Un corazón que nadie más había logrado despertar - o al menos no de esa forma-, un corazón que tenía miedo de entregarse, de amar y ser amado, uno que había decidido renunciar al cariño por temor de volver a ser fracturado.
Y tú, como cafeína llegadte y me despertaste de un sueño profundo, llenaste mi ser de energía, de alegría y poco a poco me fuiste quitando el deseo de volver a dormir y mantener mi corazón inactivo y totalmente alejado de todo lo que estuviera relacionado con lo que yo consideraba ilusas y tontas fantasías amor.
No sabía que mi vida se encontrabaen una era de otoño, hasta que entraste en ella y transformarte esa intermitente estación fría y caliente en una floreciente primavera. Con tu cariño lograste cultivar sobre glaciares, jardines llenos de flores, y el color monocromático de mi personalidad lo convertiste en una inefable gama de colores.
Mi lugar seguro dejo de ser un lugar, porque ahora tú te convertiste en mi sitio favorito en el que siento tanta paz y tanto me gusta estar.
Así que déjame agradecerte, haciendo lo mismo por ti. Gracias por estar aquí, por todo el cariño, por la comprensión que me das, por la tranquimidad que me haces sentir, por derretir el hielo en el que vivía y ayudarme a descubrir lo que significa querer de verdad.