¿De dónde se sacan las fuerzas cuando no las hay?
A veces el agobio y la desmotivación se apoderan, sin aparente razón, de mi corazón.
A veces no logro identificar con claridad qué es lo que estoy sintiendo, solo sé que entre el pecho y la espalda algo me aprieta.
Hasta ahora estoy aprendiendo a reconocer emociones diferentes a "feliz" "triste", pues siempre he vivido de una forma racional, determinada, y en el marco de lo que considero que debo (y quiero) hacer para llevar una buena vida y en últimas, ser feliz.
Y en esta nueva ola de tendencias de vida positiva, gratitud, manifestación y vida plena, que ser feliz está al alcance del hoy, del amor propio, y de valorar cada pequeño elemento de nuestras vidas estoy aún recorriendo camino, descubriendo cosas y aprendiendo.
Aún así, hay días que se tornan difíciles.
Hoy es uno de ellos.
Abrazo a mi perrita, pienso en algo rico que quiero comer (aunque no se me ha despertado el apetito del todo), me siento a escribir, envío algunos mensajes a mis amistades más cercanas y empiezo a encontrar nuevamente esa llamita interna que revive y aplaca el apretón que tengo.
Entonces descubro por mí misma cómo reencontrarme, y entiendo que estar en el momento presente, que apreciar todo aquello que conforma mi espacio y mi vida me recarga, y que los pequeños pasos también son grandes movilizadores de energía.











