Tercermundismo en Estados Unidos: la cara interna de su declive imperial... deterioro progresivo de las condiciones de vida de una parte creciente de la población, pérdida de estabilidad y fragmentación creciente de la sociedad, quiebra de instituciones esenciales y avance acelerado hacia la autocracia... empieza a no ser exagerado decir que Estados Unidos se parece cada vez más a los países que tradicionalmente se han denominado como tercermundistas o subdesarrollados. Es decir, los que, con independencia de la cuantía de su actividad económica, se han caracterizado por el crecimiento sin bienestar, el extractivismo, las grandes bolsas de pobreza estructural, la gran extensión de mercados informales, la inseguridad, el urbanismo caótico, las infraestructuras colectivas deterioradas y la multiplicación de conflictos latentes y asociados a todo ello que generan violencia, segregación y sociedades sometidas a constantes conflictos soterrados o explícitos... La realidad social de Estados Unidos, la que está afectando al día a día de la gente corriente, es muy parecida a todo eso... si el desempleo se midiera con los métodos anteriores a los establecidos bajo la presidencia de Clinton, el paro sería del 22 %, sólo tres puntos por debajo del registrado en la Gran Depresión de 1929... El coeficiente de concentración de la riqueza es prácticamente el mismo que el de Madagascar, Haití, Tanzania o Camerún y mayor que el de Rusia, China, Marruecos, Chad, Etiopía o Irak... En grandes ciudades como Detroit, Cleveland o St. Louis, la desindustrialización ha dejado barrios con indicadores de renta, mortalidad y violencia comparables a los de América Central... La esperanza de vida es inferior a la de Cuba, la tasa de pobreza infantil es prácticamente la misma que la de Filipinas... El 54 % de las personas adultas en EEUU lee por debajo del nivel de 6º de Primaria... la mitad de jóvenes califica al país como “tercermundista”... la desigualdad es el principal factor explicativo de su decadencia... el imperio se está convirtiendo en un monstruo autocrático, militarizado e inhumano (Juan Torres López)