Ese instante de quietud en el que me pierdo y puedo pasar horas enteras arrastrada por el deseo de besarte, entregada a la vehemencia, arriesgándome a quedar consumida por la mañana.
Despierto con la resaca de tu embriagante calor, de haberme intoxicado con el sabor de tu piel canela, envuelta en una calma que solo tú provocas.
En medio de esta limerencia que desatas, aseguro mi regreso, como el navegante que siempre vuelve a su puerto. Emprendo el vuelo y, aunque me aleje, pienso en ti sin promesas, sin dobles intenciones, solo con la honestidad de quien escribe lo que siente.
No te pido que abandones el miedo, solo que confíes lo suficiente. Que nos permitamos disfrutar de lo fabulosamente recíproco que se ha vuelto este juego entre los dos.
- @conamorparami
















