Cuando me preguntó cómo estaba le dije que bien; era más sencillo que explicarle lo mucho que lo extrañaba.
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Cuando me preguntó cómo estaba le dije que bien; era más sencillo que explicarle lo mucho que lo extrañaba.
Estaba bien...
Estaba bien, te juro que lo estaba.
Al final el siempre gana
Al final a la que aún le importa es a mi.
Al final a la que le duele es Ami
Al final...la que pierde soy yo.
Me dieron mi diploma y todos los honores que merecen mis buenas notas, tome un cuadro entre mis manos y sonreí ante las fotos. Yo era feliz. No por el momento, más bien me sentía una burra premiada por el primer lugar pero lo que hacía de mí alguien feliz era que ya era libre, aunque sólo haya sido por el momento. Me escapé de la celebración, se me era vomitiva y envidiable la felicidad enferma del resto del mundo y arranqué, el aire se contraía en mi cara y mi cabello bailó sobre el viento, creyendo que por fin había encontrado la utilidad que tanto había buscado para no sólo ser el marco perfecto del lindo cuadro, y yo lo supe, porque así yo me sentía también... Terminé con una botella de Ron en mi mano y unas cuantas cervezas en la otra, ya era todo más diferente que antes, todo lucía espectacular, el show realmente me agradaba, o al menos así se sentía entre cada sorbo que brindaba y luego caí en cuenta de todo, por no decir que caí borracha sin saber nada, y mientras estaba en el suelo y las últimas gotas ya no lo eran, me sentí ridícula, abrazada a mi cama, por no decir que temía caer de bruces, yacía ebria y solitaria, como el lobo estepario de Herman Hesse, y loca, estaba borrachísima y entendí algo, que no pertenecía a ésta vida y posiblemente a ninguna otra. O al menos esa fue la conclusión de la ebria que lo hizo todo bien.
“Y entonces fingí que estaba bien, todos me creyeron. Menos yo, sabia que todo lo que sentia dentro de mi, me dolia”