La enormidad.
Mi arte es la bohemia que no toca los dogmas religiosos, soy como una anormalidad con alas, algo que no es mucho en sí, lo desconocido de lo común. Soy como una página de papel que se reescribe cada día, con sus propias metas, con sus propias maneras, sin abstinencias, ni restricciones. Solo soy yo aunque no signifique nada para el mundo, porque a veces en la vida, hay un determinado número de personas que, se atreven a inventarse un estilo único, que se arriesgan a mirar con sus propios ojos el universo, porque en su mayoría los seres humanos se conforman con mirar a través del mismo lente, a través de una secuencia que ha venido interpretándose por años, porque a todos les fascina ser la mísera copia de un patrón que se impuso quién sabe cuándo, ser lo que siempre se ha sido, sin pensar en lo que nadie a visto jamás.
Más yo, con mis ganas de romper la trampa ilusoria que es ser la nueva versión de una generación, decidí que no quiero guardarme más tiempo, pues, he sido un fantasma, pero, hoy ya tengo voz. Y es la voz de la esperanza, la voz de un mañana, una voz que grita acerca de fe, de momentos, de vida, de sonrisas. Que habla sobre ser feliz a orillas de una playa solitaria con la brisa resoplando en los oídos, en la plaza, en la esquina, en un muelle, bajo un puente, con intensidad, con pasión, con amor, con entrega y gratitud, porque nuestra enormidad no ha sido creada ni dispuesta para hallarse oculta dentro de nosotros, nuestra enormidad desea un ¡Boom! Y una merecida explosión. No sé tú pero yo, quiero reír como loca, bailar bajo la lluvia, volar contra el viento, sentir que existo, aprender a quererme, aprender a valorar el regalo de esta oportunidad. Seamos felices bro, eso es la vida, ¡¿Qué se supone que esperamos!? ¡¿Qué vamos a esperar?! ¡Reacciona! ¡Transfórmate! ¡Estalla! ¡Apasionate! ¡Resplandece! ¡Brilla!











