La despedida de Don Berno
De esos seres humanos que en sus 103 años de vida dejó un recuerdo que queda como un tatuaje en el corazón, a continuación las palabras de despedida, hechas por su hijo Víctor Hugo, mi padre, para agradecer y recordar su memoria:
“SEÑOR DIOS: Hoy venimos a tu casa con humildad y con una inmensa gratitud por el regalo maravilloso que tú nos diste en la persona de Bernardino, nuestro padre, abuelo, bisabuelo, esposo, tío, amigo, pero sobre todo, un ser humano que supo vivir.
“Existen las cosas que una tras otra, forman parte de la vida”
A mi padre, Señor, le concediste una vida llena de dones que convertía cada cosa de la vida en un motivo para vivir; y vivir plenamente. Escuchar sus relatos sobre su niñez era como evocar a un Tom Sawyer criollo, caminante incansable; mensajero clandestino de amores distantes; explorador de bosques y cañadas, de un país que apenas asomaba al mundo. Pero por muchos intentos de Vicente y María del Carmen, sus padres, no pudieron doblegar su particular forma de ver el mundo, y para fortuna de su felicidad, la escuela no le pudo someter: escapaba de ella.
Arreador de recuas a sus escasos años, y, por una mogolla, un pedazo de panela y unos centavos o reales, entró desde muy temprano, sin saberlo, al mundo del trabajo.
Adolescencia bravía, en un mundo convulsionado en un país herido por las rencillas y los odios inspirados desde clandestinos oráculos, aprendió a AMAR este país, haciéndolo, y engrandeciéndolo.
Sus manos se endurecían y se fortalecían sus cayos construyendo en ferrocarriles, trabajos en carreteras, conduciendo camiones, rompiendo el mundo a base de pica. Pero siempre teniendo tiempo para hacer camaradería, amistades y amores.
Como padre, gracias Señor por el regalo que nos concediste a Rosa Cecilia, Luis Alberto, Marco Antonio, José Bernardino, y a mí, Víctor Hugo, un puntal, punto de referencia, realista como pocos; siempre nos aterrizaron sus lecciones; éstas siempre fueron del más puro y duro pragmatismo. Se consideraba y era real, era cierto, fue feliz. Nunca le escuchamos una voz de odio; nunca percibimos en él la envidia; jamás, jamás, un acto o pensamiento de deshonestidad.
Bernardino fue un hombre de amigos; amigo de sus amigos, de sus hijos, del trabajo, de las buenas viandas, del baile, de la chicha y de la cerveza, de leer el periódico todos los días, de escuchar su música, de cuidar sus “cacharros”, de pasear una y otra vez, y nunca se cansó de sorprenderse, en ello, nunca dejó de ser niño; nunca dejó de oler y saborear este país, de contar una y otra vez sus historias, de cantar y declamar, de enamorarse… Era amigo de la vida, esa que siempre agradecía a Dios.
Y Dios y la vida recompensaron a mi padre, al “Viejo Berno”. Lo rodeó de aquellos amigos, con los que debe estar celebrando y fomentando un desorden amigable en la eternidad. Cómo no dejar de pensar en su reencuentro con otros “Titanes” constructores y hacedores de la vida y en particular de este barrio como José Amézquita, o Daniel Torres, Roque Acosta, Luis Piraquive, Segundo Suárez, Juan N. Parra, Abdón Guerrero, Jorge Rojas, Don Sixto, Don Carmelo, el Sr. Prado… y de manera especial, a sus compadres Julián Marín y Alejo Rodríguez. Y conociendo a mi padre, abrazado estará con sus hermanos y hermanas, y se estará disculpando por las omisiones que yo cometí involuntariamente.
Imagino y veo la sonrisa de mi madre en el reencuentro con el amor de su vida en medio de la Paz Eterna.
A Magolita, nuestra gratitud eterna por su dedicación, su compromiso y haber asumido a Bernito sus cuidados, sus detalles, su entrega, hasta el nivel del sacrificio, éstos serán recompensados por Dios y la vida.
A Margarita y a doña Leo, quienes junto con Ana Julia disfrutaron de paseos, jolgorios y francachelas. Gracias por haber permanecido siempre al lado de él.
A todos los amigos y vecinos de la Granja, familiares y parientes, gracias por sus llamadas, sus mensajes y sus visitas. Al Reverendo Padre Nelson Pinzón y a los Ministros de la Eucaristía, que llevaron el consuelo y la fortaleza de la comunión cada viernes, gracias.
¡A todos nuestra gratitud infinita!”