Despilfarro alimentario
La sociedad del consumo ha creado paradojas tan crudas como la que viene. Hay una parte de la sociedad que vive con escasos recursos, que es pobre, que apenas puede comer; y hay otra parte a la que le sobra comida y la tira. Las cifras hablan por si solas. Mientras cerca de mil millones de personas viven en la pobreza y en riesgo de desnutrición en el mundo, 89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la UE, 10 millones en España (Según la Federación Española de Bancos de alimentos) y 260.000 toneladas en Cataluña. Casi nada. Mientras los africanos desperdician entre 6 y 10 kilos escasos de comida al año por persona, los americanos y europeos tiramos más de 100 por cabeza.
Foto: Banco de Alimentos da FIERGS (Dialla Dorneles) // FlickR // Bajo licencia CC
No es extraño que el despilfarro alimentario (esa comida que tiramos a la basura por ser fea o por estar un pelín pasada de fecha, aún teniendo valor nutritivo) ya se perciba como un escándalo global, citando a Tristram Stuart, porque contrapone la grave crisis alimentaria que padecen regiones africanas como el Sahel, donde la población no puede acceder a los alimentos porque no puede pagarlos. “No se produce para responder a las necesidades alimenticias de las personas, sino para hacer negocio. La comida está mercantilizada y la alimentación, lejos de ser un derecho, se ha convertido en un privilegio”, advierte la activista e investigadora en políticas alimentarias Esther Rivas.
En todos los sectores de la cadena alimentaria hay desperdicio: en la producción, en el tratamiento de alimentos, en la distribución y en el consumo. Sin embargo, son los hogares quién más comida tiran. En Catalunya por ejemplo, de las 260.000 toneladas de comida que, según l’Agencia Catalana de Residuos, se desperdiciaron en 2010, un 58% provenían de las casas. Hace falta, por tanto, una mayor concienciación social y educar mejor al consumidor. ¿Cuánta gente aún no sabe cuál es la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente? ¿Cuánta gente es capaz de comerse un plátano demasiado maduro o una manzana descolorida?
Si los hogares son causa importante de despilfarro, el sector de producción de alimentos no se queda corto. Tristram Stuart, autor del libro Despilfarro: el escándalo global de la comida calcula que un tercio de los alimentos que se producen acaban en la basura antes de tratarse, distribuirse y consumirse. Se debe fundamentalmente a la sobreproducción derivada de la agricultura industrial y a los cánones de belleza que impone el sistema alimentario. Entre un tomate guapo y uno feo, ya sabemos cuál gana.
La distribución es otro frente importante en materia de despilfarro. Supermercados, grandes superficies y plataformas logísticas no venden todo lo que tienen para vender. Cuando la fecha de caducidad se asoma, cuando el color de las verduras ya no es el que toca o cuando los envases ya no tienen su forma perfecta, toca retirarlos. Desde hace un par de décadas, sin embargo, los bancos de alimentos han sabido evitar este desperdicio recogiendo todo lo que les sobra a los distribuidores y dándolo a entidades benéficas y a personas necesitadas. En 2011, los 52 bancos de alimentos que hay en España repartieron 104 millones de toneladas de comida y beneficiaron a un 1.400.000 personas. Sobre todo gracias a campañas como el Gran Recapte d’Aliments en Catalunya que comienza este viernes 30 y que espera recaudar 1.500 toneladas de alimentos.
(Gráfico: Prevalencia de la desnutrición (% de la población) // Datos de Banco Mundial // Por Google Public Data // Última actualización: 31 de octubre de 2012)
Los bancos, aunque luchen contra el despilfarro, no solucionan el problema de raíz, lo reducen. Lo ideal sería que no tuvieran que existir, porque de ser así la comida no sobraría y estaría mejor distribuida. Según Esther Vivas, el grave problema está en el sistema alimentario actual y es este el que genera despilfarro. “Es un modelo en el que prima el lucro económico en vez de la diversidad alimentaria, el medioambiente y nuestra salud”. Por tanto, “hace falta cambiarlo y potenciar el comercio de proximidad, los productos de kilómetro cero”. Por supuesto, deben cambiar también nuestros hábitos consumistas. Para Jordi Peix, fundador del Banc dels Aliments de Barcelona, los gobiernos deben formar más y mejor a los consumidores y, sobre todo, deben garantizar el derecho a la alimentación. No puede ser que en el mundo 80.000 personas mueran cada día de hambre y que cerca de mil millones estén en peligro de desnutrición cuando en Estados Unidos se tiran 40 millones de toneladas de comida al año.
Por David Muñoz y Janira Gómez (El Ideario Reportajes > elideario.com)











