Cuando era niño pensaba que en el futuro los coches volarían, los robots serían algo omnipresente y podríamos ir a pasar las vacaciones a la luna. El futuro era colorido, pulcro, algo inequívocamente sexy. El futuro ya está aquí y viajo en metro escribiendo en una super máquina de escribir transportable llamada portátil. Cuando pensamos respecto al cyborg, solemos pensar en toda la imaginería de las películas de nuestra infancia, repletas de terminators y robots cachondos como el de Cortocircuito. Solemos pensar en pantallas flotantes, implantes cocleares para hablar por teléfono y realidad aumentada a través de dispositivos HUD.
El resultado no ha quedado demasiado sexy y por eso no somos capaces de reconocerlo. El teléfono móvil nos ha permitido modificar nuestras funcionalidades básicas como humanos, de formas nuevas no disponibles en anteriores tecnologías como el teléfono o el libro.
Somos cyborg que requieren de energía eléctrica para seguir funcionando de forma expandida, buscamos zonas wifi, o simplemente zonas de cobertura. Nos fastidia cuando nos desconectamos en el peor momento, nos inquieta cuando esperamos un mensaje que nunca parece llegar. Esperamos lo inmediato, ajustando nuestra visión temporal vital a patrones cada vez más reducidos. Erramos el paso mientras escribimos y nos ausentamos mentalmente del espacio físico al hablar con otros cyborg usando una de tantas formas disponibles. Delegamos parte de nuestra memoria a esta curiosa interfaz capaz de descargarse a su vez en una impersonal red global.
El artículo “The city gets personal” hace alusión a unos futuros ciudadanos que no solo se relacionan con el espacio urbano sino que forman parte de la ciudad pudiendo personalizar las condiciones de ésta a su antojo. Un “futuro” que sin embargo está ya presente en muchas de nuestras ciudades y entornos urbanos que ya cuentan con un nivel de conexión y de dispersión de dispositivos más que notable.
Pensar en este “futuro” nos hace reflexionar sobre cómo nuestra condición humana siempre ha necesitado de “artilugios”, como bien nos muestran L. Mumfort o Ortega y Gasset, para poder explorar mundos que no están a nuestro alcance de forma natural o para hacer de este un lugar más dúctil a los deseos humanos. Por tanto el primer paso para la convergencia de estas “smart cities, ciudad cyborgs, etc” ya está dado a través de la tecnología y de la propia condición humana..
No obstante, tenemos el campo libre para repensar como es la relación de nuestro cuerpo con la técnologia y valorar la capacidad que tiene nuestro organismo para retener, analizar y filtrar la información a la que se va a ver sometido. ¿Cuáles son los gadget que este nuevo ciudadano utilizaría? o ¿porqué no pensar que los llevaría instalados de serie?.
En esta ciudad cyborg, en el que sus habitantes mejoran con dispositivos tecnológicos, la obsolescencia programada sería un delito penado durísimamente. Nada debe dejar de funcionar por capricho de su creador, dejando a una persona disfuncional con el fin de maximizar beneficios. La copia ya no se entiende como un delito sino como base fundamental del modelo productivo y la apertura del código y de los procesos, en cambio, serán una necesidad tal y como afirmaba Cory Doctorow en una de sus últimas presentaciones, “The coming war on general computation”.
El propio planeta se verá transformado de manera radical por las nuevas requerimientos que plantean estas ciudades del futuro en cuestiones de energía, materia, medio ambiente, etc.
Cabe preguntarnos entonces: ¿De qué estaría compuesto el territorio ideal para el ciudadano cyborg?. Hoy sabemos que el oro, el coltan, el silicio o el litio son minerales imprescindibles (como muchos otros) para producir los materiales como el tántalo, el cirilio o el grafeno, que darán lugar a la construcción del entorno del ciudadano cyborg del futuro que se dibuja a través de sistemas como el Internet of Things.
No podríamos dejar de pasar la oportunidad de imaginar cómo sería la atmósfera ideal de este planeta cyborg hecho a medida. Quizá una atmósfera que a su vez fuese una fuente de energía casi inagotable y limpia que nos llevaría a pensar en el hidrógeno como elemento principal.
Con estas aproximaciones casi podríamos pensar que el planeta cyborg, será un planeta chino, plagado de bellos caracteres sobre placas de acero. Este país, dueño actual de las mayores reservas de materias primas raras, tanto en Africa como en su propio país. ¿No les resulta un futuro inquietantemente más cercano?.
Mientras asistimos a la resolución de estra trama, seguiremos explorando este
interesante nuevo planeta-ciudad, con nuestra escafandra cyborg.
Comunicación seleccionada en el Congreso EQUIciuDAD 2012. San Sebastián
Autores: Cesar García (elsatch) + Daniel Ayala (@ayserrano)