De puntillas anduve por un pequeño monte. daba frescor el aire y corría tan leve, que los dulces capullos, con orgullo modesto y languidez, doblando, en una breve curva, sus tallos, con las hojas escasas y abusados, no perdieron aún la estrellada diadema recogida del día en su primer sollozo. Puras eran y blancas las nubes, como ovejas trasquiladas, saliendo del arroyo.
John Keats















