Tomo la palabra. Estoy en mi oficina y en realidad debería de estar trabajando, pero me voy a tomar unos minutos para expresar mi indignación, no por las muertes y desapariciones de los 43 normalistas, de los 11 estudiantes detenidos tras las marchas, de los miles de femicidios en Juarez y los del Estado de México, ni por las matanzas de Acteal, de Atenco, de Aguas Blancas, de Tlatlaya, los desaparecidos de Cocula y los otros miles de casos de violencia, la corrupción y la impunidad de la clase política y demás funcionarios públicos, mi mayor dolor y mi rabia va por la indiferencia del mexican@ promedio.
Antes de explicar mi punto, quiero aclarar que no se trata de ser negativo y pesimista, de enfocarme solamente en lo negro y triste del país. No. México es un gran país de personas hermosas y de grandes riquezas tanto naturales como humanas, eso no está en tela de juicio. Personalmente aplaudo a los cientos de miles de personas, niños, ancianos, mujeres, jóvenes y hombres de todas las clases sociales que salieron a las calles en estos últimos días a manifestarse pacíficamente a exigirle a los gobernantes justicia y un alto a la violencia. Más aún, respeto y admiro a los mexicanos y mexicanas que desde hace años luchan una mejor vida para todos nosotros, para ti y para mi, cada uno desde su trinchera, día a día, acto con acto. Ustedes son un gran ejemplo a seguir. ¡Gracias!
Pero me parece importante alzar mi voz. No porque crea que escribiendo unas líneas voy a cambiar a cambiar a mi país o mis paisanos, si no porque me gustaría que mi entorno: mis amigos, mis familiares, pero sobre todo mi hijo que a penas empieza a conocer el lenguaje, algún día sepa como pienso y vivo mi realidad.
Muchos mexicanos hoy en día sabemos que nuestro gobierno es un gobierno fallido. Un país con decenas de miles de muertes. Miles de desapariciones. Con más de trece millones de personas en pobreza extrema y muchos otros problemas graves más. Sin embargo, muchos muchos mexicanos decidimos ignorar lo que pasa en nuestro país. ¿Saben cuantos comentarios ignorantes he leido en Facebook y otras redes sociales? ¿Saben cuantas veces he leido: “pónganse mejor a estudiar/trabajar”, “lacras, vándalos, huevones”, o esta última joyita que leí hoy en un post de Facebook refiriéndose a los actos de represión brutal de las manifestaciones del pasado 20 de Noviembre el cuál me inspiró a tecleear este texto: “Qué bueno que la policía este empezando a hacer su trabajo...”
Desgraciadamente estas personas son demasiadas, la mayoría de ellos de clase media o alta, que trabaja para alguna gran empresa o corporación, los famosos “Godínez” y sus superiores, que se benefician de clientes adinerados que probablemente se enriquece gracias al sistema neoliberal de consumo y que le molesta ver a gente en las calles porque ellos “sí tienen que ir a trabajar y ganarse la papa, no cómo los huevones que sólo hacen desmanes.” Lo mismos discursos rondaban las pasadas elecciones, cuando el movimiento YoSoy132 el cual llegó a tener una fuerza importante, fue desprestigiado y finalmente se quedó en una amarga derrota, porque la “vida sigue y hay que hacer algo productivo de la vida, no estarse quejando siempre.”
¿Qué pasa? ¿Por qué tanta apatía e indiferencia ante el dolor ajeno?
Yo me pregunto: ¿Cuando el mexicano será capaz de hacer un poco más de concienca colectiva? Y no precisamente me refiero a salir a armar una revuelta contra el gobierno, si no a darnos cuenta de las consecuencias de nuestros actos. ¿Cuándo el mexicano de clase media con el poder adquisitivo para gastar en el “Buen Fin” y endrogarse hasta el cuello con el nuevo iPhone, el carro de último modelo y los zapatos finos que serán usados dos o tres veces, y que ve varias horas de TV al día y se gasta buena parte de la quincena en alcoholizarse cada fin de semana, va a reaccionar y darse cuenta ver que cada decisión, cada peso gastado, cada bocado, cada paso dado, es un paso en pro o en contra de su propio enaltecimiento y del mundo entero? Todo lo que hacemos nos afecta directa o indirectamente. Pero mientras no tengamos un poco más de visión, no tengamos un poco más de valor para ser mucho más consecuentes para informarnos y tomar decisiones más concientes, educadas y congruentes, mientras no nos esforcemos por conocer nuestra propia historia, por escuchar y hablar con nuestros hijos... todas las marchas y los títeres de EPN que quememos haran una mínima diferencia. Mientras no haya esfuerzo personal, mientras sigamos pensando en nosotros mismos y no en los demás (en los miles de niños que día con día mueren de hambre en México, en los cientos de mujeres que son golpeadas y violadas en sus propias familias), mientras sigamos en el “no le hace”, “me vale”, “no es mi pedo”, es allí cuando como seres humanos estamos jodidos. Tantas personas se indignan más por el tráfico, que por la violencia estructural del narco-estado, se molestan más por las manifestaciones por las violaciones de sus propios derechos y los de sus hijos, y el hambre de un niño pidiendo dinero en un semáforo les importa menos que a la telenovela de las 8.00. ¿Cuanta gente han oido decir que está “jodida” porque quiere? O que “el que realmente quiere salir adelante puede”... muy pocos nos damos cuenta que existe algo llamado violencia estructural y que todos cómo mexicanos somos culpables a muchos niveles de permitir un sistema que mantiene a unos 53.3 millones de personas en la pobreza.
México necesita educación urgentemente. México necesita apagar la televisión y agarrar un buen libro, o varios y no me refiero a los varios tomos de Harry Potter, es más, México necesita aprender a leer y a escribir. México necesita cuestionarse a si mismo y el sistema que lo domina. México necesita que nos sentemos en familia, entre amigos, entre vecinos, en nuestras comunidades, a hablar, a escuchar, a discutir, a juntar ideas, a hacer planes juntos. Vivimos en un México donde la calidad de vida se confunde con el creer que quién se viste bien, come bien, compra artículos de lujo y adquiere cosas nuevas -las más novedosas- y las vuelve a comprar cuando sale el nuevo modelo son los que “viven bien”. En México se confunde la calidad de vida pensando que aquellos que la disfrutan poseen mayor poder adquisitivo, es decir aquellos que pueden consumir más y presumir su consumo a los demás.
Muchos seguramente estarán ya tachandome de “rojillo”, de “pejezombie”, o haciendo muecas de “que hueva” por estas propuestas, pero es justamente esa la raíz del problema: la indiferencia. Muy pocos en México creen necesitar cambio alguno. Nosotros estamos bien y los demás están mal: el “maldito gobierno”, los “zánganos del PRD” o los “ratas del PRI”, el vecino... en fin, el siempre el “otro”. ¿Cuándo fue la última vez que cuestionaste tus hábitos, tus ideas, tus compras, tu forma de transportarte y lo que llevas a diario a tu boca? ¿Cuando fue la última vez que buscaste salir de tu zona de comfort e hiciste algo por tu desarrollo intelectual y espiritual? ¿Cuando fue la última vez que te preguntaste a costa de quién te ganas el pan de cada día? ¿El modelo económico en el que vivimos, lo conoces? ¿Para qué y quién trabajas? ¿A quién sirves? ¿Tu trabajo beneficia a tu bolsillo y el de tu familia, o estás haciendo una diferencia en este mundo? ¿Cuando fue la última vez que plantaste un árbol o una planta? ¿El banco en donde guardas tu dinero, sabes donde se invierte? Si tienes cuenta en un banco grande como HSBC, Bancomer, Serfín etc. ¿sabías que estás financiando el lavado de dinero de los cárteles mexicanos y otras organizaciones criminales a nivel mundial? ¿A qué tiene que llegar para que hagamos algo por el medio ambiente? ¿Qué tiene que pasar para que cambiemos el país? ¿Nos tienen que matar a un hijo, a un hermana, a un amigo?
Ya sé lo que estás pensando y no creas que no me lo han dicho: “tu no vives en México ¿de qué te quejas? Vaya, tu madre ni mexicana es...” o quizás: “si no vienes a partírtela a México y hacer un cambio aquí, ni opines.” Yo pasé 21 años en México y nací en ese país que me dió una identidad y una cultura de la cual me enorgullesco profundamente. No voy a justificarme de por dejé México, o porqué permanezco viviendo en otro continente y me atrevo a indignarme por lo que está sucediendo en el lugar que me vio crecer. El punto de estás palabras es invitarte a que nos preguntemos: no ¿qué vamos a hacer por el futuro de México y del mundo? Si no más bien: ¿Qué estamos haciendo o no por el país? Todo. Cada acción cuenta.