Amanecido y con resaca había ido a desayunar unos tacos para aterrizar, picosos, acompañados de una coca fría, caminaba sobre la avenida, estaba caliente, el libido me llamaba, caminé, miré el móvil, eran las 9:30am, en realidad seguía un tanto ebrio. Estabas sentada en una jardinera, cerca de un hotel, vestías de azul, un vestido sencillo, te estabas pintado apenas, parecía que acababas de llegar, te vi y me acerqué, detenidamente me miraste, aunque con un poco de penas al parecer, me dijiste que cobrabas $350 el servicio, te pregunté qué incluía, dudaste un poco y me dijiste que desnudo completo, oral, vaginal y anal si quería, me entusiasmo la idea y mi libido incrementó, sentí recorrer por mi espalda un escalofrío de nervios y excitación, una respiración rara, entre cortada, los que han vivido algo así con esa interacción con una prostituta sabrán a qué sensación hago referencia. Le di las gracias por la información y seguí caminando, fueron unos 50mts. tal vez, me quedé pensando y observando como pasaban los coches por unos 30 segundos, me di la vuelta y saqué de mi bolsa trasera mi cartera, la abrí e hice un cálculo rápido del servicio sexual más la habitación, traía el dinero, regresé hasta donde estabas y levantaste la mirada, sonreíste y te dije que fuéramos al hotel que estaba a unos metros, te observé de arriba a abajo, delgada, no muy alta, una voz imperativa y ronca interrumpió mi pensar "SON $350 DE LA HABITACION", me quedé mirando y saqué el dinero de la cartera, se lo di y solo dijo "ES EN LA 340" y extendió la mano con una llave que colgaba de un llavero de plástico, grande con las letras borrosas, te cedí el paso y comencé a mirarte con morbo, subimos al elevador, se abrieron las puertas y al ingresar me dio otro escalofrío, pasé mi mano por tu espalda hasta llegar a tus nalgas, se abrieron las puertas del elevador y salimos, comencé a buscar el número de la habitación con las manos temblorosas aún de la resaca y pegajosas, abrí la puerta y pasamos.
Cerré la ventana y las cortinas, hacía calor, seguía siendo temprano. Me comencé a desvestir y me tumbé en la cama en calzoncillos, me miraste y me preguntaste si quería que te desnudaras completa o te dejaras el vestido y bajarte las bragas, te pedí desnudo total, te notaba relajada, contenta diría yo, no feliz, pero la sonrisa que se dibujaba en tu rostro me agradó, quedaste solo en bragas, te toqué por todo el cuerpo, te lamí los pezones de esas tetas pequeñas y apreté con fuerza tus nalgas, eran pequeñas pero redondas, te intenté besar pero te alejaste un poco, imagino lo asqueroso del olor de alcohol, cebolla, comida y salsa, no había tiempo para lavarse los dientes. Te puse boca arriba, baje tus bragas despacio mientras te abría las piernas y descubría tu sexo velludo, no me contuve y te besé las piernas, los muslos, los tobillos, me erecté mientras baje suavemente hasta tus labios mayores y clítoris y comencé a lamer, pasé mi lengua sin cesar mientras te metía un dedo en el culo, te pedí que tus talones descansaran en mis hombros, me dejabas, complaciente como me gustan (pensaba), te puse de espaldas y te pedí que te empinaras, se abrió el paraíso, tu ano y tu clítoris me llamaban, no pude parar y con desenfreno comencé a devorarlos, estaba muy arriba en las sensaciones, no paré de lamer y tocar hasta que mi lengua se cansó, me pediste ir al baño, te seguí, te pedí permiso para verte orinar, aunque en realidad ya estaba haciéndolo, con una pequeña risa me dijiste que sí que no había problema, nos tumbamos en la cama, te seguí explorando, tocando, mordiendo, chupando y metiendo los dedos por tu ano y vagina, te puse en todas las posiciones, te metí la verga en la boca, te atragantaste, me pedías más, hice que te vinieras, me aceptaste un par de besos, me cansé de chuparte el culo, recorriendo cada pliegue, abriendo tus nalgas hasta saciar mi morbo, me dijiste que ya había pasado el tiempo, te pedí unos minutos más, aceptaste, te pusiste boca abajo y me ofreciste nuevamente tu ano, sin dudar lo comencé a chupar nuevamente, una delicia en mi boca, reíste con sentimiento de aceptación y gusto, de pronto todo se detuvo, te pedí tu número celular para volver a vernos, me dijiste que no tenías, que apenas lo habías perdido, te comenté que no te había visto por la zona, me dijiste que eras nueva, te comenté si tenías otro trabajo o actividad, afirmaste, eras empleada de aseo en unas oficinas de gobierno en el centro de la ciudad, te comenzaste a vestir, me quedé admirándote aún con el olor en la nariz, filtrum y boca de tu ano, clítoris y labios, pero sobre todo de tu alma y la historia que me había hecho en la cabeza. Te pedí que me esperaras, accediste, me vestí y salimos juntos tomados de la mano de la habitación, aún te di una nalgada, era obvio mi agrado por ti, bajamos del elevador, salimos del hotel y nos despedimos, acordamos vernos el próximo sábado, nunca sucedió.