Pisadas de Luciérnagas
“Las pequeñas botas amarillas hacían ruido mientras pisaban las hojas caídas por el bello otoño, una dulce niña en pijamas color crema, cabello ligeramente largo de un color negro noche recogido en dos coletas bajas por unas ligas rosadas, ella llevaba en su hombro una mochila azul sucia de tantas aventuras, la noche le reclamaba para descubrir nuevos universos. Una pequeña cámara en su mano y un palo en la otra mientras las luciérnagas la guiaban, oyó a los búhos, oyó a los grillos y cigarras, el bosque era precioso tanto de día como de noche. Sus ojos oliváceos claros como la hierba recién nacida miraban su alrededor curiosa. Ella no tenía miedo, no porque fuera una niña valiente, lo era, más su coraje para divagar por el camino de hojas rojizas y anaranjadas en medio de la noche junto a las estrellas era producido por las hermosas luciérnagas, eran aquellos faroles naturales que nada ni nadie podía imitar. Ella decía y lo seguía diciendo que las luciérnagas eran estrellas pequeñas, las cuales habían caído a la tierra para iluminar a los viajeros perdidos.“









