Infierno V, o la muerte y el renacimiento de un poeta
La larga trenza de una mujer, señal de sensualidad e impudicia para los medievales, ha sido atada a la rama de un árbol, y su dueña desnuda pende de ella, los ojos clavados en el suelo. Junto a ella en la misma rama, dos hombres cabeza abajo, colgados del pene, se miran cara a cara. A sus pies otra mujer, también desnuda, es forzada por un demonio de pelaje azul a mirarse en un espejo; y cerca de allí un tercer hombre, sentado en posición incómoda, intenta alejar sin conseguirlo al monstruo que lo masturba. Estas no son imágenes del canto V del Infierno, que trata del círculo segundo, donde se castiga la lujuria; son, en cambio, los castigos de los pecadores carnales en el Juicio final de Giotto di Bondone, parte de la sobrecogedora decoración de la Capella degli Scrovegni, en Padua. Si algo no falta en las visiones medievales del infierno, ya sea pictóricas o escritas, es la metódica violación del cuerpo lujurioso. Por poner otro ejemplo un poco más tétrico, en el Passus octavo de la Visio Tungdali, los religiosos que cometieron pecados de la carne son devorados por Aquerón, una bestia capaz de tragarse a 9.000 de un solo bocado; y una vez en su interior, los pecadores son atacados por ratas, perros, serpientes y otros depredadores que los devoran por segunda vez. Luego sus cuerpos se reconstituyen para que se reanude la tortura. El contrapasso de los lujuriosos de Dante no puede ser más diferente. Un viento perpetuo los arrastra en círculo. Nada de sangre, tortura genital, demonios ni monstruos; sólo una tormenta sin fin en la que los pecadores a veces lucen tironeados sin remedio, pero otras parecen volar, y se le antojan al poeta bellos y casi libres, como grullas o estorninos. Virgilio describe a estos condenados como aquellos que la ragion sommettono al talento [que permiten que la razón sea sometida por el deseo]. Ese verso es la clave de su castigo. De la misma manera que en vida se dejaron llevar por sus pasiones como si no tuvieran otra alternativa, en el infierno son impelidos por una tormenta que los priva de la posibilidad de hacer otra cosa. La carencia de voluntad que argumentaron se ha hecho concreta e inexorable después de su muerte. Este castigo, como subraya Barolini, revela que lo que Dante quiere explorar de la lujuria, a diferencia de la gran mayoría de sus contemporáneos, no son sus detalles morbosos sino las sutilezas de su psicología. Más que el cuerpo del pecador carnal, lo que le interesa al autor de la Comedia es el mecanismo de su alma. Y le interesa porque es el suyo propio, o mejor, lo fue en su juventud. Toda su producción poética anterior, que trata de su amor por Beatrice, está llena de motivos heredados del movimiento conocido como dolce stil novo [dulce estilo nuevo]; y el más importante de ellos es la idea del amor como una fuerza despiadada e inapelable, que toma posesión del poeta, destruye su libre albedrío, y lo convierte simultáneamente en un alma noble y un juguete de la pasión. En un soneto de Guido Cavalcanti, por ejemplo, el mejor amigo de Dante en sus años de formación, el Amor —así, con mayúscula— lo arrastra a una planicie repleta de enamorados que le dicen: “fatto se’ di tal servente / che mai non dé sperare altro che morte” [te has convertido en siervo de un amo tal / que lo único que te cabe esperar es la muerte]. Y en 1306, apenas dos años antes de comenzar la Comedia, Dante le envió a Cino da Pistoia unos versos sobre Beatrice que parecen pronunciados por uno de los pecadores de este canto:
Io sono stato con amore insieme de la circulazion del sol mia nona, e so com’egli affrena e come sprona e come sotto lui si ride e geme.
Chi ragione o virtù contra gli sprieme fa come que’ che ‘n la tempesta sona.
[Yo he sido compañero del amor / desde mi año número nueve, / y sé cómo maneja el freno y las espuelas / y cómo bajo él se ríe y gime. / Quien le opone la razón o la virtud / pretende tocar música en una tormenta.]
Y los dos versos siguientes de ese soneto declaran con todas sus letras que no hay libre albedrío que valga cuando el amor se interpone en el camino. De ahí deriva el poder lírico de Infierno V. Cuando Dante escribe con la voz de Francesca que amor a nullo amato amar perdona, esa voz suena no sólo auténtica, sino también irresistible, porque hasta hace poco fue la del poeta mismo que la escribe. En el círculo de la lujuria Dante se enfrenta a sí mismo, al poeta enamorado de Beatrice, y se descubre condenado. Pero la sutileza del canto no termina ahí. El objetivo de Dante no es sólo que el lector entienda, sino que sienta, que viva el conflicto que lo desgarra. Su solución es pedirle a Francesca que relate el inicio de su pasión por su cuñado; y la anécdota resultante, como era inevitable, es literaria. Los dos estaban leyendo un romance provenzal que trataba de uno de los temas preferidos del amor cortés: el adulterio de Guinivere, esposa del rey Arturo, con Lancelot, el mejor y más casto de los Caballeros de la Mesa Redonda. Paolo y Francesca estaban solos leyendo el mismo volumen. Cuando el caballero le dio el primer beso ilícito a la reina, ambos levantaron los ojos al mismo tiempo y se encontraron sin esperarlo con la mirada del otro. Tanto ese libro como su autor, dice Francesca, fueron nuestra celestina. Ese día no leímos más. La historia de Francesca es la de un conjuro literario que logra plenamente su efecto. El beso de los dos personajes en el libro se convierte en el de los dos cuñados, se transfiere a la realidad. Pero a ese nivel debe añadírsele otro, porque Francesca y Paolo son a su vez personajes de otro libro, la Comedia; y su historia es tan dulce y seductora, la anima una mezcla tan bien calculada de inocencia y sensualidad, que la tentación de rendírsele, de justificar ese beso y con él la idea de que a la pasión no hay voluntad que se le oponga, es prácticamente irresistible. De esta manera, Infierno V es la máquina perfecta para comunicar al lector la seducción tanto del amor cortés como de la literatura que lo celebra y acaso lo posibilita. Infierno V nos fuerza a identificarnos con Francesca al punto que casi olvidamos que estamos en el infierno. Los románticos se rindieron con total deleite a ese olvido. Para ellos Infierno V era un canto adolorido por la suerte de Francesca, y por extensión ofendido con la crueldad de la autoridad divina, que la castigó a pesar de la belleza innegable de su historia y la pureza de su amor, porque no por adúltero dejaba de ser casto. Pero esa lectura se queda en el nivel de la condenada; cae por entero —y esa caída acaso sea perdonable— en la trampa preparada con maestría por el poeta. Es clave, tanto para el personaje-escritor como para el lector, que no olviden que, a pesar de la poesía innegable que contiene la historia de Francesca, en el fondo es una historia de perdición. Paolo y su amada parecen volar como palomas cuando el poeta los llama, pero es un viento justiciero el que los arrastra, y están en el infierno. Las opiniones informadas y bien argumentadas sobre este canto son muy numerosas. La mía es que el problema con el cual Dante ha luchado hasta el punto de causar el desgarramiento que escenifica Infierno V, en un último análisis, es una cuestión no sólo sentimental y poética, sino también filosófica. Dante ama, siempre ha amado a Beatrice, pero en su madurez ya no siente que ese amor sea como él lo vivió en un momento, como lo habría descrito Cavalcanti: una pasión devoradora que lo priva de toda libertad, una esfera lírica de alucinada pero estrecha belleza. Esa jaula dorada se le ha quedado pequeña. Dante intuye que su amor no es una prisión, sino la clave de su libertad; y entonces comprende que es necesario deshacerse de una vez por todas de esa idea juvenil, según la cual amar como él ama es perder por completo el control de uno mismo. Su solución es retratar el amor estilnovista en toda su belleza en este canto, para luego poder dejarlo atrás; el peregrino ha de buscar otros horizontes. En Infierno V, en otras palabras, el lector asiste al momento en que Dante deja de ser un joven poeta lírico y se convierte en el autor de la Comedia.

















