finjas superioridad”.
“ Bosque, vodka y sólo tu compañía… ¡Tus MAGNIFICAS ideas son lo que más extrañe! ” con la voz tintada de diversión y un ligero toque coqueto, dio una rápida mirada a su alrededor, agradeciendo porque la atención de sus compañeros no estuviese puesta en ellos. “ Andando, vayamos a mi cabaña por él y luego a nuestro destino, antes de que nos arruinen el excelente plan. ”
Carcajeando de manera repentina, la de rubios mechones negó con la cabeza como si quisiera quitar credibilidad a las palabras ajenas, “no te hagas de rogar, me extrañaste a mi por completo,” emitió burlona mientras accedía entonces a acompañarlo en busca de aquella considerada ilegal bebida para el establecimiento. “te juro que te vas a ganar un golpe si osaste a abrir la botella y probar del manjar por adelantado”.
Se encontraba con una mochila sobre su hombro y un par de maletas en su par de manos. Iba en camino a su cabaña, ya que su vuelo había tardado, algo que para su mala suerte no era la primera vez. “Yo quiero ver eso, MK.” bromeó con una pequeña risa viendo a los niños que no parecían tener un gramo de músculo en sus cuerpos. No había nada de malo en ellos, ya que estaba segura que Celina se veía peor cuando era igual de pequeña. “Esperemos que se diviertan por lo menos, aquí y en el hospital.”
La sonrisa en las facciones ajenas lograron que dicho gesto se plasmara también en su rostro, apoyando sus manos sobre su cintura en una petulante postura mientras suspiraba. “¿En el hospital? No es para tanto,” quiso quitar importancia con un gesto de su izquierda, como si también buscara aliviar el terror repentinamente plasmado en las caras de los menores, “no vamos a ir tan de prisa, lo prometo, pero sí o si vamos a divertirnos”.
2016 has been so good to us
Yaaaad Lord 🙌🏾
No muy lejos del lugar de llegada podía observarse a la delgada rubia, rodeada de un círculo de niños que bastante tranquilos se veían para ser el primer día, escuchando atentos las palabras que con tono de historia salían de entre sus labios. Con sus guantes de boxeo atados y colgados en su cuello de modo que caían sobre sus hombros por cada lado, MK gesticulaba con sus manos a medida que cada sílaba era pronunciada, “y éstos son nuevos porque, bueno, los últimos se mancharon con sangre la última pelea que gané...--” en ningún momento se dio cuenta que quizás la edad de los menores no era acorde a sus historias, sin embargo, sola se interrumpió, “acá todos y todas van a terminar sabiendo pelear como los dioses, lo prometo por la garrita”.
“ Sí, sí… Mucha diversión para todos los niños, pero yo tengo la pregunta más importante aquí. ¿CUÁNDO tendremos nosotros nuestra fiesta de bienvenida? Tengo una buena cantidad de Vodka listo para tomarse a escondidas. ”
“Yo creo que algo muy grande nos dejaría en completa evidencia, Finn. ¿Por qué mejor no nos escondemos en medio del bosque y lo disfrutamos solos? Para no llamar la atención del resto y porque, ya sabes, soy un poquito egoísta.”
“ ¿Cuántas veces debo repetirlo? ” gruñó el moreno a un pequeño en lagrimas. “ Mira, yo tampoco quiero estar aquí, pero te prometo que el verano se pasará muy rápido y entonces podrás volver a casa, ¿si? ” insistió en un fallido intento de calmar al infante. Un tanto frustrado, se volvió a su compañía, desesperado por algo de ayuda. “ Por favor, dile a éste mocoso que podrá regresar a casa al final del verano, tal vez a ti crea. ”
“No puedo creer que sigas fingiendo detestar estar aquí con todos nosotros,” emitía en tono burlón la de dorados mechones mientras una ladina sonrisa se posaba sobre sus carnosos. Probablemente esas hubiesen sido sus palabras el primer año, pero corriendo ya el tercero, mentiría al decir que no disfrutaba sus momentos allí dentro. Revoleando sus ojos, decidió agacharse a la altura del menor (aunque tampoco era demasiada la diferencia), “yo sé que lo viste a él y te asustaste, pero el resto somos todos lindos y buenos, vas a ver que te va a encantar estar acá éste verano,” medio bromeó con tal de divertir al pequeño y, por qué no, molestar a su compañero.