Tengo ganas de escribirte algo esta noche, por que me nace.
Yo por mucho tiempo estuve apagada, hasta el día en que te conocí no pensé quererte tanto ni en tan poco tiempo, pero sucedió, fue como encontrar una lámpara mágica abandonada en la cual yo pudiese pedir los deseos que yo quisiera. Hace mucho tiempo pedí un hombre como tú, siempre he sido inconformista nunca me he conformado con lo que se me presenta si no con lo que yo quiero tener.
Entonces pasas tú con esos ojitos achinados que parecen luciérnagas y esa sonrisa que te llega de oreja a oreja pretendiendo que la vida es como saltar en uno de esos saltarines inflables, diciéndome que salte que no tenga miedo y que si me caigo me puedo volver a levantar que de eso se trata y ahí es cuando me devuelves todas las ganas se de seguir por que contigo la vida me parece más fácil, menos miserable y que vale la pena vivirla y que aun queda gente que de verdad vale la pena conocer sin importar cuantas cicatrices haya tenido desde pequeño, ni aun que la vida lo haya tratado tan mal hasta romperlo siempre quedan las cosas buenas por que las cosas buenas siempre perduran. Al menos eso decía mi padre...












