The tiny basket in her hand had a couple velvety peaches she picked up from beneath the trees and, happy with her bounty, she sprang, running as fast as her wobbly legs would take her, almost tumbling down on several occasions as she crossed the small field of flowers and followed the sweet voice that sang gently, not far from her.
When she reached the woman’s leg, letting down her cargo at her feet, the little girl then clung to her knees as she looked up and smiled; and smiles turned into giggles as she felt her feet leaving the ground when her small body floated upwards to her aunt’s arms. Beyul then hugged her and crowned her little forehead with butterfly kisses while the toddler couldn’t help but emit delighted chuckles that rang through the morning breeze as her little hands stretched to cling at Beyul’s neck so she could snuggle under her chin, taking hold of her silky hair.
Always enjoying the loving gestures of her dear “aunt Ran”, as she knew were called the pretty orchids that, to her young eyes, looked so much like the lovely woman, Iori then pointed down to her basket and mumbled :“For Ran” with a bright smile.
For the 5 minute drabble challenge (that took me a bit more OTL). I was tagged by @l-e-i-n-t-h, thank you! :D OMmyenglish is so rusty how embarrassing, bearwithme xD I TRIED
I’m not tagging anyone, but it’s optional if you want to do it, be my guest!! Maybe @the-musical-cc or @anewe9 (por si se te ocurre algo fluffy corto ♥)
La sonrisa no había abandonado sus labios cuando entró por el marco de la puerta de la cocina. Él, que tenía las manos ocupadas meneando el estofado en el fuego de la estufa, miró por sobre su hombro para saludarla al escuchar sus pasos. La sonrisa de ella se le contagió de inmediato, y con la mirada, preguntaba qué es lo que la había puesto de tan buen humor.
“Kiki. Me regaló un alhajero que hizo él mismo. Le talló mi nombre y un patrón floral hermoso.” Comentó ella, su gesto emocionado.
“Tiene manos hábiles,” dijo él manteniendo la sonrisa, para luego volverse de nuevo hacia la cacerola humeante, “desde pequeño le ha gustado grabar figuras en madera. Practicaba con las gubias del taller sobre las cajas de provisiones.” Volvió de nuevo el rostro hacia ella, invitándola a acercarse. El cucharón del estofado ligeramente elevado, expectante. “Desafortunadamente, no llegó a practicar en tales materiales sino hasta después de decorar sobre toda superficie de madera que encontrara a su paso en la torre de Jamir.”
Hiva alzó las cejas al escuchar la graciosa anécdota con la inflexión curiosa que hizo él en la última parte y soltó una risita imaginando la escena: Mu corriendo tras el inquieto niño para que no fuera a dañar alguna reliquia antigua e invaluable en pos de su arte.
El asintió, mirando a sus alrededores con una sonrisa amplia antes de volverse a ella. “En esta época del año el Sol alumbra las copas de los árboles de manera única y los rayos entran haciendo todo tipo de juegos de luces y sombras, ¿no te parece como si bailaran entre las hojas?”
“Es interesante. Más al norte no se ven este tipo de espectáculos.” Respondió ella, dedicando unos breves segundos de contemplación al lugar, para luego poner toda su atención en sacudir una roca que estaba a unos pasos de ella y, reacomodando con delicadeza los pliegues de su falda larga, sentarse.
“La belleza proveniente de tus tierras guarda su propio encanto.” Ofreció el pelirrojo, quien, un poco ruborizado tomó su lugar junto a la dama, mimetizándose con los colores cálidos del bosque otoñal.
La mujer dejó escapar una diminuta y controlada risa entretenida para entonces, con una mano blanquecina, jugar con los mechones alborotados que ondeaban con la brisa frente a ella como las mismas hojas rojizas que los rodeaban. Le sonrió mientras las caricias pasaban del cabello a las mejillas y sin muchos miramientos, acortó la distancia para averiguar si podría probar el sirope dulce al que invitaba tan deliciosos colores.
Advertencia: Contiene melosidad, drama y moeness en cantidades desfachatadaz, además de horrible estilo narrativo, but what else is new. O al menos así lo siento yo, pero no me arrepiento :P
Lean bajo su propio riesgo. Mi crackTP es mi OTP forevah and nothing hurts. Bueno de hecho todo duele pero vale la pena, creo. AAH!!!!
Ahora no les pongo notas sobre algunas cosas porque me da flojera, pero las aldeas de niños son ciertas, los problemas de empleo son ciertos, y el drama que evitaron está tan ligado a la política que le saqué la vuelta pero luego lo trataré como se debe.
Esto es pura dinámica familiar y there you go.
Tres de la madrugada y la lámpara de su taller seguía encendida; podía ver el haz de luz que provenía de la escalera, la cual conectaba ambas habitaciones. Algo importante debía estar ocupándola.
Él había fingido no darse cuenta, esperando que regresara en un par de minutos, sin embargo, los minutos se transformaron en horas y ella aún no volvía. Se puso de pie en dirección a la planta baja.
Al escuchar los claros pasos descalzos de su compañero haciendo crujir las tablas de madera, de inmediato se dirigió a él, pero sus ojos seguían soldados a su escritorio.
“Oh, lamento haberle despertado, no era mi intención. Vuelva a dormir por favor.” Su voz cansada y algo adormilada le respondió; la pluma que sostenía en una mano golpeteando su barbilla. Tal vez eso alejara el sueño.
Él la miró a la distancia, sacudió la cabeza y continuó su camino hacia ella despacio, depositando luego sus manos, tibias y firmes, sobre los hombros tensos de ella, el contacto haciéndola enderezar la espalda mientras él se inclinaba hacia adelante para robar un vistazo de aquello que la mujer estudiaba con atención. Apenas leyó las primeras líneas, enarcó una ceja, curioso “¿Solicitud de empleo?”
Hiva se recargó en el respaldo de la silla, levantando la vista para encontrar la mirada inquisitiva de su consorte, acariciando una mano de él con la que ella tenía libre. “Los hijos de Lahmo regresaron de India hace un par de meses, mientras no estábamos. Han tenido problemas para adaptarse a las condiciones de trabajo aquí. Para todo es requisito que sepan hablar Chino y han estado estudiando el idioma apenas llegaron, pero escribirlo…”
Él dio un nuevo vistazo a la cantidad de papeles y los nombres en ellos, conocía un par. Como vecinos de Hiva, ella los había cuidado algunas veces antes de que su madre los enviara a las Villas de Niños en India, hacía ya muchos años. Les tenía un cariño muy profundo al haber sido lo más cercano a una familia para ella mientras vivía sola. “Tenía la noción de que los hijos de la mujer eran tan solo dos.” No iba a dejar acallada esta observación, ya temía la respuesta.
Ella dudó un segundo “…Los amigos que hicieron el viaje de regreso con ellos se enteraron de la ayuda que recibirían para el llenado de los formularios…”
Silencio.
Las miradas de ambos se entrelazaron, oscuras, suplicantes pero al mismo tiempo retadoramente inflexibles. Ya habían abordado temas de ésta índole muchas veces antes y no sería la última vez que lo hicieran, pero iniciar una discusión sabiéndose ambos fatigados no sería conveniente para ninguno. Fue él quien cedió en esta ocasión, volviendo la mirada nuevamente a los papeles sobre la mesa de trabajo y conteniendo un suspiro que obviaría su verdadero sentir.
“¿Puedo serle de utilidad? Necesita descansar; si gusta yo terminaré de llenarlos. ”
La respuesta de ella se quedó en su garganta cuando un golpe seco se escuchó en el piso de arriba, seguido por un par de gemidos débiles que dieron paso al llanto que los dos conocían, entre el estrépito de pesados objetos cayendo con fuerza al suelo.
“¡P-PA PAAAAAAAAH!”
Hiva apenas se había puesto de pie en un salto cuando Mu ya había desaparecido del taller. Ella corrió escaleras arriba para darle alcance hasta llegar a la habitación de la niña, donde encontró a su pequeña llorando aferrada a los brazos de su padre. Se deslizó hacia ellos evitando los objetos esparcidos en el piso y apenas la tuvo a su alcance, le acarició la cabeza para tranquilizarla, o más bien tranquilizarse ella misma; sus ojos angustiados buscando respuesta en los de Mu, quien parecía sereno. Así respondió él, solemne, mientras seguía frotando la espalda de la bebé, reconfortándola.
“Tuvo una pesadilla y despertó de improvisto. Al parecer levitó de su cama mientras dormía.”
“¡¿No se lastimó?!”
“Nada grave. Un golpe en la frente. Llegó al techo. No podía bajar. ” Habló puntualizando, cualquiera diría que de manera despreocupada, pero Hiva notó de inmediato la intranquilidad de él en sus oraciones cortantes. La pequeña, en su intento por regresar al suelo había lanzado con psicoquinesia todos los muebles dentro de su cuarto. Él entendía la desesperación de su niña, después de todo, le había ocurrido lo mismo cuando pequeño y de manera repetida, con la diferencia de que, en su caso, había aprendido a vérselas por su cuenta al nadie acudir a su llamado de auxilio.
“Estará bien.” Agregó al notar que su compañera seguía pálida del susto. “Solo habremos de tomar algunas medidas en su habitación mientras transcurre esta fase.”
“Aún no se habitúa a los sonidos y ambiente de la ciudad…”
Mu no respondió a eso.
Beyul para entonces había dejado de llorar, un hipo rítmico siendo el único indicio de que aún seguía despierta. Hiva la tomó en brazos, arrullándola hasta por fin dejarla dormida. Luego dio un paso en dirección a la cama de la niña para arroparla entre sus cobertores pero fue entonces que el cansancio y la impresión del suceso cobraron estragos en ella, sintiendo como las piernas le flaquearon por completo.
“¡MU!” Alcanzó a llamarlo en un urgente hilo de voz al nublársele la vista.
—
Despertó en su propia cama, Beyul acurrucada a su lado, Mu velando el sueño de ambas; el rostro del hombre apacible pero su mirada sumamente consternada. Hiva se incorporó pesadamente, sentándose apoyada en las almohadas, aún sentía el cuerpo débil.
Y es que cuando por fin logró convencer a Mu de que volvieran a la casa que ella tenía en Tíbet, de inmediato empezó a trabajar sin descanso para reacondicionar el espacio destinado a Beyul, reactivar su negocio al hacer tratos con nuevos clientes y poner en orden mil cosas que había dejado pendientes, entre ellas, recuperar el contacto con los conocidos en su vecindario, quienes al verla llegar acompañada por su hija no tardaron en aparecer a su puerta con buenos deseos , obsequios y bendiciones para la salud de la niña, para ella y la prosperidad de su matrimonio. Mu tomaba todo esto con extrañeza pero no le molestaba, aunque prefería permanecer tan solo unos minutos con las visitas para luego excusarse y ocuparse nuevamente en las mejoras del lugar o llevarse a Beyul a jugar al piso de arriba; tenía tan poco tiempo disponible para estar con ellas.
Por supuesto que el matrimonio no se había llevado a cabo en un templo, por lo cual no había habido una fiesta a la que sus amistades pudieran haber asistido. Había sido más bien un intercambio de votos entre ellos en una ceremonia privada e íntima, siguiendo las costumbres de sus ancestros según los libros que Mu poseía; parte del legado único de aquella cultura extinta a la que ambos se aferraban con sentido de pertenencia. Y no obstante, no era tan necesario esto tampoco. Ya muchos años atrás, cuando su vida juntos parecía un destino imposible, habían decidido jurarle devoción uno al otro a pesar de nunca ser capaces de completar sus votos y formar una familia.
Pero aún contra toda probabilidad, lo habían logrado y la pequeñita durmiendo ahora entre ellos era la prueba de su compromiso, un regalo viviente de aquel origen del que ambos estaban tan orgullosos.
“Hiva…” La arrebató de sus pensamientos la voz grave de él, el tono conocido, el uso de su nombre propio pronunciado tan solo en dos ocasiones específicas, esta vez indiscutiblemente con un significado no tan afectuoso como imbuido con la intención de llamar su atención, sin duda preocupado.
“Temo pensar que el haber decidido regresar a la ciudad sea en cierta medida contraproducente a la salud de ambas, Señora Mía. Tal vez hubiese sido preferente y sensato tomar con un poco más de prudencia el cambio a este nuevo estilo de vida. No deseo más que su bienestar, lo sabe, ustedes son mi prioridad.” Dijo él, su mirada clavada en la de ella. Había estado por tanto tiempo receloso de dejarlas volver a la ciudad, una infinidad de razones de por medio, mas Hiva era insistente; una criatura que necesitaba serle de utilidad a otros para sentirse completa y a la que la soledad del retiro afectaba enormemente.
“…en dos días termina el permiso que le ha otorgado el Santuario en esta ocasión para que usted permanezca con nosotras…” Fue su respuesta. No quiso decirlo, escapó de sus labios sin pensar pero a pesar de entender las razones, el sentimiento seguía ahí, latente. Dentro de su cabeza los pensamientos racionales se mezclaban atropelladamente con sus sentimientos. Volteo de inmediato hacia él, al darse cuenta de lo que había dicho y notó con amargura como él bajaba la mirada y apretaba los labios. El corazón se le hundió a los pies como plomo cuando lo vio desaparecer frente a sus ojos en un destello de luz.
Escondió la cara entre sus manos, sus labios temblando. Por todos los dioses ¿qué estaba haciendo? Sabía bien que eso era un pesar con el que Mu lidiaba por su propia cuenta como para recordárselo ella misma. ¿No se había jurado esforzarse para hacerle llevadera esa carga y evitarle la miseria que le ocasionaba? Hiva entendía que su deber como Santo era parte intrínseca de su persona, y lo había aceptado siempre de esa manera. Si, ella también padecía su ausencia, pero cuando lo tenía a su lado, el hacía todo lo posible por compensar el tiempo perdido a la mayor de sus posibilidades. ¿No era eso más que suficiente?
El sonido lejano de trastos en la cocina la volvió a la realidad y le anunció hacia donde él se había dirigido, a donde había huido, cauteloso de no hacer mucho ruido. Con un suspiro pesado, Hiva arropó a Beyul entre los cobertores, le dejo un beso amoroso en la rosada mejilla y se puso de pie, cuidando su balance luego de comprobar que los efectos de la fatiga habían cedido un poco.
Al llegar al lugar, se quedó inmóvil y algo nerviosa en el marco de la puerta, observando a Mu mientras él preparaba algo, al parecer té, el cual sirvió con cuidado en un tazón. Él alzó la vista cuando se percató de la presencia de Hiva, su expresión ilegible.
“No debió haber bajado, señora. Justo ahora me dirigía de vuelta a la habitación. ” Tomo el tazón entre sus manos, de nueva cuenta desviando la mirada. “Se le ve agotada, pensé que un poco de té…” No dijo más. Hiva lo notó de inmediato, sabía advertir cuando él trataba de ocultar las extrañas ocasiones en que su voz comenzaba a quebrarse y el que evitara mirarla lo comprobaba; sus palabras, descuidadas y no exactamente mal intencionadas, le habían herido.
Respiró hondo y caminó hacia él.
Al estar frente a frente, le retiró el tazón de las manos y con cuidado lo depositó nuevamente sobre la mesa para luego obligarlo a mirarla a los ojos, como hacía cuando de pequeño le veía alguna tristeza escondida de la que no quería hablar. En el momento que por fin él le devolvió la mirada, ella pudo entonces ver en sus ojos esmeraldas lo que temía: lágrimas no derramadas llenas de aflicción, remordimiento y culpa. Hiva apretó los labios con fuerza y lentamente comenzó a rodearlo con sus brazos, escondiendo su rostro en el pecho de él al completar el abrazo. Su olor nostálgico de lavanda y avellanas, el latir de su corazón resonante, seguro y tranquilizante y su respiración profunda le dieron la fuerza para hablar a pesar de que sus labios temblaban y eran ahora sus ojos los que se llenaban de lágrimas.
“Tenerlo entre mis brazos es mi mayor alegría, Mi Señor. Si es por tan solo un instante o una eternidad, no importa. Me ha bendecido con su presencia de tal forma que ni mil vidas llenas de alegrías podrían igualar la dicha que siento ahora.”
Apenas dicho esto, Hiva comenzó a sollozar, asiéndose a él con mucha más fuerza en su intento por calmar los agites de su propio cuerpo así como para evitar que él se desvaneciera de sus brazos.
Mu entonces, al principio sorprendido por la reacción de ella, al entender sus palabras, le regresó el abrazo con igual intensidad. Hundió su rostro en los cabellos ondulados de Hiva y se permitió derramar las lágrimas que había contenido obstinadamente. Siempre temiendo no ser lo que ella y la pequeña Beyul necesitaban; temeroso de, en su afán por protegerlas, restringirlas, pero principalmente, aterrorizado de haber tomado la decisión incorrecta al poner su deber antes que a su familia a pesar de que en su corazón esto no podía estar más alejado de la realidad.
Transcurrieron largos minutos sin que ninguno de los dos se moviera o pronunciara palabra alguna, hasta que el reloj de la sala sonó marcando las 6 de la mañana. Dentro de nada habría que comenzar el día y ninguno de los dos creía tener la fuerza suficiente para afrontarlo.
Hiva sugirió algo entonces, habiendo recobrado la compostura de su voz.
“ Mi Señor, ¿qué le parece si nos tomamos un par de días libres? No abriré el taller, ni contestaré llamadas; tampoco recibiremos visitas. Adecuaremos la habitación de Beyul y pasaremos el día los tres juntos. Eso es todo.”
Él sonrió, un tanto melancólico, pero la idea de Hiva le parecía esplendida y le había hecho recuperar el ánimo lo suficiente como para intentar bromear. “Lahmo, sus hijos y los amigos de sus hijos no estarán muy complacidos con eso.” Dijo entonces, su inflexión delatando un poco de malicia juguetona. Hiva percibió el ánimo de él por aliviar la tensión también, así que siguió el juego, después de todo, era justo el comentario.
“Ah, tiene razón. Una promesa es una deuda adquirida. Bueno, en ese caso, Mi Señor tendrá que ayudarme con esos formularios para terminar pronto y así Lahmo y compañía no se vean en la necesidad de importunar alguna actividad pendiente entre nosotros, ¿cierto?”
“Considérelo hecho, Señora Mía.” Respondió el con una risa baja, mientras Hiva lo tomaba de la mano guándolo en dirección al taller. Llegando ahí, él la detuvo en seco, un poco más serio y recobrando su aire ceremonioso.
“He estado hablando con Kiki. Su desempeño al cubrir mis actividades mientras permanezco aquí ha sido sobresaliente. Es… una posibilidad que he de discutir con su Santidad una vez que regrese al Santuario. Podría traducirse en periodos más largos en los permisos que me son otorgados y, tal vez…”
Hiva le apretó las manosy guiándo una con la suya propia, la llevó hasta su pecho, mientras ella depositaba la que tenía libre sobre el pecho de él. Entonces lo miró nuevamente, determinación en sus ojos. “Lo que sea que el destino señale para nosotros de ahora en adelante, Mi Señor, será fuente de inmensas bendiciones, pues así lo hemos decidido. La voluntad de estos corazones no cederá ante nada.”
Mu no dijo nada, tan solo asintió, una sincera sonrisa en su rostro.
Advertidos están. Esto es para mis camaradas agropecuarias, compartiendo nuestros crackships y sus crías. Favor de abstenerse si no es su cup of tea y eso.
Y como todo lo mio, es más drama que cute, así que ya saben a que se atienen aunque esta vez creo que estuvo más balanceado, pero horrible estilo narrativo anyway. KTHNX.
Beyul
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Hilos de seda en pálido lila plateado se asomaban de entre el pasto y las flores, revueltos por las brisas de la mañana.
La niña se encontraba tirada sobre el césped, boca abajo, sus manitas sosteniendo su carita regordeta mientras observaba detenidamente un caminito de hormigas, las cuales llevaban semillas y hojas de vuelta a su nido. Su carga era muchas veces más grande que sus cuerpos minúsculos, ¿cómo lo lograban? Ella podía hacerlo, pero sin tocar nada.
Tratando de demostrar esto a sus amigas las hormigas, volteó a sus alrededores y divisó una piedra grande cruzando el río, de esas que usaba su padre para entrenar. Se concentró en el objeto y empezó a hacerlo levitar algunos metros hacia ella entre risitas. Una voz serena la interrumpió entonces.
“Mi preciado cristal lavanda, por favor, no uses tus habilidades sin la guía de tu Señor Padre o de su alumno. Sabes que yo no puedo ayudarte en caso de un accidente. Ten cuidado.” Su madre le llamó la atención desde el pórtico de la construcción de piedra y madera, su hogar desde que se habían mudado a este valle escondido.
Hiva, aprovechaba la luz del sol para remendar los pantalones y blusas de la pequeña niña, quien a pesar de su carácter apacible, era de naturaleza curiosa y energética. Inclinó la cabeza de lado para apreciar mejor su trabajo e hizo una mueca. Nunca había sido buena con el hilo y la aguja; las puntadas necesarias para coser telas y pieles rígidas que ella conocía no servían en prendas delicadas como ésta. Se sentía más segura de su destreza si era acompañada por sus confiables buriles y martillos. Con ellos si podía atestiguar su habilidad para los detalles minuciosos. Suspiró, regresando las ropas dentro de la canasta a su lado y caminando en dirección a su pequeña. Tal vez debería dejar esto a su compañero, quien afortunadamente tenía mejor mano y mucha más experiencia en estos menesteres. Podrían mejor considerar confeccionarle ropitas de materiales más resistentes, algo que ella pudiera malear con más facilidad. Una hermosa pieza de cota de malla en oro y plata, por ejemplo, eso tal vez le duraría un poco más. Rio para sí.
Caminó hasta su pequeña y se sentó a su lado, acicalando el cabello lacio de la niña mientras esta le sonreía cándidamente. Era la viva imagen de él: la sonrisa amplia, los ojos brillantes e inteligentes; que decir de la habilidad innata y prodigiosa para dominar la telequinesia. Volvió a repetirle que dejara de jugar con el montículo rocoso, tocando la mano minúscula de la nena con la suya y señalando al objeto. “Puedes jugar con eso nuevamente cuando regrese tu Señor Padre, luz de estrella.” Obedientemente la niña siguió el consejo luego de parpadear un par de veces, para luego abrir los ojos, emocionada, mirando sobre el hombro de Hiva.
“¡Pha Lags! ¡Pha Lags!”*
Gritó entusiasmada, poniéndose de pie y corriendo a saludar al hombre que acababa de llegar, más bien, de materializarse. Al verla acercarse, el sonrío, una pequeña curva apenas visible en las comisuras de su boca, pero su entusiasmo era reflejado sin duda en sus ojos.
La levitó para recibirla con ambas manos, mientras la niña se deshacía en sonrisas y risitas, claras y agudas como campanitas de cristal. Después de colocarla sobre uno de sus brazos, acercó su rostro al de ella, rosando apenas su tersa mejilla con una mano para luego, cerrando los ojos y con un ligero tope de por medio, acariciar su pequeña frente con la propia mientras la niña le devolvía el gesto, tomando el rostro de él entre sus diminutas manos; ahora en completo silencio, pero con la sonrisa grabada en su carita.
Hiva observaba la escena a unos cuantos metros de distancia, la felicidad inundando su faz. Había seguido a la niña de inmediato al verla correr pero era considerada del espacio que requería con su padre. Contaba ya varios meses en su corta vida sin verle y la criatura lo extrañaba enormemente, preguntando por él cada noche. Por supuesto que ella misma también le echaba de menos, pero a comparación de su hija, estaba acostumbrada a la espera; sabía que valía la pena.
“Bienvenido a casa, Mi Señor Mu.” Dijo cariñosamente ella por fin, al notar que él levantaba la vista en su dirección, mientras su hija acurrucaba su cabeza en el espacio entre el cuello y hombro de su padre; sus bracitos rodeándole y buscando refugio entre sus largos cabellos, no queriéndose separar de él por temor a que fuera a desvanecerse en el aire como le era costumbre.
“Señora Mía, tiene a su siervo nuevamente a su disposición.” respondió él, serenamente, haciendo una reverencia ante ella, sus ojos destellando intensamente.
“Pa pha, ¿te quedas con nosotras?” Interrumpió la niña, esperanzada en una respuesta positiva a su súplica.
“Por unos días, así será, Beyul.” Le respondió él, limpiando una mancha de césped que se encontraba en la punta de la respingada nariz de la chiquilla.
“Hey, Beyul, ¿no hay abrazo para mí?” Una voz irreverente y jovial resonó desde el interior de la casa haciendo que los tres voltearan en su dirección. Saliendo por la puerta, la figura de un adolescente pelirrojo se hizo presente.
“Las provisiones están ordenadas en la cocina, Maestro.” Se dirigió reverencialmente hacia Mu para luego volverse hacia la mujer y sonreírle ampliamente. “Hiva, un gusto verle de nuevo. Mi maestro ansiaba poder regresar como no tiene una idea. Los últimos días ha tenido la cabeza en las nubes en vez de en sus labores mientras esperaba por este momento. Debió haberlo visto hace dos noches, redactó mal la petición de ausencia programada que presentaría a su Santidad Shion. Lo bueno es que la leí antes o hubiera sido bastante bochornoso.” Dijo el muchacho, su actitud optimista y juguetona de siempre cargando de energía el ambiente. Hiva rio por lo bajo, encantada por la revelación, aunque Mu estuvo a punto de reprender a su alumno por su falta de decoro, entre sonrojos. Por fortuna Beyul interrumpió oportunamente.
“¡KIKI! ¡KIKI!” saltó de los brazos de su padre con la clara intención de taclear al joven aprendiz, de nuevo vuelta un alboroto de risitas. “¡Juega conmigo, Kiki! ¡Ven! ¡Juega!” Dijo mientras tiraba de las manos del chico, obligándolo a caminar con ella de vuelta a su área de juegos en el césped.
“¡Ya voy! ¡Tranquila, Beyul, ya te oí! ¡Vamos a jugar, pero no me jales así! Auch, auch, ¡jajaja!¡Con cuidado!” Se le escuchaba decir exageradamente, haciéndola reír aún más, mientras caminaba tras la niña, quien no lo soltaba ni un momento.
Sus padres observaron entretenidos la cómica escena, principalmente Mu. Kiki era cuidadoso con ella, pero la pequeña en cambio había veces que no se medía. Alguna vez le lanzó un enorme tronco seco directo a la cara al no hacerle caso en sus juegos. Su pequeña había heredado sin duda sus habilidades y la asertividad efusiva de su madre (lo cual era una combinación de cuidado), así como también sus resplandecientes y profundos ojos violetas.
Consciente entonces de la cercanía física a su compañera de vida, dio un paso hacia ella, rodeando sus hombros con un brazo para luego bajar su rostro hasta depositar un ligero beso sobre la frente de ella. Hiva por su parte, entrelazó los dedos de Mu entre los propios, mientras recargaba el peso de espalda y cabeza sobre el pecho de él. No había necesidad de nada más.
Así permanecieron por algunos minutos hasta que fue Mu quien rompió el silencio, su nariz sumergida entre los cabellos de Hiva.
“Lamento la demora. Quise regresar mucho antes pero…”
“Shh. Entiendo.” Le confortó “Ella también entenderá.”
“¿No les ha hecho falta nada?¿Los víveres han sido suficientes? Había calculado para una estancia de varios meses pero no quisiera haber errado las cantidades obligándolas a racionar…eso…” El tono consternado de su voz era claro. Ella le apretó las manos reanimándolo.
“No, no hemos tenido ningún problema con las raciones. Mi Señor Mu ha planeado todo tan meticulosamente que no nos hemos preocupado por nada de ésa índole. Incluso hay varios árboles frutales a los que acudimos para preparar postres. Aunque…”
“¿Si?”
“Desde que Mi Señor se enteró que yo daría a luz, nos ha resguardado a su servidora y a nuestro tesoro en este hermoso paraíso escondido entre las montañas. Eso se lo agradezco infinitamente. Los mejores momentos de mi vida han transcurrido aquí y sin embargo… es algo solitario cuando usted y Kiki se encuentran lejos…” hizo una pausa, tratando de elegir las palabras correctas. En realidad no quería mortificarlo pero debía ser clara con sus deseos. “No me malinterprete, Mi Señor, no quiero parecer malagradecida, en realidad me hace feliz que tenga tales consideraciones con nosotras pero, ¿no cree oportuno que ella y yo volvamos a la ciudad? Yo puedo ver por ella para que usted no tenga la constante preocupación sobre sus hombros. Muchas responsabilidades recaen sobre usted como para aunar una más.”
Al oír su petición, la abrazó con fuerza. Sabía que ella le sugeriría esto tarde o temprano y en parte estaba de acuerdo. Hiva siempre se había valido por sí misma y pese a las dificultades sabía salir adelante. Probablemente se sentía atada de manos aquí, como un canario en una jaula de oro. Cinco años de reclusión para él no eran nada, pero Hiva era diferente. Además, su vocación por ayudar a otros latía tan fuerte dentro de ella como el llamado de Santo que el mismo tenía. Suspiró.
“Kiki y yo fuimos justamente a Shigatse por las provisiones en esta ocasión con el fin de reconocer el estado de la situación actual en el mercado. Visitamos también el hogar y vecindario de Mi Señora. Ciertamente en términos francos, la tranquilidad puede sentirse en los alrededores, pero es una tranquilidad tensa que a la mínima vibración, se doblará sobre sí y causará olas.” Hizo una pausa breve, sintiendo como ella apretaba aún más sus manos. Luego continuó “Los registros de propiedad tienen que renovarse ante la administración actual ya que miles de trabajadores chinos están siendo reubicados en territorios tibetanos. Pero no se preocupe, de esos trámites ya me encargo. Su patrimonio está a salvo.
Si me permite este arrebato de egoísmo, desearía que al menos Beyul gozara de sus primeros años lejos de cualquier tipo de confrontación. Además, Kiki y yo podemos entrenarla mejor en éste lugar, que siendo de otra manera llamaría demasiado la atención estando cerca de la ciudad, lo cual no me parece conveniente dada la situación.” Se quedó pensativo. Sumado a todo eso, también le preocupaba la seguridad de Hiva, cuyas habilidades psicoquinéticas no eran lo suficientemente fuertes como para sacarlas de ahí en caso de estallar algún conflicto. En su ausencia, debería confiar en su hija para protegerla si llegara el momento. Le eran demasiado preciadas como para arriesgarse.
“¿No le parece que Mi Señor está siendo un poco sobreprotector? Ese era el papel de su servidora.” Hiva rió traviesamente para aligerar el ánimo entre ellos. Había percibido la inquietud en él y sabía que hacía las cosas por una razón. Él no respondió más que con una leve sonrisa, mientras volvía la mirada hacia la pequeña fuente de risitas que jugueteaba alegremente con Kiki .
“Podemos ir de visita a la ciudad mientras Kiki y yo estemos con ustedes. ¿Eso le parece justo, gentil Dama?”
“Justo y apropiado, Mi Señor. Le agradezco.” Hizo una pequeña reverencia para luego, de improviso, plantarle un fugaz beso en la mejilla, tomándolo desprevenido y, curiosamente, haciéndolo sonrojar. Sonrió. El hombre seguía siendo en el fondo el pequeño niño tímido y encantador que ella conocía.Lo tomó de la mano caminando hacia el edificio.
“Por el momento, que le parece si me ayuda en casa. Hay un cesto de ropa que quisiera presentarle.”
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Notitas:
Beyul: Palabra de una tradición tibetana. Son como se le conoce a valles escondidos entre las montañas, que solamente pueden ser visitados por aquellos con una mente y corazón puros. estos Santuarios escondidos son lugares de paz, prosperidad y progreso espiritual; un paraiso y un refugio. Según la leyenda hay 108 de ellos, Shambala siendo uno de los mitos más conocidos.
Incidentalmente, Mu llevó a su familia a vivir en un Beyul conocido sólo por él, y pues decidieron ponerle el nombre la beba por tradición familiar. Ya saben, eso de ponerse nombres de lugares es cosa generacional xD;