-Cuando dos personas se enamoran y empiezan a pasar tiempo juntos, follan, esas cosas, como tú y yo, cariño-- le dijo tirándole afectuosamente de la nariz, aunque a mí siempre me pareció un gesto demasiado condescendiente, una manifestación humillante de afecto-, llegan a ese momento en el que uno de los dos tiene que ir al baño. Y también, a mi me ha pasado muchísimas veces, por que yo nunca te he ocultado que soy enamoradiza, ¿No, mi vida?, eso de estar en el baño y no querer hacer ruidos, esforzarte para que la mierda salga sin manifestaciones acústicas, y que no caiga chapoteando en el agua, eso, ya me entendéis, una se esfuerza en que lo más natural del mundo, que es cagar, pase desapercibido, ¿Sabéis por qué?
-Porque no quieres que el otro te imagine haciéndolo.
-Chico listo-me dijo, pero no se atrevió a cogerme la nariz y dejó la mano en el aire un momento-. Qué hermano sapientísimo tienes. Eso es, no quieres que una imagen, digamos sucia, estropee la visión idealizada que el otro tiene de ti. ¿Estamos?
-Concéntrate, porque necesito saber tu opinión. Estamos de acuerdo en que aunque sabemos que todos somos esclavos de nuestras funciones fisiológicass, procuramos que la persona de la que estamos enamorados no las tenga presentes para seguir manteniendo ante él esa imagen ideal, sin mancha.
-Nos esforzamos en que el otro no oiga en esos momentos los ruidos que producimos... Es un clásico en las películas ¿no?, la pareja que va a la cama por primera vez y ella dice: “Espera un momento, cariño” y ella va al baño, él pone música, no tanto para no escuchar lo que hace ella en el baño como para darle la impresión de que él no la va a oír. A vosotros también os ha pasado, ¿Verdad? Mi hermano y yo asentimos, aguardando el resultado de esa larguísima introducción con la que Araceli pretendía, aparte de copear el protagonismo por un rato, preparar el desenlace o el momento clave que ella conocía de antemano.
-A mi también. Pero lo interesante no es eso, lo que acabo de contar es una banalidad. Lo interesante empieza ese día en el que vas al baño y el otro se encuentra a unos pasos, al otro lado de la puerta, y no te esfuerzas en no hacer ruido, si no que lo consideras una consecuencia natural de un acto natural y dejas de esconderlo.
Y lo que no sé es si ese día uno deja de preocuparse por los ruidos de sus tripas, por disimular las propias funciones fisiológicas, si ese día que no te importa que el otro te oiga haciendo del baño, es el día en el que el amor se acaba o el día en el que el amor empieza. ¿Entiendes lo que quiero decir?