No estás perdido. Estás escondido.
Lo que te da miedo no es sentir demasiado.
Te da miedo no sentir nada.
Porque cuando todo está en calma, cuando las emociones son suaves o estables, sientes que no existes.
Que no estás en ninguna parte.
Y por eso prefieres provocar caos, generar intensidad, destruir lo que tienes cerca…
solo para sentir algo. Para no sentir que te deshaces.
Pero no hay profundidad en repetir siempre el mismo daño.
Lo tuyo no es intensidad.
Es adicción al caos.
No te conectas con lo que sientes. Solo reaccionas.
No estás sintiendo profundamente.
Estás haciendo ruido.
Lo realmente fuerte sería quedarte en silencio sin huir.
Sostener el vacío sin necesidad de destruir nada.
Te haces el intenso, pero nunca has sido capaz de quedarte con ese vacío sin convertirlo en drama.
Te aferras a lo que te rompió porque no sabes quién eres sin eso.
Guardas tus heridas como si fueran tesoros, porque te construiste desde el dolor.
Y la calma no te aburre.
Te da miedo.
Porque en la calma no hay excusas.
No hay máscaras.
Solo estás tú.
¿Alguna vez intentaste quedarte en ese lugar sin inventar otra historia?
¿Sin sabotear lo que sí funciona?
Si de verdad quieres salir de este ciclo, vas a tener que dejar de actuar como si esto fuera parte de tu personalidad.
Vas a tener que enfrentarte.
Vas a tener que sentirte vacío.
Y ahí es donde va a doler de verdad.
Y si no estás dispuesto a sostener eso, entonces no digas que quieres algo real.
No es que no puedas sentir.
Es que estás aferrado a no hacerlo.
Y lo único que haces es repetir los mismos guiones rotos de siempre.
No quieres sanar.
Quieres justificar tu dolor con esa disque intensidad y que alguien más te aplauda por eso.
Y digo “disque intensidad” porque dices que te gusta sentir mucho…
pero no eres capaz de sostener ni una sola emoción sin convertirla en daño.
Te da miedo lo real.
Por eso prefieres el drama: es más fácil que la honestidad.
No te falta acceso a sentir.
Te falta valor.
Lo más profundo e intenso que podrías hacer sería sentarte en tu vacío sin convertirlo en espectáculo.
Pero no puedes.
Porque sin ese show, no sabes quién eres.
No estás perdido.
Estás escondido.
Y lo peor es que te gusta.