Se me ocurrió entonces que, a lo mejor, eso que la abuela llamaba dar luz a los huecos quizá fuera algo tan sencillo y tan humano como entender que, a pesar de que en la vida de cada uno son muchas las cosas que ocurren sin que tengamos control sobre ellos -cosas que nos afectan, que nos modifican de un modo u otro -, a veces podemos pararnos en la acera de la vida y preguntar. Quizá sea poco y quizá ocurra muy pocas veces, pero es mucho más que acumular hierro sobre los hombros para no molestar y mucho más que vivir cargando siempre con los mismos huecos.