Lo ves e inmediatamente lo entiendes. Sabes que, si lo llegas a perder, nada volverá a ser como antes. Lo sientes, te paraliza por completo y te roba la calma que sus brazos te otorgan. ¿Cómo sería la vida sin él, sin sus besos, sin su amor? Si su rostro no fuese lo primero que contemplaras al despertar y en su sitio quedara solo el recuerdo de sábanas revueltas y una sombra que lleva su forma y se pasea cerca recordándote lo que pudo ser y no será. Aterrador, ¿cierto? Lo entiendo, lo he sentido por igual. Aquel miedo que convierte los días en noches y en una maraña de pensamientos negativos tu mente. El aire te falta, la razón un poco más. Estás al tanto del caos que se crea cuando dejas que tome el control. Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde dicen por ahí, pero yo no quiero comprobarlo, no cuando se trata de ti. Tengo miedo de perderte en algún momento, pero confío en que mi amor será suficiente para evitarlo. Que mis abrazos serán suficientes, que yo seré suficiente. 𝐴𝑠𝑖́ 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑎𝑠 𝑣𝑜𝑐𝑒𝑠 𝑚𝑎𝑙𝑣𝑎𝑑𝑎𝑠 𝑠𝑒 𝑐𝑎𝑙𝑙𝑎𝑟𝑎́𝑛 𝑦 𝑒𝑙 𝑚𝑖𝑒𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑠𝑒 𝑎𝑙𝑒𝑗𝑎𝑟𝑎́.










